¿QUE PUEDE PASAR? Cap.41

Estándar

imagesZNMV3QK9Dos horas después de que el avión despegue en Asturias, ya estoy en Madrid. Si el vuelo de mi amiga no viene con retraso, tiene que estar a punto de llegar. Le mando un wuas para que cuando ya este aquí y encienda el móvil, sepa que la estoy esperando en una cafetería que hay en la t4. Facturo el equipaje y voy hacia la cafetería a esperar. Me tomo una pepsi y un pincho de tortilla. Hace unos cuarenta minutos que le he escrito a Carla y todavía no sé nada de ella. Supuestamente ya debería de haber llegado. Empiezo a ponerme nerviosa y la llamo, pero el teléfono está apagado o fuera de cobertura. ¿será que el avión viene con retraso? Me acerco al mostrador de información y le pregunto al chico. Este me dice que el vuelo de Málaga ha llegado hace mas de veinte minutos, entonces supongo que mi amiga estará esperando el equipaje, o vete a saber donde se ha metido…

Pasan otros veinte minutos y sigo sin saber nada. Le vuelvo a poner un wuas:

– “¿Dónde estás loca? Hace rato que te espero, me preocupa no saber nada de ti. ¿Va todo bien? Me voy a la sala de espera que hay junto a la puerta de embarque, te esperaré allí. Bss. TQ”

Cuando llevo más de media hora sentada en aquella sala esperando y sin tener noticias de ella, empiezo a preocuparme de verdad. ¿Qué le habrá pasado? La llamo un par de veces pero su teléfono sigue desconectado. ¡Joder, No entiendo porque tiene el móvil apagado! ¿Se le habrá terminado la batería? ¡Ya no sé que pensar…! Digo yo que si hubiera perdido el avión o hubiera sucedido algo que la obligara a cancelar el viaje me habría avisado ¿no? Al menos yo lo haría. ¿Y si llamo a Jorge para preguntarle? ¡Madre mía, no sé que hacer! Me estoy volviendo loca imaginando que pudo pasarle a Carla… Jorge tampoco contesta a mi llamada, aunque por lo menos su teléfono da señal.

Veo que dos chicas vestidas de azul abren la puerta de embarque y se colocan para pedir los pasajes. Ya es la hora y esta sin aparecer. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Cancelar el viaje? Pues no, lo siento mucho pero no pienso hacerlo. Si a mi me hubiera pasado algo y no pudiera estar aquí, hubiera removido Roma con Santiago para poder ponerme en contacto con ella. ¡Lo siento mucho, pero la menda se va a Nueva York con o sin amiga! Le entrego el pasaje a una de las chicas y bajonera cruzo el pasillo. ¡Menuda putada lo de Carla…!

Tengo el asiento de la ventanilla y como el que está al lado supuestamente era el de mi amiga, dejo la bolsa de viaje allí. Saco de esta el ipod y me acomodo. El viaje dura unas ocho horas aproximadamente… ¡Qué nervios por Dios! ¡Acabo de subir al avión y ya estoy deseando bajarme! Espero poder dormirme para que el trayecto se haga más corto. Cierro los ojos e intento relajarme.

A los cinco minutos, alguien me da un toquecito en el hombro, miro hacia el pasillo y me encuentro con dos pares de ojos clavados en mi. ¿Pero qué coño…? Abro la boca y la vuelvo a cerrar. ¡No me puedo creer lo que estoy viendo! Automáticamente pienso en mi amiga, Ahora entiendo porque la muy cabrona tiene el teléfono apagado. ¿Cómo ha podido hacerme algo así? ¡Esta vez, como que me llamo Alejandra Machado que me la cargo!

La azafata me hace un gesto para que me quite los auriculares, la tía debe de pensar que soy lerda o algo así porque no me muevo, no hablo, no pestañeo… ¡Ay Diosssss, me va a dar un jamacuco! Ella vuelve a hacerme un gesto con la mano y por fin atino a quitarme los auriculares…

– Disculpe señorita, ¿habla mi idioma? -Asiento-, ¿Este bolso de viaje es suyo? -Vuelvo a asentir-. ¿Podría ponerlo en el departamento de aquí arriba para que el caballero pueda ocupar su asiento? -Miro al caballero en cuestión… ¡Joder, joder, joder! ¡Juro que cuando la pille, la mato con mis propias manos!

Víctor me mira sin pronunciar palabra. ¿Qué cojones hace él aquí? Ambos esperan que haga lo que la azafata dice, mientras él no se siente no podremos despegar. La chica al ver que no estoy por la labor de moverme, coge mi bolso, abre la puertecita del compartimento de arriba y lo guarda allí. Me mira cabreada y dice:

– Ya puede sentarse caballero, abróchese el cinturón, despegaremos enseguida. -Se da media vuelta y se larga. Víctor se sienta a mi lado sin que yo pueda hacer nada por evitarlo.

– ¿Puedo saber qué diablos haces tu aquí?

– Voy a Nueva york. Contigo.

– ¡Oh nooooo, no, no, no, me niego! -Grito, varias cabezas se vuelven a mirarme. Me desabrocho el cinturón de seguridad e intento ponerme en pie, pero él me lo impide.

– ¡Por el amor de Dios Alejandra, no hagas tonterías y siéntate! Estamos a punto de despegar, ¿es qué no lo ves? -Miro hacia la ventanilla y veo que nos movemos. ¡Mierda, mierda, mierda! Me dejo caer en el asiento de nuevo y con manos temblorosas me abrocho el cinturón.

– ¿Por qué? -Le miro-, ¿Por qué me hacéis esto? ¿Es que acaso lo que yo piense, para ti y para Carla no significa nada? ¿Por qué no podéis dejarme seguir con mi vida?

– Lo que tu piensas es lo más importante para mi Alejandra, por eso estoy aquí. Necesito explicarte lo que ha pasado. La única manera de que me escucharas, era subirme a este avión y Carla muy amablemente me cedió su billete. Las cosas no son como crees. Si después de que sepas la verdad, sigues pensando lo mismo, lo aceptaré y no volverás a verme el pelo, desapareceré de tu vida para siempre.

Mientras habla, me fijo detenidamente en él. No parece que esté mucho mejor que yo. Está más delgado, demacrado… Y ese brillo que había en sus ojos, tampoco está. Aún así, sigue pareciéndome el tío más guapo del mundo, teniéndolo ahí a mi lado, me doy cuenta que mis sentimientos hacia él siguen siendo los mismos, que a pesar de toda esta mierda que nos ha pasado, sigo queriéndole con locura.

– Habla… -susurro.

– Conozco a Verónica desde que éramos pequeños, prácticamente nos criamos juntos. Nuestras familias son muy amigas, su padre y el mío, son los dueños de la mayoría de los hoteles más importantes de la costa de Santa Cristina, son socios desde antes de que nosotros naciéramos. De esa relación laboral, nació una gran amistad que dura hasta el día de hoy, por eso ella y yo pasábamos tanto tiempo juntos. Fuimos creciendo y cuando éramos unos adolescentes, tonteamos alguna que otra vez, pero no pasó de ser un mero tonteo. Verónica me gustaba, pero éramos demasiado jóvenes para implicarnos en una relación seria. Con la mayoría de edad nos distanciamos un poco, cada uno siguió su camino. Fuimos a universidades distintas y solo nos veíamos esporádicamente en fiestas que nuestras familias organizaban. -Se queda pensativo un rato-. Sé que a nuestros padres les hubiera encantado que una vez terminadas nuestras carreras, nos hubiéramos casado, pero yo no estaba enamorado de ella, aunque ella si lo estaba de mi. Mi padre hablo conmigo para hacerme ver que unirme con ella en matrimonio sería algo grandioso, ya que éramos dos de las familias más importante de Puerto Rico, pero me negué. Al principio mi padre se cabreó mucho, con el tiempo lo entendió y nunca volvió a sacar el tema de la boda. Ella en cambio, quería estar conmigo a toda costa, me agobiaba, estaba obsesionada con ser mi prometida. Yo la evitaba y cuando me encontraba con ella por casualidad la ignoraba. -La azafata se acerca a nosotros para preguntarnos si necesitamos algo. Ambos decimos que no, aunque yo de buena gana me tomaba algo fuerte que me anestesiara para terminar de oír esta historia. La azafata se va y Víctor sigue hablando-. Hace exactamente un año, nuestros padres organizaron una fiesta benéfica, yo acudí con una amiga, y cuando estábamos en la pista bailando, apareció Verónica, sola. Bailábamos un tema romántico y cuando ella nos vio, montó en cólera y armó un gran escándalo. Se nos acercó gritando que yo era su prometido y que la chica que bailaba conmigo era un zorra que intentaba quitárselo, incluso intento agredirla. Por suerte, conseguí pararla a tiempo, la llevé a una habitación y le puse las cosas claras. Fui totalmente sincero, nunca estuve enamorado de ella y jamás lo estaría. Me suplico, y al ver que no obtenía resultado, juró que se las pagaría, que si no era para ella, no sería para ninguna otra. Me largué dejándola sola en aquella habitación y no volví a verla en la fiesta. Unas horas más tarde, cuando me iba, mi padre me acompañó a la calle y allí me rogo que me olvidara de lo sucedido esa noche. Le contesté que estuviera tranquilo, que por mi parte el tema estaba zanjado. Estaba cruzando la calle cuando un coche a gran velocidad venía hacia mi, me quedé paralizado, sin saber que hacer. Oí gritar a mi padre y cuando quise reaccionar, era demasiado tarde. El coche me embistió dejándome inconsciente en el suelo. -¡Joder, se me ponen los pelos de punta!- Me desperté en el hospital dos días después, tenía dos costillas rotas y también un brazo y una pierna, además de una fuerte contusión en la cabeza. Pedí que llamaran a la policía, quería poner una denuncia, entonces mi padre me contó que Verónica era quien conducía el coche, que después de atropellarme a mi, se estampó contra un muro. -Víctor cierra los ojos-. Los médicos dijeron que tenía un cuadro psicótico y trastorno bipolar, sus padres decidieron ingresarla en una clínica para ayudarla. Mi padre me pidió que no la denunciara, que lo hiciera por él y por su amigo, de mala gana acepté. Cuando estuve totalmente recuperado, me vine aquí, ella aún continuaba ingresada, vio nuestra fotografía en internet, la que nos hicieron el día de la presentación del perfume y se escapó de la clínica, el resto de la historia ya la sabes…

– ¿Dónde está ella ahora?

– En Puerto Rico, en cuanto llamé a sus padres y les dije que estaba en España fueron a recogerla…

¡Uff, menuda historia, digna de una telenovela de esas que echan en la televisión! ¿Será cierta?

– Puedo enseñarte los recortes del periódico donde salió la noticia del atropello, mi padre puede confirmarte que fue Verónica quien lo hizo. -Vaya… echaba de menos ese poder que tiene para leerme la mente.

– No es necesario, no quiero verlo -durante largo rato, ninguna de los dos habla.

– ¿No vas a decir nada más? -Me pregunta Víctor.

– No, ya dije todo lo que tenía que decir -me pongo los auriculares y subo el volumen a tope. ¡Estoy tan harta de todo…!

Necesito tiempo, tiempo para pensar y tomar una decisión respecto a nosotros, no sé si seré capaz de perdonar todo el daño que me ha hecho al ocultarme algo así…

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11 comentarios en “¿QUE PUEDE PASAR? Cap.41

  1. Shayle Sayago

    Hermoso dia…no creas que porque no escribo deje de seguir la historia…
    De sólo pensar que faltaran algunos dias para el siguiente capitulo me acongoja…pero igual esperaré para seguir leyendo. Sigue siendo fantástica….

    • Hola Shayle echaba de menos tus comentarios!! 🙂 pues que sepas que ya esta a punto de terminar la historia de Alex y Victor, esta semana publicare los últimos capítulos!! Saludos!! 🙂

  2. Menuda historia la de Víctor!! Pobrecito, él no tiene culpa de estar tan bueno y de que las mujeres se vuelvan locas por él… ji, ji, ji.

    Súper emocionante, Virginia!! Te quedó genial esta parte 🙂

    Un beso y feliz finde!!

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