¿QUE PUEDE PASAR? Cap.37

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El domingo cuando me despierto, me siento morir. He soñado con él toda la noche, con él y con la maravillosa relación que teníamos y que ahora ya no existe. La cabeza me duele tanto que parece que me va a explotar, el cuerpo me duele y me pesa, parece que tengo una enorme losa sobre mi.

Estoy sola en la habitación, en algún momento durante la noche Estela se ha ido y no me he enterado. Me incorporo, ¡Diossssss, tengo que tomarme algo para este dolor de tarro! Poco a poco me siento y contemplo la habitación, veo cosas de él por todas partes, el estómago se me encoge y el corazón parece que quisiera dejar de latir. Miro al espejo que hay encima de la cómoda. Allí, pegada en una esquina, está la foto que nos hicieron el día de la presentación del perfume, el día de nuestra reconciliación. Al verla, atisbo en mi interior un poco de esa rabia que necesito para empezar a funcionar de nuevo. Me olvido del dolor de cabeza y en tres zancadas estoy delante del espejo con la fotografía en mis manos. La estrujo con fuerza , y como eso no me parece suficiente, la hago añicos, voy al cuarto de baño, la tiro al retrete y tiro de la cisterna, una cosa menos. Ahora que he empezado, no puedo parar. Abro la ventana de par en par, después vuelvo al baño y del armario de los medicamentos, cojo un par de ibuprofeno y me los tomo con un vaso de agua bien fría. ¡Joder, estaba muerta de sed, normal que sintiera la garganta tan seca! Cojo todas las cosas que veo de Víctor: desodorante, gel de baño, perfume, cepillo de dientes… y lo dejo encima de la cama. Necesito bolsas de basura, pero son las ocho de la mañana y no quiero despertar a mis amigas, así que vuelvo a coger toda su mierda de encima de la cama y la pongo en el suelo. De un par de tirones, quito las sábanas de la cama y las cambio por una que no huelan a él. En el vestidor, voy haciendo un montón en el suelo con su ropa. Estoy tan concentrada haciendo montones de porquería por la habitación que ni me entero que mis amigas están allí, mirándome alucinadas.

– ¿Se puede saber qué estás haciendo? -Carla señala el suelo del cuarto-, esto está hecho un desastre…

– Estoy haciendo limpieza, ¿No es evidente?

– ¿Todas estas cosas son de Víctor? -Pregunta Estela.

– Si. Os agradecería que de ahora en adelante, no dijerais su nombre, ni portento ni nada de nada, ni le mencionéis.

– ¿Ni siquiera podemos llamarle sabandija o cucaracha?

– No Carla, ni siquiera eso. Desde este momento, él no existe… ¿De acuerdo?

– De acuerdo -contestan las dos a la vez.

– ¿Necesitas que te echemos una mano?

– No, vosotras tenéis que volver a vuestra casa. Estela tu tienes un viaje que preparar…

– Alex, respecto a lo del viaje, tengo algo que decirte…

– ¿Qué pasa? -Miro a Estela con preocupación.

– Bueno, he decidido aplazarlo de momento, lo he hablado con Jared y le parece bien.

– ¿Y eso por qué? ¿Qué ha pasado para que cambies de opinión? -De repente caigo en la cuenta, lo está haciendo por mi…

– Bueno, quiero quedarme aquí con Carla y contigo hasta que…

– ¡De eso nada, no pienso permitirlo! Debes irte con Jared como tenías previsto.

– Pero Alex…

– Chicas… -Las miro-, la vida sigue, en poco días estaré en Asturias con mi familia, recargando las pilas. Estela, Jared ha tenido que adelantar el viaje porque tiene que empezar la investigación cuanto antes, y tu, debes estar con él.

– Alex, solo queremos estar contigo cielo.

– Lo sé Carla, sé que hacéis esto por mi, porque me queréis, pero vosotras tenéis vuestra vida, y yo, debo continuar con la mía. Será difícil y duro, pero no imposible. -Los ojos se me llenan de lágrimas pero las contengo. Necesito que me vean firme y segura para que se vayan…

– Bueno, de momento voy a traerte unas bolsas de basura para que metas todo eso…

– Y yo, prepararé algo para desayunar.

– Gracias chicas, os quiero mogollón.

– Y nosotras a ti cielo.

Al cabo de una hora, tengo la habitación como los chorros del oro. No hay ni rastro de él en toda la estancia, he conseguido eliminar de aquí todas sus cosas. Ha sido fácil, lo difícil es borrarlo de mi mente, está ahí constantemente. Sus ojos, su boca, su sonrisa… ¡Señorrrrrr va a ser imposible borrarlo de mi mente, y muy, muy difícil sacarlo de mi corazón! Me encierro en el baño para que no me vean mis amigas y lloro amargamente.

El día pasa y de nuevo llega la noche. Mis amigas han vuelto a sus casas, a sus vidas. No sin antes prometerles que comería algo y que estaría mejor. Una promesa falsa, ya que ni he probado la comida y estoy hecha una auténtica mierda. Durante todo el día han evitado sacar el tema de Víctor, entienden que de momento no quiera hablar de él, pero en algún momento tendré que hacerlo, más que nada para hacer borrón y cuenta nueva. Ha vuelto a llamar montones de veces al teléfono de mis amigas, el mío sigue desconectado. Por supuesto, ellas no se han molestado en contestar, no merece la pena.

A las diez y media, me tomo otro ibuprofeno y me acuesto, pero soy incapaz de dormir. Una y mil veces le doy vueltas a lo sucedido. No entiendo nada, todo era tan perfecto… Me hago las mismas preguntas una y otra vez… ¿Qué hubiera pasado si ella no hubiera aparecido? ¿Nuestra relación hubiera seguido como si nada? ¿Seguiría mintiendo a sabiendas de que cada día lo amaba más? Me aterra pensar en las respuestas. Me dan escalofríos al imaginarme lo que hubiera podido pasar.

Doy un millón de vueltas en la cama y al ver que no consigo cerrar los ojos ni siquiera un poco, me levanto. Bebo agua y me quedo en el salón contemplando a través del gran ventanal como pasa la noche mientras yo lloro en silencio.

Por la mañana, a pesar de que no he dormido nada y de que doy asco, voy a trabajar. La vida sigue, y a trancas y a barrancas yo con ella… En algún momento de la noche anterior, cometí la estupidez de encender mi teléfono. Tenía tropecientas llamadas de Víctor, mensajes en el contestador y trillones de wuas. La tentación de escuchar sus mensajes y de leer sus wuas fue muy grande, aún así, me contuve y lo borré todo de un plumazo. No quiero volver a saber nada de él, no quiero volver a escuchar su voz, ni verle ni nada…

Llego a la clínica, aparco el coche y me quedo dentro mentalizándome del duro día que tengo por delante. Tenía que haberme quedado en casa, no sé si seré capaz de actuar como si nada. Al entrar en la consulta, me quedo petrificada viendo que sobre mi mesa hay una orquídea preciosa, doy unos pasos hacia ella con intención de acariciar sus pétalos y olerla, pero no. Lo que hago es cogerla y tirarla a la basura, a continuación llamo a recepción y les prohíbo terminantemente que vuelvan a coger cualquier cosa que venga para mi. ¿Pero qué se ha creído este? Me cabreo muchísimo, ojalá tuviera el valor de llamarlo y decirle cuatro cosas, pero siguen faltándome las fuerzas. Marco entra en mi consulta, al verme tan cabreada me pregunta:

– ¿Qué te pasa?

– Nada.

– ¿Nada?

– ¡Nada!

– Pues para no pasarte nada estás muy cabreada ¿No? -Mi jefe me mira de pies a cabeza-. No tienes buen aspecto Alejandra…

– No he dormido bien…

– Ya, eso es evidente. Venga, cuéntame que ha pasado… -Lo miro durante largo tiempo sin decidirme a hablar, al final tras su insistencia, le cuento lo ocurrido. Él me escucha, tengo toda su atención. Cuando termino de hablar, no dice nada, parece que con mi historia lo he dejado mudo.

– Me has dejado sin palabras Alejandra…

– Ya lo veo.

– Siento muchísimo todo esto por lo que estás pasando…

– Gracias.

– ¿Sabes? Te debo una muy grande por ir en mi lugar a las ponencias de Valencia, así que en cuanto termines hoy, no quiero volver a verte por aquí hasta septiembre.

– Pero Marco…

– Pero nada Alejandra, desde hoy estás oficialmente de vacaciones. Quiero que vayas a ver a tu familia, o con tus amigas a cualquier parte. Quiero que desconectes y que cuando regreses, seas tu de nuevo. -Vuelvo a ponerme a llorar, es lo único que se me da bien últimamente.

– Gracias.

– No soporte verte así, piensa que eres demasiado buena para que un cabrón como ese, te haya hecho algo así. -Asiento-. Prométeme que vas a poner todo de tu parte para olvidarle y reponerte…

– Lo prometo…

– ¿Tienes mucho lío hoy?

– No, solo unas pocas consultas…

– Vale, pues voy a hablar con Adriana para que me las pase a mi y tu te puedes ir.

– No es necesario Marco, puedo…

– No insistas, está decidido. Pásale a mi enfermera los historiales y vete.

– Muchas gracias jefe.

– No me des las gracias, tu has hecho muchas cosas por mi, yo, no puedo hacer menos que corresponderte como te mereces…

Hago lo que me ordena y le llevo a la enfermera los historiales, hablo con ella para que realice un par de curas a un paciente, luego regreso a mi consulta. Alicaída recojo mis cosas, tener tanto tiempo libre, me deja demasiadas horas para pensar… ¿Qué voy a hacer? No puedo adelantar el viaje a Asturias, a mis padres les parecería extraño. Tengo que pensar en algo…

Me despido de mis compañeros y voy hacia la salida, en cuanto llego a las puertas de cristal que dan a la calle, me paro en seco. ¡Joder! Él está allí, apoyado en mi coche, esperándome…

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