¿QUE PUEDE PASAR? Cap.36

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¡Ay Dios…! ¿Ha dicho lo qué creo que ha dicho? ¡Ay Diossssss! ¿Su prometida? Si esto es una broma, es de muy mal gusto. La sonrisa triunfal de esta barbie siliconada, me deja claro que no es ninguna broma. Miro a mi portento, él me mira a su vez, me observa, me evalúa… ¿No tiene nada que decir? La vuelvo a mirar a ella. ¡Diosssss, le daría una patada en esa boca para borrarle esa asquerosa sonrisa! ¡La muy zorra, sigue con la mano extendida! ¡Va lista si cree que voy a estrechársela!

Los últimos días junto a Víctor, pasan por mi mente a cámara lenta. ¿Qué me has hecho Víctor? Siento resquebrajarse mi corazón como si fuera un cristal muy fino. ¡Duele, duele muchísimo! Se me nubla la vista, no sé si es por las lágrimas contenidas o porque voy a desmayarme. Él avanza hacia mi, ¡Por fin se mueve! aparta a la arpía de un empujón y le grita:

– ¡¿Qué cojones te crees que estás haciendo?!

– Pero Vic mi amor… -Me dan náuseas solo de oir su voz.

– Nena, mírame… -Alarga una mano para tocarme pero me aparto-, Alejandra, por favor… -vuelve a intentar tocarme, pero de nuevo se lo impido.

– ¡¡No me toques!! ¡¡No me toques grandísimo hijo de puta!! -Levanto la mano y la dejo caer con todas mis fuerzas sobre su cara-. ¡¡Acabas de partirme el corazón en mil pedazos, cabrón!!

– Alejandra…

Carla me coge del brazo, tira de mi y me mete en el taxi que ya lleva un rato esperando. Se vuelve hacia Víctor.

– ¡Jamás pensé que pudieras hacerle algo así…!

– Esto tiene una explicación Carla…

– ¡¡Cállate gilipollas, la has jodido, la has jodido pero bien!! Jorge, Vámonos… -Se suben en el taxi conmigo, mi amiga le da la dirección de mi casa al conductor y me abraza.

En cuanto el coche se pone en marcha, lloro desconsoladamente. ¿Qué coño acaba de pasar? ¿Por qué Víctor? ¿Por qué has tenido que jugar tan sucio conmigo? ¿Todo este tiempo juntos, ha sido una mentira? Me ahogo, no puedo respirar. Creo que por primera vez en mi vida, me está dando un ataque de ansiedad.

– Respira cielo, respira… -Mi amiga me acaricia la espalda-, mírame Alex… -Lo hago-. Eso es, ahora respira conmigo. Eso es, muy bien. Tranquila cielo, pronto llegaremos a casa.

A casa… Se me encoge el corazón solo de pensar en entrar en mi casa, nuestra casa. He compartido techo con él estas últimas semanas, la mayoría de sus cosas están allí… ¿Cómo voy a poder estar en casa sin él?

Nos bajamos del taxi y caminamos, bueno, yo camino porque Jorge me lleva cogida del brazo, si no fuera por ellos, seguiría plantada en la acera delante de Bacana, viendo como mi vida se desbarata en cuestión de minutos. Subimos en el ascensor, me quedo bloqueada en cuanto nos plantamos delante de mi puerta. ¡No quiero entrar, estoy paralizada! Carla saca las llaves de mi bolso, abre la puerta y se me queda mirando. Al ver que no doy un paso, me da un empujoncito para que entre. Encienden la luz, y lo primero que veo es la cazadora de cuero azul que él lleva cuando va en moto. Vuelve a faltarme el aire, el corazón me va tan rápido que creo que me voy a morir. Siento sus secos golpes contra mi caja torácica, por segunda vez esta noche se me nubla la vista. De repente no veo nada, todo se vuelve negro. Todo es oscuridad…

Abro los ojos, estoy acostada en mi cama. La claridad del día entra por las rendijas de la persiana mal cerrada… ¿Qué ha pasado? No recuerdo como llegué a mi cuarto, solo recuerdo la oscuridad y lo a gusto que me encontraba en ella. Cierro los ojos y las imágenes de anoche se cuelan en mi mente, siento un dolor agudo en el pecho, el dolor de la traición, de la mentira. Un dolor que jamás, jamás había sentido. ¿Por qué me has hecho esto Víctor? ¿Por qué? Lágrimas silenciosas resbalan por mis mejillas empapando la almohada. Acaricio el lado de la cama donde él debería de estar. Las sábanas huelen a él, mi habitación huele a él… ¡Esto me está matando! Quiero gritar y sacarme toda esta rabia y este dolor que me consumen, pero no tengo fuerzas.

Oigo voces en el salón, me concentro en ellas hasta que las reconozco. Son Carla y Estela, hablan bajito, pero aún así puedo oírlas. Están cabreadas. ¡Ojalá yo pudiera estar cabreada! Pero no, estoy tan jodida que ni siquiera puedo cabrearme. ¡El desamor duele, duele de verdad! Se abre la puerta de mi habitación y Carla asoma la cabeza…

– ¿Estás despierta?

– Si. -Musito. Ella entra y se sienta a mi lado.

– Sé que es una pregunta tonta pero… ¿Cómo te encuentras?

– jodida, muy, muy jodida.

– Estela está aquí, está preparando algo de comer…

– No tengo hambre. ¿Qué paso ayer?

– En cuanto entramos en casa te desmayaste, te diste un buen trompazo contra el mueble de la entrada. Llamamos a una ambulancia y en seguida estuvieron aquí. Han tenido qe ponerte puntos, y te han dado un ansiolítico. Querían llevarte al hospital pero te negaste, te ayudaron a acostarte y nos pidieron que no te dejáramos sola. No recuerdas nada ¿Verdad?

– No.

– Lo imaginaba… -Se acerca a la ventana con intención de subir la persiana.

– No lo hagas por favor, no la subas…

– Alex cielo…

– No, no digas nada, por favor Carla…

– Está bien…

Sale de la habitación y poco tiempo después regresa con Estela que trae en las manos una bandeja con comida. Yo sigo en la misma posición, no me he movido ni un ápice. Siento que la cama se hunde a mi lado, es Estela que tiernamente me pasa una mano por la cara intentando secar mis lágrimas. No debería de molestarse, ya que estas no paran de brotar de mis ojos.

– Ay cielo, no sabes lo que me duele verte así… ¿Quién iba a pensar que…?

– No por favor, no digas nada. -La corto.

– Alex, debes levantarte, comer algo, no se… ducharte…

– No. -Vuelvo a cortarla-. Necesito rumiar el dolor, necesito que esto que tanto duele aquí -me toco el pecho-, se me quede bien grabado, para no mirarlo a la cara nunca más. Mañana estaré mejor, pero hoy déjame con mi dolor…

Sé que les gustaría ver salir a flote toda mi rabia, pero hoy no tengo fuerzas, hoy no es el día. Quizá mañana… Les pido que me dejen sola, que se vayan a casa, pero no me hacen caso. Lo que si hacen es salir del cuarto, me dejan mi espacio. Cuando no estoy dormida, estoy llorando rota de dolor. ¿Cuántas lágrimas tiene un ser humano? Porque tengo la sensación de que yo, ya he derramado la mías y las de cien personas más.

Me fijo en que ya no entra claridad por las rendijas de la persiana, vuelve a ser de noche. Me he pasado todo el día aquí, metida en la cama sufriendo como nunca, pero me prometo a mi misma que mañana mi actitud cambiará. Mis amigas tienen su vida, y deben volver a ella. Pienso en Víctor, desde ayer ha dejado de ser mi portento. ¿Habrá intentado ponerse en contacto conmigo? Tengo el móvil desconectado y no sé si lo ha hecho. Todavía no tengo los ovarios suficientes para enfrentarme a él, pero lo haré. ¡Este se va a enterar de lo que vale un peine! ¡¡Cabrón!! ¿Qué coño he hecho yo para merecer esto? Víctor, Víctor, Víctor, ¿Por qué has hecho que me enamorara de ti si todo era una mentira? ¡Que estúpida fui por creer en su amor…!

Me duele la cabeza, me toco la frente y noto el apósito que me han puesto los de la ambulancia ayer. ¡Joder, menudo trompazo debí darme! ¡Pa haberme matao! Una de mis amigas vuelve a asomarse por la puerta entreabierta de mi cuarto, no distingo quien es. Hay demasiada oscuridad.

– ¿Estás despierta? -Es Estela.

– Si.

– ¿Puedo pasar?

– Claro. -Enciende la luz del pasillo para que entre algo de claridad y entra. Se tumba a mi lado, nos miramos…

– ¿Cómo estás?

– Igual, duele demasiado…

– Lo sé cielo… Lo sé. -Me coge la mano y las dos miramos al techo.

– ¿Ha… Ha llamado? -No sé porque lo pregunto. ¿Realmente quiero saberlo? Si, si quiero. Estela me mira pero no contesta -. Dímelo, necesito saberlo…

– ¿Para qué?

– No lo sé, supongo que es mi vena masoquista… -Mi amiga coge aire…

– Si, ha llamado varias veces. Carla ha sido la que se ha encargado de hablar con él. Quería venir a verte, ella se lo ha prohibido. Lo ha llamado de todo menos bonito, ya sabes como es…

– Gracias…

Saber que ha querido ponerse en contacto conmigo, incluso que haya querido venir a verme, me mata. ¿Su prometida estará al corriente de lo nuestro? ¿Sabrá que durante más de dos meses, la ha estado engañando? Sinceramente, lo que ella sepa me la suda. Me imagino perfectamente a Carla diciéndole cuatro cosas, ella es una leona que no duda en enseñar los dientes cuando la situación lo requiere.

– Alex… tienes que comer algo, llevas todo el día sin probar bocado.

– Por favor Estela, no quiero comer nada. No insistas…

– Vale.

– ¿Quieres hacer algo por mi?

– Claro, dime…

– Abrázame, abrázame fuerte amiga. Lo necesito…

Lo hace. Me abraza muy, muy fuerte y llora conmigo, solidarizándose con mi dolor… ¿Alguna vez os he dicho que tengo las mejores amigas del mundo? Ellas, son mi única familia aquí, y así me lo demuestran. No se han movido de mi lado desde esta madrugada. Están preocupadas por mi, nunca, desde que nos conocemos me han visto así. ¡Jamás! Sintiéndome protegida por el abrazo de mi amiga, caigo en un sueño inquieto. Aunque me despierto varias veces durante la noche, vuelvo a dormirme enseguida con el mismo pensamiento en la cabeza cada vez. Mañana, mañana será otro día…

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