¿QUE PUEDE PASAR? Cap.34

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Estoy en la clínica esperando a Carla para ir a comer, hemos pensado en hacerle a Estela una fiesta de despedida, y hoy, durante la comida, lo prepararemos todo. Mientras espero, pienso en cuanto nos ha cambiado la vida en estos dos meses, quien nos iba a decir a nosotras, que acabaríamos encontrado el amor a la vez… La marcha de Estela nos entristece mucho, tardaremos tiempo en verla, ya no seremos tres en nuestras quedadas y nada volverá a ser nunca lo mismo. Lo dicho, todo está cambiando…

Mi portento y yo nos hemos vuelto inseparables, cada día que pasa estamos más unidos y compenetrados. Sigue durmiendo en mi casa todas las noches, y todas las mañanas cuando voy al trabajo, lo dejo en la puerta del hotel. Este fin de semana, le propondré que se venga a vivir conmigo y que deje de una vez la habitación en el hotel, es una tontería seguir pagándola cuando apenas la usa.

Carla me envía un wuas avisándome de que ya está fuera esperando, así que recojo mis cosas y salgo. Vamos al restaurante de comida rápida que hay junto a la clínica. Allí ultimamos los preparativos para la fiesta de Estela y decidimos reservar mesa para el viernes en su restaurante italiano favorito. Después, como ya es costumbre en nosotras, iremos a Bacana. Nuestros chicos estarán esperándonos en la sala, mi portento me ha asegurado que tendrá una sorpresa que Estela no podrá olvidar en mucho tiempo. De camino a la clínica, Carla me pregunta:

– ¿Ya sabes que vas a hacer en tus vacaciones?

– Pues la verdad es que estoy hecha un lío -suspiro-, a Asturias iré fijo, aunque solo sea una semana. Pero lo del viaje a Nueva York, no lo tengo claro…

– ¿Y eso? tu siempre has querido ir a Nueva York…

– Lo sé. Es solo que no quiero estar tanto tiempo separada de Víctor.

– Pero son tus vacaciones Alex, deseas ese viaje desde hace mucho tiempo. ¿Has hablado con él de ello?

– Lo hemos hablado por alto…

– Te entiendo cuando me dices que no quieres estar separada de él, pero también tienes que pensar en ti. Te mereces ese viaje…

– Si, supongo que si. Pero también puedo hacerlo más adelante, con mi portento.

– Bueno, decidas lo que decidas me parecerá bien.

– ¿Tu y Jorge vais a ir a algún sitio?

– No, él no tiene vacaciones hasta septiembre, así que pospondré las mías…

– ¿Lo ves? Tu esperarás por Jorge…

– Alex, te juro que te entiendo, y me parece lo más normal. Lo que pasa es que lo has pasado tan mal últimamente que bueno, te vendría muy bien desconectar.

– Tienes razón, pero no te preocupes. En Asturias desconectaré, con mis primas por allí… créeme, no tendré tiempo a pensar en otra cosa que no sea divertirme.

– Eso espero… -Llegamos junto a su coche-. ¿Entonces nos vemos el viernes?

– Si, en el restaurante a las nueve y media.

– Perfecto, cualquier cosa me llamas -me abraza-, te quiero loca.

– Y yo a ti cuerda -me despido con la mano y entro en la clínica.

A pesar de que solo estoy rellenando informes, las dos últimas horas de trabajo pasan muy rápido. A las cinco en punto, aparco el coche en el aparcamiento de la urbanización. Bajo del coche y acto seguido aparece Víctor en su motaza. ¡Dios, se le ve tan poderoso manejando esa máquina…! Es verlo aparecer y ponerme a babear…

– ¿Qué tal preciosa? ¿Todo bien?

– Si, muy bien. He comido con Carla.

– ¿Habéis hablado de la fiesta de Estela?

– Si, hemos reservado en su restaurante favorito para el viernes.

– ¿El viernes?

– Si, ¿Te viene mal?

– Nada que no pueda solucionar, no te preocupes.

– Vale. ¿Cómo es que estás aquí tan pronto? ¿No ibas a comer con alguien a Torremolinos?

– La comida se ha cancelado, lo malo es que tendré que ir a cenar esta noche, le venía mejor así. Llegaré tarde…

– ¿Vendrás a dormir a casa o te quedarás en el hotel?

– Preferiría dormir contigo, si te parece bien claro…

– Me parece estupendo. Me gusta que quieras dormir conmigo todas las noches -subimos a casa, hace un calor mortal-. ¿Te apetece bajar a la piscina a darnos un chapuzón?

– Preferiría dormir la siesta…

– ¿La siesta? pero si tu nunca duermes la siesta…

– Ya sabes… -Aparece esa sonrisa suya que aceleran las mariposas que habitan en mi estómago, y ante su cara traviesa, no puedo evitar echarme a reír.

– Si me echo una siesta ahora, por la noche no podré pegar ojo -me encanta hacerme la tonta.

– ¿Y quien dice que vayamos a dormir?

– Lo has dicho tu…

– Entonces me he expresado mal… -Se pega a mi espalda y me besa el cuello-, vamos nena, quítate la ropa y ven a jugar conmigo… -noto su polla dura a través de sus vaqueros.

– Tu si que sabes convencer a una chica -le digo presionando mi culo más contra su entrepierna-. ¿No prefieres quitarme la ropa tu? Solo es un vestidito de nada…

– No, me gusta ver como te desvistes. Me pone mucho.

Me muevo quedando frente a él, lentamente empiezo a desabrochar el vestido playero que llevo puesto. Víctor sigue mis manos con la mirada y se pasa la lengua por su labio inferior, como si se estuviera relamiendo. El vestido cae al suelo y me quedo en bragas y sujetador…

– Todo -me ordena.

– ¿Todo? -Asiente-, está bien…

Meto los dedos en la cinturilla de mis bragas y poco a poco las deslizo por mis piernas. La respiración de mi portento se acelera. ¡Me encanta verle así, me hace sentirme tan poderosa…! Después de quitarme las bragas, paso a hacer lo propio con el sujetador, en cuanto cae al suelo con el resto de la ropa, Víctor me coge en brazos y me lleva a la habitación…

– Eres preciosa -me deposita encima de la cama-, Te deseo a todas horas Alejandra…

– A mi me pasa lo mismo -mi piel arde y me pongo cachonda por completo viendo como se quita la ropa. ¡Señor, como deseo sentirlo dentro de mi…!

Víctor se tumba a mi lado. Tengo la piel tan caliente que solo sentir su aliento sobre mi me hace gemir. Recorre mi cuerpo con su lengua, deteniéndose en mis pechos y jugando con mis pezones más tiempo de lo habitual. Está tomándoselo con calma, atormentándome, poniéndome al límite… Cuando su lengua me lame el clítoris, ya estoy perdida. Ese es mi punto débil, y él lo sabe…

Un rato después, estoy a ahorcajadas sobre él, cabalgándole, sintiéndole muy dentro de mi. Me muevo, arriba y abajo. ¡Oh Dios, es tan increíble! Los dos estamos a punto y acelero mis movimientos, buscando la liberación de nuestros cuerpos. En cuestión de segundos, un orgasmo alucinante se apodera de nosotros, dejándonos saciados, satisfechos y sudorosos. Después del sexo tan catártico que acabamos de tener, los dos nos quedamos adormilados. Me despierta mi portento, haciéndome cosquillas en el cuello con la nariz…

– ¿Todavía tienes ganas de jugar? ¿No has tenido bastante? -Sonrío.

– Nena, contigo nunca tengo bastante, siempre quiero más. Eres mi droga, estoy totalmente enganchado a ti…

– Sinceramente, a mi me pasa lo mismo. Eres muy adictivo… ¿Qué voy a hacer sin ti cuando me vaya unos días a Asturias?

– Echarme mucho de menos, igual que yo a ti…

– ¿No podrías al menos cogerte un fin de semana? -Pongo mi mejor cara de pena- Por favor…

– Lo intentaré, pero no te prometo nada ¿vale? -Asiento- Voy a darme una ducha, ¿Te apetece enjabonarme la espalda?

– ¡Por supuesto! -Me pongo en pie de un salto y me voy con él a la ducha.

Una hora más tarde, estoy sola comiéndome un sandwich frente al televisor. Están poniendo una comedia romántica que me gusta mucho, “Como perder a un chico en 10 días”. Ya la he visto un montón de veces, pero da igual. Me encanta Matthew Mcconaughey y total, no tengo nada mejor que hacer… Víctor no llegará hasta tarde así que me acurruco en el sofá y disfruto de la peli.

A las doce y media estoy que me caigo de sueño, apago la televisión y me voy al cuarto de baño. Me lavo los dientes, me echo mis cremitas y me voy a la cama. En cuanto apago la luz, el sueño se evapora. No tenía que haberme quedado dormida esta tarde, ahora me va a costar un triunfo coger el sueño. ¡Joder que putada, si en el sofá no paraba de bostezar…! He leído en alguna parte que cuando no puedes dormir, hacer respiraciones profundas y pausadas ayuda. Vamos a respirar a ver que pasa…

Pues nada, no pasa nada. Llevo más de media hora haciendo ejercicios de respiración y no dan resultado. Menudo rollo, ¿Y ahora qué? El tiempo pasa mientras en la oscuridad contemplo el techo de mi habitación, pienso en mi portento y en nuestra relación.

Una relación que empezó como una aventura sexual y que ahora nos tiene totalmente enganchados. ¿Siempre será así? Espero que si… Me da tanto miedo pensar en nuestro futuro… En realidad, nunca hemos hablado de ello. ¿Deberíamos hacerlo? Quizá sea demasiado pronto ¿No? ¡Joder, no tengo ni idea! Reconozco que me acojona hablar con él de un futuro juntos y que por nuestra diferencia de edad, se asuste y se vaya. Soy patética ¿Verdad? Estoy tan enamorada de él, que la posibilidad de perderle me angustia. Creo que será mejor dejar las cosas como están. De momento…

 

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