¿QUE PUEDE PASAR? Epílogo

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imagesZNMV3QK9Tumbada al sol, en una magnífica playa de Puerto Rico, observo a mi joven y apuesto marido hacer castillos de arena con nuestra pequeña. Víctor y yo, nos casamos el treinta y uno de diciembre hace ya tres años. Nuestros padres, querían celebrar una boda por todo lo alto, estaban empeñados en que nos casáramos en la catedral de Oviedo o en la basílica de Covadonga, pero esa no era nuestra idea, nosotros queríamos algo mucho más sencillo. Aquel día nos acompañaron nuestras familias y amigos más íntimos. Nos dijimos si quiero en la capilla de la universidad de Oviedo, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, una capilla pequeña y sencilla. Fue uno de los días más felices de mi vida. Un año después, venía al mundo nuestro tesoro más preciado, nuestra hija Olivia. Es una calcomanía exacta de su padre, morena, de ojos verdes y pelo oscuro, todos dicen que el carácter lo heredó de mi, es tozuda, cabezota y orgullosa. Toco mi abultado vientre, estoy embarazada de seis meses. Si Dios quiere, Elías nacerá en el mes de septiembre. Estamos deseando que llegue el momento para ver su carita, Olivia está entusiasmada con la idea de tener un hermanito para jugar.

Seguimos viviendo en Marbella, después de la boda, tiramos las paredes que unían nuestros áticos convirtiéndolo en uno solo, grande, espacioso y con mucha luz. Como pasamos la mayor parte del tiempo allí, los meses de verano nos venimos a Puerto Rico para poder estar con la familia de Víctor. Bueno, mejor dicho, nuestra familia.

Estela y Jared siguen viviendo en California y son padres de un precioso niño de cinco meses. No nos vemos todo lo que quisiéramos, pero al menos dos veces al año nos reunimos. Nuestra amistad sigue siendo muy importante a pesar de la distancia. La próxima reunión será en el mes de octubre, por fin Carla y Jorge han decidido pasar por el altar. Quien les iba a decir a estos dos que acabarían casándose… Cuando Víctor y yo volvimos de nuestra luna de miel, nos llevamos una desagradable sorpresa al enterarnos de que habían roto y que Jorge se había ido a vivir a Mallorca. Estuvieron separados casi un año, pero al final el amor siempre gana y ahora están sumergidos en los preparativos de la que sin ninguna duda, será la boda del año en Marbella. Nunca me cansaré de darle las gracias a Carla por haber sacado aquel billete de avión a nombre de mi marido, aunque en un principio me cabreé hasta el punto de gritarle que era la peor amiga del mundo, reconozco que si no hubiera sido por ella quizá Víctor y yo, hoy no estaríamos juntos.

Desde que nació nuestra hija, mis padres vienen muy a menudo al sur, les encanta estar con ella. Le he planteado a mi portento la posibilidad de comprarnos una casita en Asturias para que ellos no tengan que viajar tanto, a él la idea le ha parecido buena y probablemente después de que nazca Elías, nos pongamos a ello. Por cierto, mi madre adora a Víctor, tanto que a veces tengo la sensación de que lo agobia, por supuesto él no se queja, la deja hacer a sus anchas.

He dejado el trabajo en la clínica, quiero dedicarle todo mi tiempo a mi familia, cuidarles, mimarles y disfrutarles al máximo. Ellos son mi prioridad. Marco, mi ex jefe, me dio todas las facilidades del mundo para que no dejara mi puesto de trabajo, pero no consiguió nada, lo primero es lo primero. Sé que si algún día quiero volver, allí tendré mi puesto esperándome. Claudia y él, al final no consiguieron ser padres, y después de mucho pensar decidieron adoptar, llevan meses rellenando papeles y más papeles para poder traer una niña de Asia que les robó el corazón en su primera visita al continente. Serán unos padres maravillosos.

De Fernando y de Verónica jamás hemos vuelto a saber nada, es como si nunca hubieran existido en nuestras vidas. El pasado con ellos está olvidado y enterrado.

Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo y borrar algunas de las cosas que hice, no lo haría, porque todas ellas me han llevado hasta donde estoy, y gracias a ellas, hoy puedo asegurar que soy plenamente feliz.

FIN

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.42

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imagesZNMV3QK9Durante el resto del viaje, ninguno de los dos vuelve a hablar, aunque Víctor parece molesto con mi silencio, no dice nada al respecto. Yo no sé que hacer, tengo la cabeza hecha un auténtico lío. Por un lado, están mis sentimientos hacia él que no han cambiado nada, y por el otro está el miedo, el miedo me puede…

Sus mentiras me han hecho mucho daño, ahora entiendo que ha sido sin querer, pero está hecho. Me partió el corazón en mil pedazos y eso no es algo que se cure de la noche a la mañana. No soy una persona rencorosa, pero para perdonar necesito tener las cosas claras y tiempo, mucho tiempo.

Llegamos al JFK, allí, después de recoger nuestro equipaje, nos dirigimos a un coche de la agencia de viajes que no está esperando para llevarnos al “Four Season”, hotel en el que nos alojaremos. Desde luego que yo preferiría ir por mi cuenta para no tener que estar cerca de él, pero como los dos hacemos el viaje con la misma agencia, pues no me queda más remedio que aceptarlo.

Un cuanto pongo un pie en la habitación del hotel, una habitación preciosa, enorme y elegante que da a “Park Avenue”, llamo a Carla por teléfono. La diferencia horaria me la trae al pairo, estoy cabreada con ella por la encerrona que me hizo y me va a oír.

– ¿Alex? -Contesta mi amiga medio dormida.

– ¿Cómo has podido Carla? -Grito.

– ¡No me jodas Alex, son las cinco de la mañana! ¡Estaba dormida!

– ¡Me importa una mierda la hora, y me importa una mierda si estabas dormida! ¡Pensé que eras mi amiga joder!

– Y lo soy Alex -suspira-, por eso hice lo que hice. Eres tan cabezota que era la única manera de que lo escucharas. ¿Has hablado con él?

– ¡¡Eres la peor amiga del mundo!! Quería hacer este viaje para recuperarme y reflexionar, y lo has jodido Carla. ¡¡Has jodido mi ansiado viaje y mis vacaciones!! ¡¡Jamás pensé que fueras capaz de hacerme algo así, pero está claro que también me equivoqué contigo!!

– No digas tonterías Alex…

– ¡¡Ojalá fueran tonterías, pero estoy tan decepcionada contigo, que no creo que pueda perdonarte nunca!! -Dicho esto, cuelgo el teléfono y me tiro encima de la enorme cama.

Poco tiempo después llaman a la puerta, intuyo quien puede ser… ¡Empiezo a arrepentirme de no haber cancelado el viaje en cuanto vi que Carla no aparecía…! Me levanto mentalizándome para lo que sea que tenga que decirme y abro la puerta… Como suponía Víctor está al otro lado, parece molesto o quizá ansioso, no sabría decirlo con exactitud. Nos miramos…

– ¿Qué quieres? ¿A caso se te ha olvidado contarme algo más? -Pregunto irónica.

– No. Solo quiero saber que pasa por esa cabeza -entra en la habitación sin ser invitado-. No puedes quedarte callada e ignorándome sin más después de lo que te he contado. Necesito saber que piensas, que sientes… No pienso salir de esta habitación hasta que hables conmigo. -Se cruza de brazos y me observa.

– ¡Está bien, acabemos con todo esto de una maldita vez! -Cierro la puerta y me vuelvo para hacerle frente-. ¿Quieres saber como me siento? -Asiente-. Te lo diré… ¡Me siento destrozada, hundida…!

– Alejandra mi amor…

– ¡¡Me partiste el corazón Víctor!! -Grito-, ¡¡Intente por todos los medios no enamorarme de ti, pero lo hice!! Tu me enamoraste con tu forma de ser… tierno, cariñoso, atento… ¡¡Me dejé llevar y me destrozaste!! Cuando te conocí, me decía a mi misma… No puede ser Alex, él es mucho más joven que tu. Me agobiaba pensar en lo que diría la gente al vernos juntos, en lo que pensarían mis padres, mis amigos… Solo había una pregunta en mi mente, ¿Qué puede pasar? Me dejé llevar por una vez en mi vida, hice lo que me dictaba el corazón… ¿Y qué ha pasado? ¡¡Que mi corazón está hecho añicos!! Cuando pasó lo que pasó con Fernando en Valencia, me dijiste que nunca me harías daño… mentiste. ¡¡Me has hecho mucho daño Víctor, muchísimo!! ¡¡Estoy harta de que mis sentimientos sean siempre pisoteados, estoy harta de todo, cansada…!! Creo que lo mejor es que cada uno siga su camino…

– No Alejandra, escúchame por favor… Fui un gilipollas, lo sé. Al no contarte lo de Verónica, creí que estaba protegiéndote de una parte dolorosa de mi vida que yo mismo estaba esforzándome por olvidar y me equivoqué. Por favor nena, dame otra oportunidad, te quiero y no quiero perderte…

– Lo siento Víctor, pero es mejor que te vayas, no hagamos esto más difícil.

– Nena por favor…

– Vete -abro la puerta de par en par-, búscate una chica de tu edad y se feliz Víctor…

– Pero yo no quiero…

– Adiós Víctor -cierro la puerta, me parte el alma ver que esos ojos verdes me miren con tanta tristeza, pero no estoy dispuesta a volver a poner en juego ni mi corazón ni mis sentimientos.

Me tiro en la cama sin siquiera quitarme la ropa que llevo puesta, debería darme una ducha y ponerme cómoda, pero no tengo ganas de nada. Apago las luces de la habitación y me quedo a oscuras. Se supone que este debería ser un viaje para reencontrarme a mi misma y recuperarme, en cambio estoy más perdida que nunca.

Paso la noche sin pegar ojo, poniendo en una balanza lo bueno y lo malo de mi relación con Víctor, sin ninguna duda, lo bueno pesa más. Entonces… ¿Por qué no le doy otra oportunidad? Si no me quisiera, no habría hecho este viaje para hablar conmigo. A mi mente, vuelve con fuerza la conversación mantenida con mi madre aquel día en Asturias. Recuerdo cada palabra, y cuanto más pienso en ello, más me convenzo de que soy una idiota, y que estoy perdiendo al amor de mi vida por orgullosa y cabezota. ¿Hay alguien en el mundo más tonta que yo? No lo creo. En la habitación de al lado, tengo al hombre que me vuelve loca en todos los sentidos. El hombre que a pesar de su juventud, consiguió conquistarme y enamorarme. Consiguió hacerme cambiar, consiguió que viera la vida de otra manera, consiguió sacar lo mejor de mi… Le quiero, le quiero con toda mi alma y sería una gilipollas si lo dejara ir. No me perdonaría en la vida haber tenido la oportunidad de ser feliz y haberla tirado por la borda. Está claro que los dos tenemos un pasado que queremos olvidar, pero también tenemos muchos capítulos de nuestra vida en blanco y que podríamos escribir juntos. Si, estoy decidida. Quiero pasar el resto de mi vida junto a él…

Miro el reloj, apenas son las siete de la mañana, estoy deseando llamar a su puerta, pero es demasiado temprano. Le diré que soy una estúpida y que lo amo con locura, que nos demos una oportunidad mutuamente. ¿Y si ahora es él el que no quiere estar conmigo? No, tengo que ser positiva. Todo saldrá bien.

Más animada, entro en el baño para darme una ducha y borrar todo el cansancio que hay acumulado en mi cuerpo. Una vez lista y más decidida que nunca, salgo de mi habitación y recorro los pocos metros que me separan de la de Víctor. En cuanto estoy delante de su habitación, llamo a la puerta, estoy totalmente convencida de que hoy todo se arreglará.

Después de estar varios minutos llamando y de no obtener respuesta, decido bajar al restaurante del hotel, posiblemente Víctor se haya despertado temprano y esté desayunando. Nada, en el gigantesco comedor tampoco está. ¿Habrá salido? Voy al mostrador de recepción y en un perfecto inglés hablo con la chica de información.

– Disculpe, buenos días -la chica me mira sonriente-, había quedado con el señor Rivera para desayunar, ¿podría decirme si está en su habitación? -Me pongo nerviosa porque nunca se me dio bien mentir.

– Un momento por favor… -La chica teclea algo en un ordenador y me mira-. ¿Está segura de que había quedado con el señor Rivera?

– Si, ¿Por qué?

– Vera, el señor Rivera dejó su habitación hace una hora y media…

– Perdón… ¿Quiere decir que dejó su habitación y que volverá más tarde o…?

– Dejó la habitación definitivamente -me corta la chica-. El señor Rivera, pidió ayer por la noche que se le reservase un billete en el primer vuelo…

– ¿Ha vuelto a España? -Pregunto sin dejarla terminar de hablar.

– No, se ha ido a Puerto Rico.

– ¿Cómo? -¡Ay Dios, ahora si que la he cagado pero bien!

– Lo siento, es la única información que puedo darle…

– Una última pregunta, ¿puede decirme a que hora salía ese vuelo? Por favor… -imploro.

– El vuelo sale del aeropuerto JFK dentro de cuarenta y cinco minutos…

– ¿Cuarenta y cinco minutos? -Miro el reloj, ¡joder no voy a llegar a tiempo!- Le doy las gracias a la chica y subo corriendo a mi habitación a por el bolso y el móvil. Si lo llamo, quizá pueda evitar que suba a ese avión. Pero nada, el teléfono está desconectado. Salgo pitando y cojo un taxi para ir al aeropuerto. ¡No llego ni de coña, pero al menos lo habré intentado!

A pesar de que llego al aeropuerto en un tiempo record, es demasiado tarde, el avión con destino a Puerto Rico acaba de despegar. Destrozada, hundida y llorando desconsoladamente, me quedo pegada a la cristalera viendo como el avión donde va el amor de mi vida toma altura. ¡Oh Víctor, te he perdido, te he perdido para siempre! ¿Qué voy a hacer ahora?

Vuelvo al hotel hecha polvo, rumiando mi dolor y mi culpabilidad. ¡Soy la persona más estúpida, cabezota y orgullosa del mundo! Mi madre y mi amiga Carla tenían razón, al final le he perdido, y todo por mi culpa!

Una vez en el hotel, recojo las pocas cosas que había sacado de la maleta y llamo a recepción para que me reserven un billete en el primer vuelo que salga para España. Ya no quiero estar aquí. Quiero volver a mi casa. ¡Ahora si que mi vida es una auténtica mierda! Llaman a la puerta y me sobresalto.

– ¿Quién es? -Pregunto.

– Servicio de limpieza. -Oh mierda, se me ha olvidado poner la dichosa tarjeta de no molestar en la puerta. De mala gana abro…

– ¡Víctor…! Pero… pero…

– Lo siento Alejandra, pero no pienso darme por vencido. Dime que tengo que hacer para que me perdones y lo haré. Sé que te dije que me iría y te dejaría en paz, pero no puedo… Por favor nena, no llores… -¿Estoy llorando? ni siquiera me había dado cuenta…

– Oh Víctor… pensé que te había perdido para siempre. Fui a buscarte al aeropuerto, pero cuando llegué el avión acababa de despegar. Creí… creí…

– No subí al avión, ni siquiera entré en el aeropuerto… Te quiero Alejandra, estoy locamente enamorado de ti y no pienso perderte…

– Yo también te quiero Víctor, te quiero con toda mi alma, perdóname por ser tan cabezota y tan orgullosa…

– No hay nada que perdonar nena, los dos nos hemos equivocado… -Me abraza con fuerza y yo alzo mi cabeza para besarle.

¡Dios, cuanto echaba de menos esos labios, la suavidad de su lengua, sus abrazos…!

– Hay una cosa más que tengo que explicarte -dice separándose de mi-. Compré el ático cuando me di cuenta de que estaba enamorado de ti, en un principio lo había alquilado, pero cuando tuve claros mis sentimientos hacia ti lo compré porque quería tenerte cerca. No te lo dije porque era una sorpresa…

– Te amo Víctor, eso es lo único que importa, que nos amamos…

– Cásate conmigo Alejandra… -Lo miro atónita-. Sé que es muy pronto, y que no hace mucho que nos conocemos, pero sería el hombre más dichoso del mundo si aceptaras ser mi esposa…

– Si, si y mil veces si Víctor, me casaré contigo, porque eres el hombre más maravilloso que existe y porque mi vida sin ti, no tiene sentido…

Esa tarde, después de haber hecho el amor varias veces, después de acariciarnos, saborearnos y sentirnos, Víctor me hace la promesa más bonita del mundo…

¡TE AMARÉ SIEMPRE PRECIOSA…!

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.41

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imagesZNMV3QK9Dos horas después de que el avión despegue en Asturias, ya estoy en Madrid. Si el vuelo de mi amiga no viene con retraso, tiene que estar a punto de llegar. Le mando un wuas para que cuando ya este aquí y encienda el móvil, sepa que la estoy esperando en una cafetería que hay en la t4. Facturo el equipaje y voy hacia la cafetería a esperar. Me tomo una pepsi y un pincho de tortilla. Hace unos cuarenta minutos que le he escrito a Carla y todavía no sé nada de ella. Supuestamente ya debería de haber llegado. Empiezo a ponerme nerviosa y la llamo, pero el teléfono está apagado o fuera de cobertura. ¿será que el avión viene con retraso? Me acerco al mostrador de información y le pregunto al chico. Este me dice que el vuelo de Málaga ha llegado hace mas de veinte minutos, entonces supongo que mi amiga estará esperando el equipaje, o vete a saber donde se ha metido…

Pasan otros veinte minutos y sigo sin saber nada. Le vuelvo a poner un wuas:

– “¿Dónde estás loca? Hace rato que te espero, me preocupa no saber nada de ti. ¿Va todo bien? Me voy a la sala de espera que hay junto a la puerta de embarque, te esperaré allí. Bss. TQ”

Cuando llevo más de media hora sentada en aquella sala esperando y sin tener noticias de ella, empiezo a preocuparme de verdad. ¿Qué le habrá pasado? La llamo un par de veces pero su teléfono sigue desconectado. ¡Joder, No entiendo porque tiene el móvil apagado! ¿Se le habrá terminado la batería? ¡Ya no sé que pensar…! Digo yo que si hubiera perdido el avión o hubiera sucedido algo que la obligara a cancelar el viaje me habría avisado ¿no? Al menos yo lo haría. ¿Y si llamo a Jorge para preguntarle? ¡Madre mía, no sé que hacer! Me estoy volviendo loca imaginando que pudo pasarle a Carla… Jorge tampoco contesta a mi llamada, aunque por lo menos su teléfono da señal.

Veo que dos chicas vestidas de azul abren la puerta de embarque y se colocan para pedir los pasajes. Ya es la hora y esta sin aparecer. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Cancelar el viaje? Pues no, lo siento mucho pero no pienso hacerlo. Si a mi me hubiera pasado algo y no pudiera estar aquí, hubiera removido Roma con Santiago para poder ponerme en contacto con ella. ¡Lo siento mucho, pero la menda se va a Nueva York con o sin amiga! Le entrego el pasaje a una de las chicas y bajonera cruzo el pasillo. ¡Menuda putada lo de Carla…!

Tengo el asiento de la ventanilla y como el que está al lado supuestamente era el de mi amiga, dejo la bolsa de viaje allí. Saco de esta el ipod y me acomodo. El viaje dura unas ocho horas aproximadamente… ¡Qué nervios por Dios! ¡Acabo de subir al avión y ya estoy deseando bajarme! Espero poder dormirme para que el trayecto se haga más corto. Cierro los ojos e intento relajarme.

A los cinco minutos, alguien me da un toquecito en el hombro, miro hacia el pasillo y me encuentro con dos pares de ojos clavados en mi. ¿Pero qué coño…? Abro la boca y la vuelvo a cerrar. ¡No me puedo creer lo que estoy viendo! Automáticamente pienso en mi amiga, Ahora entiendo porque la muy cabrona tiene el teléfono apagado. ¿Cómo ha podido hacerme algo así? ¡Esta vez, como que me llamo Alejandra Machado que me la cargo!

La azafata me hace un gesto para que me quite los auriculares, la tía debe de pensar que soy lerda o algo así porque no me muevo, no hablo, no pestañeo… ¡Ay Diosssss, me va a dar un jamacuco! Ella vuelve a hacerme un gesto con la mano y por fin atino a quitarme los auriculares…

– Disculpe señorita, ¿habla mi idioma? -Asiento-, ¿Este bolso de viaje es suyo? -Vuelvo a asentir-. ¿Podría ponerlo en el departamento de aquí arriba para que el caballero pueda ocupar su asiento? -Miro al caballero en cuestión… ¡Joder, joder, joder! ¡Juro que cuando la pille, la mato con mis propias manos!

Víctor me mira sin pronunciar palabra. ¿Qué cojones hace él aquí? Ambos esperan que haga lo que la azafata dice, mientras él no se siente no podremos despegar. La chica al ver que no estoy por la labor de moverme, coge mi bolso, abre la puertecita del compartimento de arriba y lo guarda allí. Me mira cabreada y dice:

– Ya puede sentarse caballero, abróchese el cinturón, despegaremos enseguida. -Se da media vuelta y se larga. Víctor se sienta a mi lado sin que yo pueda hacer nada por evitarlo.

– ¿Puedo saber qué diablos haces tu aquí?

– Voy a Nueva york. Contigo.

– ¡Oh nooooo, no, no, no, me niego! -Grito, varias cabezas se vuelven a mirarme. Me desabrocho el cinturón de seguridad e intento ponerme en pie, pero él me lo impide.

– ¡Por el amor de Dios Alejandra, no hagas tonterías y siéntate! Estamos a punto de despegar, ¿es qué no lo ves? -Miro hacia la ventanilla y veo que nos movemos. ¡Mierda, mierda, mierda! Me dejo caer en el asiento de nuevo y con manos temblorosas me abrocho el cinturón.

– ¿Por qué? -Le miro-, ¿Por qué me hacéis esto? ¿Es que acaso lo que yo piense, para ti y para Carla no significa nada? ¿Por qué no podéis dejarme seguir con mi vida?

– Lo que tu piensas es lo más importante para mi Alejandra, por eso estoy aquí. Necesito explicarte lo que ha pasado. La única manera de que me escucharas, era subirme a este avión y Carla muy amablemente me cedió su billete. Las cosas no son como crees. Si después de que sepas la verdad, sigues pensando lo mismo, lo aceptaré y no volverás a verme el pelo, desapareceré de tu vida para siempre.

Mientras habla, me fijo detenidamente en él. No parece que esté mucho mejor que yo. Está más delgado, demacrado… Y ese brillo que había en sus ojos, tampoco está. Aún así, sigue pareciéndome el tío más guapo del mundo, teniéndolo ahí a mi lado, me doy cuenta que mis sentimientos hacia él siguen siendo los mismos, que a pesar de toda esta mierda que nos ha pasado, sigo queriéndole con locura.

– Habla… -susurro.

– Conozco a Verónica desde que éramos pequeños, prácticamente nos criamos juntos. Nuestras familias son muy amigas, su padre y el mío, son los dueños de la mayoría de los hoteles más importantes de la costa de Santa Cristina, son socios desde antes de que nosotros naciéramos. De esa relación laboral, nació una gran amistad que dura hasta el día de hoy, por eso ella y yo pasábamos tanto tiempo juntos. Fuimos creciendo y cuando éramos unos adolescentes, tonteamos alguna que otra vez, pero no pasó de ser un mero tonteo. Verónica me gustaba, pero éramos demasiado jóvenes para implicarnos en una relación seria. Con la mayoría de edad nos distanciamos un poco, cada uno siguió su camino. Fuimos a universidades distintas y solo nos veíamos esporádicamente en fiestas que nuestras familias organizaban. -Se queda pensativo un rato-. Sé que a nuestros padres les hubiera encantado que una vez terminadas nuestras carreras, nos hubiéramos casado, pero yo no estaba enamorado de ella, aunque ella si lo estaba de mi. Mi padre hablo conmigo para hacerme ver que unirme con ella en matrimonio sería algo grandioso, ya que éramos dos de las familias más importante de Puerto Rico, pero me negué. Al principio mi padre se cabreó mucho, con el tiempo lo entendió y nunca volvió a sacar el tema de la boda. Ella en cambio, quería estar conmigo a toda costa, me agobiaba, estaba obsesionada con ser mi prometida. Yo la evitaba y cuando me encontraba con ella por casualidad la ignoraba. -La azafata se acerca a nosotros para preguntarnos si necesitamos algo. Ambos decimos que no, aunque yo de buena gana me tomaba algo fuerte que me anestesiara para terminar de oír esta historia. La azafata se va y Víctor sigue hablando-. Hace exactamente un año, nuestros padres organizaron una fiesta benéfica, yo acudí con una amiga, y cuando estábamos en la pista bailando, apareció Verónica, sola. Bailábamos un tema romántico y cuando ella nos vio, montó en cólera y armó un gran escándalo. Se nos acercó gritando que yo era su prometido y que la chica que bailaba conmigo era un zorra que intentaba quitárselo, incluso intento agredirla. Por suerte, conseguí pararla a tiempo, la llevé a una habitación y le puse las cosas claras. Fui totalmente sincero, nunca estuve enamorado de ella y jamás lo estaría. Me suplico, y al ver que no obtenía resultado, juró que se las pagaría, que si no era para ella, no sería para ninguna otra. Me largué dejándola sola en aquella habitación y no volví a verla en la fiesta. Unas horas más tarde, cuando me iba, mi padre me acompañó a la calle y allí me rogo que me olvidara de lo sucedido esa noche. Le contesté que estuviera tranquilo, que por mi parte el tema estaba zanjado. Estaba cruzando la calle cuando un coche a gran velocidad venía hacia mi, me quedé paralizado, sin saber que hacer. Oí gritar a mi padre y cuando quise reaccionar, era demasiado tarde. El coche me embistió dejándome inconsciente en el suelo. -¡Joder, se me ponen los pelos de punta!- Me desperté en el hospital dos días después, tenía dos costillas rotas y también un brazo y una pierna, además de una fuerte contusión en la cabeza. Pedí que llamaran a la policía, quería poner una denuncia, entonces mi padre me contó que Verónica era quien conducía el coche, que después de atropellarme a mi, se estampó contra un muro. -Víctor cierra los ojos-. Los médicos dijeron que tenía un cuadro psicótico y trastorno bipolar, sus padres decidieron ingresarla en una clínica para ayudarla. Mi padre me pidió que no la denunciara, que lo hiciera por él y por su amigo, de mala gana acepté. Cuando estuve totalmente recuperado, me vine aquí, ella aún continuaba ingresada, vio nuestra fotografía en internet, la que nos hicieron el día de la presentación del perfume y se escapó de la clínica, el resto de la historia ya la sabes…

– ¿Dónde está ella ahora?

– En Puerto Rico, en cuanto llamé a sus padres y les dije que estaba en España fueron a recogerla…

¡Uff, menuda historia, digna de una telenovela de esas que echan en la televisión! ¿Será cierta?

– Puedo enseñarte los recortes del periódico donde salió la noticia del atropello, mi padre puede confirmarte que fue Verónica quien lo hizo. -Vaya… echaba de menos ese poder que tiene para leerme la mente.

– No es necesario, no quiero verlo -durante largo rato, ninguna de los dos habla.

– ¿No vas a decir nada más? -Me pregunta Víctor.

– No, ya dije todo lo que tenía que decir -me pongo los auriculares y subo el volumen a tope. ¡Estoy tan harta de todo…!

Necesito tiempo, tiempo para pensar y tomar una decisión respecto a nosotros, no sé si seré capaz de perdonar todo el daño que me ha hecho al ocultarme algo así…

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.40

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imagesZNMV3QK9El viaje a Asturias, se me hace largo, estoy demasiado ansiosa por llegar, y cuando por fin el avión aterriza en el aeropuerto de Ranón ( Avilés ) y veo a mis padres allí esperándome, corro a su encuentro. Los tres emocionados, nos fundimos en un caluroso abrazo. ¡Dios, cuanto los he echado de menos, sobre todo estos últimos días! Me observan con lágrimas en los ojos, estoy bastante desmejorada pero aún así, ellos no dicen nada. Mi padre coge la maleta, y cogidos de la mano como cuando era pequeña, salimos fuera.

Mientras mi padre conduce, mi madre y yo vamos en la parte trasera del coche charlando animadamente. Me pregunta por mis amigas. Le cuento que Estela ahora vive en California con su novio Jared y mi madre alucina. También le cuento que Carla y Jorge, por fin se han dado cuenta de que están enamorados y que ahora salen en serio. Mi madre conoce muy bien a mis amigos y se alegra por las buenas noticias. Mi padre entra en la conversación y durante un rato hablamos de la gente que ellos conocen en Marbella y que yo veo de vez en cuando. Cuando menos me lo espero, mi madre suelta la pregunta del millón…

– ¿Y cómo te va a ti con el chico ese cielo? -La pregunta de las narices me pilla por sorpresa y durante unos segundos me quedo callada. Mi madre al ver que no contesto sigue.- ¿Se llama Víctor verdad?

– Hemos roto. -Suelto de sopetón y sin pensar. Mi madre se queda a cuadros.

– ¿Pero hija…?

– No quiero hablar del tema mami. ¿Qué tal están todos?

– Todos están bien hija, deseando verte. ¿Seguro que no quieres hablar de…?

– Ahora no mama, por favor -La corto antes de que termine de hacerme la pregunta.

Seguimos hablando de otros temas hasta llegar a casa. De vez en cuando, noto como mis padres intercambian alguna que otra miradita, ahora están preocupados por mi y eso me hace sentir mal. Tendré que hablar con ellos, pero todavía no es el momento… A mama le suena el teléfono, y mientras ella habla, yo aprovecho para admirar el paisaje. ¡Se ve todo tan verde que impresiona! Ya casi hemos llegado a casa, me muero por ponerme cómoda y tumbarme en el jardín.

En Asturias, paso dos semanas. La primera de ellas, la dedico a no hacer absolutamente nada, me paso los días en una tumbona absorbiendo los rayos del sol, absorta en mis pensamientos o leyendo algún libro. Uno de esos días en los que estoy en el jardín tomando el sol, mi madre se acerca a mi y se sienta a mi lado. Durante un rato, no dice nada, solo se limita a estar allí, haciéndome compañía. Por momentos me hace sentir incómoda, intuyo que la pobre mujer quiere hablar conmigo y no sabe de que manera hacerlo para no hacerme daño. En realidad, no sé quien está más incómoda si ella o yo. Al cabo de media hora, se decide a romper el silencio.

– Cariño, tu padre y yo estamos muy preocupados por ti -me mira-. Llevas en casa cinco días, apenas comes, estás triste, abatida. Andas de aquí para allá arrastrando los pies como si fueras una zombi… ¿Cuándo vas a contarme lo que ha pasado?

¡Ay mama! -pienso-, ¿Por dónde empezar a contarte la historia sin que te eches las manos a la cabeza? Decido hacerlo por el principio, merece saber lo que me pasa, nos es justo para ellos que tengan que verme así. Respiro hondo y reuniendo el valor que me falta, empiezo a hablar. Le cuento toda mi relación con Víctor con pelos y señales, sin omitir nada de nada. Ella me escucha atenta y sin decir ni mú. ¡A saber lo que le estará pasando a la pobre mujer por la cabeza…! Cuando termino de hablar, me limpio las lágrimas con el borde de la camiseta y me tapo la cara con las manos…

– ¡Ay mi niña! -Dice mientras me abraza- ¡No sabes cuanto lo siento hija! ¿Has vuelto a hablar con él desde entonces?

– No, no quiero saber nada de él. Me ha hecho mucho daño mami… No para de llamarme, insiste en hablar conmigo, pero yo me niego.

– Pero Alejandra mi amor… ¿No te parece todo muy extraño? Quiero decir… Si él no sintiera nada por ti… ¿Qué sentido tiene que insista tanto para hablar contigo?

– No lo sé… ¿Tu también crees que debería de hablar con él?

– Pues si hija, mi consejo es que lo hagas. Mereces saber la verdad, sea buena o mala. El daño ya está hecho, pero si hablas con él, todas esas dudas que tienes se disiparán. La mente es muy poderosa, y la imaginación muy traicionera hija, solo cuando sepas la verdad, podrás pasar página y empezar de cero, ya sea con él o sin él. -¡Joder que bien habla mi madre, casi me ha convencido para que lo escuche, pero no, soy muy, muy cabezota! -¿Tu qué sientes por él Alejandra? ¿Aún le quieres?

– Si mama, lo quiero muchísimo. El amor que siento por Víctor no va a desaparecer de la noche a la mañana… Él me ha hecho sentirme la mujer más deseada del planeta, ha sido tierno, cariñoso, atento… Con él he cambiado, soy una mujer diferente… ¿Cómo voy a hacer para dejar de quererle?

– ¿Y no crees que por todo eso que te hace sentir, merece la oportunidad de que lo escuches?

– No lo sé mama… ¡Estoy tan confundida…!

– Piénsalo mi amor, piénsalo bien. No dejes que el hombre más importante que ha pasado por tu vida, se te escape de las manos por culpa de tu cabezonería…

– Lo pensaré…

Mi madre me da uno de esos abrazos tan suyos que me hace sentir protegida y luego vuelve a dejarme sola con mis pensamientos. Sus palabras, me han sorprendido mucho, no esperaba esa actitud por parte de ella, al contrario, pensé que montaría en cólera y que pondría a Víctor a caer de un burro. Me alegra que no haya sido así. Esas palabras, han calado muy hondo dentro de mi, dejándome pensativa el resto del día.

Milagrosamente, después de la conversación con mi madre mi estado de ánimo mejora y empiezo a disfrutar de mis vacaciones.

La segunda semana en Asturias, estoy mucho más animada, mis primas y mis amigas de la infancia, consiguen que vuelva a sonreír y me olvide de Víctor cuando estoy con ellas. En cambio cuando por las noches estoy acostada en mi cama, mi mente lo revive todo una y otra vez, pero con una notable diferencia, ya no duele tanto. Empiezo a acostumbrarme a estar sin él. Hace ya varios días que ha dejado de insistir en hablar conmigo, en mi interior se lo agradezco, necesito mi espacio para tener las cosas claras. A pesar de que mi madre y mi amiga creen que no estoy haciendo lo correcto, sigo sin querer saber nada de él, es lo único que tengo claro.

Esa semana, decido hacer el viaje a Nueva York, Ahora ya no tiene sentido que lo aplace. Desde mi portátil, hago todos los preparativos y reservas. El próximo lunes, viajaré hasta Madrid y de allí a nueva York. Por la noche, me llama Carla y aprovecho para contarle mi cambio de planes.

– ¡Hola loquita! ¿Cómo va todo por Asturias?

– ¡Hola cuerdita, pues bastante bien!

– ¿Estás disfrutando de tus vacaciones?

– Ahora si Carla, ahora empiezo a disfrutarlas de verdad…

– No sabes cuanto me alegre oír eso amiga… ¿Qué me cuentas, hay alguna novedad?

– Pues la verdad es que si, tengo novedades. He decidido ir a Nueva York…

– ¡Eso es genial Alex! ¡Por fin vas a hacer el viaje que tanto deseas…

– Si, además me vendrá bien para terminar de recuperarme…

– ¿Has hablado con Víctor? – ¡Vaya por Dios, ya tardaba en salir la preguntita de marras!

– No Carla, no he hablado con él. ¿Y tu? -Mi amiga tarda en contestar…

– ¿Cuándo dices que te vas? -¡Uyyyy, uyyyy, esta me oculta algo…! Opto por hacerme la tonta y paso de preguntar…

– El próximo lunes…

– ¿No se ha animado ninguna de tus primas a ir contigo?

– No, que va, ellas no pueden, ya sabes que tienen niños…

– ¿Puedo acompañarte yo?

– ¿Pero que dices loca?

– Lo que oyes…

– Pero Jorge…

– A Jorge no le importará, además la semana que viene él estará fuera, tiene que ir a Mallorca por motivos laborales. ¡Está decidido Alex, me voy contigo!

– ¿Estás segura?

– Completamente.

– ¡Que guay Carla! -Aplaudo encantada-, ahora mismo entro en internet y reservo tu billete.

– No, no hace falta. Dame los datos del vuelo y yo misma lo haré…

– ¡Está bien, como quieras! -Busco rápidamente los datos del vuelo y se los paso a mi amiga-. No sabes las ganas que tengo de que llegue el lunes chuli, vamos a pasárnoslo genial.

Charlamos durante un rato más de los locales de moda a los que podremos ir cuando estemos allí a tomarnos unos cuantos cosmopólitan, como las chicas de nuestra serie favorita “Sexo en Nueva York”, tenemos claro que ellas a nuestro lado, no tienen nada que hacer. ¡Pero que flipadas que somos…!

Más tarde, acostada ya en mi cama, por primera vez en muchos, muchos días, no pienso en él. Pienso en todas las aventuras que nos esperan a la loca de mi amiga y a mi mano a mano por las calles de Nueva York. ¡Estoy entusiasmada!

El sábado mis primas me preparan una cena de despedida en Oviedo, han reservado en una sidrería llamada “Tierra Astur” que está en la calle Gascona, una de las zonas más concurridas de la ciudad. Cenamos de lujo, y nos ponemos moradas a sidra. ¡Hay que ver lo bien que entra el zumo de manzana…! Después de la cena, nos vamos de copas por la zona antigua. Me llevan a un bar que se llama “La Piel del Tripulante”, muy del estilo al bar al que solemos ir mis amigas y yo en Marbella, allí el desmadre es total y me suelto la melena del todo. ¡Me lo paso pipa, mis primas son la leche! Estos días, han hecho hasta lo imposible para que me divirtiera, han conseguido que vuelva a ser yo de nuevo. ¡Las quiero muchísimo!

El domingo, como es mi último día en Asturias, decido quedarme en casa y dedicárselo por entero a mis padres. Aunque tengo una resaca del quince, intento disfrutar de ellos a tope y lo consigo. Sin duda alguna, tengo los mejores padres del mundo.

A la mañana siguiente, cuando me llevan al aeropuerto, nos despedimos entre lágrimas, les prometo hacer todo lo que pueda para volver antes de navidad. Necesito a mis padres y ellos me necesitan a mi, no quiero volver a pasar tanto tiempo sin estar con ellos… Desde la puerta de embarque, les digo adiós y les tiro un beso. Camino por el largo pasillo triste y emocionada a la vez, estoy a punto de cumplir mi sueño y eso me pone nerviosa. Estoy deseando llegar a Madrid y reencontrarme con mi Amiga Carla… ¿Qué nos deparará en Nueva York?

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.39

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He quedado en el aeropuerto a las nueve y media, el avión de Estela no sale hasta las once y media, pero hemos quedado temprano para despedirnos con tranquilidad. Los aeropuertos siempre son un caos y con todo el mundo corriendo de aquí para allá, tardo en encontrarlos. Cuando me ven, hacen una radiografía exhaustiva de mi aspecto y ponen mala cara. Sé por esas caras que se avecina una regañina. No me ha servido de nada maquillarme más de lo habitual para intentar disimular las ojeras ni ponerme ropa más holgada.

– ¡Eh cielo! ¿Cómo estás? -Estela me abraza.

– Mejor…

– Pues nadie lo diría, estás muy delgada y tienes ojeras, lo que quiere decir que sigues sin comer ni dormir.

– Que observadora… -Fulmino a Carla con la mirada.

– Tranquila Alex, ya sabes como es…

– No sé que mosca le ha picado, pero me tiene contenta…

– ¡No habléis de mi como si yo no estuviera! Solo me preocupo por ti Alex.

– Gracias -respondo irónicamente.

– Venga chicas por favor -dice Estela-, vamos a tomarnos un café ¿Vale?

Las tres junto con Jared nos dirigimos a la cafetería. Allí las aguas vuelven a su cauce y volvemos a ser las tres amigas de siempre. Cuando oímos por megafonía que el avión con destino a Los Ángeles despegará en cuarenta minutos, nos ponemos tristes. Llegó la hora de la despedida. Los acompañamos a la puerta de embarque y entre lágrimas les decimos adiós. Carla y yo, permanecemos allí hasta que el avión despega, luego cogidas del brazo salimos a la calle.

– ¿Qué vas a hacer ahora? -Me pregunta Carla.

– Voy a casa a preparar el equipaje, el viernes me voy a Asturias.

– ¿Ya te vas el viernes?

– Si, es tontería esperar al lunes, quiero largarme en cuanto antes.

– ¿Qué les dirás a tus padres?

– No lo sé, supongo que la verdad… -Mi amiga asiente.

– Es lo mejor Alex…

– Si, yo también lo creo así.

– ¿Te verá antes de que te vayas?

– No lo creo, en cuanto termine de preparar las cosas, volverá a Benalmádena. Me iré desde allí.

– ¿Sigues enfadada conmigo por lo que te dije?

– No, tranquila. Respeto tu opinión, siempre y cuando tu respetes la mía.

– Lo hago Alex…

– Gracias.

– ¿Me llamarás?

– Por supuesto.

– Cuídate ¿Vale?

– Si, lo haré.

– Prométeme que vas a comer.

– No te preocupes, es difícil no hacerlo estando en casa de mis padres. Seguro que mi madre me recibe con una buena fabada, y a ese manjar, no podré decir que no. -Nos abrazamos.

– Esperaré impaciente tus llamadas… Te quiero loca.

– Y yo a ti cuerda. -Permanecemos abrazadas unos minutos más y luego cada una sigue su camino.

Cuando llego a la urbanización, veo alejarse la moto de Víctor. ¿Qué estaría haciendo él aquí? ¿Habrá venido a verme? Sigue llamándome cada día, dejándome mensajes de voz en el contestador y enviándome wuas, pero yo sigo en mis trece, no quiero saber nada de él. Así que ni contesto a sus llamadas, ni escucho sus mensajes, ni leo sus wuas, al contrario, lo borro todo sin contemplaciones. Si sigue insistiendo de esta manera, no me quedará otra que cambiarme el número de teléfono. Tengo sus cosas en uno de los cuartos que no utilizo de mi casa, no me he atrevido a tirarlas a la basura. Tengo que pensar en hacérselas llegar de alguna forma.

Entro en el vestíbulo y abro mi buzón de correo, hay un sobre blanco con mi nombre escrito a mano. Lo abro. Dentro está la llave de mi casa y una nota. Con manos temblorosas la desdoblo y la leo, solo hay escritas dos palabras… “Lo siento”. Cierro los ojos, ahora ya sé a que ha venido, por fin se ha dado por vencido y ha entendido que no quiero volver a saber nada de él. Era lo que yo quería ¿No? ¿Entonces porque me siento tan mal y no puedo dejar de llorar?

Se abre la puerta de la oficina de mantenimiento y aparece el señor Rodríguez, con disimulo me limpio la cara, sería vergonzoso que me viera llorando.

– Hola señorita, que alegría verla, hacía ya varios días que no la veía por aquí.

– Hola señor Rodríguez, he estado fuera…

– ¿Va todo bien? -Me mira con preocupación.

– Si gracias. -Contesto mientras espero el ascensor- Rodríguez…

– ¿Si señorita?

– Cuando venía hacia aquí, vi salir al señor Rivera… ¿Ha preguntado por mi? -Lo miro impaciente, ¿De verdad quiero saberlo?

– No señorita, el señor Rivera, está supervisando personalmente la mudanza.

– ¿Mudanza? ¿Qué mudanza?

– El señor Rivera está mudándose al ático señorita, él es el nuevo propietario. -¡Toma jarro de agua fría!

– ¡¿Qué?!

– Pensé que lo sabía señorita, como últimamente ustedes dos siempre estaban juntos… -Mi cara debe de ser un poema.

– Ya… -Es lo único que acierto a decir. Las puertas del ascensor se abren y entro. Me despido del señor Rodríguez con un gesto de cabeza y subo a casa.

Me derrumbo en cuanto entro en esta y pegada a la puerta me dejo caer al suelo. Por extraño que parezca, esta vez las lágrimas no acuden a mis ojos y probablemente si me pincharan con una aguja, no saldría de mi cuerpo ni una gota de sangre. ¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Qué sentido tenía ocultarme esto también? Si antes no entendía nada, ahora menos…

Yo contándole mis movidas con los obreros, la queja que le escribí al supuesto dueño y era él… Que tonta y ciega fui, lo tenía delante de mi y no fui capaz a verlo. Ahora entiendo el rápido despido de la empresa que se encargaba de la reforma, y la buena disposición de la nueva empresa de arreglar los estropicios ocasionados por la otra… ¡No puedo creerlo! Otra mentira más que hace que me sienta la mujer más estúpida y gilipollas del planeta.

Como puedo me levanto del suelo. ¿Qué voy a hacer? No puedo vivir aquí teniéndole tan cerca. ¡Qué macabro es el destino! Tengo que largarme de aquí antes de que regrese, verlo acabaría conmigo. ¿Qué más cosos me quedan por descubrir de él?

Como una autómata, preparo el equipaje para mis vacaciones, cuando ya casi lo tengo listo, se me ocurre algo… Ahora ya sé que hacer con las cosas que aún tengo suyas. Voy a ayudarle a hacer la mudanza.

Dejo delante de su puerta las tres bolsas de basura repletas con su ropa y una caja de cartón con las cosas de aseo. Me encantaría ser un pirómana para prenderle fuego a todo, pero no lo soy, así que entro en mi casa y ni corta ni perezosa le escribo una nota.

“Todo esto es tuyo. Preferiría haberlo tirado, pero ya ves, en cambio te ayudo a hacer la mudanza. ¿Una buena vecina? ¡Para nada! Yo, tengo conciencia, y esta no me deja actuar como quisiera, algo que a ti, parece faltarte con creces. No sé a que estás jugando, pero yo no me divierto en absoluto. Te dije que no quería volver a verte, y ahora tendré que soportar tu presencia al otro lado de la puerta. Esta última mentira tuya, ha hecho que la mínima posibilidad que había de que tu y yo volviéramos a estar juntos ya no exista. Eres muy mal jugador, pero espero que seas un buen perdedor.”

Releo la nota mil veces y sin pensarlo un segundo más, se la dejo pegada en la puerta. Me cercioro de que todo en mi casa está bien, ya que voy a estar fuera un mes y con el equipaje a cuestas, me voy con la esperanza de que a mi regreso, toda esta pesadilla que estoy viviendo haya terminado.

Llego a Benalmádena desolada, dejo las cosas en la entrada y voy directamente al jardín, me tumbo en el balancín y me derrumbo. ¿Cómo voy a levantar cabeza después de esto? Me creía una mujer fuerte, y en cambio todo esto me ha superado. Si tan solo fuera capaz de dejar la mente en blanco para no pensar…

A las diez de la noche entro en casa. ¿Debería de llamar a Carla y contarle mi último descubrimiento? Si, más que nada porque necesito desahogarme con alguien… Cuando le cuento que Víctor es el dueño del ático, no da crédito, he conseguido dejarla sin palabras…

– ¿Sigues pensando que debería de hablar con él?

– Pues si Alex, sigo pensando que deberías dejar que te explicara porque hizo todas estas cosas…

– ¡Joder Carla eres increíble!

– ¡Si no te gusta mi respuesta, no haber preguntado!

– Tienes razón, no quiero discutir contigo. -¡Diosssss estoy tan cansada de todo esto…!

Hablamos durante un rato más y cuando me despido de ella, le prometo llamarla en cuanto llegue a Asturias. Esa noche, tampoco consigo dormir, se me encoge el alma solo de pensar que pueda instalarse allí con ella.

El jueves pasa igual que el resto de los demás días, con mucha pena y sin ninguna gloria. El viernes me levanto de la cama deseosa de llegar a Asturias y volver a abrazar a mis padres, en unas horas estaré rodeada de esas personas que lo son todo para mi y que me dieron la vida. Por ellos y por mi, tengo que cambiar el chip, aunque este más delgada y ojerosa, tengo que hacer el esfuerzo de que me vean bien para no preocuparles.

En el taxi de camino al aeropuerto, hago un balance de estos últimos siete días… Lágrimas derramadas millones, sonrisas esbozadas ninguna, quilos perdidos, unos cinco aproximadamente, horas de sueño perdidas, infinitas… Si me compro un diario y todo esto lo apunto en él, seré exactamente igual que Bridget Jones… ¡Patética!

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.38

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imagesZNMV3QK9Si apenas son las once de la mañana… ¿Qué hace aquí? ¿Acaso tendrá pensado esperar todo el día? Porque es imposible que supiera que saldría antes… ¿Cuánto tiempo lleva aquí? Algo me ronda la mente y dispuesta a salir de dudas, voy al mostrador de recepción y hablo con María.

– Buenos días María, esta mañana cuando he llegado, sobre mi mesa había un orquídea. ¿Te das cuenta de quién la trajo?

– ¡Claro que me doy cuenta, a un tiarrón como él no se le olvida fácilmente!

– ¿Cómo era? – Sé de sobra a quien se refiere, pero de igual forma pregunto.

– ¡Uff, guapísimo! Alto, pelo negro, moreno de piel, ojos verdes… -Si, sin duda alguna es él.

– Vaya… No te has perdido detalle ¿Eh? -No puedo evitar sentir una punzada de celos, aunque ya no sea mío.

– ¡Como pa no fijarse Alex!

– ¿Dijo algo?

– No, solo preguntó donde estaba tu consulta para dejarte algo.

– ¿Y se lo dijiste?

– ¡Por supuesto!

– ¿Has dejado que un desconocido entre en mi consulta?

– ¿He hecho mal?

– ¿Tu qué crees? -Le espeto mosqueada.

Vuelvo a la seguridad de mi consulta y me siento en un sillón. ¿Qué coño hago ahora? ¿Salir por la puerta de atrás y llamar un taxi? Está claro que él lleva aquí toda la mañana, y por lo que he visto, tiene pensado quedarse lo que haga falta. ¡Me va a dar algo! Pienso, pienso y pienso, al final opto por salir por la puerta grande, no soy yo la que tiene que esconderse, además… ¿Por qué dejar para mañana lo que puedes hacer hoy? Cojo la orquídea del cubo de la basura, y con paso decidido vuelvo a encaminarme a la salida.

Antes de salir lo observo, parece algo nervioso. Si yo estuviera en su lugar, buscaría el rincón más apartado del planeta para esconderme… Puedo ser muy mala persona cuando me lo propongo. ¡Joder que guapo está! El corazón me va a mil por hora, al final me da un parraque fijo. Me pongo las gafas de sol, inspiro profundo varias veces y salgo a la calle. Según me voy acercando al coche, me van fallando las fuerzas y las piernas, solo espero no caerme de bruces cuando esté frente a él.

Él al verme se pone tieso, descruza los brazos, los vuelve a cruzar… Creo que está bastante nervioso. ¡Bien, eso me gusta! Se separa un poco del coche, me mira y al ver que llevo la flor en la mano, esboza una tímida sonrisa. ¡Si, si guapo, hazte ilusiones! Sin mirarle a la cara, saco las llaves del coche, ya casi estoy a su lado y las manos me sudan de los nervios. ¡Joder, está guapísimo no, lo siguiente! Trae puesta la camiseta negra y el vaquero que tanto me gustan, vestido así está de infarto. En cuanto me tiene en frente, intenta tocarme…

– ¡¡Ni se te ocurra!! -Lo fulmino con mi mirada láser, él se mete las manos en los bolsillos.

– Alejandra por favor… -su expresión cambia de repente- ¿Qué coño te ha pasado en la frente? -Mierda, acaba de fijarse en el chichón…

– Nada que te a ti te importe.

– Necesito hablar contigo…

– ¡¡Y yo necesito que me dejes en paz!! ¡¡Apártate!!

– Por favor, déjame que te explique…

– Es un poco tarde ¿No crees? ¡¡No me interesa escuchar nada de lo que tengas que decirme!! ¡¡Apártate!!

– No, no pienso moverme de aquí hasta que hablemos.

– ¡Joder Víctor! ¿No puedes entender que no quiero ni verte ni oírte? ¡Me has hecho daño joder! ¡Tu sola presencia me repugna! -Esto último le ha dolido, lo veo en el gesto de su cara-. ¡Apártate de mi coche o llamo a la policía!

– ¡Y qué vas a decirles?

– ¡¡Que me estás acosando!! ¡No paras de llamarme, ni de escribirme, vienes a mi trabajo y te cuelas en mi consulta y por si fuera poco, te quedas pegado a mi coche como si fueras una lapa!

– ¿Serías capaz de hacerlo? -Saco el móvil y lo miro desafiante.

– ¿Tu qué crees?

– ¡¡Joder Alejandra, eres… eres…!!

– ¡Ten cuidado con lo que vas a decir Víctor, no vaya a ser que luego necesites pedir perdón también por eso…

-¡¡Me exasperas!!

– ¿En serio? ¿Te exaspero? ¡¡Perdóname, pero no soy yo la que va por la vida jugando con los sentimiento de la gente!! ¡¡Apártate de una puta vez Víctor, lo nuestro se acabó!! ¡¡Desaparece de mi vida joder!! ¡¡Ojalá hubiera sido solo un puto polvo de discoteca, por lo menos tendría mis sentimientos intactos!! -Toma golpe bajo. Se hace a un lado y subo al coche, arranco y bajo la ventanilla-. Por cierto -le digo sacando la orquídea por esta-, la florecita métetela por donde te quepa. ¡¡Capullo!! -La dejo caer al suelo, él ni siquiera se molesta en cogerla.

Salgo del aparcamiento zumbando, miro por el espejo retrovisor y su desesperación es evidente. ¡Tu te lo has buscado chaval, por estar jugando a dos bandas! Me alejo y lo pierdo de vista. Llego a casa llorando a moco tendido, me tiembla todo el cuerpo. El subidón de hace un momento, está pasándome factura. No puedo quedarme en casa, no quiero pasarme el resto del día llorando y carcomiéndome por dentro.

Cuando consigo tranquilizarme un poco, me pongo la ropa de deporte para salir a correr, busco en el ipod el recopilatorio de “El Barrio” y le doy al play, luego hago unos ejercicios de calentamiento y salgo por la puerta. Los acordes de “Rencor” ( una de mis canciones favoritas de El Barrio ), me encoge el alma. Subo el volumen a tope y me lanzo a la carrera. Llego al puerto con la lengua fuera, estoy tan echa polvo, que estoy a punto de coger un taxi para volver a casa, pero no me he traído dinero, así que cuando recupero el aliento, doy la vuelta y sigo corriendo. ¡De esta reviento si o si!

A la hora de la comida llamo a Carla, y le cuento que oficialmente estoy de vacaciones. Le explico que mi jefe y yo, hemos tenido una charla, y que él muy comprensivo y dándome todo su apoyo me envió a casa, diciéndome que no quería volver a verme por allí hasta septiembre. Tengo mucha suerte de tener a Marco como jefe, es un encanto y una gran persona. Mi amiga me pregunta como estoy, como me conoce bien ni siquiera intento disimular, para que mentir, mi vida ahora mismo es una mierda y aunque intento recuperarme duele, duele mucho… También le cuento las palabritas que he tenido con Víctor, se queda alucinada al saber que él ha estado en mi consulta y más tarde esperándome en el aparcamiento junto a mi coche.

– ¿En serio le has dicho lo del polvo en la discoteca?

– Si, en serio.

– Joder, menudo golpe. Eso ha debido de dolerle.

– Esa era la intención Carla, hacerle daño, como él me lo está haciendo a mi.

– No lo se Alex…

– ¿Qué es lo que no sabes?

– Quizá deberías de hablar con él y dejar que te diera su versión. Si realmente no le importaras, no insistiría tanto en hablar contigo…

– ¿Pero que coño te pasa? ¡No quiero hablar con él! ¿Tu lo has hecho?

– Nooooo, claro que no. Es solo mi opinión, igual nos sorprendería lo que tiene que contar, no lo se… ¿Podíamos darle al menos el beneficio de la dudo no?

– ¡¡Por el amor de dios Carla, eres mi amiga!! ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Se puede saber de que lado estás? -Estoy cabreada con ella, muy, muy cabreada.

– Estoy de tu lado Alex, lo sabes de sobra, así que relájate. Olvida lo que he dicho, está claro que tenía que haber cerrado el pico.

– ¡¡No pienso hablar con él Carla!!

– Como tu quieras, pero si luego te arrepiente, no digas que no te lo advertí…

– ¡Joder Carla, estoy flipando contigo chica! Mira, me voy a Benalmádena a casa de mis padres, paso de quedarme aquí y que él pueda aparecer en cualquier momento. El miércoles nos vemos en el aeropuerto. No se te ocurra contarle a Estela nada, quiero que se vaya tranquila ¿Vale?

– ¿Estás huyendo? -Joder, ¿Pero a esta qué le pasa? Si meto la mano a través del teléfono la estrangulo.

– No huyo Carla, me protejo. Eso es todo.

– Si tu lo dices…

– Si, lo digo yo y punto fin de la conversación. Nos vemos el miércoles. -Cuelgo el teléfono, estoy que me subo por las paredes del cabreo que tengo. ¿Pero que mosca le habrá picado a esta ahora? Al final, va resultar que la mala de la película soy yo.

Preparo una maleta pequeña con las cosas necesarias para unos pocos días y me largo a Benalmádena. Antes de llegar, paro en un supermercado a comprar cuatro cosas, no creo que las vaya a necesitar, pero por si acaso… Sigo muy enfadada con Carla por lo que me ha dicho, no la entiendo. Si está de mi parte, ¿Por qué cojones me dice esas cosas? Desde luego, no me esperaba esto de ella. ¡Como se le ocurra decirle a Víctor que esto aquí, me la cargo!

Entro encasa de mis padres, dejo la bolsa del súper en la cocina y subo a mi habitación. Lo primero que hago es abrir la ventana, y lo segundo sentarme en el alfeizar de esta y contemplar el jardín. Así paso la tarde entera, sin hacer absolutamente nada, absorta en mis pensamientos y ahogándome con mi dolor. ¡Ojalá no me hubiera enamorado de él! ¡Ojalá… ojalá… ojalá nada! Los ojalá no me llevan a ninguna parte, las cosas pasan por algún motivo, aunque en este caso no tengo ni idea de cual es.

El miércoles me despierto con esa sensación de vacío que parece no querer abandonarme nunca. Sigo sin poder dormir bien, y cuando consigo cerrar los ojos, siempre sueño con él. La mayoría de las veces son sueños bonitos, pero otras… Mejor ni recordarlos. He debido de adelgazar unos cuatro quilos, solo consigo meter en el estómago yogur, operación bikini por el módico precio de un corazón roto y unos cuantos sentimientos pisoteados… ¡Menuda mierda!

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.37

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El domingo cuando me despierto, me siento morir. He soñado con él toda la noche, con él y con la maravillosa relación que teníamos y que ahora ya no existe. La cabeza me duele tanto que parece que me va a explotar, el cuerpo me duele y me pesa, parece que tengo una enorme losa sobre mi.

Estoy sola en la habitación, en algún momento durante la noche Estela se ha ido y no me he enterado. Me incorporo, ¡Diossssss, tengo que tomarme algo para este dolor de tarro! Poco a poco me siento y contemplo la habitación, veo cosas de él por todas partes, el estómago se me encoge y el corazón parece que quisiera dejar de latir. Miro al espejo que hay encima de la cómoda. Allí, pegada en una esquina, está la foto que nos hicieron el día de la presentación del perfume, el día de nuestra reconciliación. Al verla, atisbo en mi interior un poco de esa rabia que necesito para empezar a funcionar de nuevo. Me olvido del dolor de cabeza y en tres zancadas estoy delante del espejo con la fotografía en mis manos. La estrujo con fuerza , y como eso no me parece suficiente, la hago añicos, voy al cuarto de baño, la tiro al retrete y tiro de la cisterna, una cosa menos. Ahora que he empezado, no puedo parar. Abro la ventana de par en par, después vuelvo al baño y del armario de los medicamentos, cojo un par de ibuprofeno y me los tomo con un vaso de agua bien fría. ¡Joder, estaba muerta de sed, normal que sintiera la garganta tan seca! Cojo todas las cosas que veo de Víctor: desodorante, gel de baño, perfume, cepillo de dientes… y lo dejo encima de la cama. Necesito bolsas de basura, pero son las ocho de la mañana y no quiero despertar a mis amigas, así que vuelvo a coger toda su mierda de encima de la cama y la pongo en el suelo. De un par de tirones, quito las sábanas de la cama y las cambio por una que no huelan a él. En el vestidor, voy haciendo un montón en el suelo con su ropa. Estoy tan concentrada haciendo montones de porquería por la habitación que ni me entero que mis amigas están allí, mirándome alucinadas.

– ¿Se puede saber qué estás haciendo? -Carla señala el suelo del cuarto-, esto está hecho un desastre…

– Estoy haciendo limpieza, ¿No es evidente?

– ¿Todas estas cosas son de Víctor? -Pregunta Estela.

– Si. Os agradecería que de ahora en adelante, no dijerais su nombre, ni portento ni nada de nada, ni le mencionéis.

– ¿Ni siquiera podemos llamarle sabandija o cucaracha?

– No Carla, ni siquiera eso. Desde este momento, él no existe… ¿De acuerdo?

– De acuerdo -contestan las dos a la vez.

– ¿Necesitas que te echemos una mano?

– No, vosotras tenéis que volver a vuestra casa. Estela tu tienes un viaje que preparar…

– Alex, respecto a lo del viaje, tengo algo que decirte…

– ¿Qué pasa? -Miro a Estela con preocupación.

– Bueno, he decidido aplazarlo de momento, lo he hablado con Jared y le parece bien.

– ¿Y eso por qué? ¿Qué ha pasado para que cambies de opinión? -De repente caigo en la cuenta, lo está haciendo por mi…

– Bueno, quiero quedarme aquí con Carla y contigo hasta que…

– ¡De eso nada, no pienso permitirlo! Debes irte con Jared como tenías previsto.

– Pero Alex…

– Chicas… -Las miro-, la vida sigue, en poco días estaré en Asturias con mi familia, recargando las pilas. Estela, Jared ha tenido que adelantar el viaje porque tiene que empezar la investigación cuanto antes, y tu, debes estar con él.

– Alex, solo queremos estar contigo cielo.

– Lo sé Carla, sé que hacéis esto por mi, porque me queréis, pero vosotras tenéis vuestra vida, y yo, debo continuar con la mía. Será difícil y duro, pero no imposible. -Los ojos se me llenan de lágrimas pero las contengo. Necesito que me vean firme y segura para que se vayan…

– Bueno, de momento voy a traerte unas bolsas de basura para que metas todo eso…

– Y yo, prepararé algo para desayunar.

– Gracias chicas, os quiero mogollón.

– Y nosotras a ti cielo.

Al cabo de una hora, tengo la habitación como los chorros del oro. No hay ni rastro de él en toda la estancia, he conseguido eliminar de aquí todas sus cosas. Ha sido fácil, lo difícil es borrarlo de mi mente, está ahí constantemente. Sus ojos, su boca, su sonrisa… ¡Señorrrrrr va a ser imposible borrarlo de mi mente, y muy, muy difícil sacarlo de mi corazón! Me encierro en el baño para que no me vean mis amigas y lloro amargamente.

El día pasa y de nuevo llega la noche. Mis amigas han vuelto a sus casas, a sus vidas. No sin antes prometerles que comería algo y que estaría mejor. Una promesa falsa, ya que ni he probado la comida y estoy hecha una auténtica mierda. Durante todo el día han evitado sacar el tema de Víctor, entienden que de momento no quiera hablar de él, pero en algún momento tendré que hacerlo, más que nada para hacer borrón y cuenta nueva. Ha vuelto a llamar montones de veces al teléfono de mis amigas, el mío sigue desconectado. Por supuesto, ellas no se han molestado en contestar, no merece la pena.

A las diez y media, me tomo otro ibuprofeno y me acuesto, pero soy incapaz de dormir. Una y mil veces le doy vueltas a lo sucedido. No entiendo nada, todo era tan perfecto… Me hago las mismas preguntas una y otra vez… ¿Qué hubiera pasado si ella no hubiera aparecido? ¿Nuestra relación hubiera seguido como si nada? ¿Seguiría mintiendo a sabiendas de que cada día lo amaba más? Me aterra pensar en las respuestas. Me dan escalofríos al imaginarme lo que hubiera podido pasar.

Doy un millón de vueltas en la cama y al ver que no consigo cerrar los ojos ni siquiera un poco, me levanto. Bebo agua y me quedo en el salón contemplando a través del gran ventanal como pasa la noche mientras yo lloro en silencio.

Por la mañana, a pesar de que no he dormido nada y de que doy asco, voy a trabajar. La vida sigue, y a trancas y a barrancas yo con ella… En algún momento de la noche anterior, cometí la estupidez de encender mi teléfono. Tenía tropecientas llamadas de Víctor, mensajes en el contestador y trillones de wuas. La tentación de escuchar sus mensajes y de leer sus wuas fue muy grande, aún así, me contuve y lo borré todo de un plumazo. No quiero volver a saber nada de él, no quiero volver a escuchar su voz, ni verle ni nada…

Llego a la clínica, aparco el coche y me quedo dentro mentalizándome del duro día que tengo por delante. Tenía que haberme quedado en casa, no sé si seré capaz de actuar como si nada. Al entrar en la consulta, me quedo petrificada viendo que sobre mi mesa hay una orquídea preciosa, doy unos pasos hacia ella con intención de acariciar sus pétalos y olerla, pero no. Lo que hago es cogerla y tirarla a la basura, a continuación llamo a recepción y les prohíbo terminantemente que vuelvan a coger cualquier cosa que venga para mi. ¿Pero qué se ha creído este? Me cabreo muchísimo, ojalá tuviera el valor de llamarlo y decirle cuatro cosas, pero siguen faltándome las fuerzas. Marco entra en mi consulta, al verme tan cabreada me pregunta:

– ¿Qué te pasa?

– Nada.

– ¿Nada?

– ¡Nada!

– Pues para no pasarte nada estás muy cabreada ¿No? -Mi jefe me mira de pies a cabeza-. No tienes buen aspecto Alejandra…

– No he dormido bien…

– Ya, eso es evidente. Venga, cuéntame que ha pasado… -Lo miro durante largo tiempo sin decidirme a hablar, al final tras su insistencia, le cuento lo ocurrido. Él me escucha, tengo toda su atención. Cuando termino de hablar, no dice nada, parece que con mi historia lo he dejado mudo.

– Me has dejado sin palabras Alejandra…

– Ya lo veo.

– Siento muchísimo todo esto por lo que estás pasando…

– Gracias.

– ¿Sabes? Te debo una muy grande por ir en mi lugar a las ponencias de Valencia, así que en cuanto termines hoy, no quiero volver a verte por aquí hasta septiembre.

– Pero Marco…

– Pero nada Alejandra, desde hoy estás oficialmente de vacaciones. Quiero que vayas a ver a tu familia, o con tus amigas a cualquier parte. Quiero que desconectes y que cuando regreses, seas tu de nuevo. -Vuelvo a ponerme a llorar, es lo único que se me da bien últimamente.

– Gracias.

– No soporte verte así, piensa que eres demasiado buena para que un cabrón como ese, te haya hecho algo así. -Asiento-. Prométeme que vas a poner todo de tu parte para olvidarle y reponerte…

– Lo prometo…

– ¿Tienes mucho lío hoy?

– No, solo unas pocas consultas…

– Vale, pues voy a hablar con Adriana para que me las pase a mi y tu te puedes ir.

– No es necesario Marco, puedo…

– No insistas, está decidido. Pásale a mi enfermera los historiales y vete.

– Muchas gracias jefe.

– No me des las gracias, tu has hecho muchas cosas por mi, yo, no puedo hacer menos que corresponderte como te mereces…

Hago lo que me ordena y le llevo a la enfermera los historiales, hablo con ella para que realice un par de curas a un paciente, luego regreso a mi consulta. Alicaída recojo mis cosas, tener tanto tiempo libre, me deja demasiadas horas para pensar… ¿Qué voy a hacer? No puedo adelantar el viaje a Asturias, a mis padres les parecería extraño. Tengo que pensar en algo…

Me despido de mis compañeros y voy hacia la salida, en cuanto llego a las puertas de cristal que dan a la calle, me paro en seco. ¡Joder! Él está allí, apoyado en mi coche, esperándome…