¿QUE PUEDE PASAR? Cap.33

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La semana pasa volando, tanto que sin darme cuenta ya es viernes. Esta noche hemos quedado los seis para salir a cenar y a bailar. Ahora que lo pienso, es la primera vez que las tres parejas salimos juntos. Seguro que nos lo pasamos en grande.

El martes, cuando llamé a Estela para comentarle los planes enseguida acepto. Dijo que había algo que quería contarnos y que ya que el viernes estaríamos todos juntos aprovecharía para hacerlo. Desde entonces, no he dejado de preguntarme que será lo que va a decirnos, está noche por fin se despejará la incógnita.

Mi portento y yo, cada día estamos mejor. Desde hace mas o menos dos semanas, duerme todas las noches conmigo, quizá un día de estos le proponga seriamente instalarse en el ático… Apenas quedan quince días para mis vacaciones. Tengo claro que quiero ir a pasar algunos días a Asturias para ver a mi familia, aunque pensar en separarme de Víctor, me encoge el alma. Lo que ya no tengo tan claro, es lo de irme a Nueva York, él no puede tomarse unas vacaciones, lo que es normal, ya que estamos en temporada alta y a su negocio le viene muy bien. Probablemente me quede aquí para pasar más tiempo con él. No quiero ir a Nueva York, si estando en Valencia, lo eché tanto de menos, no quiero ni pensar lo que sentiré estando tan lejos.

Llego a casa sobre las cinco, mi portento todavía tardará un par de horas en llegar, así que aprovecho para salir a correr un rato, hace días que no lo hago y me apetece. El único deporte que practico últimamente es el sexo, y joder lo bien que sienta, estaría en posición horizontal con Víctor cada día y a cada hora… ¿Alguna vez me saciaré de él? No lo creo, es muy, muy adictivo.

Salgo de casa y me encuentro la puerta del ático de enfrente abierta, el señor Rodríguez me comentó el otro día que ya estaban a punto de terminar las obras, y que posiblemente a finales de mes, el nuevo propietario ya esté instalado. La curiosidad me pica, y como no oigo ruido dentro, asomo la cabeza para echar un vistazo al interior. ¡Vaya… ha quedado precioso! Han unido la cocina y el salón, el espacio se ve enorme y muy luminoso, es una pasada, me gusta muchísimo más que el mío, y eso que no he visto el resto del piso. Seguro que es igual de alucinante. Oigo pasos en las escaleras y salgo de allí pitando, me moriría de la vergüenza si me pillaran allí dentro.

Voy a un parque cercano y doy unas cuantas vueltas alrededor de él. Está abarrotado de niños jugando, mi reloj biológico vuelve a hacer tic tac, tic tac, en mi interior… ¿Alguna vez tendré un hijo con Víctor? ¿Le gustarán a él los niños? Nunca hemos hablado del tema, así que no tengo ni pajolera idea de lo que piensa al respecto. Tomo nota mentalmente para dejarlo caer en alguna de nuestras conversaciones y así saber lo que opina.

Cuando llego a casa, mi portento ya está allí. Hace un par de días que le di una llave para que pudiera entrar y salir de mi casa a su antojo…

– ¡Hola! No sabía que estabas aquí, pensé que llegarías más tarde. He salido a correr.

– Ya veo, estaba a punto de llamarte, pero vi tu móvil en la cocina y supuse que no andarías muy lejos. -Me abraza y me da un beso.

– Víctor, estoy muy sudada…

– Me da igual, me muero por abrazarte… -Pasa un brazo alrededor de mi cintura y me pega a él. El beso que me da a continuación, enciende mis entrañas-. ¿Te apetece una ducha conjunta?

– ¡Mmm! Si que me apetece…

– Pues sígueme nena…

De camino al baño va quitándose la ropa, dejándola esparcida por el suelo. ¡Dios, tiene un culo que quita el sentío, y esa espalda…! ¡Joder, se me está haciendo la boca agua! Esto no puede ser normal, ¿Oh si?

Dentro de la ducha, dejo que mi portento me lave el pelo y me lo aclare. También dejo que juegue con mi cuerpo y me haga cosas deliciosas, luego será mi turno de corresponderle. No va a quedar ni un centímetro de su piel que no saboree con mi lengua. Cuando por fin me penetra, gruño y le clavo los dientes en el hombro… ¡Oh señor, sentir esto en una gozada! ( Nunca mejor dicho ). Víctor se clava en mi salvaje, con necesidad, me abro más para recibirlo por completo, para sentirle bien adentro. ¡Si, oh si… estoy a punto de correrme!

Dos horas después, entramos en “El Corsario Negro”, nuestro punto de encuentro con los demás. Por lo visto, somos los primeros en llegar, no veo a las chicas con sus respectivos por ningún lado. Le pido a Rober una copa de moscato y mi portento una cerveza, a los diez minutos aparecen Carla y Jorge, y poco después Estela y Jared.

De allí nos vamos al restaurante “Puerto Rico Vida Rica”, donde Anselmo nos recibe amablemente y nos acompaña a la mesa que Víctor reservó para nosotros. Mis amigas se quedan alucinadas con el sitio.

– ¿Cómo es posible que exista esta maravilla y no lo supiéramos? -Carla nos mira.

– El día que Víctor me trajo aquí, pensé exactamente lo mismo.

– Lo abrieron hace poco más de un mes -explica mi chico-, Alejandra y yo, estuvimos aquí poco después de la inauguración.

– ¿Conocías a Anselmo de antes? -Le pregunto.

– Nos presentó Ricardo. Anselmo buscaba un local para abrir un restaurante y yo tenía uno, así que llegamos a un acuerdo. Lo demás vino rodado, entre todos, pusimos esto a funcionar en dos meses. Así es como nació nuestra amistad.

– Anselmo parece buen tío -dice Estela.

– ¡Lo es! -El susodicho se acerca a la mesa dejando sobre ella unos cuantos platos típicos de su tierra.

Comemos las delicias que Anselmo nos trae sin rechistar, está todo para chuparse los dedos. Mientras esperamos por el típico chupito de ron, Estela nos desvela su misterio…

– Ejem… Hay algo que quiero contaros -está un pelín nerviosa. ¿Qué bomba soltará? Tiene toda nuestra atención-. La primera semana de agosto, me voy a los Estados Unidos con Jared.

– ¿Te vas de vacaciones? ¿Hasta cuando? -Pregunto.

– No he debido de explicarme bien. A Jared lo han contratado en California para hacer una investigación. Me voy con él.

– ¿Hasta cuando? -Pregunta Carla.

– Indefinidamente… Ya he pedido una excedencia en mi trabajo.

– ¿Qué? -Gritamos Carla y yo a la vez.

– ¿Cómo que indefinidamente? -Me he quedado bocas.

– Si, quiero a Jared -acaricia la mejilla de su chico mientras este la mira embobado-, y me voy con él.

– Pero… pero…- No sé que decir.

– Pero nada chicas, la decisión está tomada y no hay marcha atrás. Espero que lo entendáis y que me deis vuestro apoyo.

– Sabes que siempre puedes contar con nosotras -Carla está emocionada-, y te apoyaremos siempre.

– Gracias chicas, eso era justamente lo que quería oír.

Después de lo que acaba de soltar Estela, me quedo de bajón. Mi portento lo nota e intenta animarme, pero sin éxito alguno. Solo necesito tiempo para asimilar la noticia…

Para cuando llegamos a Bacana, ya estoy mucho mejor. Veo tan feliz a mi amiga que no puedo hacer otra cosa que no sea alegrarme por ella, así que una vez asumida su marcha, cambio el chip y decido disfrutar de la noche junto a ellos…

Como siempre, estamos en la zona vip, estando con el dueño de la sala, no podía ser de otra manera. Mis amigas y yo, bajamos a la pista de baile a darlo todo. La música es buenísima, nos encanta bailar bachata, salsa, merengue, en fin, todo ese tipo de música que implica mover las caderas y el culo a buen ritmo. Miro hacia arriba y veo a mi portento que no me quita el ojo de encima, está sonriendo, y desde allí abajo, distingo perfectamente el guiño de ojo que me dedica.

Después de un largo rato moviendo el body, subimos con nuestros chicos a tomarnos una copa. Víctor está hablando con la rubia despampanante de la piscina y Carla me da un codazo. Al ver a la chica tan pegada a mi portento, no puedo evitar sentir celos. Él es mío y no quiero que ninguna lagarta merodeé a su alrededor. Me acerco a él con una de mis mejores sonrisas y le acaricio la espalda.

– ¿Conoces a mi novia? -Le pregunta a la rubia.

– ¿Tu novia? No sabía que tenías novia… -Se acaba de quedar a cuadros.

– Pues si, la tengo. Alejandra te presento a Cristal -¿Cristal? ¿Qué nombre es ese? ¿No había una telenovela que se titulaba así? extiendo mi mano para saludarla.

– Hola -le digo-, encantada de conocerte -ella me mira de arriba a abajo sin cortarse un pelo, evaluándome. ¿De que va esta niñata? -¿Tu madre es muy fan de las telenovelas? Ya sabes, lo digo por tu nombre…

– Si -contesta malhumorada-, oye Víctor, ¿No es demasiado mayor para ti? -¡La madre que la parió! ¡La muy puñetera me ha lanzado una buena! Me lo tengo merecido, por lista.

– Para nada -contesta mi portento-, Alejandra es la mujer perfecta para mi. Ella es mi media langosta. -Ambos nos miramos y me besa. ¡Chúpate esa barbie girl! La chica se da media vuelta y se va bastante molesta porque Víctor pasa de ella.

– He tenido celos de esa chica desde el día que la vi en al piscina… -Confieso.

– Aquel día en la piscina, estaba poniéndote a prueba…

– ¿A prueba?

– Si, te vi llegar y estuve observándote durante un rato. Como tu me ignorabas cada vez que me veías pues me pregunte… ¿Qué pasará si me ve tonteando con otras? El resto de la historia ya la sabes…

– ¿Desde donde estabas mirándome?

– Un espía nunca descubre sus escondites… -Me da una cachetada en el culo y vuelve con el grupo dejándome allí, pensando lo bien que se nos daba jugar al gato y al ratón, y caigo en la cuenta que durante todo ese tiempo yo he sido el ratón cuando creía ser el gato…

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