¿QUE PUEDE PASAR? cap.32

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– ¡Mmm! -Da gusto despertarse y sentir los tiernos y dulces besos que mi portento está dejando en mi cuerpo. Sus manos acarician mis pechos, mis pezones ya están duros como piedras reclamando atención- Víctor…

– ¡Mmm! Esta mañana estás deliciosa nena… Lo siento, pero no he podido resistir comerte a besos mientras dormías…

– No importa, lo que estás haciendo me gusta mucho, sigue por favor… -Su ronca carcajada arde en mis oídos.

– ¿Has dormido bien?

– Me ha costado dormirme, pero estoy bien.

– ¿Tienes hambre?

– Si, pero no de comida, así que déjate de charla y dame de comer. ¡Estoy hambrienta de ti…!

– Tu caballero de blanca armadura, está aquí para servirte, tus deseos son órdenes para mi princesa…

Lentamente baja su boca hacia la mía, resigue con su lengua el perfil de mis labios. ¡Mmm, ya estoy ardiendo y solo es el principio! ¡Oh Dios, jadeo! Cuanto le he echado de menos… Deslizo mi mano por entre nuestros cuerpos hasta coger su polla, la acaricio con suavidad, estoy deseando sentirla dentro de mi. Me urge sentir a Víctor poseyéndome, es como si con ese acto, pudiéramos borrar todo lo ocurrido la noche anterior. La lengua de él en mis pezones es como fuego que me enciende y me arde en la piel. Lo sigo acariciando con la mano un poco más, hasta que noto la humedad en la punta de su polla. La guío hacia mi entrada también húmeda y caliente, y poco a poco la introduzco en mi. Mi portento se mueve lentamente, torturando mis sentidos. Lo necesito tanto… Poso las manos en sus nalgas y aprieto, introduciéndolo más en mi, haciendo que me llene por completo y me sienta plena. Cierro los ojos para vivir más intensamente esa sensación de plenitud que me embarga cuando él está dentro de mi.

– Abre los ojos y mírame nena -Víctor está apoyado sobre los codos, observándome-, Yo también… -dice mirándome a los ojos.

– ¿Tu también que? -no entiendo lo que quiere decirme.

– Yo también te quiero Alejandra. -La sorpresa reflejada en mi rostro le hace sonreír-. Te quiero desde el día que te conocí. Aquel día en el baño de Bacana supe que eras diferente, que no podía dejarte escapar…

No soy capaz de despegar mis labios, de lo único que soy capaz, es de atraerlo hacia mi y besarlo con pasión, entregándole en ese beso mi corazón. Durante más de una hora hacemos el amor, sin prisas, explorando cada rincón de nuestros cuerpos, adorándonos, queriéndonos…

A medido día, abandonamos la habitación y salimos del hotel para dirigirnos al aeropuerto. El viaje de vuelta a casa es rápido, y en menos que canta un gallo estamos en el ático tomándonos una cerveza.

– ¿Te apetece que vayamos a la playa? -Me pregunta Víctor.

– Si, porque no… Pero hay un pequeño problema, tu no tienes bañador…

– No es ningún problema si vamos a una playa nudista- dice picaramente.

– ¡Oh no, no, no, ni de coña! ¡Espero que estés de broma!

– ¡Lo estoy! -suelta una carcajada-. En realidad si que tengo bañador, había metido uno en la bolsa por si en Valencia bajábamos a la piscina o íbamos a un Spa…

– ¡Genial! Entonces meto un par de cosas en una bolsa y podemos irnos…

Cogemos mi coche en el aparcamiento, y nos vamos a “Dunas de Artola, Cabopino”. es una playa preciosa declarada monumento natural. Una parte de la playa es nudista y mi portento se queda asombrado porque haya decidido llevarle allí. El motivo es muy simple, es una de las mejores playas de Marbella, por eso estamos en ella.

Pasamos una tarde fantástica tomando en el sol, riéndonos como chiquillos cuando jugamos a saltar las olas, acariciándonos… Sin duda alguna, es la mejor tarde de playa de mi vida. De vuelta a casa, paramos a tomar una cañas en “El Corsario Negro”. Allí nos encontramos con Jorge y Carla que también han pasado el día en la playa. Le cuento a mi amiga lo ocurrido con el innombrable, ( Así es como decido llamar a mi ex de ahora en adelante ). A medida que le narro el incidente, su cara cambia de color, pasando del blanco al granate en cero coma.

– ¿Lo has denunciado verdad? -El gesto de mi cara le da la respuesta-, ¿No? ¿Pero por qué coño no llamaste a la policía y lo denunciaste?

– Te juro que en ese momento ni siquiera lo pensé, luego cuando ya estaba en la cama, al recordarlo todo, vi lo estúpida que había sido por no denunciarlo.

– ¡Y tu! -Le espeta a mi portento-, ¿No pudiste partirle la cara?

– Si por mi hubiera sido, créeme… ni haciéndole la cirugía plástica le hubieran reconocido.

– Si llego a estar allí, te juro que…

– Tranquila Lara Croft -le digo-, cualquier día te lo encuentras por la calle y será todo tuyo…

– ¡No es ninguna broma Alex!

– Lo se… ¿Por qué no cambiamos de tema? ¡Estoy empezando a ponerme de los nervios!

– Nosotros tenemos que irnos -Jorge mira a mi amiga-, mañana salgo temprano de viaje y me gustaría acostarme temprano…

– Si, si, si, tu lo que quieres es despedirte a lo grande -me burlo de él-, ¿Cuánto tiempo estarás fuera?

– Hasta el jueves, ¿Por qué?

– ¿Os apetece que quedemos el viernes? -Propone mi portento-. Podemos ir a cenar al restaurante de Anselmo y luego ir a bailar un poco. ¿Qué os parece?

– ¡Suena genial! -Me apetece mucho este plan.

– Por mi también, ¿Hablamos entre semana y lo planeamos? -Carla me mira.

– Vale, yo me encargo de llamar a Estela y a Jared para que se vengan también.

– ¡Perfecto!-La parejita se levanta y quedamos en hablar de los planes para el viernes.

Víctor y yo nos tomamos una cerveza más, son casi las diez de la noche y tengo que preparar unos informes para la reunión de mañana con mi jefe, pero no me importa, estoy tan a gusto allí con mi chico que no me apetece nada irme a casa.

– ¿Me invitas a dormir contigo está noche? -Mi portento está juguetón, me encanta.

– ¿Qué si te invito a dormir conmigo? ¡Hum! déjame que lo piense…

– ¿Te lo vas a pensar? ¡Serás mala…!

– ¿Para qué preguntas? Ya sabes la respuesta, tu sitio está en mi cama, a ser posible todas las noches…

– Por mi encantado… Necesito pasar por el hotel a recoger algunas cosas, ¿Te importa?

– Para nada.

Pasamos por el hotel, y mientras Víctor sube a coger sus cosas, yo me quedo esperándole en el coche. Decido llamar a mi madre, desde el día de la bronca no he vuelto a hablar con ella. Es tan orgullosa, que aunque sabe que ha metido la pata de cabo a rabo, no es capaz de llamarme, así que si Mahoma no va a la montaña… Es mi padre el que contesta la llamada.

– ¡Hola papi! ¿Qué tal? ¿Cómo va todo?

– ¡Hola princesa! Pues muy bien, aquí estamos, con unos amigos. Tomándonos unas botellas de sidra en el jardín.

– ¡Que bien viven algunos…! -Sonrío.

– No podemos quejarnos. Acaba de llegar el Dr. Fernández, me ha dicho que os visteis en Valencia.

– Si, coincidimos en las charlas anuales de la facultad de medicina, es un hombre encantador.

– Habla maravillas de ti, tiene a tu madre encandilada contándole lo bien que lo has hecho en las ponencias…

– ¿Cómo está mama? Desde que hablamos el otro día…

– Está bien, arrepentida. Ya sabes como es, aunque sabe que no hizo bien con esa llamada, le cuesta dar el brazo a torcer. ¿Quieres hablar con ella?

– Si ella quiere… Me gustaría saludarla -mi padre llama a mi madre para que se ponga al teléfono.

– Hola cariño, ¿Cómo estás? El Dr. Fernández, está contando maravillas de ti, no sabes lo orgullosa que me siento…

– Gracias mama, me alegra oír eso. Estoy bien, algo cansada por el tute del viaje, pero bien. Satisfecha con mi trabajo.

– Oye hija… -mama baja el tono de voz-, quería pedirte disculpas por lo del otro día…

– Disculpas aceptadas mami, no te preocupes ¿Vale? -En ese momento, mi portento entra en el coche.

– ¿Con quien hablas preciosa?

– Con mi madre…

– ¿Estás con él?

– Si mama, ahora mismo estoy con él.

– ¿Tu estás bien?

– Si, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien mama. -Miro a Víctor, él es el culpable de que yo sea tan feliz. Coge mi mano y me besa los nudillos.

– Eso es lo más importante, quiero que seas feliz…

– Lo soy mama…

– Entonces si tu eres feliz, yo también lo soy…

– Gracias mama, os quiero muchísimo. -Se me llenan los ojos de lágrimas.

– Y nosotros a ti mi vida… -Ella también está emocionada, puedo notarlo en su voz. Me despido de ella y nos vamos a casa.

Una vez que tengo todo listo para la reunión del día siguiente, me voy a la cama. Mi portento lleva un rato acostado viendo una película, en cuanto me ve, apaga el televisor y esa sonrisa suya que me encanta, aparece en todo su esplendor. Al ver que sigue juguetón, todo el cansancio acumulado en mi cuerpo se evapora. Me quito el mini camisón que llevo puesto y con solo las braguitas, me acurruco junto a él.

– Estas, también puedes quitártelas…

– No, estas -digo señalando mis bragas-, prefiero que me las quites tu…

Él obediente, se pone sobre mi y con mucha lentitud, desliza la prenda por mis piernas y las deja caer al suelo. A continuación, me hace el amor como solo él sabe hacerlo, dejándome exhausta y feliz, muy feliz…

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