¿QUE PUEDE PASAR? Cap.31

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– ¡Alejandraaaa, essssperaaaa! -Su voz, casi pegada a mi espalda me sobresalta. Aligero el paso.

– ¿Estássss sordaaaaa? -¡Joder, lo que me faltaba, está borracho! Si pudiera correr lo haría-. ¿Qué passssaaaa contigoooo eh? -Me coge por un brazo, sin mirarle siquiera, doy un tirón y me suelto- ¡Teee esssstoyyy hablaaaandooo jooooderrrr! -Me paro en seco.

– ¿Cómo demonios tengo que decirte que no te acerques a mi? ¡Déjame en paz Fernando! ¡Por el amor de Dios, déjame en paz de una puta vez!

– ¡Noooo meeee haaableeessss así!

– ¡Te hablo como me da la gana! ¡Estás borracho joder! -Estoy casi llegando a los ascensores, de repente me da un empujón haciendo que pierda el equilibrio y casi me caiga de bruces. Por suerte no lo consigue.

Me giro y me enfrento a él. Toda la rabia contenida en estos últimos meses, estalla y la dejo salir.

– ¡Eres un hijo de puta! ¡Si vuelves a tocarme, juro por Dios que te patearé la cabeza!

– ¿Ah si? ¿Tu y cuántas como tu? -¡Mierda, no está borracho! ¡El muy cabrón solo estaba fingiendo! ¿Pero por qué? ¿Creería que al hacerse pasar por borracho iba a escucharle? No entiendo nada.

Su cara encolerizada me asusta, pero no me amilano. Si tengo que darme de hostias con él, lo haré. A mi no se me caen los anillos por patearle el culo a un mierda como él.

– ¡Vas a escucharme quieras o no! -Me lanza contra la pared que está al lado de los ascensores, junto a una enorme planta que casi nos tapa por completo. Con fuerza sujeta mi cara y se acerca a mi. Lo empujo y consigo que afloje la mano. Aprieta los dientes con rabia.

– ¡Maldita sea, te quiero Alejandra! Me equivoqué ¿Vale? ¡Quiero volver contigo!

– ¿Y crees qué estas son formas? ¿Qué fingiendo que estás borracho y tratándome así va a hacer que vuelva contigo?

– ¡Intente acercarme a ti por las buenas! Sé que todavía me quieres…

– ¡Estás loco si piensas eso! ¡Entre tu y yo jamás volverá a haber nada! Estás equivocado… ¡Ya no te quiero Fernando! Me hiciste un gran favor cuando te largaste, tardé muy poco tiempo en darme cuenta que estaba mejor sin ti. Aunque me hiciste daño, mucho daño. ¡Fuiste un cerdo, lo que más me dolió, fueron las palabras que dijiste cuando salías por la puerta, fuiste cruel…!

– ¡Lo que dije, no lo sentía de verdad! Siempre has sido tu Alex, solo tu…

– ¡Y una mierda! ¿Qué pasó con la enfermera con la que te largaste? Déjame que adivine… ¿Se dio cuenta de que eras un cabrón y te dejó? -Veo la ira en sus ojos, he dado en el blanco-. ¡Aunque fueras el último hombre sobre la faz de la tierra, jamás, jamás volvería contigo! ¡El camión de la basura pasó hace unos meses llevándote con él!

– ¡¡Eres una estúpida!! -Está muy cabreado. Aplasta su cuerpo contra el mío, me retuerzo intentando soltarme pero no puedo. Trata de besarme, pero giro la cabeza a un lado y a otro con fuerza evitándolo.

– ¡Suéltame joder! -Grito. Noto su mano en mi muslo. Quiero darle una patada en sus partes, pero me resulta imposible al tener su cuerpo contra el mío aplastándome. Cierro los ojos y le pido a Dios que me ayude… – ¡Me estás haciendo daño Fernando, suéltame!

– La señorita, te ha dicho que la sueltes… -Fernando gira la cabeza para ver de donde viene esa voz. Yo mantengo los ojos cerrados, agradeciéndole a dios que me haya enviado ayuda.

– ¡Esto no tiene nada que ver contigo tío, así que sigue tu camino y esfúmate!

– Es de muy poco hombre tratar así a una mujer…

– ¡Oye tío…! ¿De qué cojones vas? ¡Lárgate joder, todavía no he terminado de hablar con ella!

– Me parece que ella no tiene ningún interés en hablar contigo, te lo digo por última vez… Por tu bien ¡Quítale las manos de encima!

– Oye machote, ¿No hablas mi idioma?

– ¡Me parece a mi, que el que no habla mi idioma eres tu! Alejandra, ven…

-Abro los ojos y al ver a mi portento allí, con la mano extendida hacia mi me derrumbo y empiezo a llorar. Fernando está desconcertado, mirándome a mi y luego a Víctor-. Estoy aquí preciosa, tranquila… -Dice mientras tomo su mano y me acerco a él.

– ¿De qué coño conoces a este tío Alejandra? -Noto como los brazos de mi portento se tensan alrededor de mi cuerpo-. ¡Te estoy haciendo una pregunta, contéstame joder!

– ¡Vete a la mierda Fernando!

– ¡Oh, ahora te pones gallita porque está él…! ¿Me importa un carajo quien sea este tío! ¡Eres una… -Víctor me suelta y de un empujón lanza a mi ex contra la pared.

– ¡No te atrevas a insultarla! ¡Si vuelves a acercarte a ella, te buscaré. Y lo mínimo que haré contigo, será partirte las piernas. ¿Me has entendido? -Fernando asiente, diría que está un pelín acojonado. No me extraña, ahora mismo, la cara de mi portento da mucho miedo.

– ¡No vales nada Alejandra!

– ¡Tu si que no vales nada gilipollas! -Se abren las puertas del ascensor y tiro de Víctor para que entre conmigo. No dudo que si estamos un minuto más allí, acabará dándole una paliza y no merece la pena.

Cuando se vuelven a cerrar las puertas, empiezo a llorar a moco tendido, me tiembla todo el cuerpo. Si no fuera por la repentina aparición de mi portento, no sé que hubiera pasado. Él me abraza, susurrándome palabras dulces y cariñosas para tranquilizarme, pero no puedo parar de llorar.

Entramos en la habitación y me lleva al sillón que hay junto a una de las ventanas, va al mueble bar y me prepara una copa. Me la bebo de un trago. ¡Joder, me abrasa la garganta! Pero enseguida noto el efecto del licor en mis nervios desmadrados. Se sienta a mi lado y cariñosamente me acaricia la espalda.

– ¿Qué… Qué haces aquí? -Balbuceo.

– Quería darte una sorpresa, y resulta que la sorpresa me la he llevado yo…

– Pero, tenías una fiesta hoy…

– Si, pero Ricardo se quedó al mando. Te echaba mucho de menos y quería venir…

– Siento mucho lo que paso abajo.

– Yo si que lo siento, si hubiese llegado antes, ese cabrón no se te hubiera acercado ni un milímetro. ¿Quién era él Alejandra? -Las lágrimas vuelven a rodar por mis mejillas, él me da un pañuelo y me mira pacientemente hasta que empiezo a hablar.

– Es mi ex…

– ¿Tu ex? -Pregunta sorprendido.

– Si, salí con él durante casi cuatro años.

– ¿Saliste con un tipo como ese tanto tiempo? -Asiento-. ¿Por qué? Perdóname, pero no entiendo como pudiste salir con alguien como él.

– Nos conocimos en una fiesta, comenzamos a salir poco tiempo después. Por aquel entonces, no era tan agresivo. Era engreído y clasista, igual que yo -confieso avergonzada-, por eso congeniábamos bien. Él trabaja en uno de los hospitales de Málaga, es neurocirujano y bueno, como ves teníamos muchas cosas en común.

– ¿Y qué paso?

– Vivimos juntos dos años, yo creía que todo iba bien, pero un día, llegó a casa y me dijo que se largaba, que no me quería. Llevaba meses pegándomela con una enfermera que tenía en prácticas, más joven que yo. Me dijo que estaba enamorado de ella. Yo me puse como una loca, metí su ropa en una bolsa de basura y se la dejé en la puerta. Antes de irse, me dijo cosas muy duras, fue cruel, fue un autentico hijo de puta. Con el tiempo me enteré que no solo me había engañado con esa chica, hubo más, bastantes más. También se dedicó a decir cosas horribles de mi, pero yo preferí ignorarlo. El tiempo siempre pone las cosas donde deben estar…

– ¿Por qué no me dijiste que él estaría aquí?

– Sinceramente, me olvidé completamente de su existencia hasta que el jueves lo vi en el almuerzo de bienvenida.

– Si hubiera sabido todo esto, no te hubiera dejado venir sola…

– Si yo hubiera sabido que él también iba a estar aquí, hubiese hecho hasta lo imposible porque otra persona sustituyera a Marco.

– ¿Crees qué si yo no hubiera aparecido, te habría hecho daño?

– Si -susurro-, acababa de rechazarlo y estaba encolerizado. Intenté defenderme, pero su cuerpo me aplastaba contra la pared y no podía moverme -volver a pensar en ello, me pone los pelos de punta-. Gracias por aparecer de la nada Víctor, te debo una, una muy grande -mis labios se curvan en un amago de sonrisa.

– No tienes nada que agradecerme. Estaba haciendo tiempo en el bar, al ver que ya eran las doce, decidí probar suerte y ver si ya estabas en la habitación. Cuando me acercaba a los ascensores oí gritos, me quedé de piedra cuando vi que se trataba de ti. Cuando vi que ese tipo estaba encima de ti manoseándote, la furia se apoderó de mi. No sé como fui capaz de controlarme. Me hubiera gustado partirle la cara a ese imbécil solo por estar respirándote encima… -Me besa en la frente y me abraza con fuerza.

– Tienes mucho autocontrol…

– No quería armar un escándalo y tampoco que tu salieras perjudicada. Si me hubiera dejado llevar, se habría enterado todo el hotel, la habría liado parda y probablemente hubieran llamado a la policía.

– Tienes razón, gracias por pensar en mi…

– Oh nena, siento tanto que hayas tenido que pasar por esto…

– No te preocupes, estoy mejor gracias a ti.

Apoya la cabeza en su pecho. Durante un buen rato permanecemos así, en silencio. Cada uno sumido en sus pensamientos. Después de tomarnos otra copa y de intentar olvidar lo que pasó con Fernando nos vamos a la cama. Allí me acurruco en sus brazos, me siento protegida entre ellos, me siento protegida por él… Oigo su respiración acompasada y tranquila, está dormido. En cambio, yo no soy capaz de cerrar los ojos. Cada vez que lo hago, veo el rostro de mi ex y se me encoge el estómago. ¿Qué hubiera pasado si Víctor no aparece? ¿Me habría pegado? Si, estaba demasiado cabreado y rabiado. Tenía que haber llamado a la policía en cuanto puse los pies en la habitación… Sabía que era un cerdo, pero jamás imaginé que pudiera ser un maltratador. De repente soy consciente de la suerte que tengo por tener a mi portento a mi lado. Es cariñoso, tierno, respetuoso, guapísimo… Lo tiene todo. Si, soy muy afortunada de tenerlo…

– Te quiero Víctor… -Por fin consigo cerrar los ojos y quedarme dormida…

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