¿QUE PUEDE PASAR? Cap.30

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¡Maldita suerte la mía! ¿Por qué el destino tiene que ser tan cabrón conmigo? ¿Por que él? ¿Por qué precisamente él tiene que estar sentado a mi lado? ¿No había otro sitio donde ubicarlo? ¡Se me ocurren montones de sitios donde este mamón podría estar…! Si por mi fuera, estaría en Australia criando canguros.

– ¿No vas a saludarme Alejandra? -Posa su asquerosa mano en mi brazo, lo fulmino con mi mirada láser, pero el muy capullo la ignora. No quiero mostrarme maleducada con él delante de toda esta gente, pero si no tengo más remedio lo haré.

– ¿Te importaría no tocarme?

– ¡Vamos Alejandra! No puedo creer que todavía me guardes rencor por lo que pasó… -Me muerdo la lengua paro no contestarle como se merece, y me dirijo a él como toda una profesional.

– Dr. Salas, no me alegro en absoluto de volver a verlo, y le agradecería infinitamente que no volviera a tocarme. Ahora si me disculpa, estaba manteniendo una conversación muy interesante con el Dr. Fernández. -Dicho esto, giro la cabeza y le sonrío al amigo de mis padres- disculpe Dr. ¿Por dónde íbamos?

El Dr. Fernández mira severamente a Fernando, advirtiéndole con la mirada que más le vale mantenerse alejado de mi…

– Lo siento -le digo bajito.

– No te preocupes querida, estoy al corriente de vuestra historia. Tu padre me lo comentó una vez jugando al golf, estaba preocupado por ti.

– Mejor no hablemos de ese tema, es algo que gracias a Dios tengo olvidado y superado.

– Me alegro que sea así. De todos modos hablaré con el coordinador y le pediré que lo cambien de sitio. Después de todo lo que sé, su sola presencia me repugna.

¡Jesús! ¿Pero qué es lo que le habrá contado mi padre a su amigo? Es mejor que no sepa la respuesta, solo de imaginarme a mi padre aireando mi vida privada por ahí, me pone enferma. Aunque haya sido con su amigo, no me gusta que se hablen de mis cosas.

Durante el resto de la comida, estoy bastante tensa. Fernando no deja de rozarme cada vez que tiene oportunidad, y contenerme, me está costando mucho esfuerzo. Temo que en cualquier momento se me escape la mano y le de una buena hostia… Finalizada la comida, los coordinadores nos explican como será el orden de las ponencias. Marco tenía razón, a mi me toca dar la charla mañana por la mañana y el sábado a las cinco de la tarde. El sábado por la noche, también se celebrará la cena de clausura en este mismo salón, lo que significa que con un poco de suerte, el domingo por la mañana pueda regresar a mi casa. Si antes se me iba a hacer eterno, con Fernando pululando por aquí, será aún peor. En cuanto dan por finalizada la charla, me escabullo con la intención de no darle a mi ex la posibilidad de acercarse a mi, pero cuando estoy saliendo por la puerta el muy capullo me da alcance.

– Alejandra, me gustaría hablar contigo.

– ¡Escucha Fernando, nada de lo que tengas que decirme me interesa, así que te pido que por favor me ignores…!

– ¡No puedo ignorarte Alex… Te quiero! -Se me escapa la risa al escuchar esto último- ¿No me crees verdad?

– ¡En serio Fernando, mantente alejado de mi! -Continuo mi camino intentando perder de vista a este energúmeno.

Menuda cara tiene el tío. Que me quiere dice… Me duelen los oídos solo de recordar esas palabras. ¡Será gilipollas! Cuando se lo cuente a las chicas, van a alucinar.

Me asomo a la ventana de la habitación, hace un día estupendo, si no fuera porque temo encontrarme con mi ex, bajaría a la playa a pasar el resto de la tarde. Por el contrario, decido quedarme en la seguridad de mi cuarto dándole los últimos coletazos a mis notas para las ponencias. Por la noche, cuando ya estoy acostada, llamo a mi portento. Contesta al momento.

– Hola preciosa, estaba a punto de marcarte, te me has adelantado. ¿Qué tal ha ido el día?

– Hola guapo, no sabes cuanto deseaba escuchar tu voz…

– Me alegra oír eso, ¿Me echas de menos?

– ¡Mucho! -Más ahora que sé que Fernando está por aquí, pero claro, esto último me lo callo, no tiene sentido que le diga nada…

– Yo también te echo de menos mi amor, ¿Has tenido mucho lío hoy?

– No, que va. Hemos tenido un almuerzo de bienvenida y luego nos han explicado el itinerario. Mañana a las diez, daré mi primera charla y la siguiente el sábado por la tarde. Por lo que ha dicho la organización, creo que domingo por la mañana podré tomar el primer vuelo que salga para Málaga.

– Eso sería fantástico, tendría todo el día para demostrarte cuanto te he echado de menos.

– ¡Mmm me encantaría! ¿Qué tal tu día?

– Bastante normal, rutinario. He tenido una reunión con Ricardo para ultimar los detalles de la fiesta del sábado y después he ido a comer al restaurante de Anselmo, por cierto, me dio saludos para ti. ¿Ya estás en la cama?

– Si, mañana quiero levantarme pronto…

– ¿Estás nerviosa?

– Si, no sé si podré pegar ojo. Me aterra meter la pata en algo y quedar como el culo.

– No digas tonterías, vas a hacerlo muy bien. Ya lo verás.

– Ojalá tengas razón…

– Deberías de confiar un poco más en ti misma Alejandra, eres una profesional y te los vas a meter a todos en el bolsillo… Oye, yo tengo un remedio para ayudarte a conciliar el sueño, ¿Quieres probarlo?

– ¿De qué se trata?

– ¿Quieres probarlo si o no? -Ese tono grave de su voz… ¿En qué estará pensando?

– Si, quiero probarlo…

– ¿Qué llevas puesto?

– ¿Qué que llevo puesto?

– Si, no puedo verte, pero puedo imaginarte…

– Llevo un camisón de verano de raso azul, ¿Qué llevas tu? -Me sonrojo al imaginar por donde van los tiros…

– Nada, estoy desnudo dentro de la bañera… ¿Es corto?

– Si… -Murmuro.

– Si estuviera contigo, acariciaría tus preciosas piernas y saborearía el dulce sabor de tus labios. Me pongo duro solo de pensarlo nena…

– Estás consiguiendo que la temperatura suba en la habitación, y eso que tengo el aire acondicionado funcionando.

– Esa es la intención… Te deseo tanto Alejandra…

– Pues ya somos dos.

– ¿Alguna vez has practicado sexo telefónico nena?

– No… -¡Joder, ya me están entrando sudores!

– Pues hoy será la primera. Relájate, cierra los ojos y piensa en nosotros. -Lo hago, cierro los ojos y escucho su voz cargada de deseo-. Estoy a los pies de la cama observándote, estás tan sensual con ese minúsculo camisón… Quítatelo Alex, quítatelo para que pueda ver tus pechos, tus caderas… Quítatelo para mi nena. -Hago un stripteace solitario en mi habitación, imaginándome la cara de mi portento, con sus ojos ardientes posados en mi cuerpo-. Acaríciate los pechos Alex, juega con tus pezones… -¡Mmm!- Eso es nena, retuércelos. ¿Notas lo duros que están? -Estoy tan concentrada en su voz y en las sensaciones que recorren mi cuerpo que no puedo articular palabra. Solo gimo, y él, él gime conmigo-. Usa tu otra mano nena, llévala hasta tu sexo, juega con tu clítoris. Tócate para mi Alex…

– ¡Oh si… Si…!

– Ya estamos a punto nena, un poco más… -Introduzco un dedo en mi interior mientras escucho la respiración agitada de Víctor. En cuestión de segundos, nos corremos juntos. ¡Joder, consigue que haga cosas que en la vida se me pasaría por la cabeza hacer! -¿Estás bien nena?

– ¡Mmm, estoy de maravilla…!

– Ahora los dos podremos dormir bien. -Sonríe.

Hablamos durante un rato más y cuando cuelgo, caigo en un sueño profundo y relajante.

El viernes, a pesar de lo nerviosa que me levanto todo sale bien. La sala de conferencias de la universidad está abarrotada de gente, alumnos, profesores, compañeros… Aunque al principio no me sale la voz, consigo relajarme y todo va sobre ruedas. Para mi suerte, solo me tropiezo con Fernando en dos ocasiones, y en ninguna de ellas se dirige a mi para nada. ¡Gracias a Dios parece que por fin ha entendido que no quiero saber nada de él!

Por la tarde, doy una paseo por la playa y me tomo una cerveza en un chiringuito muy cuco que hay cerca del hotel, más tarde en el, ceno una ensalada y un bistec a la plancha. Si estuviera en Marbella, estaría en una cena benéfica con mi portento… Tengo muchas ganas de verlo.

El sábado por la mañana, salgo disparada para la universidad. Aunque mi charla no es hasta las cinco, debo estar presente en todas las demás desde primera hora, para poder rellenar el cuestionario que nos harán en cuanto todo termine. Para mi sorpresa, el día pasa volando y cuando quiero darme cuenta estoy frente al espejo dándome los últimos retoques para bajar al salón. Es la cena de despedida, y aunque no me apetece nada ir, tengo que hacer acto de presencia. Me he puesto un vestido azul marino y rojo, sencillo y elegante.

La cena me resulta un pelín pesada. Lo achaco a que estoy ansiosa porque termine el día y poder regresar a mi casa. Echo mucho de menos a Víctor. Necesito estar con él, sentir sus manos, sus besos, su piel…

A las doce en punto, igual que cenicienta, me despido de mis colegas y salgo del salón. Cuando lo hago, soy plenamente consciente de que Fernando viene pisándome los talones. Ha estado toda la noche al acecho, esperando la oportunidad para acercarse a mi y acabo de ponérsela en bandeja. No hay demasiada gente en el vestíbulo del hotel, y eso no me tranquiliza. Solo espero poder llegar a los ascensores sin armar ningún escándalo…

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