¿QUE PUEDE PASAR? Cap.29

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El sonido del teléfono me sorprende. Me asusto al ver el número de mi madre reflejado en la pantalla. ¿Le habrá pasado algo a mi padre? ¿A ella? Si, tiene que haber sucedido algo para que me llame entre semana y a la hora de la comida.

– Mama, ¿Estás bien, papa está bien?

– Hola Alejandra, si, todo va bien. ¿Por qué lo preguntas?

– Bueno, no sueles llamarme en horas de trabajo ni entre semana…

– ¿No puedo llamar a mi hija para saber cómo le va la vida? -Se ha puesto a la defensiva, esto es muy raro…

– Pues claro que puedes llamarme mama. Es solo que me resulta extraño, nada más. ¿Seguro qué está todo bien? ¿No ha pasado nada?

– ¡No lo sé, dímelo tu! -Ahora si que me quedo perpleja, ¿De que va esto?

– ¿Qué te diga el que mama?

– ¿No tienes nada que contarme? -Pienso durante un minuto, pero no se me ocurre nada que haya podido hacer que a mi madre le moleste tanto.

– Que yo sepa no. Oye mama, estás muy rara y sabes que odio los acertijos. ¿Por que no vas al grano?

– ¡¡Qué poca vergüenza tienes Alejandra!! -¡Joder, está cabreada! ¿Qué he hecho?- Tu padre acaba de ponerme delante de las narices su portátil, ¿sabes lo que he visto en él?

– No tengo ni idea mama…

– ¡¡He visto una foto de mi hija con su supuesto novio en la portada de un periódico digital, en una fiesta presentando no se que perfume!! ¿Te suena de algo? -¡Mierda, mierda, mierda! ¿La fotografía ha salido en internet? ¡Mecago en la puta!

– Ya veo… -es lo único que consigo decir.

– ¿Sabes cómo me acabo de sentir? ¡Enterarme por un periódico de que mi hija tiene novio y por cierto, mucho más joven que ella, no es plato de buen gusto Alejandra! ¿Qué le diré a la gente cuando me pregunte eh? ¿Qué no estaba enterada de nada? ¿Qué no tengo ni idea de quien es él? ¿Qué van a pensar Alejandra? -¡Esto es el colmo, siempre pensando en el puto que dirán! Me apetece colgar el teléfono y mandarla a paseo.

– ¡Mira mama, lo que piense y diga la gente, sinceramente me importa una mierda! No te he contado lo de Víctor porque la relación es muy reciente y me da miedo airearlo, todavía no quiero gritarlo a los cuatro vientos. Además, temía tu reacción cuando te dijera que es mucho más joven que yo.

– ¡¡Pues para no querer gritarlo a los cuatro vientos, lo has hecho de pena!! ¿No te parece? ¡Solo has salido en internet!

– Mira mama, estoy en el trabajo y no quiero seguir discutiendo contigo. Si, tengo novio. Si, es mucho más joven que yo y si, tenía que habértelo contado pero no lo he hecho y no me arrepiento. ¡Fin de la historia!

– ¡¡No te atrevas a colgar Alejandra!!

– Mama, es absurdo seguir con esta conversación. Lo único que te preocupa es lo que piense la gente cuando te pregunten por mi relación. Ni siquiera me has preguntado como estaba yo, si soy feliz, si estoy enamorada… ¿Sabes? Me parece muy triste que solo hayas pensado en lo que pueda opinar la gente… Lo siento mama, cuando estés más calmada hablaré contigo, ahora mismo no tengo tiempo ni ganas. Te quiero mucho y no quiero decir nada que pueda hacernos daño a ambas, así que hablamos en otro momento. Adiós. – Cuelgo el teléfono sin darle opción a decir nada más.

La discusión con mi madre, me deja hecha polvo. ¿Cómo iba a imaginar que esa fotografía saldría publicada en internet? Y muchos menos que mis padres la vieran… La verdad que no es la mejor manera de enterarse de mi relación con Víctor, pero la reacción de mi madre ha sido exagerada. Solo espero que cuando está más calmada, pueda verlo de otra manera.

Esa noche durante la cena, le cuento a mi portento la bronca que he tenido con mi madre y lo del repentino viaje a Valencia. Respecto al tema de mi madre, me dice que no le de demasiadas vueltas, que no merece la pena, que es una tontería y que pronto todo volverá a la normalidad. Tiene razón, mi madre siempre ha sido una persona muy impulsiva, igual que yo. Seguramente ya le está pesando el haberme llamado estando tan enfadada.

– Es una pena que tengas que irte a Valencia, me hacía mucha ilusión que me acompañaras a esa cena.

– Lo sé, a mi también me hacía ilusión… Es un rollo tener que ir a las ponencias. Es demasiado aburrido.

– Son solo cuatro días, pasarán volando. Ya lo verás.

– ¡Uf, para mi es un suplicio tener que ir!

– Venga, anímate. Piensa que vas a exponer los avances y mejoras de tu trabajo delante de mucha gente, que tu jefe haya pensado en ti para que le sustituyas es muy positivo. ¿No crees?

– Si, claro que lo creo… Si tu estuvieras conmigo, sería perfecto.

– Esta vez no puedo acompañarte nena. El viernes tengo la cena benéfica y el sábado la fiesta latina en Bacana. ¿Regresarás el domingo por la noche?

– Espero poder escaparme de allí por la mañana, aunque si hay algún evento programado, tendré que quedarme. Igual no puedo volver hasta el lunes, son demasiados días sin verte…

– No te preocupes preciosa, tenemos mucho, mucho tiempo para estar juntos.

– ¿Me lo prometes?

– Si, te lo prometo. -Me siento en su regazo y sellamos esa promesa con un beso apasionado.

El jueves como cada mañana desde el lunes, dejo a mi portento en la entrada del hotel y me dirijo al aeropuerto “Pablo Picasso” de Málaga. El avión que me llevará a Valencia, sale a las nueve y media, tengo tiempo de sobra de facturar mi equipaje y tomarme un café.

Una vez en el avión, saco de mi bolso el primer libro de la trilogía erótica “Pídeme lo que quieras” con intención de empezar a leerlo, pero no lo hago. ¿Para que leer las tórridas aventuras sexuales de unos personajes ficticios cuando puedo recrearme en las mías propias con mi portento? ¡Mmm! ¡Menuda noche la de ayer…! Lo hicimos varias veces, la verdad que me estoy volviendo insaciable.

Primero, follamos salvajemente encima de la mesa del salón, estábamos demasiado calientes y no podíamos esperar. El orgasmo fue intenso y liberador. Creo que no podré volver a comer en esa mesa sin recordar ese orgasmo… La segunda vez, fue en el suelo del baño, no nos dio tiempo a llegar a la ducha, de nuevo volvíamos a estar muy calientes. Esa vez fue rápida, pero no por ello fue menos intensa, todo lo contrario. La tercera vez, dejé que me atara al cabecero de la cama y me cubriera los ojos con un fular. Algo impensable para mi hasta ayer por la noche…

La experiencia fue increíble, tener los ojos tapados, hizo que mis otros sentidos se agudizaran más ante la expectación por saber cuando me iba a tocar o a besar, eso hizo que disfrutara del sexo como nunca antes lo había hecho. Es alucinante que a mis treinta y cinco años, esté descubriendo el sexo en estado puro y duro ( Sobre todo duro ). Confieso que me gustó mucho estar atada, tanto que estoy dispuesta a probar más, mucho más, siempre que sea con mi portento. Hizo conmigo lo que quiso. Con sirope de chocolate, fue haciendo dibujos sobre mi cuerpo, para luego quitármelo a lametadas. Su lengua es… ¡Uf!, hace maravillas con ella, en realidad hace maravillas con todo su cuerpo. Ayer, literalmente, se dedicó a adorarme sexualmente. Se me escapa un gemido al recordarlo dentro de mi, embistiéndome como a mi me gusta, fuerte, muy fuerte. ¡Joder, quien me iba a decir a mi, que me gustaría que me follaran así. Con lo clásica que era yo para esas cosas…

La azafata anuncia que efectuaremos el aterrizaje en unos minutos. Estoy completa segura, que si el vuelo hubiera durado media hora más, tendría que haber usado los extintores para apagar el fuego que me correo por dentro. ¡Es acojonante lo salida que estoy últimamente!

A las once y diez aproximadamente, aterrizamos en el aeropuerto “Manises” (Valencia ). Mientras espero por mi equipaje, hablo con Víctor para decirle que ya he llegado y que le echo muchísimo de menos. Me recoge un coche en la puerta que me lleva directamente al hotel “SH Valencia Palace”, por lo que veo, no han escatimado en gastos porque es un hotel de cinco estrellas precioso. En recepción me espera una chica que me da una credencial como participante en las ponencias, permitiéndome el acceso a todos los eventos que se realicen con solo mostrarla. También me informa que a la una y media, dará comienzo el almuerzo de bienvenida, que ella estará esperándome en ese mismo sitio para acompañarme al salón principal y presentarme al resto de participantes. Cojo las llaves de mi habitación y me despido de ella hasta más tarde.

La habitación es sencilla pero muy bonita, decorada en tonos verde agua y béige, con grandes ventanales que llenan de luz la estancia. Me pongo cómoda y saco mis notas para repasarlas. A la una y media en punto estoy en recepción, donde me espera mi acompañante. Me guía por un pasillo enmoquetado hasta un salón enorme y lleno de gente, inspiro hondo para disipar un poco los nervios y entro con una sonrisa dibujada en mi cara.

Rápidamente veo rostros conocidos. El Dr. Fernández, cardiólogo del hospital universitario de Asturias, el Dr. Gómez, traumatólogo de una clínica privada de Madrid… En cuanto el Dr. Fernández me ve, se acerca a mi sonriente, es un gran amigo de mis padres y en lugar de saludarnos con un apretón de manos, nos fundimos en un cariñoso abrazo. Hablamos distendidamente durante un rato, hasta que alguien nos comunica que la comida está lista y podemos ocupar nuestros asientos.

Los ponentes estamos acomodados en una mesa recta que ocupa prácticamente todo el ancho del salón. Las demás mesas son redondas y están distribuidas por todo el salón, son para ocho comensales cada una. Voy hacia mi sitio, a mi derecha tengo al Dr. Fernández, a mi izquierda el sitio esta vacío. Me giro hacia el amigo de mis padres y continuamos con la conversación que habíamos iniciado anteriormente. Me habla de sus hijos, de sus nietos y de las ganas que tiene de jubilarse para poder disfrutar de todos ellos. Estoy riendo uno de sus comentarios cuando noto que alguien se sienta a mi lado.

– Vaya, vaya, vaya, que gustazo volver a verte Alejandra…

Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza. ¡Joder, había olvidado por completo que probablemente Fernando estuviera aquí…!

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