¿QUE PUEDE PASAR? Cap.28

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A la mañana siguiente, me despierto algo desorientada y con un leve dolor de cabeza, seguramente a causa de los excesos de la noche anterior y de la falta de sueño. Al recordar el polvo de reconciliación ( como lo llamó Carla ), se me quitan todos los dolores. Mi portento no está a mi lado en la cama, escucho atentamente y oigo ruido, está duchándose. Salgo de la cama y entro en el baño sin hacer ruido. Veo la silueta de Víctor a través del cristal de la mampara. De repente me entran unas ganas tremendas de ducharme, sonrío para mis adentros. Me apetece mucho enjabonar todo su cuerpo, y cuando digo todo quiero decir todo… Traviesa asomo la cabeza por un hueco de la mampara.

– ¿Necesitas que te froten la espalda?

– ¡Adelante, soy todo tuyo!

Víctor se hace a un lado y yo entro quedando justo debajo del potente chorro de agua. Cierro los ojos y disfruto del efecto del agua caliente sobre mi cuerpo. Mi portento me acaricia la cara y entonces le miro. Miro su cuerpo de pies a cabeza. Mis pupilas se dilatan llenas de deseo al ver su polla tiesa y dura…

– ¡Mmm! Parece que te alegras de verme. -Poso mis mano en su abdomen y lentamente la deslizo hacia abajo.

– Siempre me alegro de verte. -Coge aire al sentir la presión de mi mano en su polla- ¿No ibas a frotarme la espalda? -Jadeo al oír su voz cargada de deseo.

– Si, pero más tarde… -Me pego a él mientras sigo masturbándole.

Recorro su torso mojado con la lengua a la vez que restriego mi cuerpo contra el suyo. Soy como una gata en celo, no tardaré mucho en ponerme a ronronear. Víctor me aprieta el culo con fuerza y posee mi boca con brusquedad, me necesita, igual que yo a él. Introduce un dedo en mi, lo mueve dentro y fuera varias veces, preparándome para él, pero yo hace tiempo que estoy lista. Estoy empapada por dentro y por fuera. Apoyo una de mis piernas en el borde de la bañera, dejando más accesible mi entrada. Enrosco mis brazos alrededor de su cuello y él, me penetra con fuerza, como a mi me gusta.

– Más fuerte Víctor… Más fuerte…

Me empotra contra la pared de azulejos y clava sus manos en mi cadera marcando un ritmo salvaje, profundo. Acercándome a un orgasmo intenso, que cuando estalla dentro de mi, todo mi ser se contrae. Mi cuerpo tiembla y mis piernas parecen de gelatina. Cuando Víctor se corre, gruñe gritando mi nombre. Durante un rato, permanecemos debajo del agua, recuperándonos de nuestro sexo salvaje mañanero.

El día pasa volando, no hemos puesto un pie fuera de la habitación, y solo hemos salido de la cama para comer. Ha sido un domingo dedicado única y exclusivamente al sexo, a comer y a dormir. Me siento exhausta, pero feliz, muy feliz. Fuera ya es de noche, tengo que volver a casa y una angustia que nunca había sentido, se apodera de mi. Me cuesta separarme de él…

Aprovecho que mi portento está hablando con el servicio de habitaciones para vestirme. Como no encuentro mis bragas por ninguna parte, voy a la cómoda de él y le cojo unos calzoncillos negros. Me están un poco flojos, pero como el vestido no es ceñido, no se nota nada. Cuando Víctor me ve vestida, tuerce el gesto.

– ¿Por qué vas vestida?

– Porque es tarde y tengo que irme a casa.

– ¿Por qué no te quedas a pasar la noche conmigo? -Se acerca y me acaricia el hombro.

– No puedo, mañana trabajo y todas mis cosas están allí. ¿No pretenderás que vaya a la clínica con un vestido de fiesta verdad?

– ¿Y por qué no pides el día libre? -Parece un niño pequeño y caprichoso- No quiero que te vayas…

– Yo tampoco quiero irme, pero tengo que volver a casa…

– Me gusta dormir abrazado a ti. -Me rodea con sus brazos- ¿Sabes? puedo convencerte…

– ¡Ni se te ocurra! -Le doy un pequeño empujón-. Te propongo algo…

– Soy todos oídos.

– Me quedaré a cenar contigo, si luego tu, te vienes a casa a dormir conmigo. ¿Te parece bien?

– ¡Me parece perfecto! -Sonríe satisfecho.

De camino a casa, pienso en la posibilidad de vivir con mi portento. Acostarme todas las noches, y despertarme todas las mañanas a su lado, sería un sueño hecho realidad. Él vive en un hotel, y yo tengo un ático enorme que no me importaría compartir con él. ¿Debería planteárselo? ¿No me estaré precipitando? Probablemente, pero es que estoy tan enamorada de él, que haría lo que fuera por tenerle a mi lado.

– Estás muy pensativa…

– No es nada -miento-, es solo que estoy cansada.

– Pues cuando lleguemos a casa, nos iremos directamente a la cama. A dormir.

– ¿A dormir?

– Si señorita, a dormir y a descansar.

– ¡Mandón! -Le saco la lengua y giro la cabeza para que no vea mi sonrisa traviesa.

Esa noche duermo plácidamente, sintiendo los brazos protectores de mi portento alrededor de mi cuerpo. Por la mañana cuando me despierto, veo a Víctor sentado en la cama mirándome sonriente.

– Buenos días preciosa.

– Buenos días guapo -que gusto da despertarse y encontrarse con esos ojos verdes que quitan el sentío.

– ¿Has dormido bien?

– He dormido como un bebe -me desperezo en la cama bajo la tierna mirada de mi portento.

– Estás muy apetecible nena…

– ¡Mmm! Tu si que estás apetecible -ronroneo.

– Lástima que tengas que ir al trabajo. El desayuno está listo, así que arriba perezosa. -Me da un cachete en el culo.

– Eres malo, muy malo. Me pones la miel en los labios y luego me la quitas. -Me quejo.

– Si hubieras pedido el día libre como te sugerí, podrías desayunarme a mi, pero… Como has decidido ir a trabajar, te quedas con las ganas…

– ¡Eres cruel! -Le lanzo una almohada que él hábilmente esquiva y sale de la habitación dejándome sola con ganas de él.

Me visto y me ducho en un tiempo récord, ni yo misma me lo creo, pero es cierto. Acabo de darme cuenta de que soy capaz de hacerlo en tan solo diez minutos y me quedo asombradísima. entro en la cocina. ¡Mmm! Huele de maravilla. El desayuno está perfectamente servido, no falta ni un detalle. Zumo de naranja recién exprimido, tostadas con mermelada y mantequilla, café recién hecho… ¡Uf, fácilmente podría acostumbrarme a esto! Tengo que plantearme seriamente lo de proponerle a mi portento que se venga a vivir conmigo…

– ¿Has preparado tu todo esto?

– ¿Tu qué crees?

– Creo que eres mi media langosta. -Contesto sin pensar.

– ¿Tu media qué?

– Si hombre, ya sabes… Cuando una persona encuentra a otra que está hecha a su medida, con la congenia en todo etc, normalmente se dice que es su media naranja, pero en un capítulo de “Friends”, oí que Phoebe decía lo de la langosta y desde entonces he hecho mía la frase. Lo de la media naranja está demasiado dicha.

– Ah, ya entiendo. ¿Y has tenido muchas medias langostas en tu vida?

– No. ¿Y tu?

– Yo tampoco.

– ¿Lo ves? Eso quiere decir que estábamos predestinados y que tu eres la mía y yo la tuya. -¡Joder, no me reconozco, voy demasiado lanzada para ser solamente las siete y cuarto de la mañana. A este ritmo, estaré proponiéndole matrimonio a la hora de la cena.

– Estoy totalmente de acuerdo contigo. -Se sienta a mi lado y me da un beso en la punta de la nariz.

Desayunamos en un cómodo silencio. Como no estoy acostumbrada a desayunar tan temprano, enseguida me lleno, en cambio Víctor come como una lima.

– ¿No vas a terminarte las tostadas?

– Que va, estoy llena. No estoy acostumbrada a desayunar…

– El desayuno es la comida más importante del día.

– Lo sé, pero siempre salgo de casa con prisa. A media mañana suelo tomarme un café y si tengo hambre como algo.

– Pues mal hecho Alejandra, para empezar el día con energía deberías…

– Yo tengo una teoría mejor para empezar el día con energía, si te hubieras quedado conmigo en la cama, te la hubiera demostrado.

– No tienes remedio… -Ver esa sonrisa suya tan temprano… ¡Uf!.. -Oye, el viernes tengo una cena importante. ¿Te gustaría acompañarme?

– ¿Una cena importante?

– Si. Empresarios de Latinoamerica y España, nos reunimos todos los años para hacer una cena benéfica en beneficio a los niños más necesitados. África, Asia… El dinero recaudado sirve para construir escuelas, comprar medicinas, alimentos…

– Interesante…

– ¿Vendrás conmigo?

– ¡Claro, me encatará acompañarte! ¿Tendré que ir de gala?

– Me temo que si.

– ¡Genial! Tengo un armario lleno de vestidos esperando un buen momento para lucirse.

– ¡Perfecto! Esta noche te cuento un poco más sobre el tema. ¿Puedes dejarme en el hotel?

– ¡Claro, me pilla de paso! -Cojo mis cosas en el salón y me pongo los zapatos-. Estoy lista, cuando quieras.

Dejo a Víctor en la puerta del hotel con la promesa de llamarme más tarde. Acaba de irse y ya estoy echándole de menos…

Llego a la clínica con el tiempo justo de coger la carpeta con los informes en mi consulta y empezar con las rondas. Esta mañana, le doy el alta a tres pacientes y le hago las curas al chico de los injertos de la semana pasada. Aunque tardo aproximadamente una hora en hacer dichas curas, estoy satisfecha con el resultado. Todo va según lo previsto, de seguir así de bien, creo que podrá irse a casa a finales de semana. A la hora de la comida, mi jefe entra en la consulta, trae mala cara, así que auguro que no trae buenas noticias.

– Tengo que hablar contigo Alex. ¿Es un buen momento?

– Adelante. ¿Ocurre algo, Claudia está bien?

– Claudia está de reposo absoluto, el fin de semana ha tenido perdidas…

– ¡Vaya, lo siento! ¿Puedo hacer algo por ti? -Asiente.

– Me temo que no va a gustarte lo que voy a pedirte. -Lo miro extrañada-. No sé si recuerdas que este jueves empiezan las ponencias en la universidad de Valencia -¡Mierda, lo había olvidado!-, sabes que estoy invitado para hablar de los nuevos avances en la cirugía plástica, pero con Claudia en reposo no me gustaría irme y dejarla sola, me asusta que pueda pasarle algo… Necesito que vayas tu en mi lugar Alejandra.

– ¿Yo? ¡Joder Marco, no estoy preparada!

– Si que lo estás y lo sabes.

– ¿Cuándo tendría que irme?

– Tienes que estar allí el jueves a medio día. Harán una reunión en el hotel donde estaréis alojados para daros toda la información. Lo único que sé, es que tu, darás la charla el viernes por la mañana y el sábado a medio día. Tendrás que esperar a estar allí para saber el resto de las cosas. Ya sabes, recepciones, cenas…

– Está bien -acepto resignada-, si no hay más remedio tendré que ir. Pero que sepas que me has fastidiado una cena benéfica el viernes.

– Gracias Alex, sabía que podía contar contigo. Te debo una…

– Si, tranquilo. Ya encontraré el momento de cobrármela.

– Lo haré encantado.

Cuando Marco se va, me quedo de bajón en la consulta. ¡Joder, cuatro días separada de mi portento! No sé si podré soportarlo…

 

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