¿QUE PUEDE PASAR? Cap.27

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– Víctor… -Susurro- ¿Cómo sabías que estaba aquí?

– Te vi coger la cartera y pensé… Bueno, pensé que te ibas a casa. Te seguí con la intención de convencerte de que no lo hicieras… -Se sienta a mi lado.

– Solo necesitaba estar un rato a solas. Oye Víctor, lo de la otra noche…

– No digas nada Alejandra, escuché tu mensaje en el contestador.

– Estaba pidiéndote disculpas cuando apareciste en mi casa.

– Siento no haber querido escucharte aquella noche Alejandra. Normalmente soy un tío muy tranquilo, pero ese día, conseguiste sacarme de mis casillas por completo.

– Lo siento Víctor, lo siento muchísimo de verdad.

– Lo sé -acaricia mi mano inseguro-. Yo nunca te haría daño Alejandra, tienes que confiar en mi -se gira un poco para mirarme a los ojos-. ¿Lo harás?

– Lo haré.

-Gracias. Ahora me gustaría besarte, estoy deseando hacerlo desde que te vi y no creo que pueda aguantar mucho más.

Posa sus labios sobre los míos con delicadeza, rozándome el labio inferior con la lengua. ¡Joder como lo echaba de menos! Mi lengua y la suya se rozan, provocando calor en mis venas. Ambos profundizamos el beso, mi mano se posa en su nuca, y lo atraigo hacia mi. Me siento en su regazo, y sin separar mis labios de los suyos, intento deshacer el lazo de la pajarita, pero me resulta muy complicado y desisto. Él acaricia mis hombros, mi espalda, mis pechos… En el interior del baño, solo se oyen nuestras respiraciones agitadas y nuestros gemidos. Oímos abrirse la puerta del baño y volver a cerrarse, entonces nos quedamos quietos. ¡Joder, menuda pillada! Nos giramos hacia la puerta y no hay nadie. Volvemos a mirarnos y encogiéndonos de hombros estallamos en carcajadas. Víctor apoya su frente en la mía mientras nuestras respiraciones se ralentizan.

– Será mejor que dejemos esto para más tarde -suspira.

¡Hmm! ese más tarde suena muy prometedor… Nos ponemos en pie y nos adecentamos frente al espejo. Cuando estamos más o menos bien, salimos de allí, entrelazamos nuestros dedos y nos encaminamos a nuestra mesa. A medio camino alguien nos para, es un periodista y un fotógrafo.

– Disculpe señor Rivera, ¿Podría hacerle una foto?

– ¡Claro! ¿Por qué no? -Mi portento me pega a él.

– ¿Es su novia señor?

– ¡Lo es! -Dice mirándome a los ojos.

– ¿Cómo se llama?

– Alejandra. Alejandra Machado. -El chico nos hace la foto y dándonos las gracias nos deja seguir nuestro camino.

Al acercarme a la mesa, veo que Carla está pegada al teléfono, seguramente llamándome a mi. en cuanto me ve, me fulmina con la mirada.

– ¡¡Tú!! -Me grita- ¿Cómo te atreves a largarte sin decir nada? ¿De qué cojones vas?

– Carla, -Víctor intenta calmarla- Alejandra estaba en el baño, así que cálmate ¿vale?

– ¿Por qué no me dijiste que te acompañara? -Sigue enfadada.

– Porque estabas ocupada y porque soy mayorcita para ir al baño sola.

– Está bien, ¿Habéis solucionado lo vuestro? -Joder, ella siempre tan directa…

– ¿Tu qué crees? -Le digo levantando nuestras manos entrelazadas.

– Creo que habéis estado haciendo algo más que las paces -señala mi cabeza-. Podrías haberte peinado un poco antes de salir del baño…

– ¡Arpía! -Paso por su lado y la dejo detrás de mi escojonándose de risa.

– ¿Recuerdas cuando antes has dicho que darías lo que fuera por saber que estaba pensando? -Víctor asiente- Pues justamente, pensaba en eso -señalo a Carla-, en su reacción cuando se diera cuenta de que no estaba…

– Pues menudo chasco me acabo de llevar.

– ¿Por?

– Porque creí que era en mi en quien pensabas…

– No me diste tiempo, acababa de entrar… -Una chica de uniforme se acerca a nosotros, le susurra algo al oído a mi portento y se va.

– Nena, tienes que disculparme. Alguien pregunta por mi en la planta de abajo.

– Oh, no te preocupes, estaré por aquí.

– Bien, luego te veo. -Me da un beso y se va.

En cuanto me siento, todos me rodean… ¡Ay Dios! ¿Ya están borrachos? Me miran expectantes. ¡Joder, me están acojonando! ¿Qué leches les pasa?

– ¡Queeeee! -Les digo al ver que siguen mirándome sin decir nada-. ¿Tengo monos en la cara o qué?

– ¡Desembucha! -¿Cuánto ha bebido Estela? Se le traba la lengua al hablar mogollón.

– ¡Joder Alex, nos tienes en ascuas! Venga, cuéntanos que ha pasado entre el portento y tu…

– ¡Sois todos unos cotillas!

– Si sí lo que tu quieras, pero cuenta.

Me hace gracia verlos a todos pendientes de mi, si no les digo algo, no me dejarán en paz, así que empiezo a hablar. En cuanto les cuento lo que ha pasado, Jorge se gira hacia Jared y le dice que le debe cincuenta pavos, ¿Han estado haciendo apuestas sobre nosotros? ¡Menuda jeta tienen!

– ¿No ha habido polvo de reconciliación?

– ¡¡Carlaaaaa!! ¡Lo tuyo es increíble! ¿Podías cortarte un poco no? -La miro un pelín irritada.

– Vale si, tienes razón. Pero… ¿Ha habido polvo o no? -todos vuelven a estar pendientes de mi. ¡Joder!

– Casi, pero nos han pillado infraganti…

– ¿En serio? ¡Que fuerte!

– ¿Entonces no habéis tenido sexo?

– Ya te he dicho que no pesadita…

– ¡Mierda! -Se gira hacia Estela y esta le dice que suelte la pasta.

– ¿En serio habéis estado haciendo apuestas sobre nosotros? -No doy crédito.

– ¡Pues claro! -Contestan los cuatro.

– ¡Capullos! – ¡Que cabrones son, no me esperaba esto de ellos! Encima no dejan de reírse de mi.

Durante un buen rato, charlamos, bebemos, bailamos, bebemos, reímos, bebemos… Nos lo estamos pasando genial. A Víctor como está haciendo de buen anfitrión, apenas le veo. Aunque de tanto en tanto se acerca a mi y me da un beso de esos que enardece mis sentidos para luego volver a irse, pero no me importa. Es su trabajo y lo entiendo.

Sobre las cinco de la mañana, estela trae un pedal de la hostia, y Jared decide llevársela a casa antes de que entre en coma etílico. Carla y Jorge esperan media hora más y también se van. Pero no estoy sola mucho tiempo. Víctor aparece a mi lado y por primera vez en toda la noche, me saca a bailar. La canción nos viene que ni pintada, “Hoy tengo ganas de ti” versionada por ( Alejandro Fernández y Christina Aguilera ). Desde hace unas semanas, yo siempre tengo ganas de él. Mientras bailamos mi portento no deja de susurrarme en el oído…

– Estás preciosa, me muero por quitarte ese vestido y acariciar todo tu cuerpo. No veo el momento de sentirte, de estar dentro de ti, de saborearte… Tengo ganas de ti Alejandra…

La temperatura de mi cuerpo sube trecientos sesenta grados de golpe y jadeo al imaginar sus manos sobre mi piel, su boca sobre mis pechos, su cuerpo desnudo sobre el mío… ¡Joder que tortura! ¿Tendremos que quedarnos hasta que todo el mundo se vaya?

– Nos iremos enseguida -¿Cómo sabe lo que estoy pensando? ¿Cómo lo hace? -. Nena, tu cara es un libro abierto que yo sé leer a la perfección -¡Dios, a veces me asusta!

– ¿En serio? -Asiente-, pues no tenía ni idea…

En cuanto termina la canción, salimos de la pista cogidos de la mano. Nos acercamos a un grupo de tíos trajeados y Víctor le hace señas a uno para que se acerque.

– Ricardo, yo ya me voy, ocúpate de todo, si surge algún problema, no dudes en llamarme.

– Tranquilo Víctor, yo me ocupo. -Posa su mirada en Víctor y luego en mi.

– Ricardo, ella es Alejandra.

– Un placer Alejandra, he oído mucho hablar de ti. -¿En serio? ¿Mi portento habla de mi?

– Ricardo es mi amigo y mi mano derecha -me explica Víctor.

– Pues mucho gusto Ricardo -me acerco y le doy un par de besos-, espero que tu amigo te haya hablado bien de mi…

– No le quepa la menor duda.

– Por favor, no me trates de usted, me haces sentir más vieja de lo que soy -él asiente y Víctor tira de mi para volver a tenerme a su lado.

– No eres vieja, eres perfecta. -¡Ains, me lo como con la mirada!

Nos despedimos de Ricardo y nos vamos. En realidad tardamos más de media hora en estar fuera de la sala, todo el mudo para a Víctor para felicitarle por el éxito de la fiesta. Nos recoge un taxi en la puerta y mi portento le da la dirección del hotel.

Entramos en la habitación en silencio, él, se quita la chaqueta del esmoquin y la deja sobre el sillón, mete las manos en los bolsillos del pantalón y me mira. Yo, aún estoy junto a la puerta. De repente me siento tímida y miro al suelo, a mis zapatos. Oigo sus pasos amortiguados por la moqueta acercarse a mi, pone un dedo debajo de mi barbilla y me obliga a alzar la cabeza para mirarle.

– ¿Qué ocurre?

– Nada, es solo que…

– ¿Estás nerviosa?

– Si, un poco…

– Ven aquí… -Me rodea con sus brazos y yo apoyo la cabeza en su pecho.

Escucho los latidos de su corazón, pum pum, pum pum. Él también está nervioso. ¿Es así como se siente uno después de una discusión? No recuerdo como me sentía cuando discutía con Fernando, quizá porque no sentía nada. Abrazo a Víctor fuertemente, me moriría se lo perdiera, estoy totalmente enganchada a él, es mi adicción.

Sus manos suben y bajan por mi espalda despertando mi libido. Desabrocha lentamente mi vestido y lo deja caer al suelo. Una a una, me quita las horquillas que sujetan mi pelo, dejándolo suelto sobre mis hombros…

– Te he echado de menos. -Susurra con la voz cargada de deseo.

– Y yo a ti…

Nuestras bocas se unen, tiernas al principio, pero urgentes y anhelantes en cuestión de minutos. Nuestras lenguas se acarician, se exploran excitándonos, dejándonos sin aliento. Me coge en brazos y me lleva a la cama. Allí tumbada admiro la rapidez con la que se quita la ropa y se acuesta junto a mi. Acaricia mi cuerpo, todo mi cuerpo, desde la punta del pie hasta el último pelo de mi cabeza. Su lengua lame cada centímetro de mi piel, la siento caliente, abrasadora. Hunde un dedo en mi interior, gimo y me retuerzo, lo mueve dentro y fuera con pericia. ¡Dios, es una tortura exquisita! Sustituye su dedo por su boca que absorbe mi humedad, lamiendo con su lengua el centro de mi necesidad. Arqueo la espalda, alzando las caderas, pegándome más a su boca. Cuando estoy a punto de correrme se detiene, se coloca un preservativo y me penetra lentamente. ¡Joder, me va a dar algo! Entra y sale una y otra vez, marcando un ritmo muy sensual, tranquilo, mientras me besa con ternura, con adoración…

– Víctor… -Suplico.

Entiende mi mirada y entonces el ritmo cambia. Ahora sus embestidas son más fuertes, profundas. ¡Madre mía, lo siento venir! un par de empujones más y miles de estrellas de colores brillan ante mis ojos. ¡Joder, joder, joder! ¡Que intenso!

– ¡Joder Alex! -Mi portento gruñe, se corre y tiembla sobre mi cuerpo.

Con nuestros corazones latiendo más pausadamente, y nuestras respiraciones tranquilas, nos quedamos dormidos. Él protegiéndome con su abrazo. Yo, susurrándole en mi cabeza… Te quiero, te quiero, te quiero…

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