¿QUE PUEDE PASAR? Cap.25

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¿Qué he hecho? Acurrucada en el sofá lloro desconsoladamente, le he perdido. Le he perdido por culpa de mi estupidez y de mis paranoias. ¡No tengo remedio!

Te lo mereces por no saber controlar tus impulsos, por no saber mantener tu bocaza cerrada, por no saber mantener a tu cerebro a raya, -me digo a mi misma-. Has perdido la oportunidad de estar con un hombre que creía que eras el centro de su universo y que era el centro del tuyo.

Paso la noche reconcomiéndome por mi comportamiento y, sin parar de llorar. Sin ninguna duda es la peor noche de mi vida, y yo soy la única responsable de ello. Suena la alarma del despertador y la del móvil a la vez, anunciándome que ya es de día, que hay que despertarse, levantarse y funcionar. ¿Cómo voy a hacerlo? No puedo despertarme porque ni siquiera he dormido, no quiero levantarme, quiero quedarme aquí tirada rumiando en silencio mis problemas y no quiero funcionar, no tengo fuerzas para ello. decido llamar al trabajo para tomarme el día libre, pero entonces recuerdo que en hora y media tengo programada una operación muy importante que no puedo eludir. Ante todo sigo siendo una profesional.

Me ducho, y me seco el pelo delante del espejo. Cuando me miro en él, la evidencia de como he pasado la noche está ahí, en mi rostro, en mis ojos… Estos están tan hinchados que parezco un sapo. Un sapo horrible. Pero lo peor está por dentro, donde no se ve, donde me es imposible enmascararlo, porque ese dolor que siento, está tatuado en mi corazón. Me maquillo más de lo habitual, si aparezco con esta cara en la clínica, los pacientes saldrán corriendo. Yo también lo haría, si pudiera no pararía de correr. Igual que Forrest Gump en la película. Ahora mismo huiría de todo, pero así no se solucionan las cosas ¿Verdad? No, a mi no me han enseñado a huir, me han enseñado a enfrentarme a los problemas, a dar la cara. Y eso es lo que voy a hacer…

Lo primero que me encuentro al entrar en la clínica es a mi jefe, que está apoyado en el mostrador de la recepción hablando con el anestesista. Intento escabullirme pero no lo consigo.

– Alejandra, ¿Vienes de incógnito? -Señala mi atuendo.

Eso es lo que me gustaría -pienso- ir de incógnito y pasar inadvertida ante el resto del mundo.

– No -Contesto seca, espero que se de cuenta de que no tengo muchas ganas de hablar.

– ¿Se puede saber por qué llevas gafas de sol dentro de la clínica?

– No he pasado buena noche. -Decido ser sincera con él-. Y ya sabes que la cara es el espejo del alma.

– ¿Mal de amores?

– ¿Tan evidente es?

– Si, ¿Quieres hablar de ello? Podemos tomar un café.

– Gracias jefe pero no tengo tiempo, tengo que operar en cuarenta minutos y he de prepararme. Pero gracias.

– Si me necesitas, ya sabes donde encontrarme…

– Gracias Marco, estaré bien -me despido con la mano y me encamino a mi consulta.

La operación dura cuatro horas, y gracias a ella, consigo pasar ese tiempo sin pensar en mi portento y en nuestra situación, pero en cuanto pongo un pie fuera del quirófano, las imágenes de la noche anterior se suceden en mi mente una y otra vez sin descanso.

Tomo la comida en mi consulta. No quiero que mis compañeros me vean y me pregunten lo que resulta ser tan evidente. No quiero que nadie sienta lástima por mi. No me lo merezco, todo ha sido culpa mía. El resto del día lo paso como una autómata, como si fuera un robot bien programado. Me he prometido a mi misma que mañana será diferente, y así lo espero.

A pesar de que cuando llego a casa son las seis de la tarde, de que hace un sol de espatarrar y de que aún faltan unas horas para que se haga de noche, bajo todas las persianas de las ventanas y dejo mi casa a oscuras. Así está mi estado de ánimo, negro como la noche. Sería mucho esperar que mi portento me llamara ¿Verdad? Debería llamarlo yo y decirle cuento lo siento. ¿Habrá escuchado el mensaje que dejé ayer en su contestador? Supongo que si. Estaba disculpándome cuando él apareció hecho una furia, intenté hacerlo de nuevo cuando lo tenía allí, frente a mi, pero no quiso escucharme. ¿Qué debo hacer ahora? ¿Debo seguir mi vida como si nada, o debo intentar recuperarle? Tengo clara la respuesta. Le amo, le amo con todo mi corazón, por eso no puedo perderle. Él es mi media langosta, él me completa, y yo soy el centro de su universo así que, tengo que recuperarle como sea…

El sonido del teléfono me aparta de mis pensamientos, por un momento me pongo nerviosa pensando que pueda ser él, pero no lo es. Es Carla.

– Hola -contesto.

– Hola Alex, ¿Me habías llamado?

– Si, lo hice ayer. Quería saber que tal te había ido con Jorge.

– ¡Oh Alex, soy tan feliz! Jorge también está enamorado de mi. Al principio me resulto difícil confesarle mis sentimientos, pero me siento tan bien por haberlo hecho… ¡Vamos a intentarlo Alex! ¿Te lo puedes creer?

– Me alegro mucho por los dos Carla, hacéis muy buena pareja y vuestra relación será maravillosa. Estoy totalmente segura de ello.

– Gracias amiga. Oye, ¿Puedo saber por qué tu voz suena tan triste y apagada? Acabo de darte una noticia maravillosa, y sé que te alegras por nosotros, pero tu voz parece decir todo lo contrario…

– Lo siento, no era mi intención…

– ¿Qué sucede Alex?

– Víctor me ha dejado -reprimo un sollozo.

– ¡Joder Alex, lo siento! ¿Quieres contármelo?

– Te lo contaré, pero no ahora. Hoy no me siento con fuerzas…

– Te entiendo. Organizaré una cena de chicas para mañana, hace tiempo que no lo hacemos y nos vendrá bien.

– Te lo agradezca Carla, pero no, no me apetece nada…

– ¡Voy a hacerlo Alex, y vendrás! Entre cerveza y cerveza, me contarás porque ese capullo te ha dejado, y cuando lo hayamos puesto a parir, te sentirás mejor.

– Yo he tenido la culpa Carla, Víctor me ha dejado con razón.

– ¿Qué has hecho está vez?

– Soy demasiado impulsiva, ya lo sabes…

– Si, lo sé. -Se queda en silencio un rato-. Bueno, entonces vendrás y entre cerveza y cerveza me dirás que es lo que has hecho, te regañaré y luego te sentirás mejor.

– Está bien. -Acepto resignada. Diga lo que diga va a hacerlo de todas formas asi que…

– ¡Genial! Voy a llamar a Estela, luego te cuento.

– Vale, esperaré impaciente. -No puedo evitar ser sarcástica.

– Deja tu sarcasmo para otro momento Alex… Te quiero.

– y yo a ti. -Cuelgo el teléfono. Me vendrá bien una noche de chicas. Justo lo que necesito, amigas, alcohol y ¿Bacana?

Una vez que Carla me confirma la quedada de mañana, me tomo un ibuprofeno para el dolor de cabeza y me acuesto. Aún es de día, pero no me importa. Necesito cerrar los ojos he intentar olvidarme del mundo…

El viernes a media mañana, cuando estoy a punto de tomarme un descanso para un café, me avisan que en recepción han dejado algo para mi. Nerviosa y extrañada me acerco al mostrador, la chica que está allí me entrega un sobre plateado y muy llamativo. Lo guardo en el bolso de la bata y voy a la cafetería a por ese café que me mantendrá activa un par de horas más. La pasada noche, conseguí dormir del tirón tres horas, el resto, las pasé cavilando de que forma podía volver a acercarme a mi portento. Si hubiera sabido que él mismo me iba a brindar esa oportunidad en bandeja, no hubiera perdido tantas horas de sueño…

Pido el café para llevar y regreso a mi consulta. Con manos temblorosas, saco el sobre y lo abro. Es una preciosa invitación personal para la presentación del perfume, mañana a partir de las once de la noche. En la invitación, explica detalladamente en que consistirá el evento. Por lo que veo, mucha gente conocida del espectáculo estará presente. La invitación la firma el señor Víctor Rivera. ¡Vaya, tengo la oportunidad que buscaba en mis manos, dentro de un sobre color plata! La primera sonrisa no forzada aparece en mi rostro.

Cuando esa noche llego a “La Goleta” donde me están esperando mis amigas, lo hago nerviosa y emocionada, con muchas ganas de contarles las buenas nuevas.

Durante la cena, ninguna de ellas menciona el motivo que nos ha llevado a esta noche de chicas precipitada. Ambas esperan que sea yo la que saque el tema. Mientras tanto, hablamos de Carla y Jorge, y de Estela y Jared. Me encanta verlas tan felices, y aunque yo no me encuentro en mi mejor momento, me alegro mucho por lo bien que les van las cosas a ellas. Después de los postres y mientras esperamos por los cafés, decido que es el momento de contarles lo que ha pasado con mi portento.

– ¡Joder Alex! ¿Es qué no vas a aprender nunca? -Me regaña Carla.

– Carla, no te pases. Alex necesita nuestro apoyo, no que la regañemos.

– Gracias Estela, aunque Carla tiene razón. Siempre acabo metiendo la pata por culpa de mi forma de ser, debería aprender de mis errores, pero es evidente que no lo hago ¿No?

– ¿Tu como te sientes cielo? -Estela me mira preocupada.

Que diferentes son mis amigas, son como la noche y el día. Carla, como buena pelirroja que es, tiene un carácter fuerte, nunca se calla nada, sea bueno o malo ella lo suelta. Por eso chocamos tanto ella y yo, somos demasiado parecidas en nuestros caracteres. En cambio Estela tiene una personalidad dulce, tranquila. Emana calma por todos los poros de su piel. En los momentos difíciles como ahora, no querría estar sin ninguna de las dos. ¡Las adoro!

– Pues llevo dos días fatal -suspiro-, pero esta mañana -digo más animada- ha ocurrido algo que me da la oportunidad de disculparme con mi portento personalmente -saco el sobre de mi bolso y mis amigas se miran entre si y luego me miran a mi-. Esto, es una invitación para ir al evento de mañana -les digo abriendo el sobre.

– Lo sabemos -dicen las dos a la vez.

– ¿Cómo qué lo sabéis?

– Hemos recibido una invitación como esa esta mañana -confiesa Carla.

– ¡Vaya, eso es genial! -Estoy sorprendida de que Víctor se haya acordado de mis amigas- ¿Iréis verdad?

– ¿Tu iras? -asiento- ¡Pues entonces nosotras también! Solo nos lo perderíamos si tu decidieras no ir, pero como no es el caso… ¿Tu irás con Jorge Carla?

– Si claro, ¿Con quién iba a ir si no?

– Mi invitación no dice nada de ir acompañada, ¿La vuestra si? -Asienten- ¿Las tenéis ahí? -Vuelven a asentir- ¿Me dejáis verlas? -Estela me pasa la suya y comparo las dos invitaciones.

No tiene nada que ver una con la otra. La mía está pulcramente escrita a mano, con una caligrafía impecable. Las mariposas aletean en mi estómago al darme cuenta que mi portento ha escrito mi invitación personalmente, ahora entiendo porque en mi caso, no se requiere acompañante. Una chispa de esperanza, brilla en mi interior…

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