¿ QUE PUEDE PASAR? Cap.23

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Entro en el cuarto de baño y cierro la puerta. Apoyo las manos en el lavabo y me miro en el espejo. ¡Lo que siento por Víctor me abruma… ¡Joder, estoy locamente enamorada de él! Me acojona sentir lo que siento, es tan intenso… Si algún día me hace daño, me destrozará, estoy totalmente convencida de ello, pero no quiero pensar, estoy dispuesta a correr ese riesgo… Me lavo la cara y las manos. Después de echar una última ojeada al espejo regreso a la cocina.

Víctor está esperándome en el salón con todo dispuesto para la cena. ¿Cuánto tiempo he estado en el baño?

– Estaba pensando en ir a buscarte, -la preocupación sigue en la mirada de mi portento- ¿Va todo bien?

– Lo siento, estaba aseándome un poco y se me fue el santo al cielo. Estoy bien, -me tiende la mano- ya veo que has encontrado lo necesario para la cena…

– Si, no ha sido difícil, -sonríe- perdona mi atrevimiento por husmear en tu cocina, pero no quería molestarte mientras estabas en el baño.

– Estás en tu casa Víctor, puedes husmear todo lo que quieras…

– Ven, sentémonos.

Miro sorprendida la imagen que tengo ante mi. los cojines del sofá están colocados en el suelo, cerca de la mesita que tengo entre el mueble de la televisión y el sofá. Las velas que estaban en la estantería junto a la ventana, ahora están encendidas y colocadas estratégicamente por el salón. El fulgor de estas, alumbra la estancia haciendo que esa parte de mi casa parezca íntima y romántica. Nos sentamos sobre los cojines y él, como todo un caballero empieza a servir la cena. Empezamos con unos crujientes rollitos de primavera, después, por primera vez pruebo “Nant Tok” ( ensalada de carne a la plancha ) que por cierto está buenísima y por último, “Rod Thai” ( fideos tailandeses fritos ). Durante la cena hablamos de nuestro día, la conversación es tranquila y amena. Me siento súper a gusto con mi portento, parece que llevamos saliendo meses cuando en realidad apenas hace unas semanas que le conozco. Nunca creí que esto pudiera ser posible.

– ¿Qué tal la comida con tu amiga?

– Bien, muy reveladora…

– ¿Y eso?

– La última vez que hablé con ella, me quedé preocupada. Sabía que algo le rondaba por la cabeza, pero no imaginé que fuera lo que me contó hoy…

– ¿Puedo saber qué es?

– Si, supongo que a Carla no le importará que te lo cuente. -Cojo la copa de vino y apoyo la espalda en la parte baja del sofá-. Resulta que mi amiga tiene un “Follamigo”, se llama Jorge. -Abreviando un poco le cuento a Víctor la historia.

– ¿Y llevan mucho tiempo siendo follamigos?

– Si, bastante. Se conocieron en la facultad de periodismo y desde entonces, mantienen esa relación “especial”.

– Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena.

– Cierto. Carla iba a llamarlo esta tarde para hablarle de sus sentimientos.

– ¿Crees qué él siente lo mismo por ella?

– Si.

– Estás muy segura de ello…

– Lo estoy. Cuando están juntos lo noto. Él la mira de una manera que… no sé como explicártelo, si los vieras juntos lo entenderías. Lo que no me explico es como Carla no lo ha visto en todo este tiempo.

– ¿Y de qué forma la mira él?

– Pues como si ella fuera su mundo, el centro de su universo.

– Yo te miro así y tu no pareces darte cuenta…

– ¡Tu no me miras así!

– Lo hago.

Le miro. Lo que acaba de decir me deja sin palabras. Me está diciendo que yo soy su mundo…

– No sé que decir…

– No hace falta que digas nada.

Estiro la mano y le toco la cara. Paso mis dedos por su frente, su mejilla, sus labios… Me siento en su regazo. Él no se mueve, solo me mira. Y lo veo, veo en su mirada que yo soy el centro de su universo. ¿A donde miraba yo para no darme cuenta de ello?. Siento lo mismo que él, pero mis miedos no me dejas ser sincera, es demasiado pronto. ¿No? dejo apoyar la cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello…

– Víctor, eres lo mejor que me ha pasado en la vida -susurro- no tengo ni idea que pasará con nosotros pero…

– No pienses Alejandra. -Me da un beso en la frente y yo me acurruco entre sus brazos. Ahí es donde quiero quedarme para siempre.

Permanecemos durante largo tiempo así, abrazados, sintiendo el latir de nuestros corazones, sintiendo el calor de nuestros cuerpos. Inhalo el aroma de su piel, empapándome de su olor. Huele muy bien, una mezcla de after shave y one million de “Paco Rabanne”. Reconozco el perfume porque es el que yo le compraba a Fernando. No tardaré mucho en quedarme dormida, me pesan los párpados… Si me muevo ahora romperé este contacto tan especial y no quiero hacerlo. Creo que mi portento también está a punto de dormirse, lo noto en su respiración, es tranquila y relajada. El sonido del teléfono nos sobresalta a ambos. ¿Quién coño se atreve a romper nuestro momento mágico?

Víctor saca su móvil del bolsillo de atrás de sus vaqueros, mira la pantalla extrañado y contesta… Veo como la expresión de su cara va cambiando. Definitivamente, han jodido nuestro momento…

– ¡Te dije que hoy estaría ocupado, que nada de llamadas! -Está molesto, muy molesto-. La cita era mañana, me da igual…

Me pongo en pie y voy retirando los restos de la cena a la cocina. Sigo escuchando la conversación. Aunque solo le oigo hablar a él… ¿Quién podrá ser? Debe de ser algo importante para llamar a estas horas, son más de las doce de la noche.

– Está bien, dile que ahora mismo voy. -Víctor cuelga y entra en la cocina- Lo siento nena, ha surgido algo y tengo que irme. -Me mira con pesar.

– ¿Quién era?

– El relaciones públicas de Bacana, este sábado hay una fiesta en la sala para presentar un perfume. Por lo visto ha habido un mal entendido con la persona encargada de ello…

– ¿Y te llaman a ti? -Esto es muy extraño…

– Si. -Contesta poniéndose la camiseta. Como veo que no tiene intención de decir nada más y quiero saber de que va esto, insisto.

– Porque… -¡Vamos joder, dime porque te llaman a ti!

– Me llaman a mi porque soy el dueño. ¿Satisfecha?

– Perdona, creo que no te he entendido bien. ¿Eres el dueño del perfume que se va a presentar?

– No. Soy el dueño de la sala. -Me mira evaluando mi reacción.

– ¿Qué? ¿Desde cuándo?

– Oye nena, ahora no puedo explicártelo…

– ¡No puedes soltarme algo así y largarte sin más Víctor!

– ¿Hay algún problema porque sea el dueño de Bacana?

– Supongo que no pero…

– Pues entonces, mañana te lo contaré. Ahora tengo que irme. -Enmarca mi cara con sus manos y me mira-, ni se te ocurra pensar cosas raras ¿Entendido? -Asiento- ¿Quieres qué te llama cuando termine?

– No, probablemente estaré dormida. Vete y haz lo que tengas que hacer, mañana hablamos.

– ¿Seguro?

– Si, ve.

– Gracias preciosa. -Le acompaño hasta la puerta-. De veras que lo siento Alex… -Me da un breve beso en los labios y se va.

Me quedo unos instantes mirando la puerta, estoy molesta. ¿Por qué tengo qué enterarme de sus cosas a cuenta gotas? No es que vaya a cambiar nada en nuestra relación porque sea el dueño de la sala más frecuentada por todo el mundo este verano, es solo que tengo la sensación que si no se hubiese producido esa llamada, yo seguiría ignorando ese dato importante de su vida.

En lugar de irme a la cama y descansar, decido poner en orden el salón y la cocina. Devuelvo los cojines a su sitio y dejo el suelo despejado. Meto la botella de vino en la nevera y de un trago me bebo lo que queda en mi copa, tirarlo sería un desperdicio… Cuando todo está en su sitio, apago las luces y me voy a la cama, estoy muerta de sueño, pero no sé si podré pegar ojo.

Acostada, sigo dándole vueltas a la cabeza, no puedo evitarlo. Ojalá tuviésemos un botoncito en la sien para que pudiésemos desconectar nuestro cerebro cuando estamos agotados de tanto usarlo inútilmente. Intento pensar en otras cosas, como por ejemplo mi agenda laboral para estos días. Mañana miércoles no tengo programado nada importante, a no ser que entre alguna emergencia. En cambio el jueves, si que será un día ajetreado. A primera hora tengo una operación un tanto complicada. Un injerto capilar y facial. Un chico joven con toda la vida por delante gracias a que los bomberos pudieron rescatarlo de un aparatoso accidente de tráfico, donde después de chocar contra un camión su coche se puso arder quemándose así la parte izquierda de su cabeza. Ahora, después de dos años, está preparado para que le operemos y pueda volver a mirarse en el espejo sin sentir repulsión. Me pesan los párpados, repasar mi agenda está surtiendo efecto. Quizá pueda dormir después de todo…

A la mañana siguiente, a pesar de haber pasado la mitad de la noche en vela me levanto bien. Mi cuerpo debe de estar habituándose a las pocas horas de sueño, sino, no me lo explico. Las horas en la clínica pasan lentamente, no dejo de pensar en mi portento. Esta mañana al levantarme y mirar el móvil tenía un mensaje suyo de las dos de la madrugada. Decía que estaba en su habitación y que el problema que lo había llevado a irse de mi casa tan inesperadamente se había solucionado. Que me llamaría. Pero ya ha pasado la hora de la comida y todavía no he escuchado su voz. Estaba resultando ser un día tedioso y muy largo. Para mi suerte, las dos últimas citas de la tarde, fueron canceladas y pude irme a casa más temprano de lo habitual.

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