¿QUE PUEDE PASAR? Cap.20

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Para a un taxi que oportunamente pasa a nuestro lado, le da la dirección y sin ningún tipo de pudor, empezamos con los preliminares en la parte de atrás. Besos ardientes, caricias por encima de la ropa, jadeos silenciados por más besos… La temperatura sube, sube, y sube sin que el conductor pueda remediarlo, y así, sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino.

– Ejem… -Dice el taxista- ¡Hemos llegado!

Riéndonos sin tapujos, Víctor paga y nos bajamos, no sin antes pedir perdón por nuestros toqueteos en el interior del taxi.

– ¿Vives en el hotel Andalucía plaza? -Estoy estupefacta.

– Si, ¿Te sorprende qué viva aquí?

– Pues, la verdad es que si. Pensé que vivirías en un hotel más modesto. Este es uno de los mejores hoteles que hay en Marbella…

– Lo sé, por eso vivo en el…

– Bueno, imaginé que al trabajar de mantenimiento en “Santa Margarita” pues… ya sabes, con tu sueldo vivirías en otro tipo de hotel, no en este.

– ¿Qué yo trabajaba de qué?

– En el mantenimiento de la… -Las carcajadas de mi portento no me dejan terminar la explicación. El muy cabrón se dobla de la risa-. ¿Te estás riendo de mi? -Intenta hablar pero la risa se lo impide. ¡Me están dando unas ganas tremendas de darle una patada en la espinilla, a ver si así le corto el rollo! En el tercer intento, por fín consigue articular palabra.

– Nunca he trabajado como chico de mantenimiento, es una profesión muy respetable pero yo, no me dedico a eso. ¿Qué te hizo pensar que trabajaba en la urbanización?

– Pues no se… Te vi saliendo de la oficina de mantenimiento con cajas, también te vi en una de las terrazas y siempre estabas por allí pululando asi que…

– ¡Oh si, recuerdo el día de la terraza…! -Su comentario hace que yo también lo recuerde… fué el día que me vió desnuda… ¡Trágame tierra!

– Si no trabajabas allí… -Digo incómoda por la mención del episodio de la terraza- ¿Qué hacías?

– Bueno, alguien me comento que había apratamentos en venta y que podría interesarme…

– Entonces, ¿A qué te dedicas? -Hoy debe de ser mi día de suerte, mi portento está muy comunicativo. Eso o es que ha bebido más de la cuenta.

– Soy inversor…

– ¿Inversor? -Asiente- ¿Y qué haces exactamente? -Tan centrada voy en la conversación que no me doy cuenta de que estamos parados en la puerta de la habitación de mi portento hasta que este saca la tarjetita para abrirla.

– Pues invierto en cosas, algunas las vuelvo a vender y otras me las quedo. También invierto en negocios…

– ¿Cómo por ejemplo?

-¿Te patece una copa de vino? ¿Un chupito de ron?

– Una copa de vino está bien.

Mientras Víctor va al mueble bar a preparar las copas, yo admiro la habitación. Es sencilla, con los muebles muy modernos y funcionales. Todo está decorado en tonos de gris y blanco, me gusta. Transmite paz y tranquilidad. Me acerco a la ventana… ¡Joder, menudas vistas! Víctor se me acerca por detrás y me pone una copa de vino blanco en la mano.

– ¿Brindamos? -Me giro, le miro a los ojos y asiento.

– Por nosotros -dice alzando su copa-. Porque esta historia solo tenga un final, ¡Vivieron felices y comieron perdices…!

Uno mi copa a la suya, ¡Chin, chin! Ahora es cuando mi mente resetea… ¡Ay Dios! ¿Qué ha querido decir con ese brindis? ¡No estará pensando en…! ¡Nooo Imposible!

– Víctor, ¿Te puedo hacer una pregunta?

– Adelante…

– ¿Desde cuándo tu y yo somos novios? Creo que me he perdido ese punto de la historia…

– Pues veras… -Se acerca a mi lentamente, me quita la copa de las manos, la deposita encima de la mesa que hay junto a la ventana y vuelve a colocarse a mi espalda-. Creo que oficialmente desde hoy -Me quita la americána y la deja caer al suelo. Yo estoy hipnotizada o idiotizada más bien.

– ¿Pero no crees…? -Siento su lengua cálida recorriendo mi cuello…

– ¿Decías?

– Decía que… -Cojo aire cuando noto sus manos acariciando mis pechos. Ya ni siquiera sé lo que quería decir…

Algo mucho más placentero ocupa mi mente. Mi portento cambia de posición. Ahora está delente de mi, y con dedos expertos desabrocha mi camisa botón a botón, muy despacio. Mientras me va dando besos aquí y allá. En los labios, en la mejilla, en la nariz, otra vez en los labios… Me pone tan cachonda que le arracaría la ropa, le tiraría encima de la cama y me lo follaría hasta la mañana siguiente, pero no voy a hacerlo. Voy a tomármelo con calma, saborear cada caricia, cada beso, empaparme de él y de su cuerpo.

Mi camisa cae a mis pies, al lado de la americana. El sujetador sigue el mismo camino que el resto de mis prendas. Las manos de Víctor ahora están en mis pechos, jugando con mis pezones. Su lengua húmeda y caliente desciende por mi cuello hasta quitarle el puesto a sus dedos. Muerde uno de mis pezones y un ¡Oh Dios mío! escapa de mi garganta en un gemido. Su boca desciende hasta llegar a mi ombligo. Mi portento se arrodilla en el suelo y desabrocha mis pantalones. Los baja lentamente por mis piernas junto con mis bragas. Sus manos vuelven a ascender y se quedan en mi trasero.

Por mis venas ya no corre sangre, ahora es pura lava volcánica, que me quema, que me arde… Siento su respiración ahí, entre mis piernas. ¡Oh Señor…! Me acaricia lo que yo llamo el botón del placer. Lo atrapa con sus dientes y tira de él muy despacio. Poso mis manos en su cabeza, aprentándome un poco más contra su boca, animándolo a continuar. Su lengua me lame con pericia, con dedicación… Las piernas me flaquean por el inmenso placer que siento, ¡Madre mía…! Su lengua explora cada rincón de esa zona, penetrando en mi interior, haciéndome gemir sin control y retorciéndome sin ningún pudor.

Víctor se separa y tira de mi, caigo de rodillas a su lado y me apodero de su boca, lamiéndolo y jugueteando con sus labios mientras el sigue acariciándome. Se quita los vaqueros, la camiseta y el boxer en cero coma, y allí en el suelo, seguimos con nuestra danza sexual. Le observo mientras se coloca un preservativo. ¡Joder, es tan perfecto…! su cuerpo, su cara, su todo… Vuelve a ponerse encima de mi. Succiona mis pezones mientras sepera mis piernas y se hace un hueco ahí, entre ellas. Me mira a los ojos y muy lentamente me penetra, llenando mi interior. Entra y sale de mi muy despacio, sin apartar la vista de mi.

– Por favor Víctor… -Le suplico.

Él obedece a mi súplica y marca un ritmo más duro, más primitivo, como a mi gusta. Con cada embestida suya, me acerco más a ese momento maravilloso en que mis pies se retuercen y yo quedo ligera como una pluma. ¡Oh si… Estoy cerca, muy cerca…! Una, dos, tres estocadas más y como decía “Luz Casal en una de sus canciones”, toco el cielo con las manos pronunciando el nombre de mi portento en un ronco quejido de placer. Al segundo es él el que se deja ir, desplomándose sobre mi y aplastándome con el peso de su cuerpo. Entre jadeos poscoitales, me siento la mujer más feliz y satisfecha de la tierra. Víctor hace ademán de moverse, pero no se lo permito, lo abrazo fuerte para que se quede ahí, sobre mi, sintiéndolo mío por completo…

– Princesa… -Me susurra- sólo será un segundo, tengo que ir al baño a quitarme esto… -Lo dejo ir a regañadientes.

Cuando regresa, me toma en sus brazos y me acuesta en la cama, se pone a mi lado y nos cubre a ambos con la fina sábana. Tumbado de lado, me observa y me acaricia el muslo. Tengo los ojos cerrados, pero soy consciente de su mirada sobre mi. ¿Alguna vez voy a dejar de sentir ese cosquilleo que recorre mi espina dorsal cuando él esta cerca? Lo dudo mucho. Abro los ojos y le miro, tiene el pelo revuelto por los tirones que le he dado cuando jugaba con su lengua en mi interior. ¡Dios… Amo a mi portente del sexo!

Al cabo de media hora más o menos, mi mente y mi cuerpo vuelven a la realidad, debo irme a casa… Me levanto muy despacio, Víctor está dormido y no quiero despertarle. Cuando consigo sacar las piernas de la cama y sentarme, él me coge por la cintura y vuelve a tumbarme a su lado.

– ¿A dónde vas? -Susurra en mi oído.

– Debo ir a casa Víctor…

– ¿Por qué?

– Mañana tengo que ir a trabajar, todas mis cosas entán allí…

– No te vayas… Quédate conmigo por favor…

– No puedo…

Abrazada a él, noto como su bandera se iza de nuevo, anunciándome que está listo y dispuesto para un segundo asalto. En realidad, no quiero marcharme, quiero y deseo ese nuevo combate que me ofrece… Mientras una de sus manos acaricia mi pelo, la otra traza circulos en mi vientre. Me giro, y sin mediar palabra nuestra danza sexual empieza de nuevo.

Esta vez, hacemos el amor, si, el amor. Nada de polvos morbosos en el suelo ni en sitios públicos como estamos acostumbrados. Mi portento se toma su tiempo, se deleita con mi cuerpo y yo con el suyo. nos disfrutamos sin prisas pero sin pausa, saboreando el momento, acomplándonos de una manera única y especial…

Abrazada a él medio adormilada,soy consciente por primera vez desde que estoy en esa habitación, que suena música de fondo. ¿En que momento Víctor puso música? No tengo ni la menor idea… Cuando está cerca de mi, consigue que me olvide de todo excepto de él. Enroscada en mi portento y escuchando la preciosa voz de “Bruno Mars”, caigo en un profundo sueño…

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