¿QUE PUEDE PASAR? Cap.19

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– Hola preciosa… -Me da un beso tierno en los labios.

– Hola… -Le abrazo y al instante desaparece toda la mierda de esta tarde. Él causa ese efecto sobre mi. Me tranquiliza.

– ¿Qué ocurre?

– Nada importante, despues te cuento… ¿A dónde vamos?

– Hay un restaurante el puerto de comida típica puertoriqueña. He pensado que quizá te gustaría probarla. ¿Qué me dices?

– ¡Fantástico! Me encanta probar cosas nuevas.

– Pues entonces vámonos. -Me tiende la mano.

– ¿No vamos en moto?

– No, no me gusta conducir si bebo algo, hoy me apetece compartir contigo un chupito del buen licor de mi tierra.

Cogidos de la mano caminamos hacia la parada de taxi, pero no hay ninguno. Esperamos un rato y al final Víctor tiene que llamar a la centralita para que nos envíen uno. No han pasado ni cinco minutos de su llamada cuando aparece nuestro taxi. Mi portento le da la dirección al taxista y nos relajamos en la parte de atrás.

– ¿Quieres contarme que tal te ha ido el día? -Me pregunta.

– Bien, mucho trabajo. Gracias a ello me han pasado las horas volando. Tenía muchas ganas de verte y darte personalmente las gracias por tu regalo. Asi que gracias… -Me acerco a él y acaricio sus labios con la lengua muy despacio. Tiro de su labio inferior e introduzco mi lengua en su boca buscando la humedad de la suya. Ambos gemimos, el beso nos pone cardíacos.

– ¡Joder Alex…! Si sigues besándome así no llegaremos al restaurante. -Víctor se coloca el pantalón en la entrepierna para disimular el bulto que empieza a marcarse en esa zona. Me mira con deseo… – A no ser que pasemos de la cena y vayamos al hotel… -Susurra provocativamente.

– ¿Vives en un hotel? -Pregunto sorprendida. Él asiente- ¿Por qué?

– No será por mucho tiempo… -Me responde-. No has contestado a mi propuesta…

– ¿Cual?

– La de pasar por alto la cena e irnos al hotel…

– ¡Oh no señorito! Usted y yo, nos vamos a cenar, nada de sexo. Por ahora.

– ¡Mmmm, ese por ahora suena muy prometedor!

Llegamos al restaurante, nunca había estado aquí. Ni siquiera había reparado en él. Se llama ” Puerto Rico vida Rica “. Me enamoro de aquel ricón desconocido para mi hasta ahora en el mismo instante que cruzo la puerta. El color rojo de las paredes, contrasta con el blanco de las mesas y el azul de los cubiertos que está, sobre estas. Los tres colores de la bandera de Puerto Rico. Un jóven con una sonrisa encantadora se acerca a nosotros y saluda a Víctor.

– Buenas noches señor Rivera, es un placer tenerlo de nuevo por aquí.

– Gracias Anselmo, el placer es mío. La señorita es Alejandra, mi novia. Alejandra, él es Anselmo, el dueño de este rinconcito de Puerto Rico.

Estrechamos nuestras manos y el joven nos acompaña a nuestra mesa. Estoy tan sorprendida por la presentación de mi portento que me he quedado muda. ¿Su novia? ¿Desde cuándo? No es que no me guste la idea pero… ¿No es algo que deberíamos haber hablado primero? ¡Uf Alejandra… No sigas por ese camino que acabarás jodiendo la cena! Déjate llevar…

La mesa en la que nos han acomodado, está en un rincón del restaurante, frente a un gran ventanal que da al mar. Todo lo que me rodea, es absolutamente precioso. Me fijo en los demas comensales, en los manjares que están sobre sus mesas. Todo se ve delicioso y me asombra el colorido de los alimentos. Me siento feliz de que Víctor me haya traido aquí, de que quiera enseñarme algo de su cultura. Este acto arroja algo de luz a nuestra relación, permitiéndome conocer un poquito más de él. Mi portento me obseva mientras yo no pierdo detalle de todo lo que me rodea.

– Estás muy callada, ¿No te gusta?

– Perdón… -Musito- Estaba absorta admirando todo esto. ¡Me encanta Víctor, es precioso! Gracias por traerme aquí, es perfecto.

– ¿Entonces te gusta?

– Si, ¡Me encanta!

– Me alegro, tenía miedo que no fuera de tu agrado.

– Pues lo es -le digo convencida.

Anselmo se acerca dejándonos las cartas de los menús y un par de cócteles encima de la mesa. Víctor me explica que son “Papajac”, elaborados con fruta de la pasión y agua ardiente de caña. Algo muy típico en Puerto Rico. Lo pruebo. Me gusta su sabor, aunque no estoy acostumbrada a beber aguardiente, la mezcla de este con el dulzor de la fruta es exquisito.

– ¡Uau, está delicioso! -Le digo dándole otro sorbo a la bebida.

– Bebe despacio, el aguardiente se sube muy rápido a la cabeza -sonríe-. ¿Qué te apetece comer?

– Oh, no tengo ni idea… Te dejo a ti que elijas, tú eres el experto.

– ¡Perfecto! -sin mirar la carta llama a Anselmo para que nos tome nota. No tengo ni idea de lo que le pide, pero estoy totalmente segura de que me sorprenderá.

– ¿Quieres contarme ahora lo que te ha sucedido hoy? -Me acaricia los nudillos con el dedo pulgar.

– ¿A qué te refieres?

– Cuando llegue a buscarte me diste un abrazo diferente… Te pregunté si pasaba algo y me contestaste que más tarde me contarías. ¿Te apetece hacerlo ahora?

– Ah, no me acordaba. No sé como lo haces, pero consigues que me olvide de todo…

– Interesante… Lo tendré en cuenta… -Me guiña un ojo- Venga, cuéntame.

– Está bien, si insistes… -Me encojo de hombros- Resulta que han comprado el ático que está frente al mío. El nuevo propietario ha decidido hacer reformas y esta tarde cuando he llegado del trabajo todo estaba hecho un desastre. Tendrías que haberlo visto, el vestíbulo y demas parecían un campo de batalla. Cuando quise entrar en mi casa no pude, los marcos de las puertas del otro piso, estaban todas apoyadas en la mía y me impedían el paso, asi que tuve que decirles a los mamones aquellos cuatro cosas para que quitaran aquello de allí. -Víctor me mira muy serio-. ¡Pillé un cabreo monumental! Uno de los tíos se puso un poco gallito y no tuve más remedio que enseñarle los dientes.

– ¿Cómo es eso de que se puso gallito? ¡Explícamelo!

– Hizo algún comentario respecto a mi.

– ¿Cómo cual? -Me dice enfadado.

– Eh… Me llamo gatita, fiera o algo así. No lo recuerdo exactamente. Lo que si puedo decirte, es logró sacarme de mis casillas por completo.

– ¿Qué hiciste?

– Oh, nada… Me planté delante de él y le amenacé con arrancarle las pelotas y hacerme unos pendientes con ellas si volvía a decir algo sobre mi persona. -Mi portento suelta una carcajada-. A los cinco minutos estaban quitando de mi puerta toda aquella mierda. -Sonrío satisfecha.

– ¿En serio dijiste eso?

– Si, puedo ser muy peleona cuando me lo propongo.

Víctor se ríe con ganas, tanto que hasta se le saltan las lágrimas. Anselmo aparece con el primer plato de nuestra mesa cortando las carcajadas de Víctor.

– Lo siento mucho -me dice Víctor en cuanto Anselmo se retira.

– No lo sientas, tú no tienes la culpa. La culpa es del propietario por contartar a esos ineptos mamones.

– Lo se…

– Cuando tu llegaste a buscarme, estaba dándole al señor Rodríguez un queja formal, para que se la hiciera llegar al propietario, para que sepa que clase de gentuza contrata.

– Has hecho lo correcto. Seguro que el propietario tomará cartas en el asunto.

– ¡Eso espero! Dejemos el tama, estoy muerta de hambre… -Miro el plato que Anselmo ha dejado encima de la mesa y la boca se me hace agua.

– ¡Pues vamos allá!

– ¿Esto qué es? -Pregunto cogiendo un par de rollitos y sirviéndolos en mi plato.

– Son “Alcapurrias”, rollitos hechos con masa de plátano y rellenos de cangrejo. También puedes rellenarlos de carne. ¡Venga, pruébalos! -Lo hago.

– ¡Madre mía Víctor están buenísimos!

– ¿Te gustan?

– ¡Muchísimo!

Devoramos las “Alcapurrias” y espero ansiosa el siguiente plato que Anselmo no tarda en traer. La siguiente exquisitez es “Pernil”, pata de cerdo asada, por lo que me cuenta Víctor muy típica en la fisestas navideñas. Lleva naranja, mandarina y un montón de especias. ¡Está buenísimo! Difruto como una enana de cada bocado. De postre tomamos “Tembleque”, una especie de natillas hechas con coco y canela. ¡Mmm Delicioso! Por último Anselmo nos trae unos cafés y un par de chupitos de ron añejo. Según mi portento un buen digestivo…

Salimos del restaurante con el estómago lleno y algo achispados por el ron y el aguardiente. A mi portento se le ve relajado, feliz. Yo también me siento así. Ha sido una velada perfecta, he disfrutado mucho de la cena y de la compañía de Víctor. No tengo ni idea de a donde nos dirigimos, solo sé que vamos caminando tranquilamente con nuestros dedos entrelazados.

– ¿Quieres que llamemos un taxi para llevarte a casa, o prefieres que vayamos dando un paseo?

No me apetece irme a casa, no quiero que la noche termine, quiero estar con el…

– No quiero ir a casa Víctor… -Él Me mira sin entender.

– ¿Te apetece que tomemos una copa primero? -Niego con la cabeza.

– Quiero ir contigo, al hotel. -Me sonrojo por mi atrevimiento.

– ¿Estás segura? -Asiento- ¡Tus deseos son órdenes para mi princesa…!

Baja su cabeza y nuestros labios se encuentran, acaricia con su lengua el contorno de estos y luego invade mi boca llenándome de deseo. Suelto sus manos y me aprieto contra él acariciando su nuca. No somos conscientes del espectáculo que debemos de estar dando, allí parados en medio de la calle, restregándonos sin recato hasta que un grupo de chavales nos grita:

– ¡¡Eh iros a un hotel!! -Nos separamos con las respiraciones agitadas…

– Creo que esos chicos tienen razón -carraspea Víctor para aclararse la voz-, ¡Vámonos!

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5 comentarios en “¿QUE PUEDE PASAR? Cap.19

  1. Shayle Sayago

    Nuevamente excelente..este capítulo vuelve a dejarnos con la curiosidad y la intriga hacia la publicación del próximo capítulo…
    Ayer ya extrañaba que no publicaras…pero hoy amanecio en Venezuela…y me encuentro con la agradable sorpresa de la publicación por Google+.

    Gracias…éxitos en esta nueva semana. Mil bendiciones…

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