¿QUE PUEDE PASAR? Cap.18

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A la hora de la comida hablo con mi amiga Carla. Como es habitual en ella, me atosiga a peguntas. ¿Qué ha pasado con Víctor? ¿Has hablado con él? ¿Os habéis enfadado? ¿Por eso te fuiste a Benalmadena? ¡Como se nota que trabaja para un periódico! Aunque tambien podría pasar por un agente del FBI. Le contesto a todas y cada una de sus interrogantes. Por supuesto, ella no pierde detalle de cada palabra que sale de mi boca. ¡Ella es así, que le vamos a hacer…!

– ¿Y dices qué te lo encontraste en la entrada de la urbanización cuándo volvías de correr?

– Si, la verdad que no esperaba verle…

– ¿Y qué te dijo?

– Pues… me pidió perdón. Ya sabes… Me dijo que estaba muy arrepentido de su comportamiento.

– ¿Y qué hiciste? ¿Le perdonaste?

– ¡Pues claro que le perdone! Todos cometemos errores…

– ¿Por qué te fuiste entonces a Benalmadena? No lo entiendo, si ya habíais hecho las paces…

– Porque necesitaba estar sola Carla, necesitaba pensar y aclarar mi cabeza… -Cuando se pone en este plan me agota.

– ¿Has vuelto a verle desde entonces? -Pongo los ojos en blanco y contesto resignada.

– Si, ayer estuvimos juntos. Fuimos al cine, vimos una peli y luego me llevo a casa. ¿Algo más, cotilla?

– ¿Ups lo siento nena! Sabes que cuando me propongo algo no hay quien me pare… ¡Estaba preocuda Alex!

– ¡Si claro! Gracias por tu preocupación. -Le digo con sorna- ¿Sabes algo de Estela?

– No, está desaparecida. Parece que esta vez, cupido dió con la flecha adecuada…

– Eso parece… ¿Y tú qué? ¿Me quieres contar qué paso con Flavio?

– ¡Uf! Ahora no puedo contarte, tengo que ir a una reunión. Pero necesito contarte algo y saber tu opinión al respecto. ¿Quedamos esta noche y te cuento?

– ¡Menuda cara tienes! Me llamas y me acosas a preguntas con la disculpa de que estas preocupada, y ahora que soy yo la que pregunta, ¿Me sales con qué tienes una reunión? No puedo quedar esta noche, tengo planes. ¿Me vas a dejar con las ganas de saber lo qué paso?

– Ahora no puedo Alex, en serio. Además quiero contarte esto personalmente… ¿Comemos juntas mañana? Por cierto, ¿Qué planes son esos?

– Vaya, que pena. Tienes demasiada prisa para que te de detalles. -Sonrió- Comemos mañana y hablamos.

– ¡Touché! ¡Te recojo en la clínica a eso de las dos! ¿Te parece?

– De acuerdo…

– ¡Entonces hasta mañana Alex. ¡Te quiero!

– Yo también te quiero Carla. Hasta mañana.

Cuelgo el teléfono con una sensación rara en la boca del estómago. Mi amiga no está bien, algo ronda por esa cabecita suya y me preocupa. ¿Qué me he perdido estos días? ¿Tendrá qué ver con el italiano? Por más que pienso, no consigo imaginar lo que puede ser. ¡Es tan raro que ella esté así…! Y eso de que quiere saber mi opinión me descoloca aún más… ¡En fin, no me queda otra que esperar a mañana para saber! Otra llamada me saca de mis cavilaciones. Esta vez es Víctor el que llama.

– Buenas tardes preciosa, ¿Puedes hablar?

– ¡Hola! -Digo entusiasmada. ¡Es que escucho su voz y brinco de alegría!

– ¿Cómo va el día?

– Viento en popa y a toda vela. ¿Y el tuyo?

– Demasiado tranquilo. Con muchas ganas de que llegue la noche para verte.

– Yo tambien tengo ganas de verte.

– ¿En serio?

– Si.

– ¿Te parece bien que quedemos a las ocho y media?

– Si, por mi perfecto.

– Entonces, te recojo a esa hora en la urbanización. No te entretengo más…

– Vale, nos vemos esta noche. Víctor, gracias otra vez por la orquídea, es preciosa.

– De nada preciosa. Ya sabes lo que dicen… ¡Una flor para otra flor!

– Gracias… -Ante este último comentario me sonrojo. No estoy acostumbrada a que me digan cosas tan bonitas-. Te veo luego Víctor.

– Hasta luego princesa. -Colgamos.

¡Madre mía! ¡Me encantan los piropos de mi portento! ¿Por qué a mi no me saldrá decir cosas tan bonitas? Porque soy más seca que Bob esponja tomando el sol -me contesto a mi misma-. O porque nunca has estado realmente enamorada, esta también es otra posibilidad… Como siempre suspirando, recojo el tuper de la comida y me dirijo a las habitaciones para hacer mi ronda de curaciones y valoraciones.

A las seis en punto salgo de la clínica dirección a casa. Estoy nerviosa por la cita de esta noche. ¿Qué me tendrá preparado Víctor? Con él, nunca sé a que atenerme… El vestíbulo de la entrada, está lleno de porquería. Trozos de escayola, cemento, molduras de ventanas… ¡Joder menudo desastre! La puerta de la oficina de mantenimiento está abierta y escucho al señor Rodríguez echarle la bronca a alguien sobre el aspecto tan deplorable que tiene la entrada. Escucho claramente como dice que es una vergüenza que los demas propietarios tengan que verlo así. Que deben ser más cuidadosos con las zonas comunes. Dicho esto último, sale por la puerta seguido por dos jovenes. Los tres se me quedan mirando, yo disimulo y abro el buzón. Me han pillado de pleno cotilleando… ¡Trágama tierra!

– No podrá usar el ascensor señorita. ¡Estos animales -me dice el señor Roduiguez señalando a los muchachos- lo han dejado que da pena! -Los susodichos ni se inmutan.

– No pasa nada -le sonrío con amabilidad- subiré andando.

– Tenga cuidado niña. Puede encontrarse cualquier resto por las escaleras…

– ¿Quien está de obras Rodríguez? -Pregunto curiosa.

– Es en el ático niña. El que está frente al suyo. Al final no lo han alquilado, lo han comprado. El nuevo propietario quiere restaurarlo por completo. ¡Por eso todo está hecho un desastre!

– ¿Durarán mucho las obras?

– Segun tengo entendido, unas cuatro o cinco semanas, pero ya sabe como es esto, puede demorarse algún tiempo más.

– Paciencia Rodriguez… Paciencia. -Me despido de él y subo las escaleras.

Pobre señor Rodriguez, me da penilla de él. Con lo exigente que es el hombre con su trabajo y le ha tocado lidiar con estos… Imagino que el encargado de la obra, contratará personal de limpieza una vez termine, porque sino, me compadezco del pobre hombre.

Llego arriba y me dan ganas de ponerme a gritar. ¿Pero qué coño es esto? Los marcos de unas puertas están apoyados de mala manera en mi puerta inpidiéndome la entrada a mi própia casa. ¡Estoy que me subo por las paredes! ¿De qué coño va esta gente? Como la puerta del otro ático está abierta, entro para decirles cuatro cosas. El caos que hay dentro, es mucho peor que todo lo que me he encontrado hasta ahora. Tres tipos están destrozando las paredes con una maza. Ninguno se da cuenta de mi presencia hasta que les grito.

– ¡¡Eh vosotros!! -Se giran los tres y se me quedan mirando- ¡¡Quitad ahora mismo toda la mierda que está apoyada en mi puerta!! ¡¡No puedo entrar en mi casa!! ¿De qué cojones vais? ¿Os creeis que todo es vuestro o qué?

– Tranquilízate encanto -me dice uno de ellos-, en un momento lo hacemos.

– ¿Me estás vacilando? ¡¡Aparta esa mierda de mi puerta ahora mismo!! ¡¡Os doy cinco minutos!! ¿Os queda claro? -Salgo de allí seguida por esos tres gilipollas.

Mientras hacen lo que les he dicho, uno de ellos el más gallito les dice a los otros dos…

– Vaya con la gatita, menuda fiera… -Se ríen burlándose de mi, eso hace que mi ira aumente.

– ¡¡Eh payaso!! -Le grito al tipo poniéndome delante de él con las manos apoyadas en las caderas-. ¡¡La próxima vez que vuelvas a decir algo sobre mi, te arranco las pelotas y me hago unos pendientes con ellas!! ¿Te queda claro? -Él asiente- ¡¡Ahora déjame entrar en mi casa gilipollas!!

Estoy que trino, al final estos mamones han conseguido fastidiar mi buen día. Apenas tengo tiempo para prepararme para la cita con mi portento, asi que despues de una ducha rápida me pongo unos tejanos y la camisa fucsia. Zapatos azul marino y americana tambien en marino. Por si acaso nos movemos en moto, es preferible que lleve pantalones. mientras termino de arreglarme, no paro de darle vueltas a las obras de enfrente. El nuevo propietario recibirá una queja formal por mi parte, no puedo consentir que la empresa encargada de las obras destroce mis cosas y me quede tan tranquila. No soy una vecina toca pelotas, pero viendo lo visto esta vez no puedo quedarme de brazos cruzados.

Sin perder un minuto más, redacto mi queja. La leo y satisfecha con el resultado la meto en un sobre. Cojo mis cosas y bajo para entregársela al señor Rodríguez, él sabrá hacérsela llegar al propietario. También podría dejarla en el buzón pero, por si las moscas prefiero que se la entreguen en mano. Encuentro al pobre hombre saliendo por la puerta. Le doy el sobre y le explico lo que me ha pasado esta tarde al subir a casa. Se indigna al escuchar lo sucedido y, muy amablemente me dice que se hará cargo personalmente de que mi queja llegue a su destinatario. Le estoy dando las gracias por su amabilidad cuando veo aparecer a Víctor, me despido del señor Rodríguez y voy a su encuentro…

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