¿QUE PUEDE PASAR? Cap.17

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En silencio entramos en el cine. A los diez minutos de estar sentados en nuestras butacas, se levanta y me dice que se va a por palomitas y unas bebidas, asiento y mientras baja la escalera me quedo absorta mirando su trasero, ¡Dios, es que está para comérselo enterito!

No creo que pueda prestar mucha atención a la película, Víctor resulta ser una poderosa distracción, sobre todo para mis sentidos. Intento concentrarme al máximo en las imágenes que se desarrollan en la pantalla, pero el constante roce de nuestros muslos hace que sea imposible. Cuando Víctor apoya una mano en mi rodilla, contengo la respiración y lo miro de reojo, luego miro a nuestro alrededor. Hay demasiada gente, no creo que se atreva a pasar de ahí, si lo hiciera, estaría perdida y los dos serímos portada de los periódicos al día siguiente por pervertidos. Su mano sube un poco más y sus dedos trazan círculos en mi muslo. Nos miramos, en sus ojos puedo ver claras sus inteciones, pero no puedo permitirle continuar. Le digo que no con la cabeza, lo que hace que mi portento se aproxime más a mi y pegue sus labios en mi oreja…

– ¿No quieres jugar? -Me susurra…

-¡No!

– Eres una cobarde…

Su lengua juega con el lóbulo de mi oreja, pasa a mi cuello y desde allí, va dejando un reguero de besos hasta mi hombro. Gimo involuntariamente, cierro los ojos para no ver, sólo quiero sentir… Para mi frustración, mi conciencia se niega a dejarlo seguir, muy a mi pesar me veo en la obligación de no dejar que continúe abrasándome con su lengua. Nunca me han detenido por exhibicionista y no quiero que esta sea la primera vez. Haciendo de tripas corazón, apoyo mi mano en su pecho y lo empujo un poco para que se aparte, él se detiene, mira a mis ojos y luego a mi boca…

– ¡No, por favor Víctor… no sigas!

– Alejandra… Lo estás deseando…

– ¿Estás loco? ¡Estó está lleno de gente!

– ¡Claro que estoy loco, pero por ti! ¡La gente me da igual!

– ¡Pero a mi no Víctor! ¡O lo dejas o me largo! -Le digo convincente.

– ¡Está bien, por esta vez tú ganas!

– Gracias…

– Todavía no me des las gracias, no puedo prometerte que no vuelva a intentarlo otra vez. ¡Eres una tentación muy grande cariño…! -Me guiña un ojo y con una sonrisa en esos labios tan sensuales se gira y contempla la pantalla como si no hubiera pasado nada.

Los noventa minutos que dura la película, son los más largos de toda mi vida. Mi cuerpo me traiciona anhelando las caricias de Víctor. El muy cabrón lo sabe y no ha vuelto a ponerme un dedo encima -suspiro-. Cinco minutos más dejándolo hacer a sus anchas y no hubiera duda ni un segundo en follármelo aquí mismo. La única satisfacción que me llevo, es no haberlo dejado salirse con la suya. ¡Estoy más cachonda que nunca pero… Ole por mi! Tengo la menta tan activa por el calentón que hasta me sofoco. Ni siquiera había reparado en la mirada escrutadora de mi portento…

– ¿Estás bien? -Pregunta divertido.

-¡Perfectamente!

– ¡¡JA!! ¡Mentirosa!

– ¡ Y tú gilipollas!

Me levanto con tanto brío, que se me engancha el pie en la chaqueta que tengo en el suelo, lo que provoca que me caiga de rodillas a los pies de Víctor… ¡Joder que patosa soy! ¡¡Qué vergüenza!!

– ¿Tan ansiosa estás que te postras a mis pies?

– ¡¡Vete a la mierda!! -Le espeto furiosa.

Riéndose de mi descaradamente, se agacha para ayudarme a ponerme en pie. Cuando me mira, bajo la cabeza, estoy colorada como un tomate. ¡No podía haberme caído en otro momento no, que va, tenía que ser precisamente ahora!

– ¿Te has hecho daño? -Me pregunta coneniendo una carcajada. Lo miro enfurruñada y paso de contestarle-. ¡Perdona por haberme reído de ti…!

– ¡¡Si claro!! ¡¡Como si lo sintieras de verdad!!

Me coge de las muñecas y tira de mi. Quedemos uno frente al otro, pecho contra pecho. Posa sus manos en mi cintura y me insta a que lo mire. Lo hago. Lentamente baja su cabeza y posa sus labios y los míos, un leve y fugaz contanto que hace que toda mi mala leche se esfume.

– ¡Vámonos, o acabaré follandote en esa butaca…!

Oir su voz cargada de deseo me pone a mil, pero me controlo al ver las miraditas que nos lanza la gente al pasar por nuestro lado. La fresca brisa de la noche acaricia mi piel ardiente dejándola a temperatura ambiente, ahí dentro hacía demasiado calor. A pesar del aire acondicionado, yo, ¡Me estaba achicharrando!

Durante el corto trayecto del complejo a donde está aparcada la moto de Víctor, ninguno de los dos abre la boca. Cuando llegamos, mi portento me pasa su cazadora por los hombros y me ayuda a ponérmela.

– No quiero que te enfríes… -Me explica ante mi mirada interrogativa.

-¿Y tú?

– Yo estaré bien, para serte sincero… ¡No me vendra mal pasar algo de frío!

Sonríe, si, se a lo que se refiere. A mi me pasa exactamente lo mismo. ¡Los dos estamos calientes que una fragua!

El olor que desprende la cazadora de Víctor impregna mis fosas nasales, un ligero toque a perfume mezclado con el olor a cuero de su cazadora, ¡Mmm es tan masculino…! Arropada por el calor de su cuerpo pegado a mi pecho y por calor que desprende su cazadora, nos ponemos en marcha. Realizamos el camino de regreso muy rápido, para ser domingo, apenas hay tráfico y eso facilita la circulación en la carretera. Parados frente a la entrada de la urbanización, me quito la cazadora y se la entrego a Víctor.

– Gracias… -La timidez vuelve a hacer acto de presencia en mi. ¿Pero se puede saber qué me pasa?

– Gracias a ti por pasar este rato conmigo…

– Ha sido un placer Víctor.

– ¡Oh créeme, si no hubieras sido una cobarde…!

– ¡¡Cállate!! ¡No lo jodas con tus comentarios! -Le digo dando media vuelta para irme.

– ¿No vas a darme un besito de despedida?

– ¡¡Ni de coña!! -Le saco la lengua traviesa y me voy. El sonido de sus carcajadas desde el exterior, hacen que yo tambien suba riéndome en el ascensor.

Acostada en mi cama y con todo listo para el trabajo del día siguiente, dejo que mi mente se recree en el momento cine. Me doy cuenta de que mi portento consigue encenderme con solo respirar. Sus besos y sus caricias son tan vívidos en mi cabeza, que vuelvo a ponerme cachonda. Por primera vez en toda mi existencia, meto la mano por dentro del pijama y de las bragas y me masturbo pensando en él.

A la mañana siguiente cuando me subo en el coche para ir a trabajar, me siento pletórica, llena de vida. Hoy es un día de esos que nada ni nadie podrá chafarme. Hoy, despues de mucho tiempo… ¡Me siento feliz! Mi estado de felicidad se intensifica cuando entro en mi consulta y veo una preciosa orquídea encima de mi mesa. Al imaginarme quien me la envía sonrío y cojo el sobrecito que está junto a ella. Lo leo.

– “Buenos días preciosa. Espero que anoche consiguieras conciliar el sueño. Yo, no he podido dejar de pensar en ti. ¡Eres una mujer increible! ¡¡Gracias por existir!! Que tengas un buen día. V”.

¡Oh señor! ¿No es para comerselo? Tendría que ser ciega, sorda y muy tonta para no enamorarme de él. ¡Ay Víctor, si supieras que he dormido como una marmota gracias a ti y a mi imaginación…! Rebusco en mi bolso hasta que doy con el móvil. Le envío un wuas.

– “¡¡Buenos diás bombón!! Muchas gracias por la orquídea, es preciosa. Que sepas que he dormido como un bebe. Hablamos. Bss”.

Al minuto, tengo una respuesta de Víctor. Aunque voy justa de tiempo para empezar la consulta, la curiosidad me mata y lo leo.

– “¿Bombón?, ¡Tú si que eres un bombón! Una delicia para los cinco sentidos. ¿Te apetece cenar hoy? ¡Estoy ansioso por volver a verte!”

Miro la pantalla embobada, enchochada o como lo queráis llamar. Cuando me dice estás cosas tan bonitas, todo mi ser se derrite. Le contesto.

– “Más tarde hablamos, he de empezar con la consulta. ¡Ya voy con retraso! Bss”.

– “Ok, perdona no quería entretenerte. Luego te llamo. Bss.”

Coloco las cosas en el perchero y como toda una profesional, me pongo manos a la obra. A media mañana y viendo que no tengo otro paciente hasta las doce y media, me tomo un descanso. voy hasta la cafería de la clínica y me tomo un café y un pincho vegetal. Cuando estoy a punto de levantarme para volver a mis quehaceres, veo entrar a mi jefe por la puerta, pedir algo en la barra y acercarse a mi mesa.

– ¿Puedo? -Me dice señalando una silla.

– ¡Adelante, estás en tu casa! -Le sonrío-. Tienes mala cara Marco, ¿Te encuentras bien?

– Si, solo estoy un poco cansado. Ayer estuve en urgencias con Claudia hasta las cuatro de la madrugada.

– ¿En urgencias? ¿Y eso? Espero que no fuera nada importante…

– Bueno… Al principio pensamos que se trataba de un virus estomacal, porque durante dos días no paraba de vomitar pero, ayer cuando salía de la ducha, se puso fatal… Muy mareada, casi hasta el punto de perder el conocimiento. Nos asustamos muchísimo y decidimos ir al médico.

– ¿Y qué os han dicho? ¿Qué es lo que tiene? -La preocupación se refleja en mi rostro.

– Pues… -me mira asustado- ¡Estamos embarazados!

– ¡Oh Marco, eso es maravilloso! ¡¡Felicidades!!

– Gracias. Pero no quiero hacerme ilusiones, ya sabes que Claudia tuvo tres abortos y sinceramente… ¡Estamos acojonados!

– ¡Tranquilízate hombre! Ya verás que está vez será diferente. ¡Todo saldrá bien!

– ¡Ojalá tengas razón! No sé si seríamos capeces de volver a pasar por todo eso otra vez. ¡Lo deseamos tanto y llevamos tanto tiempo intentándolo que a veces me desespero!

– Seguro que está vez es la buena. ¡Ya lo verás! -Me levanto y le doy una cariñoso abrazo tratando de infundirle tranquilidad- ¡Seréis unos padres fabulosos!

– ¡Gracias Alejandra! Eres un amor.

Después de que mi jefe se haya desahogado un poco, ambos nos dirigimos a nuestras consultas para seguir con la tarea. Espero de corazón que está vez lo consigan, nunca en mi vida he visto a dos personas que ansiaran tanto ser padres como a ellos dos. Además, los palos tan tremendos que se llevaron con los otros embarazos, lo mal que estuvo Claudia… Pobre, no quiero ni imaginar lo que le estará pasando por la cabeza…

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