¿QUE PUEDE PASAR? Cap.24

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En el aparcamiento subterráneo de la urbanización, me encuentro con el señor Rodríguez que en cuanto me ve, se dirige a mi.

– Buenas tardes señorita Machado -me saluda-, que suerte que la veo, justamente quería hablar con usted.

– Dígame señor Rodríguez, ¿Pasa algo?

– El nuevo propietario ya ha visto su queja señorita.

– ¿Ah si? -Asiente- ¿Ha dicho algo?

– Ha escrito una nota para usted, la tengo arriba, quería dársela yo personalmente, por eso quería verla.

– ¿Y no ha dicho nada de nada?

– No, lo único que puedo decirle es que ha despedido a la empresa que había contratado para hacer las obras.

– ¿Qué? ¿Los ha despedido?

– Si señorita. El caso es que ya los había despedido antes de que le entregara su queja.

– Vaya, pues no sé que decir…

– Si le parece, la acompaño al vestíbulo y le entrego la nota que el propietario dejó para usted.

– Si, vayamos. siento curiosidad por saber que pone esa nota.

Junto con el señor Rodríguez subo al vestíbulo, allí me entrega un sobre que pone mi nombre. Con él en las manos subo a casa. Ansiosa por saber lo que pone lo abro en cuanto entro por la puerta.

– ” Señorita Alejandra Machado, siento muchísimo las molestias que hayan podido ocasionarle las reformas del ático. Por lo que me dice en su nota, no parece que haya contratado a la mejor empresa para encargarse de ello, por eso mismo, he tomado cartas en el asunto y lo he solucionado sin dilación. Por supuesto cualquier daño que haya sufrido la entrada a su casa será reparada por la nueva empresa. Espero que este percance no impida que seamos buenos vecinos y nos llevemos bien. Mis más sinceras disculpas”. Tu nuevo vecino.

¿Mi nuevo vecino? ¿Así se firman ahora las notas? ¿Nada de nombre ni de apellidos? Pues me he quedado como estaba, sentía curiosidad por saber su nombre… ¿Así qué has despedido a la empresa? En realidad, no era mi intención que hiciera tal cosa, solo quería que supiera que no estaban haciendo las cosas bien. Ahora me siento mal por ser tan impulsiva…

Dejo la nota encima del aparador de la entrada y voy a la habitación a ponerme cómoda. En vista de que mi portento todavía no me ha llamado, decido plantar el trasero en el sofá y ver un poco la televisión. No tardo en quedarme dormida. Para cuando me despierto son más de las seis y Víctor sigue sin dar señales de vida. ¿Por qué no me habrá llamado todavía? Quiero pensar que está tan liado con su trabajo que no ha tenido ni tiempo para enviarme un wuas. Si, estoy molesta. Necesito hacer algo o mi cabeza empezará a hacer de las suyas y no habrá manera de pararla. Veamos que puedo hacer… Doy vueltas por casa sin saber a que dedicar el tiempo, miro el reloj, ayer al final no pude hablar con Carla y no sé que pasó con Jorge, supongo que ya habrá salido del trabajo, así que la llamo. Pero nada, no coge el teléfono.

Va pasando el tiempo y yo sigo sentada en el sofá sin hacer nada, mirando el teléfono cada cinco minutos. Como si al hacerlo fuera a sonar o algo así. Soy patética, parezco una adolescente. Me doy una ducha y repaso el historial del paciente al que tengo que operar mañana a primera hora. Todo está perfecto, nada que destacar. A las nueve y media, ceno los restos de la comida tailandesa de ayer, preparo lo necesario para mañana y vuelvo al sofá. ¡Joder, mi cabreo va en aumento cuando veo en el reloj que son más de las diez y que mi portento sigue sin dar señales de vida. Cada vez estoy más convencida de que está tratando de evitar la conversación que teníamos pendiente. Pensar eso me enfurece aún más. ¿Y si lo llamo yo? No, eso sería una estupidez. Ahora mismo sería capaz de decirle algo de lo que luego me arrepintiera. No, si él no llama, yo tampoco voy a hacerlo.

Llevo diez minutos metida en mi cama mirando el techo cuando suena el teléfono. Es mi portento, dejo que suene, no estoy segura que precisamente ahora sea buen momento para hablar con él. Me conozco demasiado bien, por eso mismo decido no contestar a esa llamada. Pero el teléfono suena, suena y suena una y otra vez insistentemente, así que respiro hondo y descuelgo.

– Hola preciosa, ¿Estabas dormida?

– No. -contesto seca. La línea se queda en silencio unos segundos.

– ¿Estás bien? -Pregunta con cautela.

– ¿Y por qué no iba a estarlo?

– Pues no sé, dímelo tu.

– No tengo nada que decirte. -La mala hostia acumulada durante el día empuja con fuerza para salir a flote, intento contenerla.

– ¿En serio? Permíteme que lo dude… -Cuelgo el teléfono, lo hago porque no quiero liarla. soy muy impulsiva y no controlo nada bien mi mal genio. pero el dichoso aparato vuelve a sonar incansablemente-. ¡¡Que!! -Contesto.

– Alejandra, ¿Vas a contarme qué cojones te pasa?

– ¡¡Oye, llevas todo el puñetero día sin dar señales de vida, discúlpame por no querer hablar contigo en este momento, pero no me apetece nada hacerlo!! ¿Vale? -Ya está, ya ha salido la fiera sin poder evitarlo.

– Nena, no pude llamarte…

– ¿No pudiste o no quisiste Víctor? ¿Estás tratando de evitar la conversación que ayer quedó pendiente? -Silencio- ¿Lo ves? ¿Estoy en lo cierto verdad?

– Alejandra, estás haciendo que pierda la paciencia. Ayer te dije que no pensaras cosas raras y no me has hecho caso…

– ¡Que te den Víctor! -Vuelvo a colgar. Esta vez el teléfono no vuelve a sonar.

Conociéndome como me conozco, probablemente dentro de media hora estaré arrepentida de lo que acabo de hacer. Primero por mi actitud y segundo por no dejarle explicarme el motivo que lo ha mantenido ocupado todo el día para no ponerse en contacto conmigo. ¡Joder, soy una inmadura total!

Llevo un rato sentada en la cama con el teléfono en la mano pensando que hacer. ¿Debería llamarle y pedirle disculpas? Si, eso sería lo correcto. Va a pensar que estoy loca… Y tendré que darle la razón porque he actuado como tal. Inspiro hondo varias veces reuniendo el valor para hacerlo. Lo hago. Salta el buzón de voz. ¿Qué hago, le dejo un mensaje? Si, mejor eso que nada.

– “Víctor, soy yo. Seguramente seas tu el que ahora no quiera hablar conmigo, pero verás… Solo quería disculparme… -Suena el timbre de la puerta. Lo ignoro-. De veras que… -Otra vez vuelve a sonar el timbre, repetidamente. ¿Quién cojones será?- ¿Po… Podrías llamarme? Alguien está llamando a la puerta y tengo que colgar, -con el móvil pegado a la oreja voy a ver quien es…”

– ¿Qué haces aquí? Te, te, te estaba dejando un mensaje en el contestador, -Le digo señalando el teléfono. Mi portento entra como un huracán a punto de arrasar con todo.

– ¿Qué que hago aquí? ¿Me preguntas qué hago aquí? ¿Tu qué crees Alejandra?

– No lo se… Pensé… -No me sale la voz y carraspeo varias veces.

– ¡¡Ese es tu problema!! -Me señala con el dedo- ¡¡Piensas demasiado!! -Joder, nunca lo había visto tan cabreado.

– Lo siento yo…

– ¿Qué lo sientes? ¡¡Deberías de pensar antes de abrir la puta boca Alejandra!! ¡¡He dejado tirado en un restaurante al patrocinador del evento del fin de semana!! ¿Y por qué? ¡¡Pues porque a mi novia le ha dado por pensar que evito una puta conversación!!

– ¡Nadie te ha pedido que vinieras!

– ¡¡No, por supuesto que no!! ¡¡Pero aquí estoy, así que sentémonos y tengamos esa puta conversación!!

– ¡No, así no! estás muy cabreado y te entiendo, pero no quiero hablar contigo en ese estado. ¡Lo siento!

– ¡¡Me has colgado el teléfono gritándome que me den Alejandra!! ¡¡Eso es lo que más me ha enfurecido!! ¿Qué me den? -Grita- ¡¡Siéntate de una puta vez!!

– ¡No! -Estoy asustada y no pienso sentarme.

– ¡¡Entonces hablemos de pie!!

– No pienso escucharte Víctor -me tapo las orejas con las manos, una actitud bastante infantil por mi parte. En dos zancadas se pone frente a mi. Con fuerza sujeta mis manos pegándomelas a los costados.

– ¡¡Vas a escucharme lo quieras o no!! -Nos miramos intensamente, él con rabia y yo retadora. No me gusta sentirme amenazada, y mucho menos en mi propia casa.

– Llevo en España cinco meses -dice- cuando llegué alguien me propuso alquilar ese bajo y abrir un local de música latina, es algo que nunca me había planteado, pero me gustan los retos y accedí. No alquilé el local, lo compré y puse en marcha el proyecto. Como resultado nació Bacana, -hace una pausa y me suelta las manos, tiene todo mi atención-. En un principio no te lo dije porque entre tu y yo no había nada, solo eras un polvo en el baño de una discoteca -oír eso me duele-. ¿Por qué iba a airear mi vida con alguien que apenas conocía? Pero después fui conociéndote y mis sentimientos cambiaron. Pasé de sentir atracción física a algo más profundo, algo que jamás he sentido por nadie -su mirada se suaviza un poco- Pero tu, eras reticente a estar conmigo y ahora sé el motivo. Te resistías porque creías que yo era el tío de mantenimiento que trabajaba en tu urbanización y eso para ti era caer muy bajo. ¿Cierto? -Esto último también me ha dolido, aunque está en lo cierto-. A pesar de todas tus dudas y de esas chorradas del que dirán que tanto os preocupan a las mujeres, cambiaste tu actitud conmigo y me diste una oportunidad. No te dije que era el dueño de Bacana porque después de creer que era un don nadie, quería que te acostumbraras al hecho de que no lo soy. Conociéndote, sabía que tendría dudas al respecto y temía tu reacción. Y como ves… no me he equivocado en absoluto. Tu reacción ha sido inmadura e infantil. No confías en mi Alejandra y eso me duele profundamente.

– ¿Cuándo ibas a decírmelo?

– Tenía pensado contártelo este fin de semana, cuando te propusiera que fueras al evento conmigo como mi pareja.

– Bueno, pues ahora ya lo sé -intento sonreír pero es inútil.

– Si, ahora ya lo sabes, ya puedes dormir tranquila. -Me dice con desdén.

– Siento mucho que haya sido de esta manera. -Le digo avergonzada y arrepentida.

– Yo también. -Camina hacia la puerta.

– Víctor por favor… -No quiero que se vaya, no de esta manera- ¿Podrías dejarme al menos…? -Me mira.

– No Alejandra, estoy muy cabreado contigo. No tiene ningún sentido que me quede. Adiós.

Se va y yo me quedo en la puerta rogando en silencio que se arrepienta y vuelva. Pero no lo hace…

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¿ QUE PUEDE PASAR? Cap.23

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Entro en el cuarto de baño y cierro la puerta. Apoyo las manos en el lavabo y me miro en el espejo. ¡Lo que siento por Víctor me abruma… ¡Joder, estoy locamente enamorada de él! Me acojona sentir lo que siento, es tan intenso… Si algún día me hace daño, me destrozará, estoy totalmente convencida de ello, pero no quiero pensar, estoy dispuesta a correr ese riesgo… Me lavo la cara y las manos. Después de echar una última ojeada al espejo regreso a la cocina.

Víctor está esperándome en el salón con todo dispuesto para la cena. ¿Cuánto tiempo he estado en el baño?

– Estaba pensando en ir a buscarte, -la preocupación sigue en la mirada de mi portento- ¿Va todo bien?

– Lo siento, estaba aseándome un poco y se me fue el santo al cielo. Estoy bien, -me tiende la mano- ya veo que has encontrado lo necesario para la cena…

– Si, no ha sido difícil, -sonríe- perdona mi atrevimiento por husmear en tu cocina, pero no quería molestarte mientras estabas en el baño.

– Estás en tu casa Víctor, puedes husmear todo lo que quieras…

– Ven, sentémonos.

Miro sorprendida la imagen que tengo ante mi. los cojines del sofá están colocados en el suelo, cerca de la mesita que tengo entre el mueble de la televisión y el sofá. Las velas que estaban en la estantería junto a la ventana, ahora están encendidas y colocadas estratégicamente por el salón. El fulgor de estas, alumbra la estancia haciendo que esa parte de mi casa parezca íntima y romántica. Nos sentamos sobre los cojines y él, como todo un caballero empieza a servir la cena. Empezamos con unos crujientes rollitos de primavera, después, por primera vez pruebo “Nant Tok” ( ensalada de carne a la plancha ) que por cierto está buenísima y por último, “Rod Thai” ( fideos tailandeses fritos ). Durante la cena hablamos de nuestro día, la conversación es tranquila y amena. Me siento súper a gusto con mi portento, parece que llevamos saliendo meses cuando en realidad apenas hace unas semanas que le conozco. Nunca creí que esto pudiera ser posible.

– ¿Qué tal la comida con tu amiga?

– Bien, muy reveladora…

– ¿Y eso?

– La última vez que hablé con ella, me quedé preocupada. Sabía que algo le rondaba por la cabeza, pero no imaginé que fuera lo que me contó hoy…

– ¿Puedo saber qué es?

– Si, supongo que a Carla no le importará que te lo cuente. -Cojo la copa de vino y apoyo la espalda en la parte baja del sofá-. Resulta que mi amiga tiene un “Follamigo”, se llama Jorge. -Abreviando un poco le cuento a Víctor la historia.

– ¿Y llevan mucho tiempo siendo follamigos?

– Si, bastante. Se conocieron en la facultad de periodismo y desde entonces, mantienen esa relación “especial”.

– Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena.

– Cierto. Carla iba a llamarlo esta tarde para hablarle de sus sentimientos.

– ¿Crees qué él siente lo mismo por ella?

– Si.

– Estás muy segura de ello…

– Lo estoy. Cuando están juntos lo noto. Él la mira de una manera que… no sé como explicártelo, si los vieras juntos lo entenderías. Lo que no me explico es como Carla no lo ha visto en todo este tiempo.

– ¿Y de qué forma la mira él?

– Pues como si ella fuera su mundo, el centro de su universo.

– Yo te miro así y tu no pareces darte cuenta…

– ¡Tu no me miras así!

– Lo hago.

Le miro. Lo que acaba de decir me deja sin palabras. Me está diciendo que yo soy su mundo…

– No sé que decir…

– No hace falta que digas nada.

Estiro la mano y le toco la cara. Paso mis dedos por su frente, su mejilla, sus labios… Me siento en su regazo. Él no se mueve, solo me mira. Y lo veo, veo en su mirada que yo soy el centro de su universo. ¿A donde miraba yo para no darme cuenta de ello?. Siento lo mismo que él, pero mis miedos no me dejas ser sincera, es demasiado pronto. ¿No? dejo apoyar la cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello…

– Víctor, eres lo mejor que me ha pasado en la vida -susurro- no tengo ni idea que pasará con nosotros pero…

– No pienses Alejandra. -Me da un beso en la frente y yo me acurruco entre sus brazos. Ahí es donde quiero quedarme para siempre.

Permanecemos durante largo tiempo así, abrazados, sintiendo el latir de nuestros corazones, sintiendo el calor de nuestros cuerpos. Inhalo el aroma de su piel, empapándome de su olor. Huele muy bien, una mezcla de after shave y one million de “Paco Rabanne”. Reconozco el perfume porque es el que yo le compraba a Fernando. No tardaré mucho en quedarme dormida, me pesan los párpados… Si me muevo ahora romperé este contacto tan especial y no quiero hacerlo. Creo que mi portento también está a punto de dormirse, lo noto en su respiración, es tranquila y relajada. El sonido del teléfono nos sobresalta a ambos. ¿Quién coño se atreve a romper nuestro momento mágico?

Víctor saca su móvil del bolsillo de atrás de sus vaqueros, mira la pantalla extrañado y contesta… Veo como la expresión de su cara va cambiando. Definitivamente, han jodido nuestro momento…

– ¡Te dije que hoy estaría ocupado, que nada de llamadas! -Está molesto, muy molesto-. La cita era mañana, me da igual…

Me pongo en pie y voy retirando los restos de la cena a la cocina. Sigo escuchando la conversación. Aunque solo le oigo hablar a él… ¿Quién podrá ser? Debe de ser algo importante para llamar a estas horas, son más de las doce de la noche.

– Está bien, dile que ahora mismo voy. -Víctor cuelga y entra en la cocina- Lo siento nena, ha surgido algo y tengo que irme. -Me mira con pesar.

– ¿Quién era?

– El relaciones públicas de Bacana, este sábado hay una fiesta en la sala para presentar un perfume. Por lo visto ha habido un mal entendido con la persona encargada de ello…

– ¿Y te llaman a ti? -Esto es muy extraño…

– Si. -Contesta poniéndose la camiseta. Como veo que no tiene intención de decir nada más y quiero saber de que va esto, insisto.

– Porque… -¡Vamos joder, dime porque te llaman a ti!

– Me llaman a mi porque soy el dueño. ¿Satisfecha?

– Perdona, creo que no te he entendido bien. ¿Eres el dueño del perfume que se va a presentar?

– No. Soy el dueño de la sala. -Me mira evaluando mi reacción.

– ¿Qué? ¿Desde cuándo?

– Oye nena, ahora no puedo explicártelo…

– ¡No puedes soltarme algo así y largarte sin más Víctor!

– ¿Hay algún problema porque sea el dueño de Bacana?

– Supongo que no pero…

– Pues entonces, mañana te lo contaré. Ahora tengo que irme. -Enmarca mi cara con sus manos y me mira-, ni se te ocurra pensar cosas raras ¿Entendido? -Asiento- ¿Quieres qué te llama cuando termine?

– No, probablemente estaré dormida. Vete y haz lo que tengas que hacer, mañana hablamos.

– ¿Seguro?

– Si, ve.

– Gracias preciosa. -Le acompaño hasta la puerta-. De veras que lo siento Alex… -Me da un breve beso en los labios y se va.

Me quedo unos instantes mirando la puerta, estoy molesta. ¿Por qué tengo qué enterarme de sus cosas a cuenta gotas? No es que vaya a cambiar nada en nuestra relación porque sea el dueño de la sala más frecuentada por todo el mundo este verano, es solo que tengo la sensación que si no se hubiese producido esa llamada, yo seguiría ignorando ese dato importante de su vida.

En lugar de irme a la cama y descansar, decido poner en orden el salón y la cocina. Devuelvo los cojines a su sitio y dejo el suelo despejado. Meto la botella de vino en la nevera y de un trago me bebo lo que queda en mi copa, tirarlo sería un desperdicio… Cuando todo está en su sitio, apago las luces y me voy a la cama, estoy muerta de sueño, pero no sé si podré pegar ojo.

Acostada, sigo dándole vueltas a la cabeza, no puedo evitarlo. Ojalá tuviésemos un botoncito en la sien para que pudiésemos desconectar nuestro cerebro cuando estamos agotados de tanto usarlo inútilmente. Intento pensar en otras cosas, como por ejemplo mi agenda laboral para estos días. Mañana miércoles no tengo programado nada importante, a no ser que entre alguna emergencia. En cambio el jueves, si que será un día ajetreado. A primera hora tengo una operación un tanto complicada. Un injerto capilar y facial. Un chico joven con toda la vida por delante gracias a que los bomberos pudieron rescatarlo de un aparatoso accidente de tráfico, donde después de chocar contra un camión su coche se puso arder quemándose así la parte izquierda de su cabeza. Ahora, después de dos años, está preparado para que le operemos y pueda volver a mirarse en el espejo sin sentir repulsión. Me pesan los párpados, repasar mi agenda está surtiendo efecto. Quizá pueda dormir después de todo…

A la mañana siguiente, a pesar de haber pasado la mitad de la noche en vela me levanto bien. Mi cuerpo debe de estar habituándose a las pocas horas de sueño, sino, no me lo explico. Las horas en la clínica pasan lentamente, no dejo de pensar en mi portento. Esta mañana al levantarme y mirar el móvil tenía un mensaje suyo de las dos de la madrugada. Decía que estaba en su habitación y que el problema que lo había llevado a irse de mi casa tan inesperadamente se había solucionado. Que me llamaría. Pero ya ha pasado la hora de la comida y todavía no he escuchado su voz. Estaba resultando ser un día tedioso y muy largo. Para mi suerte, las dos últimas citas de la tarde, fueron canceladas y pude irme a casa más temprano de lo habitual.

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.22

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Todo está en silencio, empiezo a sentir frío. Que raro… Porque el agua estaba muy caliente. Abro los ojos de golpe y desorientada. ¿Me he dormido en el baño? ¡Joder que fuerte! ¡Como para no sentir frío, el agua está helada! ¡Madre mía! Es la primera vez que me pasa tal cosa. Me apresuro a salir del baño y a envolverme en el albornoz, estoy tiritando de frío. Mientras entro en calor voy a la habitación y miro la hora. ¡La madre que me pario! ¡He dormido más de una hora! ¡increíble pero cierto!

Me pongo el pijama, me seco el pelo y con el móvil en la mano y una coronita en la otra me tiro en el sofá. Desbloqueo el teléfono y ahí están, tres llamadas perdidas de mi portento. Lo llamo.

– Hola preciosa -responde- te he estado llamando, ¿Estabas trabajando?

– Si, ya vi tus llamadas, y no, no estaba trabajando. Cuando te cuente lo que me ha pasado te vas a reír.

– Soy todo oídos, cuéntame.

– Me he dormido en el baño…

– ¿Cómo que te has dormido en el baño?

– Esta tarde cuando llegué de la oficina, me preparé un baño de esos relajantes, ya sabes… Sales, perlitas de gel… Total que me sumergí en el agua hasta el cuello y estaba tan a gusto y relajada que me quedé dormida. Me desperté cuando empecé a sentir frío.

– ¡Joder Alejandra, pues no le veo la gracia! -Espeta molesto- Podría haberte pasado algo…

– Víctor, no me ha pasado nada así que relájate ¿Vale? Solo quédate con lo gracioso del asunto, me dormí en el baño… Nunca me había pasado algo así.

– Sigo sin verle la gracia, tienes que ser más cuidadosa -me reprende.

– Bueno, tú tienes la culpa de que me durmiera. -Digo a la defensiva.

– ¿Yo?

– Si, me mantuvo despierta toda la noche señor Rivera… -Le digo con picardía, a ver si consigo relajarlo un poco.

– Pues tienes razón, -sonríe más calmado- la culpa es toda mía, aunque no vi que usted pusiera ninguna objeción señorita Machado… -Su voz ronca produce un cosquilleo en mi piel.

– A mi edad, una no puede objetar nada a noches como la de ayer, son tan escasas… -Suspiro fingiendo pesar.

– ¿Sabe señorita Machado? Usted puede tener noches como la de ayer siempre que quiera, estoy a su disposición. Además, su edad me encanta.

– ¡Fanfarrón! -Ambos nos echamos a reír.

– ¿Paso a buscarte y damos una vuelta?

– ¡Uf Víctor, no me apetece nada! Tengo una idea mejor… ¿Por qué no vienes a casa y nos tomamos una cerveza tranquilamente?

– ¡Hecho! -cuelga y me quedo mirando la pantalla sonriendo, que manía tiene de cortar la conversación sin siquiera despedirse.

Entro en mi cuarto y me quito el pijama, me pongo unas mallas y una camiseta holgada. Estoy recogiéndome el pelo cuando suena el telefonillo. Abro sin preguntar, sé de sobra quien es. Lo espero con la puerta abierta. Mi portento sale del ascensor con una bolsa de un restaurante tailandés en la mano y una botella de vino en la otra. Mientras se acerca a mi, sonríe de esa manera suya que hace que todo interior se agite.

– Hola preciosa. -Me besa.

– ¡Hola guapo! -Llevo mis brazos a su cuello y acorto la distancia pegándome a él.

Después de un beso de película, de esos que te erizan el pelo y hace que tu piel se caliente, me hago a un lado para dejarle pasar.

– Bienvenido a mi humilde morada señor Rivera.

– Gracias… Espero que te guste la comida tailandesa, -dice mostrándome la bolsa.

– Solo la he probado una vez y no me disgustó. Trae. -Le quito la bolsa de la mano y la pongo encima de la encimera de mármol negro en la cocina, me da la botella de vino y la meto a enfriar en la nevera. Aprovecho para sacar una cerveza y pasársela a mi portento – ¿Vamos al salón?

– No, ahora voy a abrazar y besar a mi chica como se merece, antes con las manos ocupadas no pude hacerlo como Dios manda…

Me acaricia los brazos y sube sus manos lentamente hasta enmarcar mi cara con ellas, me tiene hipnotizada. Cuando me mira de esa forma me pierdo por completo. Posa sus labios sobre los míos, acariciándolos con ternura. Entreabro mi boca dejándole libre la entrada a su lengua. El beso se vuelve caliente, excitante… A este paso, ni comida tailandesa ni leches.

– Víctor… -Jadeo.

Se separa unos centímetros de mi y me mira, su mirada está cargada de deseo, igual que la mía. Me enciende solo con esa mirada. Pego su cuerpo a la pared y empiezo a quitarle la camiseta, la paso por encima de su cabeza y la dejo caer. Poso mis labios en su torso desnudo y le beso. Él está quieto, sin apartar sus ojos de los míos. Rozo sus pezones con la punta de la lengua y gime, lo tengo a mi merced. Me siento poderosa sabiendo que causo ese efecto en él. Voy trazando círculos con mi lengua sobre su piel hasta llegar a su ombligo…

– ¡Alex… Me estás matando!

Acaricia mi cabeza mientras desabrocho sus pantalones, me pongo de rodillas y rozo su duro pene por encima del bóxer de Calvin Klein. Muy lentamente también me deshago de esa prenda que me impide manosearle a mis anchas. Subo y bajo mi mano por su miembro varias veces. Mi portento tiene los ojos cerrados y los dientes apretados, ese gesto me indica que está conteniéndose, en cuanto nota mi lengua lamiéndole tira de mi…

– ¡Joder Alex…!

Le miro con picardía y mi boca se apodera de su pene. Chupo degustando su sabor, disfrutando de su dureza en mi boca. Disfruto oyéndolo gemir, disfruto viéndolo agarrarse con fuerza al respaldo de la silla que tiene a su lado… Chupo una y otra vez, a veces solo rozándole con la punta de la lengua. Víctor se estremece, noto que está a punto de correrse. Entonces me para…

– No quiero correrme en tu boca Alejandra. Ven aquí…

Tira de mi con fuerza, obligándome a ponerme en pie. Me quita la ropa con urgencia, me encaramo a su cuerpo y con mis piernas rodeo su cintura. Nuestras bocas se funden en un beso húmedo. Conmigo en brazos y sin dejar de besarnos llegamos al salón, nos dejamos caer en el sofá y sin perder ni un segundo más, Víctor entra en mi poseyendo mi cuerpo, mi mente y mi alma como solo él sabe hacerlo, dejándome saciada y temblorosa entre sus brazos. Permanecemos enroscados el uno en el otro durante un rato, solo se oyen nuestras respiraciones, sobran las palabras…

No tengo ni idea de cuanto tiempo llevamos así, solo sé que estoy la mar de a gusto y que no quiero separarme de él. Estoy empezando a quedarme dormida cuando mi portento habla…

– Alejandra… No te duermas.

– No estoy dormida, -susurro- solo estoy mirándome por dentro. -Sonríe.

– ¿Mirándote por dentro?

– Si, -abro los ojos y le miro- mi abuelo siempre decía eso cuando le preguntábamos si dormía. -Vuelvo a cerrar los ojos.

– Venga nena, abre los ojos…

– No quiero, estoy muy a gusto…

– Pues entonces me voy.

– Como quieras, yo ya tengo lo que quería así que… -Bromeo.

– ¡No puedo creer lo que acabas de decir! ¿Sólo me quieres por el sexo?

– ¡Aja! -Contesto.

– ¡Estas hiriendo mis sentimientos! -Lleva una mano a su corazón como si estuviera dolido. Se sienta sobre mi- ¿No vas a abrir los ojos? -Niego con la cabeza- Está bien, tu lo has querido. -Sujeta mis manos por encima de mi cabeza y con la otra empieza a hacerme cosquillas.

Riéndome a carcajadas como una niña pequeña, forcejeo con él para quitármelo de encima, pero es imposible. Al final me rindo.

– ¡Tú ganas, ya tengo los ojos abiertos! ¿Y ahora qué?

– Ahora vamos a cenar porque estoy muerto de hambre.

Se levanta y va a la cocina, cuando vuelve solo va vestido con el vaquero, trae mi camiseta y mis braguitas.

– ¿Y la mallas?

– Nada de mallas, solo la camiseta. -Me guiña un ojo.

– ¡Pervertido!

– ¡Mira quien va a hablar…! -Se da media vuelta y regresa a la cocina.

Me pongo la camiseta y las bragas y voy detrás de él. Está sacando la comida de la bolsa y poniéndola sobre la mesa. Me mira…

– ¡Estás jodidamente sexy con esa camiseta! -Camina hacia mi.

– ¡No! -lo freno- Sabes que si me tocas adiós a la cena, así que señor Rivera, mantenga sus manos quietas.

– Tienes razón, cada vez que te toco la liamos, pero es que cuando te tengo cerca, no puedo mantenerme alejado de ti, eres una adicción Alejandra. Soy adicto a tu cuerpo, soy adicto a tus besos, soy adicto a ti…

– A mi me pasa lo mismo, has llegado a mi vida y la has puesto patas arriba, has cambiado hasta mi forma de pensar, de sentir. A veces me asusta no tener todo bajo control.

– No se puede tener todo bajo control, es mejor dejar que cada día nos sorprenda. ¿No crees?

– Ahora lo veo así, pero antes de ti, yo era diferente. Llevaba mi vida muy organizada, demasiado diría yo, mis amigas pueden corroborártelo. Gracias a ti soy diferente, he descubierto que dentro de mi había una Alejandra esperando que la descubrieran y la dejaran libre, y eso estoy haciendo. Liberarla.

– Sinceramente, no creo que sea gracias a mi, tarde o temprano esa Alejandra que dices saldría a la superficie…

– No Víctor, créeme cuando te digo que es gracias a ti, estoy totalmente segura de ello…

– En ese caso, me alegro de que sea yo y no otro quien te haga ver la vida de otra manera… ¿Ahora me dejas que te de un besito? -Asiento.

Nos acercamos y me da un beso tierno, dulce, que provoca en mi un sentimiento maravilloso que nunca había experimentado con nadie. Ese sentimiento me abruma. Se me llenan los ojos de lágrimas, suspirando me separo de él y con el pretexto de asearme salgo de la cocina. Él se queda allí con las manos apoyadas en su cadera, mirándome con preocupación…

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.21

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Antes de que suene la alarma del móvil me despierto, son las seis y media de la mañana. Apenas he dormido cuatro horas y me duelen todos los músculos de mi cuerpo, pero no me importa, me siento exultante. Hemos pasado nuestra primera noche juntos con un aprobado de sobresaliente. Víctor me tiene prisionera contra su pecho. ¡Mmm, me quedaría así todo el día entero, entre sus brazos pero, el deber me llama…!

No tengo tiempo de ir a casa para ducharme y cambiarme de ropa, así que entro en el cuarto de baño y me doy una ducha rápida. Cuando salgo, él sigue durmiendo como un tronco. Recojo mi ropa que sigue en el suelo y vuelvo a entrar en el baño para vestirme. Aún con el albornoz de mi portento puesto, tarareo bajito una canción mientras me seco el pelo con una toalla. No oigo abrirse la puerta porque estoy muy concentrada reviviendo en mi mente la noche anterior. Cuando me giro para colocar la toalla en la barra de metal, me encuentro a Víctor apoyado en el quicio de la puerta mirándome embobado. Con esa sonrisa típica suya, se me acerca y me besa…

– Buenos días preciosa, parece que te has levantado contenta…

– Así es, cansada pero muy contenta.

– Me alegro, eso quiere decir que ayer no lo hice mal… -Alardea.

– Eres un engreído, ¿Lo sabías?

– ¿En serio? -Me dice haciéndose el ofendido.

– Si, pero para ser sincera, que esté así es gracias a ti, el merito es tuyo. -Le guiño un ojo.

– ¡Eres una mujer increíble Alejandra! -Me abraza por la cintura y aparta de mi cara el pelo mojado-, eres preciosa, inteligente, simpática… Tienes todo lo que un hombre podría desear, y ahora, eres toda mía. -Me besa y me aprieta contra su cuerpo convencido de lo que está diciendo. Sus dedos hábiles deshacen el nudo del albornoz y desliza sus manos por mi cuerpo-. ¡Te seseo Alex!

– Tengo que ir a trabajar Víctor… -Respondo contra sus labios.

– ¿Comemos juntos? -Pregunta resignado.

– No puedo, he quedado con Carla…

– ¿Y esta noche?

– Ya veremos ¿Vale? -Sonrío-, ahora sé un niño bueno y deja que termine de vestirme y arreglarme para ir al trabajo. -Lo empujo hacia la puerta.

Sale arrastrando los pies y enfurruñado, si es que es como un niño, ¡Mi niño! Cierro la puerta y me apoyo contra esta suspirando… ¡Le amo!, admito por fin… Y sin poder evitarlo me pregunto… ¿Qué puede pasar? Decido no responder, prefiero esperar y que el tiempo me de la respuesta.

Vestida, con el pelo recogido en una cola y ligeramente maquillada, salgo del cuarto de baño. mi portento está junto a la ventana hablando por teléfono, solo va vestido con un pantalón de pijama que le queda muy sexy, en cuanto me ve, pone la mano sobre el teléfono…

– ¿Te da tiempo a desayunar?

– No, es tarde… -Asiente y vuelve a su llamada. Recojo la americana que ahora cuelga del respaldo de una silla y me la pongo. Víctor termina de hablar por teléfono y se me acerca.

– ¿En serio no puedes quedarte a desayunar?

– En serio, no quiero llegar tarde…

– Es una pena, acabo de pedir tortitas con sirope de chocolate, zumo de naranja y café… ¿Seguro qué no quieres probar esas tortitas? Te aseguro que están deliciosas…

– Es tentador, pero no puedo. Las probaré en otra ocasión. -Me acerco para darle un beso.

– Esta bien… Luego hablamos.

Me acompaña hasta la puerta y nos despedimos. Antes de que se cierren las puertas del ascensor, le tiro un beso. Su sonrisa es lo último que veo.

Llego a la clínica y lo primero que hago es ir a la cafetería a por un café. Una vez en mi consulta, le doy un sorbo y lo dejo encima de la mesa para ojear los informes que me han dejado allí de la noche anterior. A la paciente de la habitación doscientos treinta, se la han abierto los puntos de madrugada y aunque la enfermera ha resuelto el problema me pide que me pase por allí para evaluar la situación. Así, empieza una mañana de locos, haciéndome desear haberme quedado con mi portento en su hotel.

A la hora de comer, Carla viene a buscarme como habíamos quedado. Deja el coche en el aparcamiento de la clínica y andando, vamos hasta un restaurante de comida rápida que hay cerca. Las dos pedimos una hamburguesa xl, patatas y refresco, al fondo del restaurante hay una mesa libre y nos dirigimos hacia ella. Carla me observa detenidamente.

– ¿Qué pasa, por qué me miras así?

– No lo se… Te veo diferente…

– ¿Diferente? ¿En qué sentido? -Le doy un bocado a la hamburguesa, ¡Estoy muerta de hambre!

– Pues no sabría decirte, solo sé que estas distinta… -Se encoge de hombros- ¿Con quien tenías planes ayer?

– Con mi portento.

– ¿Pasaste la noche con él? -Levanta una ceja y me mira con picardía-, no hace falta que me contestes, tu cara lo dice todo. ¿Estas enamorada de él verdad? -Asiento- ¡Lo sabía, por eso te veo diferente! ¿Se lo has dicho?

– ¡Para el carro FBI! Dejemos de hablar de mi y cuéntame que ronda por esa cabecita tuya. ¿Qué era eso que querías contarme? -Mi amiga se desinfla como un globo-, Car, no me asustes… ¿Qué pasa?

– No te asustes Alex, si en realidad no es nada importante…

– ¿Me lo quieres contar de una vez?

– Veras, el domingo fui a comer con mis padres al “Club de Golf Banús”, ya sabes que mi padre es socio y eso… -Asiento-, pues cuando terminamos de comer, mis padres se fueron a tomar el café con unos amigos que también estaban allí. Entonces salí a caminar por los alrededores del club. Me encontré a Jorge. -Se queda callada.

– ¿Y? -La insto para que continúe.

– No estaba solo, estaba con una chica morena con un cuerpazo impresionante…

– ¿Y cual es el problema?

– Él no me vio, entonces aproveché para observarlos. Se les veía muy bien juntos, compenetrados, felices…

– Veamos, viste a Jorge divirtiéndose con una amiga en el club de golf… ¿Dónde está el problema? Vas a tener que explicarte mejor porque no lo pillo nena… Jorge sale con sus amigas igual que tu sales con los tuyos… Perdóname Car pero no veo nada raro en ello.

– ¿Sabes cual es el puto problema?

– ¿Cual?

– ¡¡Joder Alex pues que estoy celosa!!

– ¿Qué?

– ¡Lo que oyes…!

– ¿Celosa? -Asiente-, pero si tu y Jorge…

– Si, ya sé que somos amigos, bueno en realidad follamos cuando nos apetece, y si, también sé que yo me lío con otros tíos y que él tiene el mismo derecho pero… Al verlo el domingo así con aquella chica… ¡Uf Alex, se me encogió el corazón y me dieron unas ganas de llorar tremendas! -Las lágrimas resbalan por las mejillas de mi amiga sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Me siento a su lado y la abrazo.

– Lo siento muchísimo Carla, -la miro- esto tenía que pasar tarde o temprano…

– ¿Por qué dices eso? -Pregunta sorprendida mientras se seca la cara con una servilleta.

– Bueno, siempre he creído que jorge y tu estáis enamorados, pero que o bien no os dabais cuenta o no queríais reconocerlo.

– ¿De verdad crees eso?

– Si, estáis hechos el uno para el otro.

– ¿Por qué nunca me lo dijiste?

– No lo sé Carla… Supongo que porque tenía la esperanza de que uno de los dos se diera cuenta.

– ¡Joder Alex, he estado haciendo el gilipollas liándome con otros tíos sin darme cuenta de que el que me gusta de verdad es él! ¡No quiero perderlo…!

– Imagino que ambos os acomodasteis a vuestra relación “especial”.

– Alex… ¿Qué hago ahora?

– ¿Por qué no le llamas y te sinceras con él?

– ¿Tu crees?

– ¿Qué puede pasar? No tienes nada que perder y si mucho que ganar…

– Tienes razón, voy a llamarle. ¡Espero que no sea demasiado tarde!

– No dejes pasar esta oportunidad de decir o hacer lo que sientes Carla, como tu me dijiste en alguna ocasión, déjate llevar…

– Vuelves a tener razón, consejos vendo que para mi no tengo -suspira-, cuando salga esta tarde del trabajo le llamaré.

-¡Esa es mi chica! -Aplaudo para animarla- ¿Te sientes mejor?

-Si, gracias Alex, sabía que me ayudarías.

– Para eso estamos las amigas, para ayudarnos mutuamente. -La abrazo y nos quedamos así durante un rato.

Vamos de camino a la clínica, Carla a recoger su coche y yo a continuar con mi trabajo. En el aparcamiento, mi amiga y yo volvemos a abrazarnos y quedamos en hablar por la noche para que me cuente que tal han ido las cosas con Jorge. Una vez en la consulta, saco el móvil del bolso, con todo el tema de Carla ni siquiera he tenido tiempo de mirarlo y estoy ansiosa por saber si tengo algún wuas de mi portento. Pero no hay nada, ni wuas ni llamadas. Algo decepcionada dejo el teléfono en la mesa y continuo con mi trabajo.

Esa tarde cuando salgo de la clínica, me siento exausta, el cansancio empieza a hacer mella en mi, solo tengo ganas de llegar a casa, darme un buen baño y tirarme en el sofá el resto de la tarde. Dejo el coche en el aparcamiento y subo. No parece que haya trabajadores hoy en el ático de enfrente, todo está inmaculado y muy silencioso. Que extraño…

Dejo mis cosas en salón y voy al baño. Abro el grifo de la bañera y cojo de la estantería las perlas de gel y los sales con olor a coco. Preparo todo y mientras la bañera se llena de agua voy a poner un poquito de música. Busco en el ipod el cd de Dani Martín ( Pequeño ) y le doy al play. Siempre me ha gustado mucho este disco suyo, aunque él no me cae nada bien ( no le conozco personalmente ), pero me gustan sus canciones. Me quito la ropa, me sumerjo en el agua, apoyo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos deleitándome en los efectos que causa el agua caliente en mi cuerpo…

 

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.20

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Para a un taxi que oportunamente pasa a nuestro lado, le da la dirección y sin ningún tipo de pudor, empezamos con los preliminares en la parte de atrás. Besos ardientes, caricias por encima de la ropa, jadeos silenciados por más besos… La temperatura sube, sube, y sube sin que el conductor pueda remediarlo, y así, sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino.

– Ejem… -Dice el taxista- ¡Hemos llegado!

Riéndonos sin tapujos, Víctor paga y nos bajamos, no sin antes pedir perdón por nuestros toqueteos en el interior del taxi.

– ¿Vives en el hotel Andalucía plaza? -Estoy estupefacta.

– Si, ¿Te sorprende qué viva aquí?

– Pues, la verdad es que si. Pensé que vivirías en un hotel más modesto. Este es uno de los mejores hoteles que hay en Marbella…

– Lo sé, por eso vivo en el…

– Bueno, imaginé que al trabajar de mantenimiento en “Santa Margarita” pues… ya sabes, con tu sueldo vivirías en otro tipo de hotel, no en este.

– ¿Qué yo trabajaba de qué?

– En el mantenimiento de la… -Las carcajadas de mi portento no me dejan terminar la explicación. El muy cabrón se dobla de la risa-. ¿Te estás riendo de mi? -Intenta hablar pero la risa se lo impide. ¡Me están dando unas ganas tremendas de darle una patada en la espinilla, a ver si así le corto el rollo! En el tercer intento, por fín consigue articular palabra.

– Nunca he trabajado como chico de mantenimiento, es una profesión muy respetable pero yo, no me dedico a eso. ¿Qué te hizo pensar que trabajaba en la urbanización?

– Pues no se… Te vi saliendo de la oficina de mantenimiento con cajas, también te vi en una de las terrazas y siempre estabas por allí pululando asi que…

– ¡Oh si, recuerdo el día de la terraza…! -Su comentario hace que yo también lo recuerde… fué el día que me vió desnuda… ¡Trágame tierra!

– Si no trabajabas allí… -Digo incómoda por la mención del episodio de la terraza- ¿Qué hacías?

– Bueno, alguien me comento que había apratamentos en venta y que podría interesarme…

– Entonces, ¿A qué te dedicas? -Hoy debe de ser mi día de suerte, mi portento está muy comunicativo. Eso o es que ha bebido más de la cuenta.

– Soy inversor…

– ¿Inversor? -Asiente- ¿Y qué haces exactamente? -Tan centrada voy en la conversación que no me doy cuenta de que estamos parados en la puerta de la habitación de mi portento hasta que este saca la tarjetita para abrirla.

– Pues invierto en cosas, algunas las vuelvo a vender y otras me las quedo. También invierto en negocios…

– ¿Cómo por ejemplo?

-¿Te patece una copa de vino? ¿Un chupito de ron?

– Una copa de vino está bien.

Mientras Víctor va al mueble bar a preparar las copas, yo admiro la habitación. Es sencilla, con los muebles muy modernos y funcionales. Todo está decorado en tonos de gris y blanco, me gusta. Transmite paz y tranquilidad. Me acerco a la ventana… ¡Joder, menudas vistas! Víctor se me acerca por detrás y me pone una copa de vino blanco en la mano.

– ¿Brindamos? -Me giro, le miro a los ojos y asiento.

– Por nosotros -dice alzando su copa-. Porque esta historia solo tenga un final, ¡Vivieron felices y comieron perdices…!

Uno mi copa a la suya, ¡Chin, chin! Ahora es cuando mi mente resetea… ¡Ay Dios! ¿Qué ha querido decir con ese brindis? ¡No estará pensando en…! ¡Nooo Imposible!

– Víctor, ¿Te puedo hacer una pregunta?

– Adelante…

– ¿Desde cuándo tu y yo somos novios? Creo que me he perdido ese punto de la historia…

– Pues veras… -Se acerca a mi lentamente, me quita la copa de las manos, la deposita encima de la mesa que hay junto a la ventana y vuelve a colocarse a mi espalda-. Creo que oficialmente desde hoy -Me quita la americána y la deja caer al suelo. Yo estoy hipnotizada o idiotizada más bien.

– ¿Pero no crees…? -Siento su lengua cálida recorriendo mi cuello…

– ¿Decías?

– Decía que… -Cojo aire cuando noto sus manos acariciando mis pechos. Ya ni siquiera sé lo que quería decir…

Algo mucho más placentero ocupa mi mente. Mi portento cambia de posición. Ahora está delente de mi, y con dedos expertos desabrocha mi camisa botón a botón, muy despacio. Mientras me va dando besos aquí y allá. En los labios, en la mejilla, en la nariz, otra vez en los labios… Me pone tan cachonda que le arracaría la ropa, le tiraría encima de la cama y me lo follaría hasta la mañana siguiente, pero no voy a hacerlo. Voy a tomármelo con calma, saborear cada caricia, cada beso, empaparme de él y de su cuerpo.

Mi camisa cae a mis pies, al lado de la americana. El sujetador sigue el mismo camino que el resto de mis prendas. Las manos de Víctor ahora están en mis pechos, jugando con mis pezones. Su lengua húmeda y caliente desciende por mi cuello hasta quitarle el puesto a sus dedos. Muerde uno de mis pezones y un ¡Oh Dios mío! escapa de mi garganta en un gemido. Su boca desciende hasta llegar a mi ombligo. Mi portento se arrodilla en el suelo y desabrocha mis pantalones. Los baja lentamente por mis piernas junto con mis bragas. Sus manos vuelven a ascender y se quedan en mi trasero.

Por mis venas ya no corre sangre, ahora es pura lava volcánica, que me quema, que me arde… Siento su respiración ahí, entre mis piernas. ¡Oh Señor…! Me acaricia lo que yo llamo el botón del placer. Lo atrapa con sus dientes y tira de él muy despacio. Poso mis manos en su cabeza, aprentándome un poco más contra su boca, animándolo a continuar. Su lengua me lame con pericia, con dedicación… Las piernas me flaquean por el inmenso placer que siento, ¡Madre mía…! Su lengua explora cada rincón de esa zona, penetrando en mi interior, haciéndome gemir sin control y retorciéndome sin ningún pudor.

Víctor se separa y tira de mi, caigo de rodillas a su lado y me apodero de su boca, lamiéndolo y jugueteando con sus labios mientras el sigue acariciándome. Se quita los vaqueros, la camiseta y el boxer en cero coma, y allí en el suelo, seguimos con nuestra danza sexual. Le observo mientras se coloca un preservativo. ¡Joder, es tan perfecto…! su cuerpo, su cara, su todo… Vuelve a ponerse encima de mi. Succiona mis pezones mientras sepera mis piernas y se hace un hueco ahí, entre ellas. Me mira a los ojos y muy lentamente me penetra, llenando mi interior. Entra y sale de mi muy despacio, sin apartar la vista de mi.

– Por favor Víctor… -Le suplico.

Él obedece a mi súplica y marca un ritmo más duro, más primitivo, como a mi gusta. Con cada embestida suya, me acerco más a ese momento maravilloso en que mis pies se retuercen y yo quedo ligera como una pluma. ¡Oh si… Estoy cerca, muy cerca…! Una, dos, tres estocadas más y como decía “Luz Casal en una de sus canciones”, toco el cielo con las manos pronunciando el nombre de mi portento en un ronco quejido de placer. Al segundo es él el que se deja ir, desplomándose sobre mi y aplastándome con el peso de su cuerpo. Entre jadeos poscoitales, me siento la mujer más feliz y satisfecha de la tierra. Víctor hace ademán de moverse, pero no se lo permito, lo abrazo fuerte para que se quede ahí, sobre mi, sintiéndolo mío por completo…

– Princesa… -Me susurra- sólo será un segundo, tengo que ir al baño a quitarme esto… -Lo dejo ir a regañadientes.

Cuando regresa, me toma en sus brazos y me acuesta en la cama, se pone a mi lado y nos cubre a ambos con la fina sábana. Tumbado de lado, me observa y me acaricia el muslo. Tengo los ojos cerrados, pero soy consciente de su mirada sobre mi. ¿Alguna vez voy a dejar de sentir ese cosquilleo que recorre mi espina dorsal cuando él esta cerca? Lo dudo mucho. Abro los ojos y le miro, tiene el pelo revuelto por los tirones que le he dado cuando jugaba con su lengua en mi interior. ¡Dios… Amo a mi portente del sexo!

Al cabo de media hora más o menos, mi mente y mi cuerpo vuelven a la realidad, debo irme a casa… Me levanto muy despacio, Víctor está dormido y no quiero despertarle. Cuando consigo sacar las piernas de la cama y sentarme, él me coge por la cintura y vuelve a tumbarme a su lado.

– ¿A dónde vas? -Susurra en mi oído.

– Debo ir a casa Víctor…

– ¿Por qué?

– Mañana tengo que ir a trabajar, todas mis cosas entán allí…

– No te vayas… Quédate conmigo por favor…

– No puedo…

Abrazada a él, noto como su bandera se iza de nuevo, anunciándome que está listo y dispuesto para un segundo asalto. En realidad, no quiero marcharme, quiero y deseo ese nuevo combate que me ofrece… Mientras una de sus manos acaricia mi pelo, la otra traza circulos en mi vientre. Me giro, y sin mediar palabra nuestra danza sexual empieza de nuevo.

Esta vez, hacemos el amor, si, el amor. Nada de polvos morbosos en el suelo ni en sitios públicos como estamos acostumbrados. Mi portento se toma su tiempo, se deleita con mi cuerpo y yo con el suyo. nos disfrutamos sin prisas pero sin pausa, saboreando el momento, acomplándonos de una manera única y especial…

Abrazada a él medio adormilada,soy consciente por primera vez desde que estoy en esa habitación, que suena música de fondo. ¿En que momento Víctor puso música? No tengo ni la menor idea… Cuando está cerca de mi, consigue que me olvide de todo excepto de él. Enroscada en mi portento y escuchando la preciosa voz de “Bruno Mars”, caigo en un profundo sueño…

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.19

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– Hola preciosa… -Me da un beso tierno en los labios.

– Hola… -Le abrazo y al instante desaparece toda la mierda de esta tarde. Él causa ese efecto sobre mi. Me tranquiliza.

– ¿Qué ocurre?

– Nada importante, despues te cuento… ¿A dónde vamos?

– Hay un restaurante el puerto de comida típica puertoriqueña. He pensado que quizá te gustaría probarla. ¿Qué me dices?

– ¡Fantástico! Me encanta probar cosas nuevas.

– Pues entonces vámonos. -Me tiende la mano.

– ¿No vamos en moto?

– No, no me gusta conducir si bebo algo, hoy me apetece compartir contigo un chupito del buen licor de mi tierra.

Cogidos de la mano caminamos hacia la parada de taxi, pero no hay ninguno. Esperamos un rato y al final Víctor tiene que llamar a la centralita para que nos envíen uno. No han pasado ni cinco minutos de su llamada cuando aparece nuestro taxi. Mi portento le da la dirección al taxista y nos relajamos en la parte de atrás.

– ¿Quieres contarme que tal te ha ido el día? -Me pregunta.

– Bien, mucho trabajo. Gracias a ello me han pasado las horas volando. Tenía muchas ganas de verte y darte personalmente las gracias por tu regalo. Asi que gracias… -Me acerco a él y acaricio sus labios con la lengua muy despacio. Tiro de su labio inferior e introduzco mi lengua en su boca buscando la humedad de la suya. Ambos gemimos, el beso nos pone cardíacos.

– ¡Joder Alex…! Si sigues besándome así no llegaremos al restaurante. -Víctor se coloca el pantalón en la entrepierna para disimular el bulto que empieza a marcarse en esa zona. Me mira con deseo… – A no ser que pasemos de la cena y vayamos al hotel… -Susurra provocativamente.

– ¿Vives en un hotel? -Pregunto sorprendida. Él asiente- ¿Por qué?

– No será por mucho tiempo… -Me responde-. No has contestado a mi propuesta…

– ¿Cual?

– La de pasar por alto la cena e irnos al hotel…

– ¡Oh no señorito! Usted y yo, nos vamos a cenar, nada de sexo. Por ahora.

– ¡Mmmm, ese por ahora suena muy prometedor!

Llegamos al restaurante, nunca había estado aquí. Ni siquiera había reparado en él. Se llama ” Puerto Rico vida Rica “. Me enamoro de aquel ricón desconocido para mi hasta ahora en el mismo instante que cruzo la puerta. El color rojo de las paredes, contrasta con el blanco de las mesas y el azul de los cubiertos que está, sobre estas. Los tres colores de la bandera de Puerto Rico. Un jóven con una sonrisa encantadora se acerca a nosotros y saluda a Víctor.

– Buenas noches señor Rivera, es un placer tenerlo de nuevo por aquí.

– Gracias Anselmo, el placer es mío. La señorita es Alejandra, mi novia. Alejandra, él es Anselmo, el dueño de este rinconcito de Puerto Rico.

Estrechamos nuestras manos y el joven nos acompaña a nuestra mesa. Estoy tan sorprendida por la presentación de mi portento que me he quedado muda. ¿Su novia? ¿Desde cuándo? No es que no me guste la idea pero… ¿No es algo que deberíamos haber hablado primero? ¡Uf Alejandra… No sigas por ese camino que acabarás jodiendo la cena! Déjate llevar…

La mesa en la que nos han acomodado, está en un rincón del restaurante, frente a un gran ventanal que da al mar. Todo lo que me rodea, es absolutamente precioso. Me fijo en los demas comensales, en los manjares que están sobre sus mesas. Todo se ve delicioso y me asombra el colorido de los alimentos. Me siento feliz de que Víctor me haya traido aquí, de que quiera enseñarme algo de su cultura. Este acto arroja algo de luz a nuestra relación, permitiéndome conocer un poquito más de él. Mi portento me obseva mientras yo no pierdo detalle de todo lo que me rodea.

– Estás muy callada, ¿No te gusta?

– Perdón… -Musito- Estaba absorta admirando todo esto. ¡Me encanta Víctor, es precioso! Gracias por traerme aquí, es perfecto.

– ¿Entonces te gusta?

– Si, ¡Me encanta!

– Me alegro, tenía miedo que no fuera de tu agrado.

– Pues lo es -le digo convencida.

Anselmo se acerca dejándonos las cartas de los menús y un par de cócteles encima de la mesa. Víctor me explica que son “Papajac”, elaborados con fruta de la pasión y agua ardiente de caña. Algo muy típico en Puerto Rico. Lo pruebo. Me gusta su sabor, aunque no estoy acostumbrada a beber aguardiente, la mezcla de este con el dulzor de la fruta es exquisito.

– ¡Uau, está delicioso! -Le digo dándole otro sorbo a la bebida.

– Bebe despacio, el aguardiente se sube muy rápido a la cabeza -sonríe-. ¿Qué te apetece comer?

– Oh, no tengo ni idea… Te dejo a ti que elijas, tú eres el experto.

– ¡Perfecto! -sin mirar la carta llama a Anselmo para que nos tome nota. No tengo ni idea de lo que le pide, pero estoy totalmente segura de que me sorprenderá.

– ¿Quieres contarme ahora lo que te ha sucedido hoy? -Me acaricia los nudillos con el dedo pulgar.

– ¿A qué te refieres?

– Cuando llegue a buscarte me diste un abrazo diferente… Te pregunté si pasaba algo y me contestaste que más tarde me contarías. ¿Te apetece hacerlo ahora?

– Ah, no me acordaba. No sé como lo haces, pero consigues que me olvide de todo…

– Interesante… Lo tendré en cuenta… -Me guiña un ojo- Venga, cuéntame.

– Está bien, si insistes… -Me encojo de hombros- Resulta que han comprado el ático que está frente al mío. El nuevo propietario ha decidido hacer reformas y esta tarde cuando he llegado del trabajo todo estaba hecho un desastre. Tendrías que haberlo visto, el vestíbulo y demas parecían un campo de batalla. Cuando quise entrar en mi casa no pude, los marcos de las puertas del otro piso, estaban todas apoyadas en la mía y me impedían el paso, asi que tuve que decirles a los mamones aquellos cuatro cosas para que quitaran aquello de allí. -Víctor me mira muy serio-. ¡Pillé un cabreo monumental! Uno de los tíos se puso un poco gallito y no tuve más remedio que enseñarle los dientes.

– ¿Cómo es eso de que se puso gallito? ¡Explícamelo!

– Hizo algún comentario respecto a mi.

– ¿Cómo cual? -Me dice enfadado.

– Eh… Me llamo gatita, fiera o algo así. No lo recuerdo exactamente. Lo que si puedo decirte, es logró sacarme de mis casillas por completo.

– ¿Qué hiciste?

– Oh, nada… Me planté delante de él y le amenacé con arrancarle las pelotas y hacerme unos pendientes con ellas si volvía a decir algo sobre mi persona. -Mi portento suelta una carcajada-. A los cinco minutos estaban quitando de mi puerta toda aquella mierda. -Sonrío satisfecha.

– ¿En serio dijiste eso?

– Si, puedo ser muy peleona cuando me lo propongo.

Víctor se ríe con ganas, tanto que hasta se le saltan las lágrimas. Anselmo aparece con el primer plato de nuestra mesa cortando las carcajadas de Víctor.

– Lo siento mucho -me dice Víctor en cuanto Anselmo se retira.

– No lo sientas, tú no tienes la culpa. La culpa es del propietario por contartar a esos ineptos mamones.

– Lo se…

– Cuando tu llegaste a buscarme, estaba dándole al señor Rodríguez un queja formal, para que se la hiciera llegar al propietario, para que sepa que clase de gentuza contrata.

– Has hecho lo correcto. Seguro que el propietario tomará cartas en el asunto.

– ¡Eso espero! Dejemos el tama, estoy muerta de hambre… -Miro el plato que Anselmo ha dejado encima de la mesa y la boca se me hace agua.

– ¡Pues vamos allá!

– ¿Esto qué es? -Pregunto cogiendo un par de rollitos y sirviéndolos en mi plato.

– Son “Alcapurrias”, rollitos hechos con masa de plátano y rellenos de cangrejo. También puedes rellenarlos de carne. ¡Venga, pruébalos! -Lo hago.

– ¡Madre mía Víctor están buenísimos!

– ¿Te gustan?

– ¡Muchísimo!

Devoramos las “Alcapurrias” y espero ansiosa el siguiente plato que Anselmo no tarda en traer. La siguiente exquisitez es “Pernil”, pata de cerdo asada, por lo que me cuenta Víctor muy típica en la fisestas navideñas. Lleva naranja, mandarina y un montón de especias. ¡Está buenísimo! Difruto como una enana de cada bocado. De postre tomamos “Tembleque”, una especie de natillas hechas con coco y canela. ¡Mmm Delicioso! Por último Anselmo nos trae unos cafés y un par de chupitos de ron añejo. Según mi portento un buen digestivo…

Salimos del restaurante con el estómago lleno y algo achispados por el ron y el aguardiente. A mi portento se le ve relajado, feliz. Yo también me siento así. Ha sido una velada perfecta, he disfrutado mucho de la cena y de la compañía de Víctor. No tengo ni idea de a donde nos dirigimos, solo sé que vamos caminando tranquilamente con nuestros dedos entrelazados.

– ¿Quieres que llamemos un taxi para llevarte a casa, o prefieres que vayamos dando un paseo?

No me apetece irme a casa, no quiero que la noche termine, quiero estar con el…

– No quiero ir a casa Víctor… -Él Me mira sin entender.

– ¿Te apetece que tomemos una copa primero? -Niego con la cabeza.

– Quiero ir contigo, al hotel. -Me sonrojo por mi atrevimiento.

– ¿Estás segura? -Asiento- ¡Tus deseos son órdenes para mi princesa…!

Baja su cabeza y nuestros labios se encuentran, acaricia con su lengua el contorno de estos y luego invade mi boca llenándome de deseo. Suelto sus manos y me aprieto contra él acariciando su nuca. No somos conscientes del espectáculo que debemos de estar dando, allí parados en medio de la calle, restregándonos sin recato hasta que un grupo de chavales nos grita:

– ¡¡Eh iros a un hotel!! -Nos separamos con las respiraciones agitadas…

– Creo que esos chicos tienen razón -carraspea Víctor para aclararse la voz-, ¡Vámonos!

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.18

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A la hora de la comida hablo con mi amiga Carla. Como es habitual en ella, me atosiga a peguntas. ¿Qué ha pasado con Víctor? ¿Has hablado con él? ¿Os habéis enfadado? ¿Por eso te fuiste a Benalmadena? ¡Como se nota que trabaja para un periódico! Aunque tambien podría pasar por un agente del FBI. Le contesto a todas y cada una de sus interrogantes. Por supuesto, ella no pierde detalle de cada palabra que sale de mi boca. ¡Ella es así, que le vamos a hacer…!

– ¿Y dices qué te lo encontraste en la entrada de la urbanización cuándo volvías de correr?

– Si, la verdad que no esperaba verle…

– ¿Y qué te dijo?

– Pues… me pidió perdón. Ya sabes… Me dijo que estaba muy arrepentido de su comportamiento.

– ¿Y qué hiciste? ¿Le perdonaste?

– ¡Pues claro que le perdone! Todos cometemos errores…

– ¿Por qué te fuiste entonces a Benalmadena? No lo entiendo, si ya habíais hecho las paces…

– Porque necesitaba estar sola Carla, necesitaba pensar y aclarar mi cabeza… -Cuando se pone en este plan me agota.

– ¿Has vuelto a verle desde entonces? -Pongo los ojos en blanco y contesto resignada.

– Si, ayer estuvimos juntos. Fuimos al cine, vimos una peli y luego me llevo a casa. ¿Algo más, cotilla?

– ¿Ups lo siento nena! Sabes que cuando me propongo algo no hay quien me pare… ¡Estaba preocuda Alex!

– ¡Si claro! Gracias por tu preocupación. -Le digo con sorna- ¿Sabes algo de Estela?

– No, está desaparecida. Parece que esta vez, cupido dió con la flecha adecuada…

– Eso parece… ¿Y tú qué? ¿Me quieres contar qué paso con Flavio?

– ¡Uf! Ahora no puedo contarte, tengo que ir a una reunión. Pero necesito contarte algo y saber tu opinión al respecto. ¿Quedamos esta noche y te cuento?

– ¡Menuda cara tienes! Me llamas y me acosas a preguntas con la disculpa de que estas preocupada, y ahora que soy yo la que pregunta, ¿Me sales con qué tienes una reunión? No puedo quedar esta noche, tengo planes. ¿Me vas a dejar con las ganas de saber lo qué paso?

– Ahora no puedo Alex, en serio. Además quiero contarte esto personalmente… ¿Comemos juntas mañana? Por cierto, ¿Qué planes son esos?

– Vaya, que pena. Tienes demasiada prisa para que te de detalles. -Sonrió- Comemos mañana y hablamos.

– ¡Touché! ¡Te recojo en la clínica a eso de las dos! ¿Te parece?

– De acuerdo…

– ¡Entonces hasta mañana Alex. ¡Te quiero!

– Yo también te quiero Carla. Hasta mañana.

Cuelgo el teléfono con una sensación rara en la boca del estómago. Mi amiga no está bien, algo ronda por esa cabecita suya y me preocupa. ¿Qué me he perdido estos días? ¿Tendrá qué ver con el italiano? Por más que pienso, no consigo imaginar lo que puede ser. ¡Es tan raro que ella esté así…! Y eso de que quiere saber mi opinión me descoloca aún más… ¡En fin, no me queda otra que esperar a mañana para saber! Otra llamada me saca de mis cavilaciones. Esta vez es Víctor el que llama.

– Buenas tardes preciosa, ¿Puedes hablar?

– ¡Hola! -Digo entusiasmada. ¡Es que escucho su voz y brinco de alegría!

– ¿Cómo va el día?

– Viento en popa y a toda vela. ¿Y el tuyo?

– Demasiado tranquilo. Con muchas ganas de que llegue la noche para verte.

– Yo tambien tengo ganas de verte.

– ¿En serio?

– Si.

– ¿Te parece bien que quedemos a las ocho y media?

– Si, por mi perfecto.

– Entonces, te recojo a esa hora en la urbanización. No te entretengo más…

– Vale, nos vemos esta noche. Víctor, gracias otra vez por la orquídea, es preciosa.

– De nada preciosa. Ya sabes lo que dicen… ¡Una flor para otra flor!

– Gracias… -Ante este último comentario me sonrojo. No estoy acostumbrada a que me digan cosas tan bonitas-. Te veo luego Víctor.

– Hasta luego princesa. -Colgamos.

¡Madre mía! ¡Me encantan los piropos de mi portento! ¿Por qué a mi no me saldrá decir cosas tan bonitas? Porque soy más seca que Bob esponja tomando el sol -me contesto a mi misma-. O porque nunca has estado realmente enamorada, esta también es otra posibilidad… Como siempre suspirando, recojo el tuper de la comida y me dirijo a las habitaciones para hacer mi ronda de curaciones y valoraciones.

A las seis en punto salgo de la clínica dirección a casa. Estoy nerviosa por la cita de esta noche. ¿Qué me tendrá preparado Víctor? Con él, nunca sé a que atenerme… El vestíbulo de la entrada, está lleno de porquería. Trozos de escayola, cemento, molduras de ventanas… ¡Joder menudo desastre! La puerta de la oficina de mantenimiento está abierta y escucho al señor Rodríguez echarle la bronca a alguien sobre el aspecto tan deplorable que tiene la entrada. Escucho claramente como dice que es una vergüenza que los demas propietarios tengan que verlo así. Que deben ser más cuidadosos con las zonas comunes. Dicho esto último, sale por la puerta seguido por dos jovenes. Los tres se me quedan mirando, yo disimulo y abro el buzón. Me han pillado de pleno cotilleando… ¡Trágama tierra!

– No podrá usar el ascensor señorita. ¡Estos animales -me dice el señor Roduiguez señalando a los muchachos- lo han dejado que da pena! -Los susodichos ni se inmutan.

– No pasa nada -le sonrío con amabilidad- subiré andando.

– Tenga cuidado niña. Puede encontrarse cualquier resto por las escaleras…

– ¿Quien está de obras Rodríguez? -Pregunto curiosa.

– Es en el ático niña. El que está frente al suyo. Al final no lo han alquilado, lo han comprado. El nuevo propietario quiere restaurarlo por completo. ¡Por eso todo está hecho un desastre!

– ¿Durarán mucho las obras?

– Segun tengo entendido, unas cuatro o cinco semanas, pero ya sabe como es esto, puede demorarse algún tiempo más.

– Paciencia Rodriguez… Paciencia. -Me despido de él y subo las escaleras.

Pobre señor Rodriguez, me da penilla de él. Con lo exigente que es el hombre con su trabajo y le ha tocado lidiar con estos… Imagino que el encargado de la obra, contratará personal de limpieza una vez termine, porque sino, me compadezco del pobre hombre.

Llego arriba y me dan ganas de ponerme a gritar. ¿Pero qué coño es esto? Los marcos de unas puertas están apoyados de mala manera en mi puerta inpidiéndome la entrada a mi própia casa. ¡Estoy que me subo por las paredes! ¿De qué coño va esta gente? Como la puerta del otro ático está abierta, entro para decirles cuatro cosas. El caos que hay dentro, es mucho peor que todo lo que me he encontrado hasta ahora. Tres tipos están destrozando las paredes con una maza. Ninguno se da cuenta de mi presencia hasta que les grito.

– ¡¡Eh vosotros!! -Se giran los tres y se me quedan mirando- ¡¡Quitad ahora mismo toda la mierda que está apoyada en mi puerta!! ¡¡No puedo entrar en mi casa!! ¿De qué cojones vais? ¿Os creeis que todo es vuestro o qué?

– Tranquilízate encanto -me dice uno de ellos-, en un momento lo hacemos.

– ¿Me estás vacilando? ¡¡Aparta esa mierda de mi puerta ahora mismo!! ¡¡Os doy cinco minutos!! ¿Os queda claro? -Salgo de allí seguida por esos tres gilipollas.

Mientras hacen lo que les he dicho, uno de ellos el más gallito les dice a los otros dos…

– Vaya con la gatita, menuda fiera… -Se ríen burlándose de mi, eso hace que mi ira aumente.

– ¡¡Eh payaso!! -Le grito al tipo poniéndome delante de él con las manos apoyadas en las caderas-. ¡¡La próxima vez que vuelvas a decir algo sobre mi, te arranco las pelotas y me hago unos pendientes con ellas!! ¿Te queda claro? -Él asiente- ¡¡Ahora déjame entrar en mi casa gilipollas!!

Estoy que trino, al final estos mamones han conseguido fastidiar mi buen día. Apenas tengo tiempo para prepararme para la cita con mi portento, asi que despues de una ducha rápida me pongo unos tejanos y la camisa fucsia. Zapatos azul marino y americana tambien en marino. Por si acaso nos movemos en moto, es preferible que lleve pantalones. mientras termino de arreglarme, no paro de darle vueltas a las obras de enfrente. El nuevo propietario recibirá una queja formal por mi parte, no puedo consentir que la empresa encargada de las obras destroce mis cosas y me quede tan tranquila. No soy una vecina toca pelotas, pero viendo lo visto esta vez no puedo quedarme de brazos cruzados.

Sin perder un minuto más, redacto mi queja. La leo y satisfecha con el resultado la meto en un sobre. Cojo mis cosas y bajo para entregársela al señor Rodríguez, él sabrá hacérsela llegar al propietario. También podría dejarla en el buzón pero, por si las moscas prefiero que se la entreguen en mano. Encuentro al pobre hombre saliendo por la puerta. Le doy el sobre y le explico lo que me ha pasado esta tarde al subir a casa. Se indigna al escuchar lo sucedido y, muy amablemente me dice que se hará cargo personalmente de que mi queja llegue a su destinatario. Le estoy dando las gracias por su amabilidad cuando veo aparecer a Víctor, me despido del señor Rodríguez y voy a su encuentro…