¿QUE PUEDE PASAR? Cap.15

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Cierro la puerta del ático con el corazón en la garganta, ¡Joder, una simple caricia y me cuerpo arde…! La ducha tendrá que ser de agua fría, ya se calentará sobre mi cuerpo… – pienso, mientras entro en el baño y abro el grifo. Me despojo de mi ropa, me meto en el ducha, dejo que el agua resbale por mis hombros… mi espalda… ¡Está helada, pero aguanto como una campeona! Solo paso cinco minutos debajo del grifo, tiempo más que suficiente para quitarme el sudor de encima y para que mis hormonas se hayan quedado tiesas de frío.

Mientras me visto, repaso en mi mente la disculpa de Víctor. “Me gustas mucho Alejandra…” Esa frase hace que las mariposas de mi estómago bailen desenfrenadas… Él tambien me gusta mucho, muchísimo…Me siento perdida, hay un laberinto en mi cabeza y no sé que camino tomar… ¡Dios, necesito hacer algo! Pero… ¿Qué? Oigo el sonido del teléfono por alguna parte, me vendría genial que fueran las chicas, asi dejaría de pensar durante un rato. Despues de buscar como una loca el maldito móvil, cuando lo encuentro ya ha parado de sonar, lo miro y para mi sorpresa, Víctor me ha dejado un mensaje en el contestador. Nerviosa lo escucho…

– “Alejandra… dentro de una hora, estaré en “El Corsario Negro”. Ya sabes… por si te apetece tomar algo…”

Sonrío, me ha citado de la misma manera que cuando yo lo cite a él… Nerviosa miro el reloj y entro disparada en el vestidor. Me pongo una falda lapiz de color rojo, una camisa negra y me calzo unos zapatos de taconazo tambien en color negro. Me maquillo un poco y me dejo el pelo suelto. Hago mi entrada en “El Corasario Negro” a las diez y cinco minutos. Víctor está en la barra. Me ve a través del espejo y se gira achicando los ojos, me observa sin molestarse en ocultar su deseo. Su mirada abrasadora me consume… Sé que estoy jugando con fuego y, estoy dispuesta a quemarme. Sonrío mientras me voy acercando a él, cuando estoy a su altura, le planto dos besos, uno en cada mejilla. Él sigue mirándome sin decir nada, hasta que poco a poco aparece esa sonrisa pícara… ¡Está guapísimo! Lleva unos tejanos oscuros y una camiseta que marca su pecho bien definido. ¡Está para comérselo!

– ¿Sabes que eres preciosa? – su comentario me sonroja -, si te soy sincero, no creí que fueras a venir…

– Bueno… – contesto -, no tenía nada mejor que hacer…

– ¡Pués me alegro que no tuvieras nada que hacer! – se da la vuelta y le pide a Rober unas cervezas – ¿Qué tal la semana?

– ¡Bien! Ya sabes pura rutina… operaciones, consulta, curas… ¡Estresante la verdad!

Así comenzamos una conversación de “amigos”, nada de preguntas con doble sentido, nada de insinuaciones pero, si muchas miradas que me dejan sin aliento. No sé si lo hace a propósito o no, pero cuando me mira así, me tiemblan hasta las uñas de los pies.

Aprovecho que ha ido al baño para evaluar un poco la situación. Su forma de actuar conmigo, es distinta a cuando nos conocimos, por decirlo de alguna manera, es menos chulo, no sé si la palabra chulo es la adecuada para describirlo pero, es la única que se me ha ocurrido. ¿Qué ha cambiado? ¿Quizás el verme con Franco? Si, probablemente sea eso… Me dá la sensación que ha querido ir de durillo conmigo y, le ha salido el tiro por la culata. Ahora tengo clarísimo que le gusto, él mismo me lo dijo y, tengo más claro todavía que él me gusta a mi. ¿Entonces? ¿Estamos jugando al gato y al ratón o qué? ¿Quiero tener una relación de verdad con un chico de ventisiete años? No saber la respuesta me asusta. Mis prejuicios aún no me han abandonado del todo y el que dirán sigue atormentándome… Debo dejar de coquetear con él hasta que no tenga claro lo que quiero. ¿Seré capaz de hacerlo? ¡Mmm lo dudo! La aparición de Víctor evita que siga haciéndome preguntas.

– ¿Te apetece que vayamos a bailar? – me pregunta.

– No, la verdad que no me apetece, estoy cansada… – si voy a bailar con él, sé lo que vendrá después y, aunque lo desée no puede ser… – Además mañana he quedado temprano con Carla – miento.

– ¿Tienes planes para mañana?

– No, este fin de semana me quedaré en casa…

– ¡Qué raro, tú siempres tienes alguna fiesta a la que acudir con tus amigas! ¿Estas trantando de evitarme?

– ¡No, no es eso! – vuelvo a mentir.

– ¡Vale…! ¿Te acompaño a casa?

– Prefiero irme sola…

– ¡Está bien, como quieras…!

En ese momento suena su teléfono. Cuando responde, es muy cortante. ¡Joder, que borde es el tío! Pobre de quien este al otro lado de la línea. Un escalofrío recorre mi cuerpo. ¿Y si es ella? Me había olvidado por completo de su existencia… Víctor cuelga y me mira con cara de pocos amigos… ¿Y ahora qué?

– Lo siento Alejandra… Tengo que ir a Bacana, ha surgido algo y me necesitan…

– ¿En Bacana? – pregunto sorprendida…

– Si

– ¿Trabajas allí?

– Más o menos… – responde.

– ¿Qué significa más o menos?

– Ahora no puedo explicártelo, tengo que irme. ¿Quieres acompañarme?

Aunque la curiosidad me mata, mi respuesta es no. Prefiero irme a casa…

Esa noche sueño con ojos verdes y ardientes, manos duras y posesivas, con labios carnosos y sensuales… Con un cuerpo musculoso y fibroso… Esa noche sueño con mi portento. Me despierto frustrada e insatisfecha, ver y estar con Víctor revoluciona mis hormonas… no puede dejar de pensar en él… ¿Qué coño me pasa? ¿Me estaré enamorando? una vocecilla traviesa susurra en mi cabeza que ya lo estoy, que tengo miedo a reconocerlo. Siento que me falta el aire, me levanto y salgo a la terraza, respiro profundamente y cargo mis pulmones de oxígeno. ¡Qué sensación tan horrible sentir que me ahogo en un mar de dudas! Intento recuperar el control de mis emociones, apenas hace tres semanas que le conozco… ¡No puedo estar enamorada de él! ¡Si lo estás! vuelve a susurrarme esa vocecilla… ¡No, me niego!

Necesito salir de aquí… Meto cuatro trapos en una mochila y sin pensármelo ni un segundo me voy a Benalmádena a pasar el resto del fin de semana. Allí está la casa de mis padres, aunque ellos están en Asturias, siguen teniendo su casa aquí y, está a mi entera disposición. Tardo en llegar unos treinta y cinco minutos aproximadamente. Dejo el coche en el patio y entro. Todo está en penumbra, la última vez que estuve allí fué poco después de que rompiéramos Fernando y yo, no imaginé que la próxima vez que volviera, fuera tambien impulsada por la necesidad de huir de otro hombre. Bueno, quizás decir que estoy huyendo es una expresión muy drástica, de lo que realmente huyo es de mis sentimientos. Como si al estar aquí el fin de semana, me hiciera una limpieza curativa y para cuando regresara el domingo no sintiera nada…

Subo a mi antigua habitación, abro la ventana y dejo que la luz del sol inunde la estancia, quito las sábanas que cubren los muebles y dejo la mochila a los pies de la cama. Saco el móvil y escribo en el grupo de las chicas, les digo donde estoy para que no se preocupen y desconecto el teléfono. Me pongo cómoda y bajo a la cocina, echo una ojeada a la despensa, con lo que tengo allí podré arreglármelas para pasar el día. Enchufo la nevera y bajo a la bodega a por una botella de vino para ponerla a enfriar. Más tarde salgo al patio con mi ipod y el libro, me siento en el balancín dispuesta a pasar el resto del día… Escucho el último album de Alejandro Fernández ( Confidencias ) y, despues leo durante un rato antes de quedarme completamente dormida.

Está anocheciendo cuando entro en casa, me preparo algo de cenar, lo pongo todo en una bandeja y junto con la botella de vino subo a mi cuarto. Me siento frente al balcón y, mientras ceno comtemplo como cae la noche y el cielo se va llenando de estrellas. Cuando termino de cenar, con la copa de vino en la mano me siento en el alféizar de la ventana y, dejo que mi mente vague a sus anchas por los recovecos de mis sentimientos.

Estoy confundida… Creo que estoy mezclando amor con deseo… pasión… ¿Puede una persona enamorarse en tres semanas? Nunca antes había tenido que planteármelo asi que desconozco la respuesta. ¿La desconozco de veras? ¿No tengo la respuesta delante de mis narices? ¡Qué complicado es todo…! ¡Mi cabeza es un caos! ¡Tengo tanto miedo a dejarme llevar…! – suspiro.

Preparo la cama para acostarme, la ténue luz de la luna llena de junio se cuela por la ventana, desde mi cama la veo allí, en el cielo, brillando imponente. ¡Es tan romántico…!

A las ocho de la mañana me despierto, la luz del sol ya entra con fuerza en la habitación, el cielo está de color azul intenso, ¡Hace un día espectacular! Salgo al balcón y sonrío al ver la sensacional vista que tengo ante mi, tanto colorido me deslumbra y, me quedo maravillada. Me siento mucho más animada, anoche, después de pensar… pensar… y pensar, solo llegue a la conclusión de que soy una pollina sin remedio, afanándome por situaciones y cosas que todavía no han ocurrido, asi que despues de tanta deliveración, ese ha sido mi único veredicto. Se acabo el ser una agonías, ¡Lo que tenga que ser, será!

Recojo todo lo que está fuera de sitio, coloco otra vez las sábanas encima de los muebles de la habitación y me doy una ducha rápida. Vuelvo a casa con el convencimiento de que mi caos interior, está algo más ordenado. En cuanto entro por la puerta y enchufo el teléfono, este empieza a pitar, durante unos segundos no paran de llegarme avisos de mensajes. Todos son wuas de las chicas, nada de mi portento… Hablo con mis amigas, Estela está con Jared en Nerja, haciendo turismo y Carla en casa de sus padres, celebrando el bautizo de su sobrina, quedamos en vernos a lo largo de la semana. Como yo no tengo ningún plan a la vista, preparo la bolsa de playa y salgo por la puerta dispuesta a tener otro magnífico día para mi sola, esto de pasar tanto tiempo conmigo misma, está empezando a gustarme demasiado.

Paso un estupendo y tranquilo día en la playa, como siempre leyendo y escuchando música, dos de las cosas que más me apsionan en la vida. Durante un rato contemplo a unos niños que están jugando a mi lado, haciendo castillos en la arena, sus sonrisas son contagiosas, se les ve tan felices… Nunca he sentido la necesidad de ser madre, pero viendo a esos pequeños, algo dentro de mi se agita… ¿Será mi reloj biólogico? Puede ser… Estoy haciéndome mayor e imaginarme con un bebe en brazos me agrada… ¡Dios, no se que me está pasando, imaginándome con un bebe…! ¡Esto si que no me había pasado en la vida…!

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3 comentarios en “¿QUE PUEDE PASAR? Cap.15

  1. Pobrecita la prota, imagino la tormenta de pensamientos que debe haberse instalado en su cabeza. Aunque creo que ya ha encontrado la clave: puede relajarse porque “lo que tenga que ser, será” y no hay remedio 🙂
    Estupenda historia, Virginia, ya estoy deseando saber más!!
    Un abrazo y feliz noche!!

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