¿QUE PUEDE PASAR? Cap.13

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Miro disimuladamente en dirección a su mesa y, el muy cabrón se ha cambiado de sitio, lo tengo justo frente a mi, para que pueda verlo bien. ¡Sera… sera…! Me muerdo la lengua para no cagarme en todo… No entiendo que ha podido pasar… ayer fué todo genial, pensé que estabamos en punto donde los dos estabamos agusto, bueno, el más que yo… por eso no entiendo esta reacción hacia mi ahora. ¿Será por qué está con la rubia? ¡Ay Dios! ¿Será su novia? Se me encoge el corazón solo de pensarlo.

Dedico toda mi atención a Franco, que nos está contando el último caso que ha ganado, un divorcio muy conflictivo de una famosa pareja italiana. En realidad no me estoy enterando de nada, la mirada penetrante de mi portento al otro lado, hace que sea incapaz de concentrarme. A pesar de no enterarme de nada sonrío, no quiero que note que sus miradas me tienen perdida. Los séis salimos a la pista a bailar una canción de Carlos Vives ( Volví a Nacer ), Franco me coge de la mano y los dos nos balanceamos al ritmo de la música, no hay ni coqueteo, ni arrumacos ni nada que se le parezca, al menos por mi parte. Sé que si yo quisiera, Franco no tendría ningun problema en acompañarme a casa o llevarme a su hotel. Pero no es eso lo que quiero.

– ¿Se puede saber que te pasa? – la canción ha terminado y Carla está delante de mi mirándome interrogante – Te observo desde hace rato, pareces ausente. ¿Estás bien?

– ¡Joder Carla, no se te escapa una ¿Eh?! ¡Mi portento está aquí!

-¿Si? ¿Dónde?

– Está en la zona vip, muy cerca de nuestra mesa.

– ¿Y cuál es el problema?

– ¡El problema es que me ha visto y ha actuado como si no me conociera! – resoplo.

– ¿Ha pasado algo entre vosotros que yo no sepa?

– ¡Qué va! ¿Ayer cuándo nos despedimos todo estaba bien, al menos daba esa impresión! Está con un grupo de gente, entre ellos hay una rubia espectacular que no para de manosearle…

– ¿Estás celosa? – me encojo de hombros y asiento – ¿Puede ser que él tambien lo esté?

– ¿Él celoso? ¿Pero por qué?

– ¡Joder Alex… Franco no se ha separado de ti ni un segundo desde que te conoció!

– No, no creo que sea por eso… Lo vi tonteando con esa chica, hasta puede que sea su novia… ¡Joder Carla si hasta le salude con la cabeza…! Entonces fué cuando el me miró de esa manera, como si no me conociera de nada. Que esté así por Franco es una tontería, él y yo no estamos saliendo, ¡Joder, solo follamos! – siseo para que nadie más me oiga -. Solo hemos estado juntos un par de veces, ¡No, no puede ser por eso!

– Pero tu estas celosa… ¿Por qué no puede estarlo él?

– ¡Si, admito que estoy algo celosa! Aún así, le saludé… ¿Ves la diferencia? ¡Él me ignoró! – cada vez estoy más cabreada – ¿Por qué?

– ¡Tarde o temprano lo sabrás Alex! ¡No parece que Víctor sea de los que se queda callado mucho tiempo! Vamos, los demás estarán preguntándose que donde estamos… – me coge del brazo y tira de mi para que la siga.

Sobre las tres de la madrugada el grupo decide ir a una discoteca que hay en el puerto, pero yo paso. Estoy cansada y no tengo la cabeza para más fiestas, prefiero irme a casa y dormir. Salimos todos juntos de Bacana, antes le echo un último vistazo a mi portento que sigue con la rubia pegada a él como una lapa. Me despido del grupo en la puerta y, un taxi me lleva a casa.

La mañana de domingo, me levanto de capa caída, en seguida pongo música, dicen que la música alegra los corazones y conmigo funciona. En realidad – pienso mientrás me tomo un café y un bollo en la terraza -, no he hecho nada para merecer esa indiferencia por parte de mi portento, así que paso de todo, ¡Que le den! ¡No pienso pedirle ni una puta explicación al niñato de los cojones! Mi abuela paterna siempre decía… ( El que con guajes se acuesta, cagau se levanta ), ¡Que sabia era mi abuela…!

Hace un día espléndido y no pienso desaprobecharlo. Preparo la bolsa de playa, me hago unos bocatas y me visto. Salgo por la puerta con el chip totalmente cambiado, nada de pensamientos negativos. ¡La vida solo se vive una vez! Voy conduciendo hasta la playa “Los Monteros”. Es una de mis playas favoritas aquí en el sur. Tiene una magnífica zona verde que alcanza hasta la misma arena, ¡Es alucinante! Y las casas con piscina própia que hay alrededor son de escándalo.

A esa hora la playa ya está bastante concurrida pero, encuentro un hueco entre el cesped y la arena. Me acomodo dispuesta a pasar un día tranquilo. Para ello desconecto el móvil y lo guardo en la bolsa, no quiero interrupciones, hoy es un día solo para mi. Me unto el cuerpo de protector solar y me tumbo al sol. ¡Uf, estoy achicharrada! El sol pega de lo lindo, en un rato tendré que meterme al agua o no podré aguantarlo. Cuando lo hago, disfruto como una enana. Voy metiéndome poco a poco, dejando que las olas rompan a mi lado, me adentro un poco más y nado. Me pongo boca arriba , el balanceo del agua me relaja. Yo, podría ser una sirena perfectamente.

Más que comerme el bocata, lo devoro. ¡Tengo muchísima hambre! Estar al aire libre es lo que tiene, te abre el apetito como si no hubieras comido en días. Paso la tarde tostándome al sol mientras leo uno de mis libros favoritos, “La Casa de Riverton” de ( Kate Morton ), releo sus libros una y otra vez, ¡Me encanta esta escritora!

Antes de entrar con el coche en el aparcamiento subterráneo, veo por el espejo retrovisor la moto de mi portento aparcada allí fuera… ¿Qué estará haciendo allí? ¿Habrá ido a verme? ¿Estará con la rubia? Mi cabeza empieza a echar humo como una locomotora a vapor. Me enfado conmigo misma por el rumbo que están tomando mis pensamientos. ¡Se acabo Alejandra, ni un solo pensamiento más! – Me regaño a mi misma -, doy un manotazo al volante y voy hacia mi plaza. Cojo las cosas del maletero y subo en el ascensor.

Una vez duchada, con el cuerpo límpio de salitre y arena, me pongo cómoda. Saco el móvil de mi bolsa y lo enciendo. en cuanto el teléfono recupera la vida, suena durante unos segundos avisándome de mensajes y llamadas. Pues si que he estado solicitada hoy… – pienso extrañada -. Tengo cuatro llamadas perdidas de un número desconocido, al instante me viene a la mente Fernando… ¡Qué pesadito es el tío! Dos llamadas más de Carla y el whatsapp echando humo, en el grupo de las chicas doscientos treinta mensajes… ¿Se han vuelto locas o qué? Voy a la cocina a por una cerveza y vuelvo al sofá para leer la conversación…

No doy crédito a lo que leo, Carla se ha liado con Flavio, no me lo esperaba y eso me sorprende. Bueno, en realidad cada vez que mi amiga me dice que se ha liado con alguien, me quedo sorprendida. Siempre he pensado que Carla y Jorge su ( Follamigo ) están enamorados, aunque ninguno de los dos parece darse cuenta. Más abajo en la conversación me preguntan donde estoy, que de señales de vida. Los cuatro junto con Franco se van a Torremolinos a pasar el día y me preguntan que a que hora me recogen… Menos mal que he desconectado el teléfono, los hubiera tenido dándome la turra todo el día. Las escribo, más que nada para tranquilizarlas, conociéndolas sé que estarán preocupadas…

– “¡Buenas tardes noches chicas! menudo día tan ajetreado habéis tenido hoy, estoy bien, he desconectado del mundo y me he ido a la playa ( sola ). ¿Qué tal el día por Torremolinos?” – le doy a enviar.

Al momento suena el teléfono… Miro la pantalla y pongo cara de horror, no reconozco el número asi que, debe de ser ese gilipollas otra vez. Paso de cogerlo, no quiero estropear mi momento zen. Lo que si hago es llamar a mis padres… Como siempre que están en casa, mi madre decuelga al segundo tono.

– ¡Hola mami! ¿Qué tal, como va todo?

– ¡Hola cariño! ¡Muy bien, acabamos de entrar en casa, hoy hemos ido de excursión! ¿Qué tal tú?

– Bien mama, hoy he tenido un día de playa espectacular. ¿A donde habeís ido?

– Pues mira hija, hemos salido de casa sobre las ocho de la mañana, paramos a desayunar en Cangas de Onís, después subimos a Covadonga, ¡No veas la cantidad de gente que había hija…! Comimos arriba en los lagos y por la tarde nos acercamos hasta Ribadesella, ¡Estoy molida!

– ¡Normal mama, menudo tute os habéis dado! ¿Os habéis divertido?

– ¡Oh si hija, muchísimo! ¡Lo hemos pasado muy bien!

– ¡Me alegro! ¿Dónde está papa?

– Esta aquí, ahora te lo paso…

– ¡Hola princesa! ¿Cómo te trata la vida?

– ¡Bien papi, no me puedo quejar! ¿Qué tal la santina?

– ¡Bien hija, allí sigue, en la cueva! – se ríe.

Hablo con mi padre durante quince minutos aproximadamente, ahora se a aficionado a la pesca y me cuenta sus aventuras junto a Felipe y Amador, ( sus amigos de toda la vida ). ¡Anda qué vaya tres patas para un baco…! Me despido de ellos, no sin antes decirles que los adoro y que les quiero con todo mi corazón. A las diez de la noche ya estoy acostada, me pesa el cuerpo una barbaridad. Necesitaba un día así para mi como el de hoy… Morféo no tarda en llegar y me quedo profundamente dormida.

El sonido del movil me sobresalta, ¿Qué hora es? Miro el reloj de la mesilla, las once y cuarto de la noche… el teléfono sigue sonando… ¿Quién será? A oscuras y desorientada, tanteo la mesilla hasta que doy con él…

– ¿Quién? – pregunto con la voz pastosa.

– ¿Se puede saber por qué no has cogido el teléfono en todo el día?

Me incorporo en la cama alarmada…

– ¿Fernando?

– ¿Quién cojones es Fernando?

– ¿Quién eres? – pregunto asustada.

– ¿De verdad no sabes quién soy?

– ¡Joder, no, no lo sé! ¡Si lo supiera no preguntaría! – ya he saltado de la cama y voy de aquí para allá frenética.

– ¡Alejandra…!

¡Oh dios mio… En cuanto pronuncia mi nombre sé quien es al instante, es mi portento! ¿Pero qué le pasa? ¿Por qué está tan cabreado? Me quedo mirando el teléfono perpleja, como si él pudiera aclararme algo…

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