¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.12

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Carla y Estela me están esperando en la terraza del chiringuito, cuando me ven acercarme las dos me lanzan silbidos y vítores. La gente se voltea a mirarme. ¡Que asquerosas, menuda vergüenza están haciéndome pasar! Llego hasta la mesa y me siento, la cara me arde, ¡Ya bastante llama la atención este vestido, como para tener que aguantar a estas dos! Las miro con cara de mosqueo…

– ¿Pero a vosotras que os pasa?

– ¡Uau Alex… Es que estas… despampanante! – me dice Carla.

– ¡Gracias! – me encantan los cumplidos – Esta mañana me dijo Este que todas llevamos una golfa dentro, entonces… – me encojo de hombros -, he pensado en sacar a la mía a pasear… – les guiño un ojo.

– ¿Quién eres tú, y qué has hecho con nuestra amiga? – chillan las dos al unísono.

Las tres nos reímos como locas, y como es lógico la gente nos mira. Seguro que preguntándose si estaremos bien de la cabeza.

El camarero nos sirve una copa bien fría de D´Asti ( Moscato ), esta delicioso, como siempre. La gente vuelve a lo suyo mientras nosotras más calmadas charlamos. Cuando les cuento que esa mañana me ha llamado Fernando, no dan crédito. Carla que no puede ni verlo se pone hecha una furia…

– ¡No puedo creer que se haya atrevido a llamarte! – dice Estela.

– ¡Pues yo de ese capullo espero cualquier cosa! -Carla esta indignada.

– Ya le he dicho bien clarito esta mañana que no tengo nada que hablar con él, – las dos asienten.

– ¡Cambiemos de tema por favor! – propene Carla – ¡Ese tipo saca lo peor que hay en mi y, no quiero que nos fastidie la noche.

Automáticamente cambiamos de tema de conversación, solo de pensar en Fernando me entran escalofríos, ¡ Lo detesto!

Hablamos de todo un poco, de trabajo, del amigo américano de Estela, de mi portento, en fin… de muchas cosas. Pienso en comentarles mis dudas respecto a Victor pero, como conozco bien a Carla, no quiero darle munición para que me sermónée, asi que me quedo callada al respecto. La cena como de costumbre está deliciosa, ensalada templada de ahumados y, entrecot de buy a la piedra, de postre tarta de tiramisú. He comido tanto, que si respiro más profundamente de lo normal, el vestido estallará por algún sitio.

– ¿Vamos a mover el esqueleto a la discoteca nueva? – propone Carla – Estela todavía no la conoce…

– ¡Por mi perfecto! – contesta esta.

– ¡Pues a mover el esqueleto se dicho! – el cuerpo me pide marcha… me levanto para ir al baño…

– ¿Tienes prisa? – me pregunta Carla.

– Para ir a ” Bacana ” no, pero para hacer pis si, ¿Puedo? – la miro con sorna.

– ¡Por supuesto! – sonríe – te vi tan lanzada que creí que ya querías irte…

Las dejo allí en la terraza tomándose un café miéntras voy a los aseos que están al fondo del bar. Allí tardo una eternidad, hay una cola interminable. Miéntras espero, pienso en mi portento, ¿Lo veré esta noche? Reconozco para mis adentros que me he puesto este vestido por si acaso… Quiero que en cuanto me vea si se da el caso, me desée y no pueda separarse de mi…

Cuando termino y salgo, mis amigas ya están listas para irnos. ¿Tanto he tardado? Porque parece que a las que les ha entrado la prisa es a ellas. De camino a la discoteca, como Carla y Estela van enfrascadas en una conversación de política y yo paso de eso, saco el móvil de mi bolso. No tengo ni llamadas ni mensajes ni nada, Fernando no ha vuelto a llamar para tocar las narices desde esta mañana. Bien pensé que se presentaría en mi casa y la liaríamos parda. No puedo evitar preguntarme para que me ha llamado… La cola para entrar en la discoteca es kilométrica, si nos quedamos a esperar, tarderemos siglos en poder entrar.

– ¿Qué hacemos? – les pregunto – ¿Vamos ” Al Corsario “?

– ¿Al Corsario? Me apetece bailar… – Carla pone pucheros como si fuese una niña pequeña – si conociéramos a alguién y nos colara…

Pasa un rato sin que decidamos que hacer, empiezo a impacientarme, de hecho, se me están quitando las ganas de entrar,, me siento íncomoda con el vestido, creo que he cenado demasiado, y los zapatos… ¡Uf! Empiezan a ser un martírio para mis piés. ¡Como no se decidan pronto me largo a casa! De repente la cola empieza a avanzar y cuando me quiero dar cuenta estamos dentro dando nuestras chaquetas al chico del guardarropía. ¡Menudo llenazo hay…! Caminamos entre la gente y nos quedamos en la barra que hay en el centro, la más cercana a la pista. Pedimos unas cervezas y el camarero nos invita a un chupito. Estela y Carla se lanzan a la pista a mover el esqueleto, miéntras yo me quedo allí apoyada en la barra rezando para que quede libre un taburete y poder sentarme. Un rato después sigo allí de pié observando a mis amigas bailando y haciendo tonterías. Me miran y les saco la lengua. ¡Son la caña, las adoro! cuando se cansan de bailar, se acercan, pero no lo hacen solas, vienen con tres tipos…

– Alex… Ellos son Flavio, Franco y Paolo – Carla me presenta a los tres bellezones que las acompañan.

No sé a quien dirigirme primero la verdad, al final los saludo a los tres y les digo que estoy encantada de conocerlos. Carla se lanza a hablarles en italiano y acapara toda su atención, entonces aprovecho para preguntarle a Estele de donde han salido estos tres…

– Se han acercado a nosotras en la pista, dicen que nos han visto llegar y que estaban ansiosos por conocernos, son turistas – me suelta mi amiga casi sin respirar -, Carla les ha invitado a unirse, ya sabes como es…

Si, sé de sobra como es la loca de mi amiga, gracias a ella ahora tendremos que pasar el rato con tres italianos que están de muerte. ¿Se puede pedir más? Los italianos están en la zona vip, nos invitan a ir con ellos y aceptamos a ojos cerrados, sobre todo yo que tengo los pies destrozados y por fín podré sentarme. Pasamos los cortinajes de terciopelo rojo y nos llevan a una mesa rodeada de sofas también en rojo, a un lado de la mesa, hay una cubitera con una botella de Moet Chandon enfriando. Franco creo que es, llama al camarero y le pide que nos traiga unas copas, en cuanto lo hace, las deja encima de la mesa y nos sirven el Moet bien fresquito. Son unos chicos muy divertidos, y se defienden bastante bien con el español. Franco, que no se despega de mi lado, nos cuenta que en realidad han venido por negocios, pero que como han terminado antes de lo previsto, han aprovechado para conocer Marbella, ya que no es la primera vez que les dicen que es una ciudad de ensueño.

Carla y Flavio van a la pista a bailar, Estela, Paolo, Franco y yo hablamos de cine. Franco está tan pegado a mi que empiezo a sentirme incómoda. El hombre no está nada mal, es guapo, sexy, viste bien, es abogado y tiene un par de años más que yo, ¡Todo un partidazo!, pero no es mi portento… ¿Por qué siempre tengo que pensar en él? Desde hacer rato noto el cosquilleo en mi espalda, estoy segura que está por aqui aunque todavía no lo he visto, ¿Estará viéndome él a mi? Me pongo nerviosa al instante solo de pensar que me pueda estar observando…

Va pasando la noche, tenemos otra botella de Moet Chandon enfríando en la cubitera. Estos tres no reparan en gastos, nos han estado contando la clase de fiestas privadas que preparan en Italia y las tres nos hemos quedado con la boca abierta, ¡Literalmente! No cualquier tipo de fiesta ¡No! ¡Fiestas sexuales! No puedo ni imaginarme por un segundo acudiendo a una de ellas. Puedo echar polvos en baños públicos, en vestuarios… pero hacer cambios de pareja, trios, orgías etc… ¡Que va, por ahí no paso!

Acompaño a Estela al baño, en cuanto entro y miro hacia el sofá, las imagenes del encuentro con mi portento se suceden en mi mente con total claridad, con tanta fuerza y tan reales que hasta se me humedece la entrepierna.

– ¿Estás bien? – Estela esta mirándome burlona.

– Si, ¿Por qué?

– Bueno, tengo entendido que aquí ocurrió ya sabes… y desde que hemos entrado te has puesto un poco colorada – la muy puñetera está reprimiendo una sonrisa.

– ¿Serás capulla? – le increpo.

– ¡Perdona! – me dice entre carcajada y carcajada – ¡No he podido evitarlo!

Entro en el primer baño que queda libre y cierro la puerta con demasiado ímpetu. ¡Joder, me he puesto cachonda, pero cachonda de verdad! ¿Qué me está pasando?

Cuando salgo Estela está esperándome con los brazos en jarras y las cejas alzadas…

– ¡Has estado demasiado tiempo ahí dentro! ¿Qué has estado haciendo? – a los dos segundos de decirme eso la muy idiota vuelve a estallarse de risa. ¡Hasta se le saltan las lágrimas y todo! – Lo siento Alex… Tenías que haber visto la cara que has puesto! – me dice sin poder parar de reir.

– ¡Que bien te lo estas pasando a mi costa ¿Eh?! ¿La próxima vez que te acompañe Carla! – me hago la indignada, pero no cuela. Al final me uno a ella y las dos salimos del baño llorando de risa.

Estamos cerca de nuestra mesa cuando lo veo, está unas tres mesas antes de la nuestra. No está solo, hay un grupo de gente con él y, para mi asombro, la rubia del cuerpazo que estaba en la piscina le está acariciando la cara en plan meloso y susurrándole algo al oído. Justo en ese momento, nuestras miradas se encuentran. Le saludo, y hasta soy capaz de dedicarle una sonrisa. Él en cambio me mira impasible, como si no me conociera de nada. ¿Qué coño le pasa? Me mira de pies a cabeza con desdén y cuando sus ojos llegan a la altura de los míos gira la cabeza asqueado. Me quedo de piedra… ¿Se puede saber que le he hecho a este gilipollas para que me mire así?

Cabreada, muy cabreada paso al lado de su mesa con la mirada al frente. ¿Quieres jugar a ignorarme? ¡Adelante, juguemos! Con una gran sonrisa dibujada en mi rostro me vuelvo a sentar junto a Franco, cojo mi copa y bebo para tragar el nudo que se me ha formado en la garganta. ¡La chula que hay en mi, está empezando a enseñar los dientes!

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