¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.11

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– Me vuelves loco Alejandra, en todos los sentidos… – me mira.

– Y… ¿Eso es bueno o malo?

– ¡No lo se…! – su voz suena apagada.

Vaya… ¡Toma sinceridad Alejandra! No sé como debería tomarme eso…

– ¿Cuántos años tienes Víctor? – se pone tenso.

– ¿Saber mi edad es importante para ti?

– ¡Si! – contesto con un murmullo.

– Veintisiete, tengo veintisiete años… – me quedo quieta mirando el techo – ¿Eso te supone un problema?

– No, no lo creo. Pero es raro, deberías acostarte con chicas de tu edad…

– Resulta que tengo grabada en mi memoria la contestación que me diste en el baño de la discoteca cuando follamos por primera vez… ¿La recuerdas?

– No, refréscame la memoria… – cegada por la pasión de aquel día, fuí capaz de decir cualquier estupidez. A ver con que me sorprende ahora.

– Fue algo asi como: ¨ Oh cielo si follo contigo, serás tú el que no quiera hacerlo con nadie más ¨, y resultó ser verdad ¿sabes? ¡No quiero follar con nadie más!

¡Oh, si que recuerdo aquella frase, no sé de que lugar de mi mente salió, si él supiera que yo me quede más sorprendida que él en cuanto la solte…!

– ¡Solo quiero follarte a ti Alejandra! – me mira, evaluando mi cara por esa afirmación.

El corazón se me encoge, estamos hablando de follar, ni un puto sentimiento más, ¡Solo follar!, ¿Puedo hacer eso? por el momento si, pero sé que saldré escaldada de todo esto, en mi fuero interno lo sé. Me incorporo mientras el me mira desde su posición, voy recogiendo mi ropa esparcida por el suelo y me visto con calma.

– ¿No vas a decirme nada? – pregunta…

– No creo que sea necesario, los hechos hablan por si solos. Follamos cada vez que nos vemos ¿No?

– Y, ¿Por qué parece que estás molesta?

– No lo estoy, lo que estoy es cansada, es tarde. Dejemos está conversación para otro momento ¿quieres?

– ¡Está bien, como quieras!

Se levanta y se viste sin prisa, mirándome de tanto en tanto, cuando estamos listos Victor, asoma la cabeza por la puerta para cerciorarse de que no hay moros en la costa. Salimos y cogidos de la mano me acompaña hasta la puerta. Nos paramos uno en frente del otro, sin hablar, sólo mirándonos. Su mirada es tan intensa… Con su mano en mi nuca, me acerca a su boca y me da un beso tierno. Nos despedimos, no quedamos ni en vernos, ni en llamarnos ni en nada. Acabaremos encontrándonos tarde o temprano.

Entro en casa con una sensación rara… con sentimientos encontrados, por un lado me siento bien, bien porque, por una vez en mi vida he hecho lo que quería, dejando atrás a mi otra yo, esa que le pone pegas a todo, esa que evalua cada paso, la que busca sentirse segura y nunca se arriesga a nada, la que nunca hace nada por miedo a lo que los demás puedan pensar, si, por primera vez he dejado a esa yo encerrada en algun ricón y no me arrepiento. Y, tambien me siento mal, esta última conversación con mi portente me ha dejado pensativa… sus palabras repiquetean en mi cabeza ¨Solo quiero follar contigo Alejandra¨, veamos… soy consciente que nosotros no tenemos una relación, es demasiado pronto, nos estamos conociendo o eso creía yo. Ahora entiendo sus evasivas al hablarme de su vida privada y personal, si solo quiere de mi una relación física… ¿Para qué contarme nada? Si, algunas piezas de este rompecabezas empiezan a encajar…

Ahora la pregunta del millón, es… ¿Qué quiero yo? ¿Me bastará solo con sexo? Puede que por un tiempo me conforme… pero me gusta demasiado y, de lo que estoy totalmente segura es que no quiero sufrir, aunque a veces eso es inevitable…

El sabado me despierto tarde, para mi tarde son las diez de la mañana. A pesar de mis reflexiones de anoche, he dormido como un tronco, ¿Por qué perder el sueño por algo que todavía no ha pasado?, ¡Lo que tenga que ser, será!

Me preparo un desayuno revitalizante con su zumo de naranja, café y tostadas con mermelada de fresa y mantequilla, ¡Uau estaba muerta de hambre! no recuerdo cuando fué la última vez que me tomé un desayuno tan completo, – sonrío – ¿Será por todo el ejercicio que hice anoche? Puede ser… Me pongo un vestido marinero de tirante, las bailarinas azules y me hago una trenza. Enchufo mi ipod en el equipo de música del salón y me pongo a recoger aqui y allá. Cuando suena la canción de Gloria Gaynor ( I Will Survive ), subo el volumen y me pongo a cantar como una loca. ¡Me chifla esta canción!

A medio día suena el móvil, es Estela, quiere saber si mi portento ha aparecido anoche. Le cuento con pelos y señales toda la cita, incluído el tórrido polvo en los vestuarios de la piscina de mi urbanización y mi amiga se queda perpleja…

– ¡Joder Alex… te estás volviendo muy pervertida y morbosa! – Sonríe.

– ¡Lo se… nunca había hecho algo así!

– ¡Estas dejando salir a flote la golfa que llevas dentro! – Se burla mi amiga.

-¡Estela! – le grito.

– ¡Venga Alex… todas llevamos una, es cuestión de dar con el chico adecuado para dejarla salir! – me dice convencida. ¿En serio cree eso?

– ¡Eres increible Estela, me dices unas cosas que me dejan de piedra!

– ¡Asi soy yo nena! – y se queda tan pichi la tía.

Hablamos durante un rato más, por lo que me dice, creo que mi amiga está perdídamente enamorada del amerícano, aunque conociéndola como la conozco, sé que ese amor no durará mucho. Estela es muy voluble en eso del amor. Quedamos en vernos en ¨ La Goleta ¨ a eso de las ocho para tomar una cañita y lo que surja. A los dos minutos de colgar vuelve a sonar el teléfono, ¿Qué se le habrá olvidado contarme a esta loca?

– ¿Qué se te ha olvidado? – pregunto en cuanto descuelgo.

– ¡Hola Alex…! ¿Cómo estás? – me quedo con la boca abierta mirando el teléfono.

– ¡Perfectamente! ¿Para qué me llamas?

– ¿Estás enfadada conmigo?

¿Qué? ¿Este tío es gilipollas o se hace?

– Alex… quiero verte, ¡Necesito hablar contigo!

– ¡No tengo nada que hablar contigo!

– Por favor Alex…

– ¡Nada de por favor Fernando! – digo furiosa -, ¡No se para que cojones me llamas, tu y yo no tenemos nada de que hablar!

– ¡Hablaré contigo cueste lo que me cueste Alejandra…

Cuelgo el teléfono sin dejarle terminar la frase, ¿Qué querrá este capullo ahora? La ira brota por todos los poros de mi piel, ¡Si lo tengo delante, le cruzo la cara de una hostia! Tomó una decisión hace cuatro meses más o menos, la forma en que actuó me hizo daño y, las palabras que me dijo… no quiero ni recordarlas, sería masoquista si lo hiciera. No, no quiero volver a verle, Fernando es un capítulo acabado de mi vida, y ahora doy gracias a Dios por ello.

Necesito salir a tomar el aire, esta llamada me ha dejado hecha una furia y, conociéndome, si me quedo en casa soy capaz de llamar a ese cabrón y decirle de todo menos bonito.

Voy hasta el puerto, mirar el mar me relaja. Observo a los turistas que van y vienen con cámara en mano inmortalizando todo lo que les rodea. Me siento en una terreza a tomar un café, ya me siento mucho más tranquila, no quiero ni pensar en esa llamada. Cambió radicalmente el rumbo de mis pensamiento y de nuevo empiezo a reflexionar sobre la conversación mantenida anoche con mi portento… ¿A donde nos llevará todo esto? No sé que tiene este tío, pero me siento diferente desde que le conozco. Había una Alejandra dentro de mi que desconocía, gracias a él se ha despertado y está dispuesta a dar mucha guerra. Si, ¡Me gusta mucho mi nueva yo!

Veo a mi portento cruzar la calle en cuanto doblo la esquina de la urbanización, como él no me ve a mi, entonces me paro y le observo. Lleva un casco de moto en la mano y una cazadora de cuero tipo aviador en color azul, se sube a una kawuasaki zrx 1200 en color azul también y sale zumbando. ¿A dónde irá? no puedo evitar hacerme esa pregunta…

El vestíbulo está abarrotado de cajas y bolsas por todas partes, el señor Rodriguez ( El portero ), está frenético con tanto caos, le sonrío tímidamente y el pobre me pide disculpas con la mirada…

– Buenas tardes señorita… disculpe este desorden…

– No se preocupe Rodriguez, ¿Una mudanza?

– Si señorita.

– ¿Vienen o se van? – pregunto.

– Vienen señorita, han alquilado el ático que está juste frente al suyo. Están usando el ascensor…

– Subiré andando…

Le sonrío amablemente y voy sorteando las cajas para subir por las escaleras. No tenía ni idea que ese ático estuviera vacio,cuando yo me mudé, estoy segura de que allí vivía alguien porque recuerdo ver a un hombre en la terraza, si, lo recuerdo porque siempre me parecio un tío un poco raro. Llego a la puerta de mi casa con la respiración irregular, demasiadas escaleras – pienso -. Aquí tambien hay caos, no tanto como en el vestíbulo pero, hay cajas esparcidas a lo ancho del pasillo.

Una vez en casa voy diréctamente a la cocina, estoy muerta de hambre. Meto la cabeza en la nevera a ver que encuentro, es tan tarde que no me apetece nada cocinar. Saco el tuper con ensalada de pasta que me sobró de ayer y lo devoro. Como no tengo nada mejor que hacer, después de comer me tiro literalmente en el sofá. En la tele están poniendo una de mis pelis favoritas, ¨ Leyendas de Pasión ¨, todo aquel que me conozca bien sabe que amo a Brad Pitt. Cada vez que veo esta película termino llorando, no puedo evitarlo, la he visto un montón de veces, pero es igual, siempre lloro como una magdalena, ¡Menudo dramón de película!

Se va acercando la hora de ir a ¨ La Goleta ¨, después de ducharme, me cuesta bastante escoger el modelito de esta noche. Al final me pongo un vestido rojo muy ceñido y corto, ¿No dice Estela que todas tenemos una golfa dentro? ¡Pués la mía sale de farra esta noche!

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