¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.10

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A las siete y media salgo por la puerta, mientras voy de camino empiezan a acecharme las dudas y las preguntas de siempre. ¿si no se presenta que hago?, ¿Me cambio de urbanización para no volver a verle la cara? ¡Joder que drástica soy! Si no se presenta, para mi será como un jarro de agua fría, pero como todo en esta vida lo asumiré y a otra cosa mariposa. Me aplaudo a mi misma por mi resolución.

Entro en ¨ El Corsario Negro ¨, es una cervecería muy chula y rústica, la barra es de madera oscura, las mesas y taburetes también. Las paredes están pintadas de color verde, en la pared del fondo, la más grande, hay un graffiti del mítico corsario negro que ocupa toda la pared. ¡Es una pasada! Las chicas y yo venimos aquí porque el dueño es primo de Estela, porque sirven una cerveza de barril buenísima y, porque la música es de los años ochenta o más. Cuando venimos un poco pedo, nos encanta ponernos a cantar como posesas, somos todo un espectáculo. Me siento en una esquina de la barra, Roberto, el primo de Estela, en cuanto me ve me pone una caña negra de esas que tanto me gustan en una jarra xl.

– ¿Qué tal preciosa? ¿Esperando a las chicas? – me dice cuando dejando la cerveza en frente de mi.

– No, – niego con la cabeza – sé que Carla vendrá por aquí, pero Este tenía otros planes.

– Entonces, ¿Hoy vienes de solanas? – pregunta sorprendido.

– Espero que no…

– ¿Una cita? – sonríe.

– Pués no sabría decirte Rober, digamos que algo parecido…

– Por la cara que pones, se diría que no estás muy segura…

Me encojo de hombros como respuesta, y él, se va a atender a un grupo de gente que acaba de entrar.

Miro el reloj, las ocho menos cinco… tengo los nervios de punta, en menudos berenjenales me meto – pienso -, veo la cabellera roja de mi amiga entrar por la puerta seguida de Jorge, me ven y se acercan.

– ¡Alex! ¡Cuánto tiempo sin vernos! – me saluda Jorge.

– Ya te digo Jorge… ¡Justamente desde la última vez! – le guiño un ojo y el sonríe.

– ¿Estás nerviosa Alex? – me pregunta Carla.

– Decir que estoy nerviosa es quedarse corta… – le respondo haciendo una mueca.

– ¿Qué me he perdido? – Jorge nos mira a una y a otra sin entender nada.

– ¡Nada! – respondemos mi amiga y yo al unísono.

Se sientan conmigo y charlamos animadamente, la conversación, hace que por un momento deje de pensar en mi portento. Jorge nos cuenta su última aventura, hace unos quince dias hizo el camino de Santiago, para él una experinecia inolvidable, dura y que jamás volverá a repetir. Miro el reloj de soslayo,ya pasan de las ocho y cuarto, mi portento ya no va a venir. Bueno, eso ya me lo imaginaba pero tenía esperanzas… Quizá si le hubiera dicho que era una cita…

– ¡Eh Alex, despierta! – me dice mi amiga chasqueándome los dedos en la cara -, ¿Dónde estabas?

– ¡Aquí no desde luego! – los nervios empiezan a traicionarme y le contesto irritada.

– Oye, hoy es el día del cine clásico en el autocine, reponen ¨ Casa Blanca ¨, Jorge y yo vamos a ir, ¿Quieres acompañarnos?

– Gracias Car, pero paso. Estaré bien, no te preocupes por mi, además, nunca me gustó ir de escopeta. – sonrio para que vea que estoy bien.

Jorge vuelve a mirarnos con cara de no entiendo nada, pero pasa de volver a preguntar, supongo que Carla se lo contará en cuanto esten solos. Sobre las nueve menos cuarto, ellos se van y yo me quedo allí tomándome otra jarra de cerveza y comiendo cacahuetes. Estoy absorta en mis pensamientos, creo que voy a tirar la toalla, lo he intentado, a mi manera, pero lo he intentado. Desde que mi portento irrumpió en mi vida, no me reconozco. Lloro… río… me cabreo… no dejo de suspirar… ¡Uf! no recuerdo haber tenido tantos cambios de humor tan seguidos en mi vida. Soy consciente de que alguien se sienta en el taburete de al lado, pero estoy tan ensimismada en mis cosas que ni le miro.

– ¿Esperas a alguien?

– ¡No! – contesto.

– ¿Estás segura?

– ¡Si! – vuelvo a contestar.

– Daría lo que fuera, por saber que te tiene tan pensativa…

Giro la cabeza y, ¡pam! los ojos más verdes que he visto en mi vida estan observandome, con esa sonrisa pícara que tanto me gusta y me desarma… ¿Qué hago ahora? ¿Me hago la indiferente? ¿La dura? ¿Qué? decido ser yo misma y hablarle con sinceridad, total, de perdidos al río.

– A ti, dejé de esperarte hace más de veinte minutos – le digo.

– Lo siento – responde él -, se me hizo imposible venir primero.

– ¿Trabajo? – asiente -, pués es una pena, yo ya me iba…

– Está bien, entonces te acompañaré.

– ¡Ahora no quiero tu compañía! – le espeto.

– ¡Eres la persona más cabezota y exasperante que he conocido nunca! – resopla.

– ¡No lo sabes tu bien! – le miro, es tremendamente guapo, podría pasarme la vida entera contemplándolo sin más, me gusta muchísimo, tanto que podría enamorarme de él y amarlo por el resto de mi días. Él aprecia un atisbo de duda en mi e insiste.

– Vamos Alejandra… solo una cerveza… ¡Por favor! – me implora.

– ¡Está bien! – acepto.

Nos acomodamos en una de las mesas del ricón, Rober nos trae una jarra de cerveza xl, para mi la tercera, debo bebérmela despacio si no quiero estropear el momento. Nos sentamos uno frente al otro, y nos miramos a los ojos durante un largo periodo de tiempo, al menos eso es lo que me parece a mi, pero supongo que no habrán pasado más de ¿Cuánto? ¿Cinco minutos?

– Bueno Alejandra… – comienza a hablar mi portento – creo que hemos empezado con mal pié, asi que solucionémoslo.

– Yo más bien diría que hemos empezado con un buen polvo… ¿No te parece? – ¡Uau, que atrevida soy! ¿Será por la cerveza? Mi respuesta le deja momentáneamente en silencio, luego, sonríe y asiente.

– Tienes razón… – cierra los ojos -, lo tengo grabado aquí… – me dice tocándose la cabeza.

– ¿Si? ¡Pues ya somos dos! – afirmo, ¿Qué me está pasando? ¿Me he tomado la poción de la sinceridad o qué? – ¿Asi qué el traidor de mi buzón te dijo mi nombre? – digo para cambiar el rumbo de la conversación.

– Si, pero que conste que me lo dijo bajo presión, ¡Tuve que amenazarlo! – los dos estallamos en carcajadas.

Entre broma y broma, el ambiente se va relajando bastante, aunque de tanto en tanto la tensión es palpable, ambos nos deseamos y ninguno de los dos sabe como disimularlo.

– ¿Así qué eres de Puerto Rico? – pregunto.

– Si, vivo en Carolina, una de las mejores ciudades que tiene ese país. Mi padre es español, emigró muy joven a Puerto Rico a buscarse la vida, él y mi madre se casaron poco después de conocerse, según ellos mismos cuentan, fué amor a primera vista.

– Más o menos como yo – le cuento – mis padres son los dos españoles, mi madre es andaluza y mi padre asturiano. ¿Tienes hermanos Victor?

– Si, tengo tres hermanos y una hermana, la consentida de la casa – sonríe pensando en ella – ¿ Y tu?

– No, soy hija única, mi madre tuvo problemas para poder volver a quedarse embarazada. Mi padre siempre dice que yo soy un milagro.

Me siento muy cómoda hablando con él, y creo que él también está agusto. Noto retincencia por su parte cuando la conversación se vuelve más personal, es esquivo y me contesta con evasivas, lo que me hace preguntarme si esconderá algo… Por el momento, aparto esas dudas de mi cabeza, quiero disfrutar de este momento al máximo. Co mi tendencia a cagarla, igual tardamos una eternidad en volver a estar así, de buen rollo, así que lo mejor es relajarme y no agobiarme.

Seguimos hablando… hablando… y hablando, el tiempo pasa muy rápido. Cuando miro el reloj, son más de las doce, llevamos… Cuánto,¿Tres horas hablando? ¡Increible! Ambos somos conscientes de que es tarde pero, ninguno hacemos ademan de querer irnos, asi que seguimos durante un rato más conociéndonos algo mejor. Tengo mucha información que procesar, y mi cabeza está empezando a darle vueltas a sus evasivas, no puedo remediarlo…

Llamo a Rober para que nos cobre las consumiciones y este, me dice que Victor ya se ha encargado de ello, eso me molesta un poco…

– ¿Por qué has pagado tú? – le increpo.

– ¿Y por qué no iba a hacerlo? – me mira y se cruza de brazos.

– Bueno… yo fuí quién te invito a venir. así que creo que me correspondía a mi pagar.

– ¿Pero esto no era una cita verdad?

– ¡No! – contesto ruborizada.

– ¡Pues entonces no hay más que hablar!, Cuando quieras… – se pone en pié y coje su chaqueta.

Me despido de Rober, cojo mis cosas y salimos a la calle. Una vez fuera le pregunto a Víctor si va hacia la urbanización, asiente, y entonces caminamos juntos en esa dirección. ninguno de los dos habla, vamos sumidos en un silencio incómodo. No sé que irá pensando él, pero yo ya voy dándole vueltas al coco formulándome varias preguntas a las cuales no encuentro respuesta. Llegamos a nuestro destino, los dos nos paramos, nos miramos, nuestro deseo es más que evidente.

– ¿Vives aquí? – le pregunto para alargar el momento de la despedida.

– ¡No!

Vaya… Que contestación más seca me ha dado, me deja un poco cortada y sin saber por donde seguir…

– ¿Puedo acompañarte hasta allí? – me dice señalándome el portal de mi casa.

– ¡Claro! – No quiero que se vaya… quiero besarlo… que me bese…

Rodeamos la piscina, y a la altura de los vestuarios, me arrincona contra la pared, clava su mirada en la mía y apoya sus manos a ambos lados de mi cabeza pero sin tocarme. Los dos tenemos la respiración agitada, la zona por debajo de mi cintura está alerta y reclama atención. ¿Cómo puede ser, qué sin siquiera tocarme, me tenga totálmente derretida y anhelando su contacto? Estoy atrapada en esa mirada verde… ¡Por favor! suspiro en silencio… ¡Tócame…!

Como si oyera mis súplicas, posa su mano sobre mi cara, y léntamente la va dejando bajar… acaricia mi cuello, mis hombros, pasa el pulgar por mis labios. Se pega a mi, restriega su cuerpo contra el mío y se apodera de mi boca, su lengua marca el ritmo y la mia lo sigue encantada.

– Alejandra… – susurra con la voz entrecortada y ronca -, te deseo, ¡ahora!

Me mira,esperando alguna señal por mi parte, asiento y, volvemos a unir nuestras bocas, nuestras lenguas se exploran, Victor me muerde el labio inferior y yo gimo… ¡Dios, me estoy quemando, siento un calor abrasador ahí, justo en mi entrepierna! Mi chaqueta cae al suelo, y de repente noto la cálida brisa de la noche en mis pechos… ¿Cuándo me ha quitada también la camisa? ¡Madre mía, hace que pierda la noción de todo! Sólo soy consciente de sus besos… de sus caricias… de su cuerpo… Siento sus dedos jugar con mis pezones ya duros por la anticipación del contacto con sus manos. Su lengua deja un rastro desde mi mándibula hasta mi cuello, baja a mis pechos y sustituye sus dedos por su lengua juguetona que, lame y succiona mis pezones con urgencia, con avidez… Paseo mis manos por su trasero, lo empujo hacia mi y noto su miembro duro, palpitante. Abro los botones de sus vaqueros y lo dejo libre, lo acaricio, lo aprieto. Él suelta un ¡Oh señor! que me acaricia los tímpanos y lo aprieto más contra mi.

– Víctor… – le digo cegada por la pasión – estamos en la calle, subamos a mi casa…

– ¡No! – contesta.

Empuja la puerta que hay a su izquierda, esta se abre y me lleva dentro. Es el vestuario de las chicas. Con una necesidad casi primitiva, nos deshacemos de la ropa, yo sólo tengo que quitarme los vaqueros y el tanga, cuando me giro para mirarlo, él ya esta totálmente desnudo. Me tiende la mano y me aproxima a él. Se sienta en un banco que hay pegado a la pared y yo me acoplo a horcajadas encima suyo. Mi vagina recibe su polla con vitores y cánticos celestiales… Me muevo en circulos y luego subo y bajo y otra vez repito la misma operación. Mi portento tiene los ojos cerrados y los dientes apretados, le gusta como lo estoy montando, eso me hace sentir poderosa, tanto que con fuerza me empalo en él, ¡Oh señor, que maravilla…!

– ¡Joder… Alex…! ¡No sé cuanto voy a poder aguantar! – tiene los ojos muy abiertos y se muerde los labios mientras suelta un pequeño gruñido.

Entonces se levanta conmigo en sus brazos y me apoya contra la pared, esta, está fría y yo muy caliente. rodeo su cintura con mis piernas y él me enviste una y otra vez sin piedad… fuerte…duro. Noto esa sensación abriéndose paso dentro de mi, ¡Si… Oh si…! Jadeo, se que voy a correrme de un momento a otro. Victor sigue empujando con fuerza, noto en su ritmo que él tambien está a punto de correrse. Intento aguantar para que nuestro orgasmo sea al unísono pero no puedo, este llega a mi con una fuerza arrebatadora que me hace gritar su nombre sin importarme quien pueda oirme, y él se corre segundos después… aplastándome contra la pared y susurrando mi nombre. Con la respiración aún agitada, nos dejamos caer al suelo léntamente y allí nos quedamos mirando al techo miéntras nuestras respiraciones se normalizan…

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