¿QUE PUEDE PASAR? Cap.15

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Cierro la puerta del ático con el corazón en la garganta, ¡Joder, una simple caricia y me cuerpo arde…! La ducha tendrá que ser de agua fría, ya se calentará sobre mi cuerpo… – pienso, mientras entro en el baño y abro el grifo. Me despojo de mi ropa, me meto en el ducha, dejo que el agua resbale por mis hombros… mi espalda… ¡Está helada, pero aguanto como una campeona! Solo paso cinco minutos debajo del grifo, tiempo más que suficiente para quitarme el sudor de encima y para que mis hormonas se hayan quedado tiesas de frío.

Mientras me visto, repaso en mi mente la disculpa de Víctor. “Me gustas mucho Alejandra…” Esa frase hace que las mariposas de mi estómago bailen desenfrenadas… Él tambien me gusta mucho, muchísimo…Me siento perdida, hay un laberinto en mi cabeza y no sé que camino tomar… ¡Dios, necesito hacer algo! Pero… ¿Qué? Oigo el sonido del teléfono por alguna parte, me vendría genial que fueran las chicas, asi dejaría de pensar durante un rato. Despues de buscar como una loca el maldito móvil, cuando lo encuentro ya ha parado de sonar, lo miro y para mi sorpresa, Víctor me ha dejado un mensaje en el contestador. Nerviosa lo escucho…

– “Alejandra… dentro de una hora, estaré en “El Corsario Negro”. Ya sabes… por si te apetece tomar algo…”

Sonrío, me ha citado de la misma manera que cuando yo lo cite a él… Nerviosa miro el reloj y entro disparada en el vestidor. Me pongo una falda lapiz de color rojo, una camisa negra y me calzo unos zapatos de taconazo tambien en color negro. Me maquillo un poco y me dejo el pelo suelto. Hago mi entrada en “El Corasario Negro” a las diez y cinco minutos. Víctor está en la barra. Me ve a través del espejo y se gira achicando los ojos, me observa sin molestarse en ocultar su deseo. Su mirada abrasadora me consume… Sé que estoy jugando con fuego y, estoy dispuesta a quemarme. Sonrío mientras me voy acercando a él, cuando estoy a su altura, le planto dos besos, uno en cada mejilla. Él sigue mirándome sin decir nada, hasta que poco a poco aparece esa sonrisa pícara… ¡Está guapísimo! Lleva unos tejanos oscuros y una camiseta que marca su pecho bien definido. ¡Está para comérselo!

– ¿Sabes que eres preciosa? – su comentario me sonroja -, si te soy sincero, no creí que fueras a venir…

– Bueno… – contesto -, no tenía nada mejor que hacer…

– ¡Pués me alegro que no tuvieras nada que hacer! – se da la vuelta y le pide a Rober unas cervezas – ¿Qué tal la semana?

– ¡Bien! Ya sabes pura rutina… operaciones, consulta, curas… ¡Estresante la verdad!

Así comenzamos una conversación de “amigos”, nada de preguntas con doble sentido, nada de insinuaciones pero, si muchas miradas que me dejan sin aliento. No sé si lo hace a propósito o no, pero cuando me mira así, me tiemblan hasta las uñas de los pies.

Aprovecho que ha ido al baño para evaluar un poco la situación. Su forma de actuar conmigo, es distinta a cuando nos conocimos, por decirlo de alguna manera, es menos chulo, no sé si la palabra chulo es la adecuada para describirlo pero, es la única que se me ha ocurrido. ¿Qué ha cambiado? ¿Quizás el verme con Franco? Si, probablemente sea eso… Me dá la sensación que ha querido ir de durillo conmigo y, le ha salido el tiro por la culata. Ahora tengo clarísimo que le gusto, él mismo me lo dijo y, tengo más claro todavía que él me gusta a mi. ¿Entonces? ¿Estamos jugando al gato y al ratón o qué? ¿Quiero tener una relación de verdad con un chico de ventisiete años? No saber la respuesta me asusta. Mis prejuicios aún no me han abandonado del todo y el que dirán sigue atormentándome… Debo dejar de coquetear con él hasta que no tenga claro lo que quiero. ¿Seré capaz de hacerlo? ¡Mmm lo dudo! La aparición de Víctor evita que siga haciéndome preguntas.

– ¿Te apetece que vayamos a bailar? – me pregunta.

– No, la verdad que no me apetece, estoy cansada… – si voy a bailar con él, sé lo que vendrá después y, aunque lo desée no puede ser… – Además mañana he quedado temprano con Carla – miento.

– ¿Tienes planes para mañana?

– No, este fin de semana me quedaré en casa…

– ¡Qué raro, tú siempres tienes alguna fiesta a la que acudir con tus amigas! ¿Estas trantando de evitarme?

– ¡No, no es eso! – vuelvo a mentir.

– ¡Vale…! ¿Te acompaño a casa?

– Prefiero irme sola…

– ¡Está bien, como quieras…!

En ese momento suena su teléfono. Cuando responde, es muy cortante. ¡Joder, que borde es el tío! Pobre de quien este al otro lado de la línea. Un escalofrío recorre mi cuerpo. ¿Y si es ella? Me había olvidado por completo de su existencia… Víctor cuelga y me mira con cara de pocos amigos… ¿Y ahora qué?

– Lo siento Alejandra… Tengo que ir a Bacana, ha surgido algo y me necesitan…

– ¿En Bacana? – pregunto sorprendida…

– Si

– ¿Trabajas allí?

– Más o menos… – responde.

– ¿Qué significa más o menos?

– Ahora no puedo explicártelo, tengo que irme. ¿Quieres acompañarme?

Aunque la curiosidad me mata, mi respuesta es no. Prefiero irme a casa…

Esa noche sueño con ojos verdes y ardientes, manos duras y posesivas, con labios carnosos y sensuales… Con un cuerpo musculoso y fibroso… Esa noche sueño con mi portento. Me despierto frustrada e insatisfecha, ver y estar con Víctor revoluciona mis hormonas… no puede dejar de pensar en él… ¿Qué coño me pasa? ¿Me estaré enamorando? una vocecilla traviesa susurra en mi cabeza que ya lo estoy, que tengo miedo a reconocerlo. Siento que me falta el aire, me levanto y salgo a la terraza, respiro profundamente y cargo mis pulmones de oxígeno. ¡Qué sensación tan horrible sentir que me ahogo en un mar de dudas! Intento recuperar el control de mis emociones, apenas hace tres semanas que le conozco… ¡No puedo estar enamorada de él! ¡Si lo estás! vuelve a susurrarme esa vocecilla… ¡No, me niego!

Necesito salir de aquí… Meto cuatro trapos en una mochila y sin pensármelo ni un segundo me voy a Benalmádena a pasar el resto del fin de semana. Allí está la casa de mis padres, aunque ellos están en Asturias, siguen teniendo su casa aquí y, está a mi entera disposición. Tardo en llegar unos treinta y cinco minutos aproximadamente. Dejo el coche en el patio y entro. Todo está en penumbra, la última vez que estuve allí fué poco después de que rompiéramos Fernando y yo, no imaginé que la próxima vez que volviera, fuera tambien impulsada por la necesidad de huir de otro hombre. Bueno, quizás decir que estoy huyendo es una expresión muy drástica, de lo que realmente huyo es de mis sentimientos. Como si al estar aquí el fin de semana, me hiciera una limpieza curativa y para cuando regresara el domingo no sintiera nada…

Subo a mi antigua habitación, abro la ventana y dejo que la luz del sol inunde la estancia, quito las sábanas que cubren los muebles y dejo la mochila a los pies de la cama. Saco el móvil y escribo en el grupo de las chicas, les digo donde estoy para que no se preocupen y desconecto el teléfono. Me pongo cómoda y bajo a la cocina, echo una ojeada a la despensa, con lo que tengo allí podré arreglármelas para pasar el día. Enchufo la nevera y bajo a la bodega a por una botella de vino para ponerla a enfriar. Más tarde salgo al patio con mi ipod y el libro, me siento en el balancín dispuesta a pasar el resto del día… Escucho el último album de Alejandro Fernández ( Confidencias ) y, despues leo durante un rato antes de quedarme completamente dormida.

Está anocheciendo cuando entro en casa, me preparo algo de cenar, lo pongo todo en una bandeja y junto con la botella de vino subo a mi cuarto. Me siento frente al balcón y, mientras ceno comtemplo como cae la noche y el cielo se va llenando de estrellas. Cuando termino de cenar, con la copa de vino en la mano me siento en el alféizar de la ventana y, dejo que mi mente vague a sus anchas por los recovecos de mis sentimientos.

Estoy confundida… Creo que estoy mezclando amor con deseo… pasión… ¿Puede una persona enamorarse en tres semanas? Nunca antes había tenido que planteármelo asi que desconozco la respuesta. ¿La desconozco de veras? ¿No tengo la respuesta delante de mis narices? ¡Qué complicado es todo…! ¡Mi cabeza es un caos! ¡Tengo tanto miedo a dejarme llevar…! – suspiro.

Preparo la cama para acostarme, la ténue luz de la luna llena de junio se cuela por la ventana, desde mi cama la veo allí, en el cielo, brillando imponente. ¡Es tan romántico…!

A las ocho de la mañana me despierto, la luz del sol ya entra con fuerza en la habitación, el cielo está de color azul intenso, ¡Hace un día espectacular! Salgo al balcón y sonrío al ver la sensacional vista que tengo ante mi, tanto colorido me deslumbra y, me quedo maravillada. Me siento mucho más animada, anoche, después de pensar… pensar… y pensar, solo llegue a la conclusión de que soy una pollina sin remedio, afanándome por situaciones y cosas que todavía no han ocurrido, asi que despues de tanta deliveración, ese ha sido mi único veredicto. Se acabo el ser una agonías, ¡Lo que tenga que ser, será!

Recojo todo lo que está fuera de sitio, coloco otra vez las sábanas encima de los muebles de la habitación y me doy una ducha rápida. Vuelvo a casa con el convencimiento de que mi caos interior, está algo más ordenado. En cuanto entro por la puerta y enchufo el teléfono, este empieza a pitar, durante unos segundos no paran de llegarme avisos de mensajes. Todos son wuas de las chicas, nada de mi portento… Hablo con mis amigas, Estela está con Jared en Nerja, haciendo turismo y Carla en casa de sus padres, celebrando el bautizo de su sobrina, quedamos en vernos a lo largo de la semana. Como yo no tengo ningún plan a la vista, preparo la bolsa de playa y salgo por la puerta dispuesta a tener otro magnífico día para mi sola, esto de pasar tanto tiempo conmigo misma, está empezando a gustarme demasiado.

Paso un estupendo y tranquilo día en la playa, como siempre leyendo y escuchando música, dos de las cosas que más me apsionan en la vida. Durante un rato contemplo a unos niños que están jugando a mi lado, haciendo castillos en la arena, sus sonrisas son contagiosas, se les ve tan felices… Nunca he sentido la necesidad de ser madre, pero viendo a esos pequeños, algo dentro de mi se agita… ¿Será mi reloj biólogico? Puede ser… Estoy haciéndome mayor e imaginarme con un bebe en brazos me agrada… ¡Dios, no se que me está pasando, imaginándome con un bebe…! ¡Esto si que no me había pasado en la vida…!

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¿QUE PUEDE PASAR? Cap.14

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– ¿Te divertiste mucho anoche? Te fuiste muy bien acompañada…

– ¿Qué? – contesto incrédula – ¿A qué viene esto?

– ¡Te he hecho una pregunta Alejandra! ¡Respóndeme!

¿Una respuesta? ¡Dios, se la ha ido la olla por completo!

– ¡Sigo esperando Alejandra…! – sisea.

¿En serio está pasando esto? Me doy un pellizco en el brazo para cerciorarme de que no estoy soñanado… ¡Au, duele! ¡Joder, no entiendo nada!

– ¿Se puede saber que coño te pasa Víctor?

– ¡¡Contéstame!! – me grita.

¡Esto es el colmo! ¿Quién se cree que es para gritarme de esa manera? Respiro hondo y aunque estoy muy cabreada, consigo responderle como si nada…

– ¿Sabes? – Le digo tranquilamente -, no tengo porque darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer, asi que, te recomiendo que te sientes… No vaya a ser que te canses de esperar una respuesta – y sin más cuelgo.

¿Esto acaba de pasar realmente? ¡Dios, tiene que ser una broma de muy mal gusto! ¿todo esto es por qué me vio con Franco? Al final Carla va a tener razón cuando ayer me insinuo que el podría estar celoso… Pero sigo sin entender… Voy de aquí para allá haciéndome pregunta trás pregunta. ¡Esto no tiene sentido! El sonido del teléfono me da un susto de muerte, miro la pantalla, otra vez él… automáticamente rechazo la llamada y tiro el móvil encima de la cama. ¡Estoy indignada, y muy, muy cabreada! ¡Vamos que bufo por toda la habitación como un miura!

El tono de entrada de mensajes empieza a sonar… y yo, soy tan estúpida que los miro… ¡Cómo si no supiera de de sobra de quién son…!

– “¡Alejandra… Coge el puto teléfono! ¡Quiero saber quien era el tipo con el que estabas ayer…! ¿Por qué no contestas Alejandra? ¿Te da miedo reconocer lo evidente?”

¡Qué equivocado estás víctor! ¿Cree el ladrón que todos son de su condición? Tambien él estaba muy bien acompañado… ¡Joder! ¡Y yo no le pido explicaciones! ¡Puede hacer con su vida lo que le dé la real gana! Vuelve a sonar el móvil, esta vez contesto dispuesta a terminar con toda esta mierda de una vez.

– Escúchame Víctor… – digo lo más calmada que puedo -, con quien salga o deje de salir, no es problema tuyo. ¡Entre tú y yo, no hay nada! ¿Lo entiendes? – lo oigo bufar al otro lado de la línea -, hemos follado un par de veces…

– ¿Eso es lo qué crees? ¿Lo qué piensas? – me pregunta.

– ¡Es lo qué tú me dejaste bien claro el viernes…!

– Pero eso podría cambiar…

– ¿Qué podría cambiar Victor?

– ¡Lo nuestro! – me responde con énfasis.

– Víctor… – me siento agotada – no creo que pueda existir un lo nuestro, no despues de lo de hoy… – susurro – pienso que deberíamos dejar de vernos…

– ¡Alex no…!

– ¡Es lo mejor, creeme!

– ¿Es lo mejor para ti, o para mi?

– ¡Para Ámbos! ¡Adios Víctor! – cuelgo sin darle opción a réplica.

Mis ojos se llenan de lágrimas y se me encoge el corazón al darme cuenta lo difícil que es todo. Estaba dispuesta a pasar por alto la diferencia de nuestras edades, dispuesta a disfrutar del sexo con total libertad sin pensar en nada más, dispuesta a entregarme a una relación física, sin esperar nada más que el poder disfrutar del sexo como nunca antes había hecho… pero, lo que no estoy dispuesta a pasar por alto, son esos ataques irracionales de celos, la agresividad de sus palabras… Me prometí una vez a mi misma, que nadie volvería a tratarme así y cumpliré mi promesa cueste lo que me cueste.

Me vuelvo a la cama aunque sé que es vano, no podré pegar ojo. Apago la luz y me quedo a oscuras mirando a la nada. ¡Víctor… Víctor… Víctor, jamás imaginé que fueras de esa clase de hombres que dan por hecho que les perteneces porque hayas echado un par de polvos con ellos…! Por más que lo intento sigo sin comprender lo que ha pasado… Trás un buen rato de darles vueltas al coco, me siento lo suficiéntemente agotada como para volver a dormirme. Como decía Escarlata O´Hara en ( Lo que el viento se llevó ), “Despues de todo, mañana será otro día… ”

Cuando consigo dormirme, tengo sueños raros. A la mañana siguiente suena el despertador, siento como si mi cuerpo hubiera sido arrollado por una apisonadora. Después de una ducha, un ibuprofeno y un par de cafés, me siento preparada para enfrentar el día. Lo primero que veo en cuanto se abre la puerta del garaje es la moto de Víctor, sigue aparcada en el mismo sitio de ayer, eso me desconcierta… pero paso, no quiero empezar el día dándole otra vez vueltas a la cabeza. Tengo por delante un duro día de trabajo y he de estar tranquila y concentrada.

La clínica es un caos, parece que los astros se han puesto todos de acuerdo para joderme el día. Encima, Marco esta de mala leche porque la famosa que ha ingresado hoy, es una toca pelotas. auguro que el dia irá de mal a peor.

La operación de la famosa en cuestión, está programada para las diez, asi que antes de prepararme para entrar en el quirófano, me tomo otro café y un donut en mi consulta. miro el móvil por última vez antes de desconectarlo y, no me sorprende ver que ya tengo cuatro llamadas perdidas de Víctor. No imagine que pudiera ser tan insistente… Con ese pensamiento rondando en mi mente, me preparo y entro en el quirófano.

La operación sale según lo previsto, salimos de la sala de post operaciones pasadas las tres de la tarde, como todavía tengo que pasar consulta un par de horas, me voy a la cafería de la clínica y me como un pincho de tortilla rellena y me tomo una pepsi, hoy voy de cafeina hasta las cejas – pienso – si sigo en este plan, no tardarán en darme taquicardias. Algo cansada y con el cuello entumedizo me voy a terminar mi jornada laboral.

Estoy sumergida en la bañera con los ojos cerrados, en el equipo de música suena un recopilatorio de Adele… ¡Mmm esto es lo que necesitaba, un buen baño relajante que ayude a desentumecer mis músculos! No sé cuanto tiempo paso en el baño, pero no salgo del agua hasta que no tengo los dedos de las manos y de los pies arrugados como pasas. Tirada literalmente en la cama, enciendo el teléfono. Como suponía empiezan a sonar los tonos de aviso de mis mensajes. Los miro… un montón de llamadas perdidas de Víctor y un mensaje en el contestador, también suyo. Siento curiosidad y lo escucho…

– “Alejandra… Perdóname por favor. Mi comportamiento de ayer, ha sido excesivo, me dejé llevar por los celos que sentí al verte con otro tío. Entiendo que no quieras volver a verme pero… ¿Podrías darme la oportunidad de decirte cuánto lo siento personalmente?” Espero ansioso tu contestación…

Su voz suena triste y apagada, no me cabe la menor duda de que está arrepentido, siento lástima, todos tenemos derecho a cabrearnos cuando nos parece necesario pero… no pienso ponérselo fácil… Me cubro con la sábana y vuelvo a escuchar su mensaje una y otra vez hasta que me quedo dormida. Los días pasan rápido y, mi portento ha debido de captar el mensaje porque no he vuelto a saber nada de él en toda la semana… Es viernes y las chicas tampoco han dado señales de vida asi que me voy a casa sin ningún plan en mente, como es temprano, me voy a correr un rato, lo necesito… Apenas consigo recorrer cinco kilómetros a un buen ritmo, me siento agotada tanto fisicamente como mentalmente. Estoy ansiosa porque lleguen mis vacaciones, aún me queda un mes para poder disfrutarlas, pero nunca sentí tanto la necesidad de largarme como hasta ahora. Ni siquiera cuando Fernando me dejo… pero ahora me siento saturada, siento que el peso de todo lo ocurrido en estos últimos cinco meses me está pasando factura. Necesito a mis padres, necesito estar en Asturias y olvidarme de todo por una temporada.

Vuelvo a la urbanización caminando, me siento pegajosa, siento el sudor resbalándome por la espalda y la cara ardiendo por el esfuerzo de la carrera. Me apoyo en la barandilla de la entrada para estirar un poco los gemelos, los siento agarrotados. En cuanto levanto la vista del suelo me encuentro con los ojos verdes de Víctor mirándome fijamente, lo tengo justo a mi lado, ni siquiera le he oido acercarse… Me pongo nerviosa, las mariposas de mi estómago se despiertan y empiezan a batir sus alas… ¿Y ahora qué? Me paso la lengua por los labios resecos… Sus ojos no tienen la chispa de siempre y su boca no parece estar dispuesta a regalarme esa sonrisa que tanto me gusta… ¿Está enfadado?, ¿No debería de ser yo la que lo estuviera? Intento esquivarlo pero no lo consigo, me coge la muñeca y tira de mi hasta que nos quedamos frente a frente…

– Alejandra… – me susurra.

– Víctor… – le miro…

– Necesito hablar contigo…

– Ahora no puedo Víctor, tengo que volver a casa y…

– ¡Por favor…! – me ruega – Dame cinco minutos…

Asiento y me cruzo de brazos a la espera de oir lo que sea que tenga que decirme.

– ¡Gracias! – me mira a los ojos -, Veras… el otro día cuando te ví con aquel tipo, por primera vez en mi vida sentí celos. No actué bien, lo sé, pero era tal la rabia que sentí, que no pude controlarme. Se me fué de las manos, no debi tratarte así ni gritarte… – se queda en silencio de repente – Alejandra… por favor créeme cuando te digo que estoy muy arrepentido de mi comportamiento… ¡Perdóname te lo suplico!

– No tenías ningún derecho ha hacer lo que hiciste Víctor…

– ¡Lo sé! ¡He sido un gilipollas!

– Pues si… ¡Has sido un gilipollas y muchas cosas más!, ¡Me has decepcionado!

– ¡Lo siento, deberas que lo siento! Me gustas mucho Alejandra… No quiero perder la oportunidad de conocerte mejor aunque sólo sea como amigos… ¿Podrás perdonarme?

– Si, te perdono. ¿Ahora vas a dejarme pasar? – sigo de brazos cruzados mirándole.

Se hace a un lado para dejar que siga mi camino, no parece estar muy satisfecho con mi respuesta. Paso a su lado y antes de que entre el el vestíbulo me llama…

– Alejandra…

Me giro en la puerta y espero a que hable. Se acerca a mi con paso lento y algo dubitativo…

– ¿Amigos entonces? – me tiende la mano y yo la acepto. Con un ligero apretón de manos, sellamos nuestra renovada amistad…

– ¡Amigos! – digo haciendo incapié en lo de “Amigos”.

El muy arrogante deja salir esa sonrisa suya que me encandila y con una chispa de diversion en los ojos me acarica la palma de la mano con el pulgar. Ese leve contacto hace que me hierva la sangre…

– ¡Por supuesto, “amigos”!

Se abren las puertas del ascensor y aprovecho para dejarle allí plantado…

¿QUE PUEDE PASAR? Cap.13

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Miro disimuladamente en dirección a su mesa y, el muy cabrón se ha cambiado de sitio, lo tengo justo frente a mi, para que pueda verlo bien. ¡Sera… sera…! Me muerdo la lengua para no cagarme en todo… No entiendo que ha podido pasar… ayer fué todo genial, pensé que estabamos en punto donde los dos estabamos agusto, bueno, el más que yo… por eso no entiendo esta reacción hacia mi ahora. ¿Será por qué está con la rubia? ¡Ay Dios! ¿Será su novia? Se me encoge el corazón solo de pensarlo.

Dedico toda mi atención a Franco, que nos está contando el último caso que ha ganado, un divorcio muy conflictivo de una famosa pareja italiana. En realidad no me estoy enterando de nada, la mirada penetrante de mi portento al otro lado, hace que sea incapaz de concentrarme. A pesar de no enterarme de nada sonrío, no quiero que note que sus miradas me tienen perdida. Los séis salimos a la pista a bailar una canción de Carlos Vives ( Volví a Nacer ), Franco me coge de la mano y los dos nos balanceamos al ritmo de la música, no hay ni coqueteo, ni arrumacos ni nada que se le parezca, al menos por mi parte. Sé que si yo quisiera, Franco no tendría ningun problema en acompañarme a casa o llevarme a su hotel. Pero no es eso lo que quiero.

– ¿Se puede saber que te pasa? – la canción ha terminado y Carla está delante de mi mirándome interrogante – Te observo desde hace rato, pareces ausente. ¿Estás bien?

– ¡Joder Carla, no se te escapa una ¿Eh?! ¡Mi portento está aquí!

-¿Si? ¿Dónde?

– Está en la zona vip, muy cerca de nuestra mesa.

– ¿Y cuál es el problema?

– ¡El problema es que me ha visto y ha actuado como si no me conociera! – resoplo.

– ¿Ha pasado algo entre vosotros que yo no sepa?

– ¡Qué va! ¿Ayer cuándo nos despedimos todo estaba bien, al menos daba esa impresión! Está con un grupo de gente, entre ellos hay una rubia espectacular que no para de manosearle…

– ¿Estás celosa? – me encojo de hombros y asiento – ¿Puede ser que él tambien lo esté?

– ¿Él celoso? ¿Pero por qué?

– ¡Joder Alex… Franco no se ha separado de ti ni un segundo desde que te conoció!

– No, no creo que sea por eso… Lo vi tonteando con esa chica, hasta puede que sea su novia… ¡Joder Carla si hasta le salude con la cabeza…! Entonces fué cuando el me miró de esa manera, como si no me conociera de nada. Que esté así por Franco es una tontería, él y yo no estamos saliendo, ¡Joder, solo follamos! – siseo para que nadie más me oiga -. Solo hemos estado juntos un par de veces, ¡No, no puede ser por eso!

– Pero tu estas celosa… ¿Por qué no puede estarlo él?

– ¡Si, admito que estoy algo celosa! Aún así, le saludé… ¿Ves la diferencia? ¡Él me ignoró! – cada vez estoy más cabreada – ¿Por qué?

– ¡Tarde o temprano lo sabrás Alex! ¡No parece que Víctor sea de los que se queda callado mucho tiempo! Vamos, los demás estarán preguntándose que donde estamos… – me coge del brazo y tira de mi para que la siga.

Sobre las tres de la madrugada el grupo decide ir a una discoteca que hay en el puerto, pero yo paso. Estoy cansada y no tengo la cabeza para más fiestas, prefiero irme a casa y dormir. Salimos todos juntos de Bacana, antes le echo un último vistazo a mi portento que sigue con la rubia pegada a él como una lapa. Me despido del grupo en la puerta y, un taxi me lleva a casa.

La mañana de domingo, me levanto de capa caída, en seguida pongo música, dicen que la música alegra los corazones y conmigo funciona. En realidad – pienso mientrás me tomo un café y un bollo en la terraza -, no he hecho nada para merecer esa indiferencia por parte de mi portento, así que paso de todo, ¡Que le den! ¡No pienso pedirle ni una puta explicación al niñato de los cojones! Mi abuela paterna siempre decía… ( El que con guajes se acuesta, cagau se levanta ), ¡Que sabia era mi abuela…!

Hace un día espléndido y no pienso desaprobecharlo. Preparo la bolsa de playa, me hago unos bocatas y me visto. Salgo por la puerta con el chip totalmente cambiado, nada de pensamientos negativos. ¡La vida solo se vive una vez! Voy conduciendo hasta la playa “Los Monteros”. Es una de mis playas favoritas aquí en el sur. Tiene una magnífica zona verde que alcanza hasta la misma arena, ¡Es alucinante! Y las casas con piscina própia que hay alrededor son de escándalo.

A esa hora la playa ya está bastante concurrida pero, encuentro un hueco entre el cesped y la arena. Me acomodo dispuesta a pasar un día tranquilo. Para ello desconecto el móvil y lo guardo en la bolsa, no quiero interrupciones, hoy es un día solo para mi. Me unto el cuerpo de protector solar y me tumbo al sol. ¡Uf, estoy achicharrada! El sol pega de lo lindo, en un rato tendré que meterme al agua o no podré aguantarlo. Cuando lo hago, disfruto como una enana. Voy metiéndome poco a poco, dejando que las olas rompan a mi lado, me adentro un poco más y nado. Me pongo boca arriba , el balanceo del agua me relaja. Yo, podría ser una sirena perfectamente.

Más que comerme el bocata, lo devoro. ¡Tengo muchísima hambre! Estar al aire libre es lo que tiene, te abre el apetito como si no hubieras comido en días. Paso la tarde tostándome al sol mientras leo uno de mis libros favoritos, “La Casa de Riverton” de ( Kate Morton ), releo sus libros una y otra vez, ¡Me encanta esta escritora!

Antes de entrar con el coche en el aparcamiento subterráneo, veo por el espejo retrovisor la moto de mi portento aparcada allí fuera… ¿Qué estará haciendo allí? ¿Habrá ido a verme? ¿Estará con la rubia? Mi cabeza empieza a echar humo como una locomotora a vapor. Me enfado conmigo misma por el rumbo que están tomando mis pensamientos. ¡Se acabo Alejandra, ni un solo pensamiento más! – Me regaño a mi misma -, doy un manotazo al volante y voy hacia mi plaza. Cojo las cosas del maletero y subo en el ascensor.

Una vez duchada, con el cuerpo límpio de salitre y arena, me pongo cómoda. Saco el móvil de mi bolsa y lo enciendo. en cuanto el teléfono recupera la vida, suena durante unos segundos avisándome de mensajes y llamadas. Pues si que he estado solicitada hoy… – pienso extrañada -. Tengo cuatro llamadas perdidas de un número desconocido, al instante me viene a la mente Fernando… ¡Qué pesadito es el tío! Dos llamadas más de Carla y el whatsapp echando humo, en el grupo de las chicas doscientos treinta mensajes… ¿Se han vuelto locas o qué? Voy a la cocina a por una cerveza y vuelvo al sofá para leer la conversación…

No doy crédito a lo que leo, Carla se ha liado con Flavio, no me lo esperaba y eso me sorprende. Bueno, en realidad cada vez que mi amiga me dice que se ha liado con alguien, me quedo sorprendida. Siempre he pensado que Carla y Jorge su ( Follamigo ) están enamorados, aunque ninguno de los dos parece darse cuenta. Más abajo en la conversación me preguntan donde estoy, que de señales de vida. Los cuatro junto con Franco se van a Torremolinos a pasar el día y me preguntan que a que hora me recogen… Menos mal que he desconectado el teléfono, los hubiera tenido dándome la turra todo el día. Las escribo, más que nada para tranquilizarlas, conociéndolas sé que estarán preocupadas…

– “¡Buenas tardes noches chicas! menudo día tan ajetreado habéis tenido hoy, estoy bien, he desconectado del mundo y me he ido a la playa ( sola ). ¿Qué tal el día por Torremolinos?” – le doy a enviar.

Al momento suena el teléfono… Miro la pantalla y pongo cara de horror, no reconozco el número asi que, debe de ser ese gilipollas otra vez. Paso de cogerlo, no quiero estropear mi momento zen. Lo que si hago es llamar a mis padres… Como siempre que están en casa, mi madre decuelga al segundo tono.

– ¡Hola mami! ¿Qué tal, como va todo?

– ¡Hola cariño! ¡Muy bien, acabamos de entrar en casa, hoy hemos ido de excursión! ¿Qué tal tú?

– Bien mama, hoy he tenido un día de playa espectacular. ¿A donde habeís ido?

– Pues mira hija, hemos salido de casa sobre las ocho de la mañana, paramos a desayunar en Cangas de Onís, después subimos a Covadonga, ¡No veas la cantidad de gente que había hija…! Comimos arriba en los lagos y por la tarde nos acercamos hasta Ribadesella, ¡Estoy molida!

– ¡Normal mama, menudo tute os habéis dado! ¿Os habéis divertido?

– ¡Oh si hija, muchísimo! ¡Lo hemos pasado muy bien!

– ¡Me alegro! ¿Dónde está papa?

– Esta aquí, ahora te lo paso…

– ¡Hola princesa! ¿Cómo te trata la vida?

– ¡Bien papi, no me puedo quejar! ¿Qué tal la santina?

– ¡Bien hija, allí sigue, en la cueva! – se ríe.

Hablo con mi padre durante quince minutos aproximadamente, ahora se a aficionado a la pesca y me cuenta sus aventuras junto a Felipe y Amador, ( sus amigos de toda la vida ). ¡Anda qué vaya tres patas para un baco…! Me despido de ellos, no sin antes decirles que los adoro y que les quiero con todo mi corazón. A las diez de la noche ya estoy acostada, me pesa el cuerpo una barbaridad. Necesitaba un día así para mi como el de hoy… Morféo no tarda en llegar y me quedo profundamente dormida.

El sonido del movil me sobresalta, ¿Qué hora es? Miro el reloj de la mesilla, las once y cuarto de la noche… el teléfono sigue sonando… ¿Quién será? A oscuras y desorientada, tanteo la mesilla hasta que doy con él…

– ¿Quién? – pregunto con la voz pastosa.

– ¿Se puede saber por qué no has cogido el teléfono en todo el día?

Me incorporo en la cama alarmada…

– ¿Fernando?

– ¿Quién cojones es Fernando?

– ¿Quién eres? – pregunto asustada.

– ¿De verdad no sabes quién soy?

– ¡Joder, no, no lo sé! ¡Si lo supiera no preguntaría! – ya he saltado de la cama y voy de aquí para allá frenética.

– ¡Alejandra…!

¡Oh dios mio… En cuanto pronuncia mi nombre sé quien es al instante, es mi portento! ¿Pero qué le pasa? ¿Por qué está tan cabreado? Me quedo mirando el teléfono perpleja, como si él pudiera aclararme algo…

¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.12

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Carla y Estela me están esperando en la terraza del chiringuito, cuando me ven acercarme las dos me lanzan silbidos y vítores. La gente se voltea a mirarme. ¡Que asquerosas, menuda vergüenza están haciéndome pasar! Llego hasta la mesa y me siento, la cara me arde, ¡Ya bastante llama la atención este vestido, como para tener que aguantar a estas dos! Las miro con cara de mosqueo…

– ¿Pero a vosotras que os pasa?

– ¡Uau Alex… Es que estas… despampanante! – me dice Carla.

– ¡Gracias! – me encantan los cumplidos – Esta mañana me dijo Este que todas llevamos una golfa dentro, entonces… – me encojo de hombros -, he pensado en sacar a la mía a pasear… – les guiño un ojo.

– ¿Quién eres tú, y qué has hecho con nuestra amiga? – chillan las dos al unísono.

Las tres nos reímos como locas, y como es lógico la gente nos mira. Seguro que preguntándose si estaremos bien de la cabeza.

El camarero nos sirve una copa bien fría de D´Asti ( Moscato ), esta delicioso, como siempre. La gente vuelve a lo suyo mientras nosotras más calmadas charlamos. Cuando les cuento que esa mañana me ha llamado Fernando, no dan crédito. Carla que no puede ni verlo se pone hecha una furia…

– ¡No puedo creer que se haya atrevido a llamarte! – dice Estela.

– ¡Pues yo de ese capullo espero cualquier cosa! -Carla esta indignada.

– Ya le he dicho bien clarito esta mañana que no tengo nada que hablar con él, – las dos asienten.

– ¡Cambiemos de tema por favor! – propene Carla – ¡Ese tipo saca lo peor que hay en mi y, no quiero que nos fastidie la noche.

Automáticamente cambiamos de tema de conversación, solo de pensar en Fernando me entran escalofríos, ¡ Lo detesto!

Hablamos de todo un poco, de trabajo, del amigo américano de Estela, de mi portento, en fin… de muchas cosas. Pienso en comentarles mis dudas respecto a Victor pero, como conozco bien a Carla, no quiero darle munición para que me sermónée, asi que me quedo callada al respecto. La cena como de costumbre está deliciosa, ensalada templada de ahumados y, entrecot de buy a la piedra, de postre tarta de tiramisú. He comido tanto, que si respiro más profundamente de lo normal, el vestido estallará por algún sitio.

– ¿Vamos a mover el esqueleto a la discoteca nueva? – propone Carla – Estela todavía no la conoce…

– ¡Por mi perfecto! – contesta esta.

– ¡Pues a mover el esqueleto se dicho! – el cuerpo me pide marcha… me levanto para ir al baño…

– ¿Tienes prisa? – me pregunta Carla.

– Para ir a ” Bacana ” no, pero para hacer pis si, ¿Puedo? – la miro con sorna.

– ¡Por supuesto! – sonríe – te vi tan lanzada que creí que ya querías irte…

Las dejo allí en la terraza tomándose un café miéntras voy a los aseos que están al fondo del bar. Allí tardo una eternidad, hay una cola interminable. Miéntras espero, pienso en mi portento, ¿Lo veré esta noche? Reconozco para mis adentros que me he puesto este vestido por si acaso… Quiero que en cuanto me vea si se da el caso, me desée y no pueda separarse de mi…

Cuando termino y salgo, mis amigas ya están listas para irnos. ¿Tanto he tardado? Porque parece que a las que les ha entrado la prisa es a ellas. De camino a la discoteca, como Carla y Estela van enfrascadas en una conversación de política y yo paso de eso, saco el móvil de mi bolso. No tengo ni llamadas ni mensajes ni nada, Fernando no ha vuelto a llamar para tocar las narices desde esta mañana. Bien pensé que se presentaría en mi casa y la liaríamos parda. No puedo evitar preguntarme para que me ha llamado… La cola para entrar en la discoteca es kilométrica, si nos quedamos a esperar, tarderemos siglos en poder entrar.

– ¿Qué hacemos? – les pregunto – ¿Vamos ” Al Corsario “?

– ¿Al Corsario? Me apetece bailar… – Carla pone pucheros como si fuese una niña pequeña – si conociéramos a alguién y nos colara…

Pasa un rato sin que decidamos que hacer, empiezo a impacientarme, de hecho, se me están quitando las ganas de entrar,, me siento íncomoda con el vestido, creo que he cenado demasiado, y los zapatos… ¡Uf! Empiezan a ser un martírio para mis piés. ¡Como no se decidan pronto me largo a casa! De repente la cola empieza a avanzar y cuando me quiero dar cuenta estamos dentro dando nuestras chaquetas al chico del guardarropía. ¡Menudo llenazo hay…! Caminamos entre la gente y nos quedamos en la barra que hay en el centro, la más cercana a la pista. Pedimos unas cervezas y el camarero nos invita a un chupito. Estela y Carla se lanzan a la pista a mover el esqueleto, miéntras yo me quedo allí apoyada en la barra rezando para que quede libre un taburete y poder sentarme. Un rato después sigo allí de pié observando a mis amigas bailando y haciendo tonterías. Me miran y les saco la lengua. ¡Son la caña, las adoro! cuando se cansan de bailar, se acercan, pero no lo hacen solas, vienen con tres tipos…

– Alex… Ellos son Flavio, Franco y Paolo – Carla me presenta a los tres bellezones que las acompañan.

No sé a quien dirigirme primero la verdad, al final los saludo a los tres y les digo que estoy encantada de conocerlos. Carla se lanza a hablarles en italiano y acapara toda su atención, entonces aprovecho para preguntarle a Estele de donde han salido estos tres…

– Se han acercado a nosotras en la pista, dicen que nos han visto llegar y que estaban ansiosos por conocernos, son turistas – me suelta mi amiga casi sin respirar -, Carla les ha invitado a unirse, ya sabes como es…

Si, sé de sobra como es la loca de mi amiga, gracias a ella ahora tendremos que pasar el rato con tres italianos que están de muerte. ¿Se puede pedir más? Los italianos están en la zona vip, nos invitan a ir con ellos y aceptamos a ojos cerrados, sobre todo yo que tengo los pies destrozados y por fín podré sentarme. Pasamos los cortinajes de terciopelo rojo y nos llevan a una mesa rodeada de sofas también en rojo, a un lado de la mesa, hay una cubitera con una botella de Moet Chandon enfriando. Franco creo que es, llama al camarero y le pide que nos traiga unas copas, en cuanto lo hace, las deja encima de la mesa y nos sirven el Moet bien fresquito. Son unos chicos muy divertidos, y se defienden bastante bien con el español. Franco, que no se despega de mi lado, nos cuenta que en realidad han venido por negocios, pero que como han terminado antes de lo previsto, han aprovechado para conocer Marbella, ya que no es la primera vez que les dicen que es una ciudad de ensueño.

Carla y Flavio van a la pista a bailar, Estela, Paolo, Franco y yo hablamos de cine. Franco está tan pegado a mi que empiezo a sentirme incómoda. El hombre no está nada mal, es guapo, sexy, viste bien, es abogado y tiene un par de años más que yo, ¡Todo un partidazo!, pero no es mi portento… ¿Por qué siempre tengo que pensar en él? Desde hacer rato noto el cosquilleo en mi espalda, estoy segura que está por aqui aunque todavía no lo he visto, ¿Estará viéndome él a mi? Me pongo nerviosa al instante solo de pensar que me pueda estar observando…

Va pasando la noche, tenemos otra botella de Moet Chandon enfríando en la cubitera. Estos tres no reparan en gastos, nos han estado contando la clase de fiestas privadas que preparan en Italia y las tres nos hemos quedado con la boca abierta, ¡Literalmente! No cualquier tipo de fiesta ¡No! ¡Fiestas sexuales! No puedo ni imaginarme por un segundo acudiendo a una de ellas. Puedo echar polvos en baños públicos, en vestuarios… pero hacer cambios de pareja, trios, orgías etc… ¡Que va, por ahí no paso!

Acompaño a Estela al baño, en cuanto entro y miro hacia el sofá, las imagenes del encuentro con mi portento se suceden en mi mente con total claridad, con tanta fuerza y tan reales que hasta se me humedece la entrepierna.

– ¿Estás bien? – Estela esta mirándome burlona.

– Si, ¿Por qué?

– Bueno, tengo entendido que aquí ocurrió ya sabes… y desde que hemos entrado te has puesto un poco colorada – la muy puñetera está reprimiendo una sonrisa.

– ¿Serás capulla? – le increpo.

– ¡Perdona! – me dice entre carcajada y carcajada – ¡No he podido evitarlo!

Entro en el primer baño que queda libre y cierro la puerta con demasiado ímpetu. ¡Joder, me he puesto cachonda, pero cachonda de verdad! ¿Qué me está pasando?

Cuando salgo Estela está esperándome con los brazos en jarras y las cejas alzadas…

– ¡Has estado demasiado tiempo ahí dentro! ¿Qué has estado haciendo? – a los dos segundos de decirme eso la muy idiota vuelve a estallarse de risa. ¡Hasta se le saltan las lágrimas y todo! – Lo siento Alex… Tenías que haber visto la cara que has puesto! – me dice sin poder parar de reir.

– ¡Que bien te lo estas pasando a mi costa ¿Eh?! ¿La próxima vez que te acompañe Carla! – me hago la indignada, pero no cuela. Al final me uno a ella y las dos salimos del baño llorando de risa.

Estamos cerca de nuestra mesa cuando lo veo, está unas tres mesas antes de la nuestra. No está solo, hay un grupo de gente con él y, para mi asombro, la rubia del cuerpazo que estaba en la piscina le está acariciando la cara en plan meloso y susurrándole algo al oído. Justo en ese momento, nuestras miradas se encuentran. Le saludo, y hasta soy capaz de dedicarle una sonrisa. Él en cambio me mira impasible, como si no me conociera de nada. ¿Qué coño le pasa? Me mira de pies a cabeza con desdén y cuando sus ojos llegan a la altura de los míos gira la cabeza asqueado. Me quedo de piedra… ¿Se puede saber que le he hecho a este gilipollas para que me mire así?

Cabreada, muy cabreada paso al lado de su mesa con la mirada al frente. ¿Quieres jugar a ignorarme? ¡Adelante, juguemos! Con una gran sonrisa dibujada en mi rostro me vuelvo a sentar junto a Franco, cojo mi copa y bebo para tragar el nudo que se me ha formado en la garganta. ¡La chula que hay en mi, está empezando a enseñar los dientes!

¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.11

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– Me vuelves loco Alejandra, en todos los sentidos… – me mira.

– Y… ¿Eso es bueno o malo?

– ¡No lo se…! – su voz suena apagada.

Vaya… ¡Toma sinceridad Alejandra! No sé como debería tomarme eso…

– ¿Cuántos años tienes Víctor? – se pone tenso.

– ¿Saber mi edad es importante para ti?

– ¡Si! – contesto con un murmullo.

– Veintisiete, tengo veintisiete años… – me quedo quieta mirando el techo – ¿Eso te supone un problema?

– No, no lo creo. Pero es raro, deberías acostarte con chicas de tu edad…

– Resulta que tengo grabada en mi memoria la contestación que me diste en el baño de la discoteca cuando follamos por primera vez… ¿La recuerdas?

– No, refréscame la memoria… – cegada por la pasión de aquel día, fuí capaz de decir cualquier estupidez. A ver con que me sorprende ahora.

– Fue algo asi como: ¨ Oh cielo si follo contigo, serás tú el que no quiera hacerlo con nadie más ¨, y resultó ser verdad ¿sabes? ¡No quiero follar con nadie más!

¡Oh, si que recuerdo aquella frase, no sé de que lugar de mi mente salió, si él supiera que yo me quede más sorprendida que él en cuanto la solte…!

– ¡Solo quiero follarte a ti Alejandra! – me mira, evaluando mi cara por esa afirmación.

El corazón se me encoge, estamos hablando de follar, ni un puto sentimiento más, ¡Solo follar!, ¿Puedo hacer eso? por el momento si, pero sé que saldré escaldada de todo esto, en mi fuero interno lo sé. Me incorporo mientras el me mira desde su posición, voy recogiendo mi ropa esparcida por el suelo y me visto con calma.

– ¿No vas a decirme nada? – pregunta…

– No creo que sea necesario, los hechos hablan por si solos. Follamos cada vez que nos vemos ¿No?

– Y, ¿Por qué parece que estás molesta?

– No lo estoy, lo que estoy es cansada, es tarde. Dejemos está conversación para otro momento ¿quieres?

– ¡Está bien, como quieras!

Se levanta y se viste sin prisa, mirándome de tanto en tanto, cuando estamos listos Victor, asoma la cabeza por la puerta para cerciorarse de que no hay moros en la costa. Salimos y cogidos de la mano me acompaña hasta la puerta. Nos paramos uno en frente del otro, sin hablar, sólo mirándonos. Su mirada es tan intensa… Con su mano en mi nuca, me acerca a su boca y me da un beso tierno. Nos despedimos, no quedamos ni en vernos, ni en llamarnos ni en nada. Acabaremos encontrándonos tarde o temprano.

Entro en casa con una sensación rara… con sentimientos encontrados, por un lado me siento bien, bien porque, por una vez en mi vida he hecho lo que quería, dejando atrás a mi otra yo, esa que le pone pegas a todo, esa que evalua cada paso, la que busca sentirse segura y nunca se arriesga a nada, la que nunca hace nada por miedo a lo que los demás puedan pensar, si, por primera vez he dejado a esa yo encerrada en algun ricón y no me arrepiento. Y, tambien me siento mal, esta última conversación con mi portente me ha dejado pensativa… sus palabras repiquetean en mi cabeza ¨Solo quiero follar contigo Alejandra¨, veamos… soy consciente que nosotros no tenemos una relación, es demasiado pronto, nos estamos conociendo o eso creía yo. Ahora entiendo sus evasivas al hablarme de su vida privada y personal, si solo quiere de mi una relación física… ¿Para qué contarme nada? Si, algunas piezas de este rompecabezas empiezan a encajar…

Ahora la pregunta del millón, es… ¿Qué quiero yo? ¿Me bastará solo con sexo? Puede que por un tiempo me conforme… pero me gusta demasiado y, de lo que estoy totalmente segura es que no quiero sufrir, aunque a veces eso es inevitable…

El sabado me despierto tarde, para mi tarde son las diez de la mañana. A pesar de mis reflexiones de anoche, he dormido como un tronco, ¿Por qué perder el sueño por algo que todavía no ha pasado?, ¡Lo que tenga que ser, será!

Me preparo un desayuno revitalizante con su zumo de naranja, café y tostadas con mermelada de fresa y mantequilla, ¡Uau estaba muerta de hambre! no recuerdo cuando fué la última vez que me tomé un desayuno tan completo, – sonrío – ¿Será por todo el ejercicio que hice anoche? Puede ser… Me pongo un vestido marinero de tirante, las bailarinas azules y me hago una trenza. Enchufo mi ipod en el equipo de música del salón y me pongo a recoger aqui y allá. Cuando suena la canción de Gloria Gaynor ( I Will Survive ), subo el volumen y me pongo a cantar como una loca. ¡Me chifla esta canción!

A medio día suena el móvil, es Estela, quiere saber si mi portento ha aparecido anoche. Le cuento con pelos y señales toda la cita, incluído el tórrido polvo en los vestuarios de la piscina de mi urbanización y mi amiga se queda perpleja…

– ¡Joder Alex… te estás volviendo muy pervertida y morbosa! – Sonríe.

– ¡Lo se… nunca había hecho algo así!

– ¡Estas dejando salir a flote la golfa que llevas dentro! – Se burla mi amiga.

-¡Estela! – le grito.

– ¡Venga Alex… todas llevamos una, es cuestión de dar con el chico adecuado para dejarla salir! – me dice convencida. ¿En serio cree eso?

– ¡Eres increible Estela, me dices unas cosas que me dejan de piedra!

– ¡Asi soy yo nena! – y se queda tan pichi la tía.

Hablamos durante un rato más, por lo que me dice, creo que mi amiga está perdídamente enamorada del amerícano, aunque conociéndola como la conozco, sé que ese amor no durará mucho. Estela es muy voluble en eso del amor. Quedamos en vernos en ¨ La Goleta ¨ a eso de las ocho para tomar una cañita y lo que surja. A los dos minutos de colgar vuelve a sonar el teléfono, ¿Qué se le habrá olvidado contarme a esta loca?

– ¿Qué se te ha olvidado? – pregunto en cuanto descuelgo.

– ¡Hola Alex…! ¿Cómo estás? – me quedo con la boca abierta mirando el teléfono.

– ¡Perfectamente! ¿Para qué me llamas?

– ¿Estás enfadada conmigo?

¿Qué? ¿Este tío es gilipollas o se hace?

– Alex… quiero verte, ¡Necesito hablar contigo!

– ¡No tengo nada que hablar contigo!

– Por favor Alex…

– ¡Nada de por favor Fernando! – digo furiosa -, ¡No se para que cojones me llamas, tu y yo no tenemos nada de que hablar!

– ¡Hablaré contigo cueste lo que me cueste Alejandra…

Cuelgo el teléfono sin dejarle terminar la frase, ¿Qué querrá este capullo ahora? La ira brota por todos los poros de mi piel, ¡Si lo tengo delante, le cruzo la cara de una hostia! Tomó una decisión hace cuatro meses más o menos, la forma en que actuó me hizo daño y, las palabras que me dijo… no quiero ni recordarlas, sería masoquista si lo hiciera. No, no quiero volver a verle, Fernando es un capítulo acabado de mi vida, y ahora doy gracias a Dios por ello.

Necesito salir a tomar el aire, esta llamada me ha dejado hecha una furia y, conociéndome, si me quedo en casa soy capaz de llamar a ese cabrón y decirle de todo menos bonito.

Voy hasta el puerto, mirar el mar me relaja. Observo a los turistas que van y vienen con cámara en mano inmortalizando todo lo que les rodea. Me siento en una terreza a tomar un café, ya me siento mucho más tranquila, no quiero ni pensar en esa llamada. Cambió radicalmente el rumbo de mis pensamiento y de nuevo empiezo a reflexionar sobre la conversación mantenida anoche con mi portento… ¿A donde nos llevará todo esto? No sé que tiene este tío, pero me siento diferente desde que le conozco. Había una Alejandra dentro de mi que desconocía, gracias a él se ha despertado y está dispuesta a dar mucha guerra. Si, ¡Me gusta mucho mi nueva yo!

Veo a mi portento cruzar la calle en cuanto doblo la esquina de la urbanización, como él no me ve a mi, entonces me paro y le observo. Lleva un casco de moto en la mano y una cazadora de cuero tipo aviador en color azul, se sube a una kawuasaki zrx 1200 en color azul también y sale zumbando. ¿A dónde irá? no puedo evitar hacerme esa pregunta…

El vestíbulo está abarrotado de cajas y bolsas por todas partes, el señor Rodriguez ( El portero ), está frenético con tanto caos, le sonrío tímidamente y el pobre me pide disculpas con la mirada…

– Buenas tardes señorita… disculpe este desorden…

– No se preocupe Rodriguez, ¿Una mudanza?

– Si señorita.

– ¿Vienen o se van? – pregunto.

– Vienen señorita, han alquilado el ático que está juste frente al suyo. Están usando el ascensor…

– Subiré andando…

Le sonrío amablemente y voy sorteando las cajas para subir por las escaleras. No tenía ni idea que ese ático estuviera vacio,cuando yo me mudé, estoy segura de que allí vivía alguien porque recuerdo ver a un hombre en la terraza, si, lo recuerdo porque siempre me parecio un tío un poco raro. Llego a la puerta de mi casa con la respiración irregular, demasiadas escaleras – pienso -. Aquí tambien hay caos, no tanto como en el vestíbulo pero, hay cajas esparcidas a lo ancho del pasillo.

Una vez en casa voy diréctamente a la cocina, estoy muerta de hambre. Meto la cabeza en la nevera a ver que encuentro, es tan tarde que no me apetece nada cocinar. Saco el tuper con ensalada de pasta que me sobró de ayer y lo devoro. Como no tengo nada mejor que hacer, después de comer me tiro literalmente en el sofá. En la tele están poniendo una de mis pelis favoritas, ¨ Leyendas de Pasión ¨, todo aquel que me conozca bien sabe que amo a Brad Pitt. Cada vez que veo esta película termino llorando, no puedo evitarlo, la he visto un montón de veces, pero es igual, siempre lloro como una magdalena, ¡Menudo dramón de película!

Se va acercando la hora de ir a ¨ La Goleta ¨, después de ducharme, me cuesta bastante escoger el modelito de esta noche. Al final me pongo un vestido rojo muy ceñido y corto, ¿No dice Estela que todas tenemos una golfa dentro? ¡Pués la mía sale de farra esta noche!

¿QUÉ PUEDE PASAR? Cap.10

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A las siete y media salgo por la puerta, mientras voy de camino empiezan a acecharme las dudas y las preguntas de siempre. ¿si no se presenta que hago?, ¿Me cambio de urbanización para no volver a verle la cara? ¡Joder que drástica soy! Si no se presenta, para mi será como un jarro de agua fría, pero como todo en esta vida lo asumiré y a otra cosa mariposa. Me aplaudo a mi misma por mi resolución.

Entro en ¨ El Corsario Negro ¨, es una cervecería muy chula y rústica, la barra es de madera oscura, las mesas y taburetes también. Las paredes están pintadas de color verde, en la pared del fondo, la más grande, hay un graffiti del mítico corsario negro que ocupa toda la pared. ¡Es una pasada! Las chicas y yo venimos aquí porque el dueño es primo de Estela, porque sirven una cerveza de barril buenísima y, porque la música es de los años ochenta o más. Cuando venimos un poco pedo, nos encanta ponernos a cantar como posesas, somos todo un espectáculo. Me siento en una esquina de la barra, Roberto, el primo de Estela, en cuanto me ve me pone una caña negra de esas que tanto me gustan en una jarra xl.

– ¿Qué tal preciosa? ¿Esperando a las chicas? – me dice cuando dejando la cerveza en frente de mi.

– No, – niego con la cabeza – sé que Carla vendrá por aquí, pero Este tenía otros planes.

– Entonces, ¿Hoy vienes de solanas? – pregunta sorprendido.

– Espero que no…

– ¿Una cita? – sonríe.

– Pués no sabría decirte Rober, digamos que algo parecido…

– Por la cara que pones, se diría que no estás muy segura…

Me encojo de hombros como respuesta, y él, se va a atender a un grupo de gente que acaba de entrar.

Miro el reloj, las ocho menos cinco… tengo los nervios de punta, en menudos berenjenales me meto – pienso -, veo la cabellera roja de mi amiga entrar por la puerta seguida de Jorge, me ven y se acercan.

– ¡Alex! ¡Cuánto tiempo sin vernos! – me saluda Jorge.

– Ya te digo Jorge… ¡Justamente desde la última vez! – le guiño un ojo y el sonríe.

– ¿Estás nerviosa Alex? – me pregunta Carla.

– Decir que estoy nerviosa es quedarse corta… – le respondo haciendo una mueca.

– ¿Qué me he perdido? – Jorge nos mira a una y a otra sin entender nada.

– ¡Nada! – respondemos mi amiga y yo al unísono.

Se sientan conmigo y charlamos animadamente, la conversación, hace que por un momento deje de pensar en mi portento. Jorge nos cuenta su última aventura, hace unos quince dias hizo el camino de Santiago, para él una experinecia inolvidable, dura y que jamás volverá a repetir. Miro el reloj de soslayo,ya pasan de las ocho y cuarto, mi portento ya no va a venir. Bueno, eso ya me lo imaginaba pero tenía esperanzas… Quizá si le hubiera dicho que era una cita…

– ¡Eh Alex, despierta! – me dice mi amiga chasqueándome los dedos en la cara -, ¿Dónde estabas?

– ¡Aquí no desde luego! – los nervios empiezan a traicionarme y le contesto irritada.

– Oye, hoy es el día del cine clásico en el autocine, reponen ¨ Casa Blanca ¨, Jorge y yo vamos a ir, ¿Quieres acompañarnos?

– Gracias Car, pero paso. Estaré bien, no te preocupes por mi, además, nunca me gustó ir de escopeta. – sonrio para que vea que estoy bien.

Jorge vuelve a mirarnos con cara de no entiendo nada, pero pasa de volver a preguntar, supongo que Carla se lo contará en cuanto esten solos. Sobre las nueve menos cuarto, ellos se van y yo me quedo allí tomándome otra jarra de cerveza y comiendo cacahuetes. Estoy absorta en mis pensamientos, creo que voy a tirar la toalla, lo he intentado, a mi manera, pero lo he intentado. Desde que mi portento irrumpió en mi vida, no me reconozco. Lloro… río… me cabreo… no dejo de suspirar… ¡Uf! no recuerdo haber tenido tantos cambios de humor tan seguidos en mi vida. Soy consciente de que alguien se sienta en el taburete de al lado, pero estoy tan ensimismada en mis cosas que ni le miro.

– ¿Esperas a alguien?

– ¡No! – contesto.

– ¿Estás segura?

– ¡Si! – vuelvo a contestar.

– Daría lo que fuera, por saber que te tiene tan pensativa…

Giro la cabeza y, ¡pam! los ojos más verdes que he visto en mi vida estan observandome, con esa sonrisa pícara que tanto me gusta y me desarma… ¿Qué hago ahora? ¿Me hago la indiferente? ¿La dura? ¿Qué? decido ser yo misma y hablarle con sinceridad, total, de perdidos al río.

– A ti, dejé de esperarte hace más de veinte minutos – le digo.

– Lo siento – responde él -, se me hizo imposible venir primero.

– ¿Trabajo? – asiente -, pués es una pena, yo ya me iba…

– Está bien, entonces te acompañaré.

– ¡Ahora no quiero tu compañía! – le espeto.

– ¡Eres la persona más cabezota y exasperante que he conocido nunca! – resopla.

– ¡No lo sabes tu bien! – le miro, es tremendamente guapo, podría pasarme la vida entera contemplándolo sin más, me gusta muchísimo, tanto que podría enamorarme de él y amarlo por el resto de mi días. Él aprecia un atisbo de duda en mi e insiste.

– Vamos Alejandra… solo una cerveza… ¡Por favor! – me implora.

– ¡Está bien! – acepto.

Nos acomodamos en una de las mesas del ricón, Rober nos trae una jarra de cerveza xl, para mi la tercera, debo bebérmela despacio si no quiero estropear el momento. Nos sentamos uno frente al otro, y nos miramos a los ojos durante un largo periodo de tiempo, al menos eso es lo que me parece a mi, pero supongo que no habrán pasado más de ¿Cuánto? ¿Cinco minutos?

– Bueno Alejandra… – comienza a hablar mi portento – creo que hemos empezado con mal pié, asi que solucionémoslo.

– Yo más bien diría que hemos empezado con un buen polvo… ¿No te parece? – ¡Uau, que atrevida soy! ¿Será por la cerveza? Mi respuesta le deja momentáneamente en silencio, luego, sonríe y asiente.

– Tienes razón… – cierra los ojos -, lo tengo grabado aquí… – me dice tocándose la cabeza.

– ¿Si? ¡Pues ya somos dos! – afirmo, ¿Qué me está pasando? ¿Me he tomado la poción de la sinceridad o qué? – ¿Asi qué el traidor de mi buzón te dijo mi nombre? – digo para cambiar el rumbo de la conversación.

– Si, pero que conste que me lo dijo bajo presión, ¡Tuve que amenazarlo! – los dos estallamos en carcajadas.

Entre broma y broma, el ambiente se va relajando bastante, aunque de tanto en tanto la tensión es palpable, ambos nos deseamos y ninguno de los dos sabe como disimularlo.

– ¿Así qué eres de Puerto Rico? – pregunto.

– Si, vivo en Carolina, una de las mejores ciudades que tiene ese país. Mi padre es español, emigró muy joven a Puerto Rico a buscarse la vida, él y mi madre se casaron poco después de conocerse, según ellos mismos cuentan, fué amor a primera vista.

– Más o menos como yo – le cuento – mis padres son los dos españoles, mi madre es andaluza y mi padre asturiano. ¿Tienes hermanos Victor?

– Si, tengo tres hermanos y una hermana, la consentida de la casa – sonríe pensando en ella – ¿ Y tu?

– No, soy hija única, mi madre tuvo problemas para poder volver a quedarse embarazada. Mi padre siempre dice que yo soy un milagro.

Me siento muy cómoda hablando con él, y creo que él también está agusto. Noto retincencia por su parte cuando la conversación se vuelve más personal, es esquivo y me contesta con evasivas, lo que me hace preguntarme si esconderá algo… Por el momento, aparto esas dudas de mi cabeza, quiero disfrutar de este momento al máximo. Co mi tendencia a cagarla, igual tardamos una eternidad en volver a estar así, de buen rollo, así que lo mejor es relajarme y no agobiarme.

Seguimos hablando… hablando… y hablando, el tiempo pasa muy rápido. Cuando miro el reloj, son más de las doce, llevamos… Cuánto,¿Tres horas hablando? ¡Increible! Ambos somos conscientes de que es tarde pero, ninguno hacemos ademan de querer irnos, asi que seguimos durante un rato más conociéndonos algo mejor. Tengo mucha información que procesar, y mi cabeza está empezando a darle vueltas a sus evasivas, no puedo remediarlo…

Llamo a Rober para que nos cobre las consumiciones y este, me dice que Victor ya se ha encargado de ello, eso me molesta un poco…

– ¿Por qué has pagado tú? – le increpo.

– ¿Y por qué no iba a hacerlo? – me mira y se cruza de brazos.

– Bueno… yo fuí quién te invito a venir. así que creo que me correspondía a mi pagar.

– ¿Pero esto no era una cita verdad?

– ¡No! – contesto ruborizada.

– ¡Pues entonces no hay más que hablar!, Cuando quieras… – se pone en pié y coje su chaqueta.

Me despido de Rober, cojo mis cosas y salimos a la calle. Una vez fuera le pregunto a Víctor si va hacia la urbanización, asiente, y entonces caminamos juntos en esa dirección. ninguno de los dos habla, vamos sumidos en un silencio incómodo. No sé que irá pensando él, pero yo ya voy dándole vueltas al coco formulándome varias preguntas a las cuales no encuentro respuesta. Llegamos a nuestro destino, los dos nos paramos, nos miramos, nuestro deseo es más que evidente.

– ¿Vives aquí? – le pregunto para alargar el momento de la despedida.

– ¡No!

Vaya… Que contestación más seca me ha dado, me deja un poco cortada y sin saber por donde seguir…

– ¿Puedo acompañarte hasta allí? – me dice señalándome el portal de mi casa.

– ¡Claro! – No quiero que se vaya… quiero besarlo… que me bese…

Rodeamos la piscina, y a la altura de los vestuarios, me arrincona contra la pared, clava su mirada en la mía y apoya sus manos a ambos lados de mi cabeza pero sin tocarme. Los dos tenemos la respiración agitada, la zona por debajo de mi cintura está alerta y reclama atención. ¿Cómo puede ser, qué sin siquiera tocarme, me tenga totálmente derretida y anhelando su contacto? Estoy atrapada en esa mirada verde… ¡Por favor! suspiro en silencio… ¡Tócame…!

Como si oyera mis súplicas, posa su mano sobre mi cara, y léntamente la va dejando bajar… acaricia mi cuello, mis hombros, pasa el pulgar por mis labios. Se pega a mi, restriega su cuerpo contra el mío y se apodera de mi boca, su lengua marca el ritmo y la mia lo sigue encantada.

– Alejandra… – susurra con la voz entrecortada y ronca -, te deseo, ¡ahora!

Me mira,esperando alguna señal por mi parte, asiento y, volvemos a unir nuestras bocas, nuestras lenguas se exploran, Victor me muerde el labio inferior y yo gimo… ¡Dios, me estoy quemando, siento un calor abrasador ahí, justo en mi entrepierna! Mi chaqueta cae al suelo, y de repente noto la cálida brisa de la noche en mis pechos… ¿Cuándo me ha quitada también la camisa? ¡Madre mía, hace que pierda la noción de todo! Sólo soy consciente de sus besos… de sus caricias… de su cuerpo… Siento sus dedos jugar con mis pezones ya duros por la anticipación del contacto con sus manos. Su lengua deja un rastro desde mi mándibula hasta mi cuello, baja a mis pechos y sustituye sus dedos por su lengua juguetona que, lame y succiona mis pezones con urgencia, con avidez… Paseo mis manos por su trasero, lo empujo hacia mi y noto su miembro duro, palpitante. Abro los botones de sus vaqueros y lo dejo libre, lo acaricio, lo aprieto. Él suelta un ¡Oh señor! que me acaricia los tímpanos y lo aprieto más contra mi.

– Víctor… – le digo cegada por la pasión – estamos en la calle, subamos a mi casa…

– ¡No! – contesta.

Empuja la puerta que hay a su izquierda, esta se abre y me lleva dentro. Es el vestuario de las chicas. Con una necesidad casi primitiva, nos deshacemos de la ropa, yo sólo tengo que quitarme los vaqueros y el tanga, cuando me giro para mirarlo, él ya esta totálmente desnudo. Me tiende la mano y me aproxima a él. Se sienta en un banco que hay pegado a la pared y yo me acoplo a horcajadas encima suyo. Mi vagina recibe su polla con vitores y cánticos celestiales… Me muevo en circulos y luego subo y bajo y otra vez repito la misma operación. Mi portento tiene los ojos cerrados y los dientes apretados, le gusta como lo estoy montando, eso me hace sentir poderosa, tanto que con fuerza me empalo en él, ¡Oh señor, que maravilla…!

– ¡Joder… Alex…! ¡No sé cuanto voy a poder aguantar! – tiene los ojos muy abiertos y se muerde los labios mientras suelta un pequeño gruñido.

Entonces se levanta conmigo en sus brazos y me apoya contra la pared, esta, está fría y yo muy caliente. rodeo su cintura con mis piernas y él me enviste una y otra vez sin piedad… fuerte…duro. Noto esa sensación abriéndose paso dentro de mi, ¡Si… Oh si…! Jadeo, se que voy a correrme de un momento a otro. Victor sigue empujando con fuerza, noto en su ritmo que él tambien está a punto de correrse. Intento aguantar para que nuestro orgasmo sea al unísono pero no puedo, este llega a mi con una fuerza arrebatadora que me hace gritar su nombre sin importarme quien pueda oirme, y él se corre segundos después… aplastándome contra la pared y susurrando mi nombre. Con la respiración aún agitada, nos dejamos caer al suelo léntamente y allí nos quedamos mirando al techo miéntras nuestras respiraciones se normalizan…