¿QUE PUEDE PASAR? Cap.9

Estándar

imagesZNMV3QK9

Desde mi posición puedo observarlo sin ser vista, la piscina se ha ido llenando poco a poco y, delante de mi, hay una pareja que medio me tapa con su sombrilla, por eso puedo fisgonear a mis anchas. Lo que me extraña, es que si mi portento está trabajando no lleve un uniforme, en realidad está mucho mejor así, porque esos vaqueros le sientan de muerte. Me recuerda un poco al prota de 50 sombras de Grey, pero solo por el atuendo ¿Eh?, no por nada más, al menos que yo sepa.

Las chicas se acercan a hablarle, tendrán unos ventipocos años, más o menos la edad de mi portento, una de ellas, rubia con un cuerpazo impresionante coquetea descaradamente con él, le posa una mano en el hombro y él sonrie, esa sonrisa pícara que tanto me gusta y, que por lo visto, no solo me dedica a mi, eso me molesta.

¡ Oh mierda ! La pareja que me camuflaba empieza a cerrar la sombrilla, no hagáis eso, no lo hagáis… – pienso -, pero lo hacen, recogen y se van. Ahora quedo totalmente expuesta, ya no tengo quien me proteja para seguir con mi espionaje libremente. Saco un libro de mi bolsa y disimulo, quizá pueda echar una ojeada de vez en cuando para no quedar en evidencia. Sé que debo parecer patética, pero mira tu por donde me estoy divirtiendo de lo lindo.

Sigue un rato más hablando y riéndose con las chicas, y yo empiezo a mosquearme, sé que no me pertenece pero, no puedo evitar sentir ¿Qué? ¿Celos? ¡¡Imposible!! – Me revuelvo en mi tumbona incómoda -. Me molesta que les esté prestando tanta atención, si yo me dejo ver… ¿Me prestará a mi la mista atención? ¡¡Descubrámoslo!!

Dejo el libro en la tumbona y me pongo de pié, despacito me quito el pareo que llevo anudado en la cintura, lo dejo caer al suelo y, me encamino a las duchas para refrescarme. Como llevo puestas las gafas de sol, alzo la cabeza para no mojarme ni el pelo, ni la cara. El agua fría cae sobre mi cuerpo, me muevo a un lado y a otro para empaparme bien, disimuládamente le miro para ver si he captado su atención, para mi satisfacción así es, no solo me mira él, también las chicas lo hacen. ¡¡Objetivo conseguido!! Cierro el grifo y contoneándome regreso por el mismo camino. Sé que sigue mirándome, aunque no le vea noto el cosquilleo en la espalda, ese que solo me provoca su mirada. Me siento en la tumbona, me seco las manos con una toalla, cojo el libro y me lo planto delante de la cara para ocultar una sonrisa triunfal.

Espero un tiempo prudente para levantar la vista, pero cuando lo hago, él ya na no está. Dejo el libro aún lado y cierro los ojos, que rato más bueno he pasado, y que guapo estaba mi portento – suspiro -, estoy a punto de quedarme dormida, cuando una voz grave y profunda me susurra al oído:

– Lo que has hecho antes, ha sido muy, pero que muy sexy Alejandra, me has excitado muchísimo, pero eso tú ya te lo imaginas ¿verdad? – me quedo inmovil con la respiración entrecortada -, lo malo, es que el pase no era solo para mi, había muchos ojos puestos en ti… – se me seca la boca – ellas te envídian y ellos, te desean, al igual que yo.

– ¿De qué coño estás hablando? – digo a la defensiva.

– Ya sabes de que hablo, no te pega hacerte la tonta, de todos modos te refrescaré la memoría. Hablo de tu exibición en las duchas…

Me río a carcajadas, estoy nerviosa y creo que mi forma de actuar me delata. El me observa y me dedica una de esas sonrisas pícaras, levanta una mano, se acerca y me quita las gafas…

– Así mejor – me dice mirándome a los ojos -, nada de ocultarse trás unos cristales oscuros… ¿Estás de acuerdo Alejandra?

¡Dios! Susurra mi nombre de una manera que hace que mis entrañas palpiten…

¡Ostras mi nombre, tengo que saber quién le ha dicho mi nombre!

– Mira guapito de cara, no sé que insinúas ni que pretendes con ello, ¿Crées que porque he ido a refrescarme a la ducha me he exibido para ti? ¡JA! no puedes estar más equivocado, – me cruzo de brazos y sonrío – ¡tu ego es demasiado grande chaval! Por cierto… ¿Quién te dijo mi nombre?

Ahora el que se cruza de brazos es él, se pone en pie y me mira… De repente el muy cabrón empieza a escojonarse de risa. ¿Le ha hecho gracia? ¿Se está riendo de mi? Este no sabe con quien se la está jugando… Me levanto yo también y con las manos en jarras me planto delante suyo desafiándole con la mirada.

– ¿Guapito de cara? – alza una ceja – ¿Chaval? ¡Ay Alejandra… como me gustaría morder esa lengua tan venenosa que tienes… – da media vuelta para irse, pero antes dice… – Por cierto, tu buzón, él, fué quién me dijo tu nombre Alejandra Machado – y sin más, se da media vuelta y se va.

¡Mierda! ¡me apetece tirarme a la piscina y ahogarme! ¿Pero cómo narices no se me ocurrió lo del buzón de correos? ¡Mierda… mierda… mierda! Siento un bochorno tremendo, otra cagada más para añadir a la lista, a este paso será interminable.

A pesar de lo incómoda que me siento por mi cagada monumental, sonrío, ¡Me desea!, tengo que conseguir una cita con él, ¿pero como voy a hacerlo si mi comportamiento cuando estoy cerca suyo deja mucho que desear? mientras recojo mis cosas, cavilo la forma de conseguir esa ansíada cita. Tengo claro que debo ser yo la que tome la iniciativa, después de mi comportamiento, no es para menos.

Una vez en el vestíbulo, mientras espero el ascensor, tengo claro lo que voy a hacer, es la primera vez que haré algo así en mi vida, pero eso no me amilana. Ni corta ni perezosa voy a la oficina de mantenimiento y timbro. Espero durante lo que parece una eternidad, sé que hay alguien dentro, oigo murmullos y pasos, entonces… ¿Por qué no me abren la maldita puerta? Uf ¿Quién cojones me mandará a mi hacer las cosas en caliente? Tengo que empezar a reflexionar bien las cosas antes de hacerlas – me reprendo.

Entonces se abre la puerta, levanto la vista y para mi sorpresa no es mi portento el que está en ella, es un señor de unos cincuenta años, pelo entrecano y muy elegante vestido que me mira con sorpresa. ¿su jefe tal vez?

– Dis… culpe… – titubeo.

– ¿Si? – responde seco.

– Busco al chico que trabaja aqui…

El hombre enarca una ceja y, si antes me miraba con cara de sorpresa, pues ahora no sabría describirlo…

– ¿A quién?

– ¡Al chico de mantenimiento! – estoy empezando a perder la calma.

– ¿Al chico de mantenimiento?

¡Por el amor de dios! ¿Es qué hablo chino mandarín o qué?

– ¿Te refieres a victor? – me pregunta.

– Pues… en realidad no sé su nombre…

– Un momento… – me cierra la puerta en las narices.

Mientras espero, empiezo a replantearme mi audacia, ¿Qué estoy haciendo? debería marcharme… ¡Joder Alex, tú nunca has sido una cobarde! – me digo para darme ánimos – y allí me quedo esperando como una boba. Al fín se vuelve a abrir la puerta, y trás ella aparece mi portente ( Victor creo ), se cruza de brazos y me mira…

– ¡Vaya… vaya… vaya! ¿Mira a quién tenemos aquí? Creo recordar que te dije que estarías llamando a mi puerta y, ¡Aquí estas!

¡Capullo arrogante!

– ¡Si, si, si, muy listo tú! Escúchame ¿Vale?, Hoy estaré a las ocho en ¨ El Corsario Negro¨, ¿Sabes dónde queda? – asiente – Si te apetece podemos tomar algo…

– ¿Estás pidiéndome una cita?

– ¡No exactamente!

– Pués yo juraría que si, que me estás pidiendo una cita – sonríe burlon.

– ¡Piensa lo que quieras! – Le guiño un ojo y me voy cagando leches.

Una vez en el ascensor, al ser consciente de lo que he hecho empiezo a ponerme como la grana, creo que esto no va a salir bien, él no aparecerá y yo quedaré como una idiota. En cuanto pongo un pié en casa, saco el móvil de mi bolsa y les cuento por wuas a las chicas lo que acabo de hacer, necesito saber lo que ellas piensan al respecto. Estela aplaude mi decisión, y Carla me tranquiliza cuando me dice que ella estará allí con Jorge ( su follamigo ), y me hará compañía en la dulce o amarga espera. Me despido de ellas prometiéndoles mantenerlas informadas de todo, bueno, Carla estará presente y será la primera junto a mi en enterarse de lo que pase.

Me doy una ducha rápida y me meto en el vestidor, ahora el dilema es que voy a ponerme. Si voy demasiado arreglada, será evidente que para mi cuenta como una cita, asi que decido ponerme unos vaqueros ajustados, la camisa rosa palo de hombrera y la americána azul marino. Me recojo el pelo en una cola alta, me echo un poco de rimel y brillo a los labios, por último me calzo las bailarinas marino y me echo un vistazo al espejo. Si, me gusta lo que veo, un look informal y casual…

Anuncios

2 comentarios en “¿QUE PUEDE PASAR? Cap.9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s